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Las fábricas de Intel ya están haciendo chips para iPhone según el ultimo rumor. El divorcio de 2020 ha envejecido muy mal

Actualidad en Applesfera - Vie, 15/05/2026 - 12:01

Desde el año pasado sabíamos que Apple estaba mirando con buenos ojos a Intel. La semana pasada llegó la confirmación de que había un acuerdo encima de la mesa, y ahora sabemos que las fábricas ya han encendido las máquinas. Ming-Chi Kuo, uno de los analistas con mejor historial en la cadena de suministro de Apple, ha confirmado que Intel ya está fabricando procesadores de prueba para iPhone, iPad y Mac con su proceso "18A". La puesta en marcha masiva de la producción está prevista para 2027 y 2028.

Y sí, es un movimiento que sorprende. Pero viendo cómo está el panorama mundial, tampoco tanto. Que Apple le dijera adiós a Intel en 2020 no significa que Intel sea un mal fabricante. Aquella ruptura fue sobre arquitectura y diseño: Apple quería hacer sus propios procesadores y dejar de depender de la hoja de ruta de otro. Lo que está pasando ahora es distinto.

Apple seguirá diseñando sus chips y controlando cada detalle de su arquitectura, pero lleva demasiado tiempo dependiendo al 100% de un único fabricante (TSMC). Y eso, en el mundo en el que vivimos hoy, es un riesgo que ya no se puede tener.

{"videoId":"x8wlh9q","autoplay":true,"title":"Estados unidos vs. China: La GUERRA de CHIPS", "tag":"webedia-prod", "duration":"1611"} Primero conversaciones, ahora pruebas

Las pruebas de fabricación ya están en marcha a pequeña escala. Apple además está evaluando otras tecnologías de nodo avanzado de Intel más allá del llamado "18A", que es el proceso de fabricación más avanzado que Intel tiene disponible hoy.

El "18A" es la respuesta de Intel a los nodos de última generación de TSMC, con el que lleva años intentando demostrar que puede competir de tú a tú con el fabricante taiwanés. Apple está estudiando hasta dónde puede llegar Intel, y eso lleva tiempo y recursos de ambos lados. El siguiente paso es escalar esa producción durante los próximos dos años.

El reparto de papeles también está cerrado. Intel no entra a diseñar nada: su rol es fabricar los chips que Apple diseña. Es exactamente lo contrario de lo que fue la era de los Intel Mac, donde eran los procesadores de Intel los que dictaban el ritmo. Para el usuario final no cambia absolutamente nada. El rendimiento, la eficiencia y la arquitectura de Apple Silicon siguen siendo los mismos.

La gama más asequible, primera en la fila

Apple no va a poner sus chips más avanzados en manos de un fabricante que todavía tiene que demostrar que puede cumplir con sus estándares. Los primeros en pasar por las fábricas de Intel serán los chips de entrada: los que van en el iPhone más accesible, en el iPad Air, en el MacBook Air o en el Mac mini. Son los que se producen en mayor volumen y los que permiten aprender sin jugarse el cuello.

Más del 90% de los chips de Apple seguirá saliendo de TSMC. Eso no va a cambiar de golpe. Pero tener a Intel en la lista de fabricantes le da a Apple margen de negociación y un colchón si algo se complica.

Fabricar en Estados Unidos también suma puntos

El contexto geopolítico tampoco ayuda. La práctica totalidad de la producción avanzada de TSMC está concentrada en Taiwán. Y la relación entre Taiwán y China es lo que es. A eso se suma que Nvidia ha entrado en TSMC con una demanda de capacidad que ha reordenado sus prioridades. Apple, que durante años fue su cliente número uno, ha quedado apartada a un segundo puesto.

El gobierno de Estados Unidos tiene participación directa en Intel y lleva tiempo presionando para que la fabricación de semiconductores avanzados vuelva a suelo americano. Apple anunció el año pasado un programa de inversión de 500.000 millones de dólares en Estados Unidos. Que sus chips se fabriquen en fábricas de Intel en suelo americano encaja. Si las pruebas salen bien, todos ganan.

2027 y 2028: la fecha que Intel tiene que cumplir

El grueso de la producción está previsto para 2027 y 2028, seguramente para un chip A21 y un chip M7. Las pruebas que están ocurriendo ahora son el paso previo al inicio de producción masiva. Para Intel, cumplir ese plazo es mucho más que un contrato. Sería la demostración de que su apuesta por convertirse en fabricante para terceros tiene futuro.

Y para nosotros, los que compramos los productos de Apple, esto importa más de lo que parece. La escasez de chips ya tiene víctimas: configuraciones del Mac mini que han desaparecido, un MacBook Air que subió de precio... Depender de un único fabricante que ahora tiene la cabeza puesta en la inteligencia artificial y en satisfacer la demanda de Nvidia tiene consecuencias

Intel mata muchos pájaros de un tiro: es americano, es un socio con el que Apple ya sabe trabajar, lleva años buscando fabricar chips para terceros y sus procesos están más que capacitados para los modelos de entrada. Si esto sale bien, Apple gana, Intel gana, y los usuarios dejamos de pagar los platos rotos de una cadena de suministro demasiado frágil.

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A Spotify le toca ver los toros desde la barrera. Lady Gaga eligió Apple Music para cerrar su era con un concierto que pone los pelos de punta

Actualidad en Applesfera - Vie, 15/05/2026 - 10:31

Hay eras musicales que se viven y hay eras que te marcan. MAYHEM ha sido de las segundas. Desde que Lady Gaga lanzó el álbum a principios de 2025, todo lo que vino después, los singles, los videos, la gira, los conciertos, ha funcionado como una sola pieza: una obra con principio, desarrollo y final.

Tuve la suerte de verlo en directo en Barcelona, uno de los tres shows que trajo a la ciudad, y puedo decir sin exagerar que lo que ocurrió sobre ese escenario no era un concierto al uso. Era teatro, era ópera rock, era una historia contada por actos con canciones que tenían algo que decir más allá de sonar bien. De esas noches que no se olvidan.

Ahora llega el cierre oficial. Apple Music y Lady Gaga han preparado MAYHEM Requiem, una actuación grabada en directo que funciona exactamente como su nombre indica: un réquiem para una era. No es el espectáculo de estadio de The MAYHEM Ball, sino algo más contenido, más íntimo, grabado en enero en The Wiltern de Los Ángeles con nuevos arreglos, más piano, más sintetizadores, y una puesta en escena pensada tanto para el vídeo como para el audio espacial. El broche perfecto para algo que ya forma parte de la historia reciente de la música pop.

{"videoId":"xa9pf0q","autoplay":true,"title":"Lady Gaga - Shadow Of A Man (Apple Music Live)", "tag":"", "duration":"216"} Una era que merecía un final a la altura

MAYHEM ha dado mucho de sí. El álbum consolidó el regreso de Gaga al pop de gran formato, le valió el Grammy 2026 al Mejor Álbum Vocal Pop, y temas como "Abracadabra" o "Die With a Smile", su colaboración con Bruno Mars, han acompañado a muchísima gente durante más de un año.

Pero lo que de verdad ha hecho grande esta era no es solo el disco, sino lo que ocurrió alrededor de él. La gira The MAYHEM Ball fue otra cosa. Un espectáculo separado por actos, con una narrativa propia, con momentos que funcionaban como escenas de una obra de teatro más que como canciones de un setlist. No muchos artistas pueden decir que su gira eleva el material del álbum en lugar de simplemente reproducirlo.

Que esta era tenga un cierre pensado, diseñado, con nombre propio, dice mucho de cómo Gaga y su equipo han entendido MAYHEM desde el principio. No como un lanzamiento, sino como una saga. Y las sagas merecen un final a la altura.

Requiem: la palabra lo dice todo

Un réquiem es una misa de difuntos, una despedida solemne, y eso es exactamente lo que propone esta actuación: cerrar el ciclo con todo el respeto que merece. MAYHEM Requiem se grabó el 14 de enero en The Wiltern, una sala de Los Ángeles con capacidad para unos 1.850 espectadores, muy lejos de los estadios de la gira.

Temas como "Abracadabra" aparecen reinterpretados con arreglos en los que el piano y los sintetizadores tienen mucho más protagonismo. No es la versión de estadio que ya conocemos, sino una lectura nueva del mismo material, pensada además para sacarle partido al audio espacial. Si tienes unos AirPods y un rato tranquilo, ya sabes cómo aprovechar esto.

Cómo y dónde ver MAYHEM Requiem

MAYHEM Requiem está disponible en Apple Music para suscriptores. La noche del estreno, el 14 de mayo, Apple abrió el livestream de forma gratuita para todo el mundo durante unas horas, pero esa ventana ya pasó. A partir de ahora, tanto el concierto completo bajo demanda como el álbum en directo en audio espacial son contenido exclusivo de la plataforma.

Si no tienes Apple Music, merece la pena revisar si tienes disponible una prueba gratuita. Los nuevos suscriptores suelen tener acceso a un mes gratis, y con eso tienes tiempo de sobra para ver el concierto, escuchar el álbum en espacial y decidir si te quedas. 

La suscripción individual cuesta 10,99 euros al mes, y para alguien que vivió el concierto en persona en Barcelona, ver MAYHEM Requiem en el iPhone ha sido cerrar el círculo de la mejor manera posible. Los arreglos de las canciones, la forma en que se conectan unas con otras, la estética de la grabación... pone los pelos de punta. Por algo así merece la pena pagar aunque sea un mes.

Además, Apple ha activado contenido extra a través de Shazam. Si identificas cualquier canción de Lady Gaga con la app, puedes acceder a fondos de pantalla temáticos, esferas para Apple Watch y fotografías. Eso sí es completamente gratis para todos.

El disco se queda en Apple Music

El álbum en directo de MAYHEM Requiem estará disponible en exclusiva en Apple Music, al menos de momento. Esto significa que no llegará a Spotify ni a otras plataformas de forma inmediata, y que para escucharlo necesitas estar dentro del ecosistema de Apple. 

Apple ha dejado claro que quiere estar donde pasan las cosas. Lo hizo con el show de la Super Bowl con Bad Bunny, y lo hace ahora con MAYHEM Requiem. Lady Gaga, que ha llevado esta era como una obra de autor de principio a fin, ha encontrado en Apple Music un socio que entiende exactamente cómo quiere cerrarla.

Las eras terminan, pero no desaparecen. MAYHEM se queda con nosotros en forma de canciones que ya conocemos de memoria, de noches de concierto que no se olvidan, y ahora también de este réquiem que Apple Music y Lady Gaga han preparado para que la despedida sea tan buena como todo lo que vino antes.

Esta vez, el final de la era solo vive en Apple Music. Para una plataforma que lleva años queriendo ser algo más que un servicio de streaming, ser la casa donde Lady Gaga apaga las luces de MAYHEM no está nada mal.

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Huella digital y privacidad: Cómo limitar el rastreo de Google

Actualidad en Androidsis - Vie, 15/05/2026 - 09:53

La mayoría de usuarios navega a diario con Chrome, Android y servicios como YouTube o Maps sin ser muy consciente de la brutal cantidad de datos que Google puede recopilar en segundo plano. Aunque apagar por completo ese rastreo es muy complicado, sí es posible reducirlo muchísimo si sabes dónde tocar y qué opciones desactivar.

En las siguientes líneas vas a encontrar una guía muy completa para limitar el rastreo de Google en tu navegador, tu móvil Android y tu cuenta de Google. Verás qué datos se recogen, qué hace realmente la opción “Do Not Track”, cómo configurar Chrome, qué ajustes cambiar en tu cuenta, y qué herramientas extra (VPN, extensiones, navegadores alternativos…) te ayudan a ganar privacidad sin tener que dejar de usar todos los servicios de Google.

Qué rastrea realmente Google sobre ti

Antes de empezar a desactivar cosas conviene entender desde dónde obtiene Google su información. Muchos usuarios piensan solo en las búsquedas, pero en realidad Google combina datos de distintos servicios y sensores de tus dispositivos para perfilarte al detalle.

Uno de los elementos más sensibles es el Historial de ubicaciones. Si tienes una cuenta de Google y usas Android o aplicaciones como Google Maps, es muy probable que esté activo por defecto. Con él, Google guarda un mapa muy preciso de los sitios donde has estado con tu móvil, a qué horas y con qué frecuencia.

También está la Actividad web y de aplicaciones. Este apartado registra lo que haces en webs y apps, las búsquedas que realizas, las páginas que visitas, qué ves en YouTube e incluso datos que provienen de aplicaciones de terceros asociadas a tu cuenta. Es una de las fuentes más potentes para personalizar resultados y anuncios.

La opción de Información del dispositivo almacena otra capa de datos: contactos, aplicaciones instaladas, uso del dispositivo, calendario, ciertos metadatos de tus ficheros, etc. Todo ello sirve para que el Asistente de Google y otros servicios funcionen de forma más rápida y “lista”, pero implica que parte de la vida de tu móvil acaba en los servidores de Google.

Un punto que pasa aún más desapercibido es el Historial de YouTube, tanto de reproducciones como de búsquedas. Allí se guarda todo lo que ves y lo que buscas en la plataforma, con el objetivo de recomendarte nuevos vídeos, crear listas y afinar todavía más tu perfil publicitario.

Por último, el reconocimiento de voz y la actividad de audio también suponen una fuente de datos. El Asistente de Google puede guardar comandos de voz e incluso pequeños clips de audio de tus peticiones, que se usan para mejorar el reconocimiento, activar funciones como “Hey Google” y entrenar sus modelos.

La realidad de la opción “Do Not Track” en Chrome

Chrome incluye una función llamada “Enviar una solicitud ‘Do Not Track’ con tu tráfico de navegación”. Mucha gente la activa pensando que con eso deja de ser rastreada, pero su funcionamiento real es bastante limitado.

Cuando activas Do Not Track, tu navegador envía una solicitud a las webs que visitas para que no recopilen ni rastreen tus datos de navegación. El problema es que no existe obligación legal de cumplirla en la mayoría de sitios, y cada página decide si la respeta o no. De hecho, muchos servicios, incluidos los propios de Google, no modifican su comportamiento al recibir esta señal.

Según reconoce el propio Chrome, gran parte de los sitios seguirán recopilando datos para seguridad, estadísticas, contenido personalizado y publicidad. Además, el navegador no te indica qué webs respetan la cabecera Do Not Track ni cómo interpretan esa solicitud exactamente.

Si aun así quieres activarla en tu ordenador, el proceso es sencillo: abre Chrome, ve al menú de los tres puntos en la parte superior derecha, entra en Configuración, luego en Privacidad y seguridad y después en Cookies de terceros. Allí verás el interruptor para activar o desactivar el envío de la solicitud “Do Not Track” junto al tráfico de navegación.

Conviene que tengas claro que esta función es solo un complemento: no sustituye a una buena configuración de privacidad en tu cuenta y en el propio navegador, ni evita que Google recopile información de sus propios servicios.

Configurar Chrome para reducir el seguimiento

Chrome ofrece varias opciones internas para limitar el rastreo mediante cookies, permisos y controles de seguridad. No son infalibles, pero combinadas con otros ajustes marcan una gran diferencia.

El primer paso es revisar el apartado de Cookies y otros datos de sitios. Desde el menú de Configuración, entra en Privacidad y seguridad y busca esa sección. Por defecto suele venir activada la opción de bloquear cookies de terceros solo en modo incógnito. Si quieres minimizar al máximo el seguimiento, puedes seleccionar bloquear todas las cookies de terceros, o incluso todas las cookies, aunque esto último hace más incómoda la navegación.

Si decides bloquear todas las cookies, cada vez que entres en páginas donde tengas cuenta tendrás que iniciar sesión de nuevo, y tiendas online o servicios que guardan el carrito dejarán de recordar tus productos cuando cierres la pestaña. A cambio, reduces de forma muy notable la capacidad de seguimiento publicitario entre sitios.

Dentro de las opciones de privacidad también puedes marcar la casilla de “Enviar una solicitud de no seguimiento con tu tráfico de navegación”. Como ya hemos comentado, esto no impide por sí solo que te rastreen, pero sí expresa tu preferencia a los sitios que decidan respetarla, especialmente en servicios más sensibles a temas de privacidad.

Otra zona clave es Configuración del sitio. Desde ahí gestionas permisos como ubicación, micrófono, cámara, notificaciones, acceso al portapapeles, etc. Lo más recomendable es revisar uno a uno y dejar en “Preguntar” todo aquello que no necesites que funcione de forma permanente. Cuantos menos permisos activos por defecto, menos datos puede recolectar cada web.

Además, es importante mantener Chrome siempre actualizado. Las nuevas versiones corrigen fallos de seguridad que podrían ser usados para rastrearte o espiar tu actividad. Para comprobarlo, ve al menú de Ayuda y entra en Información de Google Chrome; el navegador buscará actualizaciones e instalará la última versión disponible.

Por sentido común, deberías evitar también páginas web sospechosas o no oficiales, sobre todo si te piden iniciar sesión con cuentas importantes (banco, redes sociales, correo…). Muchos sitios fraudulentos abusan de scripts y rastreadores agresivos para recolectar datos más allá de lo razonable.

Ajustar la cuenta de Google para minimizar el rastreo

La pieza central para limitar lo que Google sabe de ti es la propia configuración de tu cuenta de Google. Da igual qué móvil Android tengas: los controles son los mismos, y puedes acceder a ellos desde el dispositivo o desde la web.

En Android, entra en la app de Ajustes y busca la sección Google o Cuentas > Google. Toca en “Cuenta de Google” o en tu dirección de correo y se abrirá la página principal de gestión. Ahí verás, entre otras cosas, un recuadro de “Revisión de privacidad” o “Verificación de privacidad” que te guía por los controles más importantes.

Dentro de ese panel encontrarás el apartado de Actividad web y de aplicaciones. Esta opción guarda tus búsquedas en Google, la actividad en Chrome y otras apps, las consultas de Maps y parte del uso del Asistente. Google justifica estos datos para ofrecer resultados más rápidos, mejor autocompletado, recomendaciones personalizadas y anuncios “más útiles”.

Si quieres que Google deje de acumular esta información, toca el botón de estado (Activada/Desactivada) y cambia el interruptor de azul a gris. El sistema te pedirá que confirmes tocando en “Pausar”. A partir de ahí, tu experiencia seguirá funcionando, pero las búsquedas serán algo menos personalizadas y los resultados tardarán ligeramente más en adaptarse a ti.

Si no te ves con ganas de apagarlo por completo, al menos desmarca la casilla que incluye “historial y actividad de Chrome desde sitios, apps y dispositivos que usan servicios de Google”. De esta forma, estarás limitando el seguimiento a aplicaciones y webs de Google, reduciendo el rastreo en sitios de terceros.

En la misma zona tienes el enlace a “Gestionar la actividad web y de aplicaciones”, donde puedes ver un historial detallado de lo que se ha ido registrando: búsquedas, uso de apps, temas consultados, etc. Desde allí es posible eliminar un elemento concreto, un día completo o rangos de tiempo, aunque una vez borrados no se pueden recuperar.

Otro bloque fundamental es el Historial de ubicaciones. Encontrarás su interruptor principal en la sección de Controles de actividad. Si entras verás un listado de dispositivos asociados (móviles, tablets, quizá algún portátil) que comparten su ubicación con tu cuenta.

Puedes desactivar el Historial de ubicaciones por completo o solo para determinados dispositivos. Al hacerlo, Google deja de guardar la línea de tiempo de los sitios en los que has estado, y se pierden funciones como las recomendaciones basadas en tus visitas pasadas o ciertos recordatorios de Maps. Aun así, seguirás pudiendo usar el GPS para obtener indicaciones de forma normal.

Si quieres eliminar los datos de ubicación ya almacenados, entra en “Gestionar actividad” dentro del Historial de ubicaciones. Se abrirá la línea de tiempo de Google Maps, donde puedes borrar días concretos o periodos más largos usando el menú de los tres puntos. Si el historial está pausado, lo más reciente ya no aparecerá ahí.

En el apartado de Información del dispositivo puedes decidir si Google guarda datos como tus contactos, calendario o información sobre las apps que usas. Si desactivas esta opción, funciones como “Google, llama a…” o la facilidad para encontrar contactos desde el buscador se verán limitadas, pero reduces otra fuente de metadatos sobre tu vida diaria.

Para revisar o borrar los registros de este apartado, entra en “Gestionar actividad” dentro de Información del dispositivo. Verás una lista de cambios y actualizaciones (no los datos en sí), y podrás eliminar todo el histórico desde el menú correspondiente si prefieres empezar de cero.

Respecto a Actividad de voz y audio, esta configuración controla si Google almacena clips de audio cuando usas el micrófono o el Asistente. Puedes apagarla tocando en “Gestionar actividad de voz y audio” y después en “Cambiar configuración” para deslizar el interruptor.

Si la desactivas, perderás la activación por voz “Hey Google” en los dispositivos donde también hayas apagado el Asistente, y Google dejará de ajustar de forma tan fina el reconocimiento de tu tono y tu manera de hablar. No obstante, podrás seguir utilizando el dictado por voz pulsando manualmente el botón de micrófono.

En la pantalla de historial de voz verás grabaciones de lo que has dicho, con fecha y hora. Puedes escuchar cada clip y borrarlo individualmente o eliminar días completos de actividad, igual que con el resto de controles.

Historial y personalización en YouTube

YouTube es otro de los grandes focos de datos para Google. Todo lo que ves y buscas se usa para alimentar un perfil de gustos muy detallado y mostrarte recomendaciones y anuncios extremadamente afines a tus intereses.

En la configuración de tu cuenta encontrarás dos interruptores clave: Historial de reproducciones e Historial de búsquedas de YouTube. Puedes apagarlos de forma independiente, o pausar solo uno de ellos según lo que te preocupe más.

Si desactivas estos historiales, notarás que las recomendaciones se vuelven más genéricas y que cuesta más recuperar vídeos que viste hace tiempo o volver rápidamente a canales que sueles seguir. Es el precio de que YouTube deje de registrar cada reproducción que haces mientras estás identificado con tu cuenta.

Desde la sección de actividad de YouTube también puedes borrar manualmente vídeos concretos del historial, días completos o todo lo almacenado, lo que viene bien si llevas años usando la plataforma y quieres “resetear” tu perfil de intereses.

Cómo navegar con más privacidad en Chrome y en otros navegadores

Más allá de los ajustes de Google, hay prácticas generales que ayudan a reducir tu huella al navegar y complicar el rastreo entre sitios, tanto en Chrome como en otros navegadores.

Una primera medida es usar con frecuencia el modo incógnito o navegación privada. En Chrome puedes abrir una nueva pestaña de incógnito desde el menú; la barra se volverá oscura para indicarlo. En este modo, el navegador no guarda el historial local ni las cookies cuando cierras las pestañas, lo que dificulta que otras personas vean lo que has hecho en ese dispositivo.

Sin embargo, hay que tener claro que el modo incógnito no impide que Google, tu proveedor de Internet o las webs que visitas te rastreen si sigues identificado con tu cuenta o usas servicios de Google dentro de la ventana privada. Es una protección sobre todo a nivel local.

También conviene evitar iniciar sesión en Google cuando no sea estrictamente necesario. Si solo quieres buscar algo puntual, puedes hacerlo sin estar logueado o usando otro navegador donde no tengas tu cuenta vinculada. Una estrategia frecuente es usar un navegador solo para Gmail, YouTube y compañía, y otro distinto para el resto de webs.

En Android, revisar los permisos de las aplicaciones de Google es clave: puedes limitar el acceso a ubicación, micrófono, contactos, cámara, etc. En muchos casos es suficiente con que ciertos permisos estén configurados en “Permitir solo mientras se usa la app” para reducir el rastreo permanente en segundo plano.

Otra opción es desinstalar o desactivar apps de Google que no utilices, o sustituirlas por alternativas centradas en la privacidad. Por ejemplo, puedes cambiar el buscador de tu navegador por DuckDuckGo o Startpage, o usar aplicaciones de mapas basadas en OpenStreetMap como Organic Maps u OsmAnd en lugar de depender tanto de Google Maps.

Para ir un paso más allá, puedes instalar extensiones de privacidad en tu navegador de escritorio, como uBlock Origin (bloqueo de rastreadores y publicidad invasiva), Privacy Badger (detección de rastreo entre sitios) o HTTPS Everywhere (ya casi integrada en la mayoría de navegadores, fuerza conexiones cifradas siempre que sea posible).

Ocultar tu IP y tu ubicación con VPN y proxy

Aunque ajustes muy bien tu cuenta, siempre que te conectas a Internet tu dirección IP y ciertos datos de conexión quedan expuestos. Con ellos, terceros pueden aproximar tu ubicación física, el idioma que usas y, a veces, el tipo de dispositivo desde el que navegas.

Para evitarlo, una de las herramientas más completas es una VPN (red privada virtual). Este tipo de servicios cifra todo el tráfico entre tu dispositivo y sus servidores, y hace que las webs vean la IP de la VPN en lugar de la tuya. Así es más difícil asociar tu actividad a tu conexión real, y además puedes acceder a contenidos bloqueados en tu país.

Hay muchas VPN en el mercado, tanto gratuitas como de pago, pero en general es mejor desconfiar de las VPN gratuitas desconocidas. Mantener la infraestructura cuesta dinero, y si el servicio no lo cobra de forma transparente, probablemente monetice tus datos. Proveedores como ExpressVPN o NordVPN son ejemplos habituales de servicios de pago con buena reputación en materia de seguridad.

Otra posibilidad es usar un servidor proxy. Funciona como intermediario entre tu navegador y la web a la que accedes, de forma que esta recibe las peticiones desde el proxy en lugar de directamente desde tu IP. No cifran todo el tráfico como una VPN, pero sirven para ocultar tu origen en muchas situaciones.

Si quieres maximizar la privacidad frente al rastreo, puedes combinar una buena configuración de cuenta de Google, un navegador endurecido y el uso de VPN o proxy, de forma que sea mucho más complicado vincular tu identidad real con todo lo que haces en Internet.

Navegadores alternativos y uso de Tor

Otra capa de defensa frente al rastreo masivo de Google y otras grandes plataformas es optar por navegadores diseñados con la privacidad como prioridad. Usarlos como navegador principal o secundario ayuda a separar contextos.

El caso más radical es el navegador Tor. Este software enruta tu conexión a través de una red de nodos voluntarios, de manera que el sitio de destino recibe la petición desde un nodo de salida que no sabe quién eres, y los nodos intermedios no tienen toda la información sobre origen y destino al mismo tiempo.

Con Tor, la dirección IP real de tu conexión queda oculta y tu tráfico se “rebota” por varios países antes de llegar a su destino. A cambio, la navegación es más lenta y algunas webs pueden bloquear o restringir el acceso desde nodos de Tor. Es una herramienta muy útil si necesitas un nivel alto de anonimato.

También puedes optar por otros navegadores más convencionales pero con bloqueadores integrados y políticas de recolección de datos más estrictas. Lo ideal es usar uno de ellos para la navegación normal y dejar Chrome lo más limitado posible o solo para servicios donde necesites sí o sí tu cuenta de Google.

Sea cual sea el navegador que elijas, acostumbrarte a revisar sus opciones de privacidad, el control de cookies, los permisos de sitios y las funciones de sincronización de datos en la nube es fundamental para que no acabes transmitiendo más información de la que realmente quieres.

Lograr que Google no rastree nada de nada es muy complicado si sigues usando Android, Chrome, YouTube o Maps, pero sí puedes conseguir que la cantidad de datos que acumula sobre ti se reduzca drásticamente. Combinando los controles de actividad de la cuenta de Google, un Chrome bien configurado, un uso consciente de las sesiones e historiales y herramientas adicionales como VPN, extensiones de bloqueo o navegadores alternativos, das un salto enorme en privacidad y haces que tu presencia online esté mucho menos expuesta.

OpenAI se siente engañada por Apple y ya tiene a los abogados listos: el acuerdo para llevar ChatGPT al iPhone en peligro

Actualidad en Applesfera - Vie, 15/05/2026 - 09:01

Dentro de unas semanas se cumplen dos años del lanzamiento de Apple Intelligence y conviene recordar que buena parte de lo poco que Siri sabe hacer hoy en día se lo debe a ChatGPT. Esa integración fue, en su momento, uno de los grandes titulares del acuerdo entre Apple y OpenAI: el iPhone iba a tener la IA más avanzada del mundo metida dentro.

Desde entonces, Jony Ive, el diseñador que le dio forma al iPhone durante décadas, fichó por OpenAI para construir el dispositivo que quiere competir con Apple. Y ahora, según Bloomberg, OpenAI tiene abogados estudiando si Apple incumplió el contrato que firmaron juntos.

La relación ha empeorado desde entonces. De aquella invitación de Sam Altman al Apple Park para ver la keynote en directo, a las puertas de un juicio. Varios ejecutivos de OpenAI han hablado con Bloomberg bajo anonimato. Dijeron que Apple no cumplió su parte del trato y que ni siquiera lo intentó de verdad. Hay que recalcar que ninguna de las dos empresas ha confirmado nada oficialmente.

{"videoId":"x9ndj38","autoplay":true,"title":"Así funciona Apple Intelligence Apple", "tag":"", "duration":"314"} OpenAI apostó fuerte y, según ellos, Apple no apareció

Cuando OpenAI firmó el acuerdo, las expectativas eran enormes. Apple les vendió la idea de que esto podía ser tan grande como su acuerdo con Google para la búsqueda en Safari, un negocio que genera decenas de miles de millones de dólares al año para ambas partes. OpenAI imaginó un flujo masivo de nuevos suscriptores llegando desde el ecosistema Apple, con ChatGPT integrado en profundidad en Siri y en las apps del iPhone, el iPad y el Mac. Pero lo que obtuvo fue bastante diferente.

La integración quedó en algo difícil de encontrar y todavía más difícil de usar bien. Para que Siri recurra a ChatGPT, el usuario tiene que mencionar explícitamente la palabra "ChatGPT", y las respuestas aparecen en una ventana pequeña con información más limitada que la que ofrece la app directamente.

Los propios estudios internos de OpenAI, según Bloomberg, confirman lo que cualquiera podría haber intuido: los usuarios de iPhone prefieren abrir la app de ChatGPT antes que intentar acceder a ella a través de Siri.

Cuando nos hablaron de esta oportunidad sonaba increíble. Pero Apple básicamente nos dijo que confiáramos en ellos sin contarnos exactamente qué iba a ser el producto. Y acabó siendo un fracaso.

Dijo uno de los ejecutivos de OpenAI a Bloomberg.

Los abogados ya están en ello

Según Bloomberg, OpenAI ha contratado en los últimos días a un despacho externo para trabajar en las opciones legales disponibles. La opción más probable en una primera fase no sería una demanda formal, sino una notificación de incumplimiento de contrato. Un aviso formal que deja la puerta abierta a una resolución antes de que esto llegue a los tribunales. OpenAI todavía preferiría resolver la situación de forma negociada, pero los intentos de renegociar el acuerdo llevan meses estancados.

El timing también tiene cierta lógica: según las fuentes, cualquier movimiento legal esperaría a que concluya el juicio que OpenAI tiene abierto con Elon Musk, que estos días está en plena fase de testificaciones. No hay decisiones definitivas tomadas, pero el hecho de que haya abogados trabajando activamente en esto dice bastante sobre el estado de la relación.

Mientras Apple abraza a Google y a Claude

Lo que termina de redondear la situación es que Apple no solo no ha cumplido lo que OpenAI esperaba, sino que además está construyendo activamente una alternativa. iOS 27, que se presentará en la WWDC del 8 de junio, incluirá un sistema llamado Extensions que permitirá a los usuarios elegir su modelo de IA dentro de Siri, con un selector que incluirá tanto ChatGPT como Gemini y Claude.

Apple está probando integraciones con ambos y ya tiene un acuerdo cerrado con Google para usar la tecnología de Gemini como base de sus propios modelos de IA, por el que paga alrededor de mil millones de dólares al año.

Dicho esto, hay un matiz: el acuerdo original entre Apple y OpenAI nunca fue exclusivo, así que la llegada de nuevos competidores no es técnicamente lo que ha desencadenado la acción legal. De hecho, el nuevo sistema de Extensions podría acabar siendo mejor para ChatGPT que la integración actual, porque al menos lo coloca en un menú visible junto a otras opciones en lugar de enterrarlo en los recovecos de Siri.

En Applesfera Google acaba de darnos el aperitivo perfecto para entender lo que Apple tiene entre manos con iOS 27 Demasiados frentes abiertos a la vez

La tensión entre Apple y OpenAI no viene solo del acuerdo de ChatGPT. Cuando OpenAI adquirió la startup de hardware cofundada por Jony Ive, junto a otros dos exdirectivos de Apple, la relación entre ambas empresas entró en un terreno mucho más tenso.

Jonathan Ive y Sam Altman

Apple lleva más de un año viendo cómo OpenAI ficha a ingenieros de su equipo de hardware con paquetes de acciones millonarios que Apple no puede, o no quiere, igualar. Hasta el punto de que la compañía tuvo que ofrecer bonificaciones extraordinarias para retener talento.

La más "gracioso" de todo esto es que iOS 27 podría darle a ChatGPT más visibilidad dentro del iPhone de la que ha tenido en estos dos años de acuerdo. Si el selector de modelos de IA funciona como describen los rumores, cualquier usuario podrá elegir ChatGPT entre varias IA y hacerlo de una forma mucho más integrada en el sistema gracias a las llamadas "Extensiones".

Quizás eso sea suficiente para que OpenAI considere cerrar el capítulo legal. El próximo capítulo lo descubriremos el lunes 8 de junio en la WWDC, con la puesta de largo de iOS 27.

Fuente | Bloomberg

En Applesfera | Nuevo iOS 27 - todo lo que creemos saber sobre el futuro sistema operativo para el iPhone

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Que el iPhone baje el brillo "a traición" en verano tiene solución. El problema es que nos toca armarnos de paciencia

Actualidad en Applesfera - Jue, 14/05/2026 - 19:01

Ha llegado casi el momento del año en el que usar el iPhone en la calle se convierte en una pequeña batalla. El sol aprieta, la temperatura sube, y en algún momento la pantalla empieza a bajar el brillo sola. No es un fallo puntual, ni algo que le pase solo a tu iPhone: es el comportamiento que Apple lleva años gestionando con más o menos fortuna, priorizando la salud del dispositivo sobre la experiencia del usuario. Y aunque las cosas han mejorado, la solución definitiva a este problema todavía tiene fecha pendiente.

Una filtración reciente ha reavivado este tema. El "leaker" chino Instant Digital confirma que el iPhone 18 Pro no contará con pantalla OLED en tándem, la tecnología que Apple tiene identificada como el camino correcto para que la pantalla no se rinda bajo el sol. Así que toca seguir esperando, al menos hasta después de 2028, mientras Apple avanza por otros frentes.

{"videoId":"x9qa29m","autoplay":true,"title":"Introducing iPhone 17 Pro Apple", "tag":"", "duration":"237"} La cámara de vapor fue el primer paso

El iPhone 17 Pro llegó el pasado septiembre con algo que nunca habíamos visto en un iPhone: una cámara de vapor. Un sistema de refrigeración que Samsung lleva usando en sus Galaxy S desde 2019 y que Apple, fiel a su costumbre, tardó en adoptar hasta tener claro que lo necesitaba. Y vaya si lo necesitaba.

Llevo con el iPhone 17 Pro desde el día del lanzamiento, y la diferencia respecto a generaciones anteriores se nota. En septiembre, cuando aún apretaba el calor, el brillo de la pantalla era mejor que el del iPhone 16 Pro. Y ni te digo si se compara con un iPhone 15 o iPhone 14.

Sí, el brillo seguía bajando en situaciones extremas, pero más tarde y menos bruscamente. La cámara de vapor redistribuye el calor de forma mucho más eficiente que las antiguas láminas de grafito: el líquido se evapora en las zonas calientes, recorre la estructura, se condensa en las zonas frías y vuelve al origen en un ciclo continuo. Toda la arquitectura metálica del iPhone actúa como disipador, y se nota.

Aún así, no hace milagros. Un brillo alto en pleno verano durará apenas dos o tres minutos. Y ni te digo si estas de vacaciones y haciendo alguna foto. El calor que genera la propia pantalla al funcionar a máxima potencia bajo el sol es un desafío. 

Cámara de vapor del iPhone 17 Pro El problema que queda por resolver

Para entender por qué el brillo se cae, hay que entender cómo funciona un panel OLED. Cuando la pantalla trabaja a máxima luminosidad durante un tiempo prolongado, genera calor. Y cuando ese calor supera cierto umbral, el iPhone lo detecta y reduce el brillo para proteger los componentes.

El problema es que en un día de agosto, con el sol de frente y el iPhone funcionando a plena pantalla, ese umbral se alcanza con más facilidad de lo que nos gustaría. La cámara de vapor ayuda a que el chip no contribuya tanto a ese calor global, pero no puede hacer mucho por el calor que genera el propio panel. Para eso hace falta una pantalla que, sencillamente, necesite menos energía para alcanzar el mismo brillo.

El OLED en tándem, la solución que Apple tiene en mente

Aquí es donde entra el OLED en tándem, también conocido como dual-layer OLED. La idea es que en lugar de un solo panel emisor, se apilen dos. Cada capa trabaja a menor intensidad para conseguir el mismo nivel de brillo total, lo que significa menos calor generado y, por tanto, menos presión térmica sobre el sistema. El resultado es una pantalla que puede mantener el brillo máximo durante más tiempo sin que el iPhone tenga que intervenir.

Apple ya tiene experiencia con esta tecnología. El iPad Pro con chip M4 fue el primer producto de la compañía en adoptarla, y la diferencia en brillo sostenido se ve nada más tener el iPad en la mano. La clave está en que, al distribuir el trabajo entre dos capas, el panel aguanta mejor las situaciones de uso intenso sin calentarse en exceso.

Lo que Apple está evaluando para el iPhone, según las filtraciones, no es exactamente el mismo sistema que usa el iPad Pro. En lugar de apilar dos capas RGB completas, la compañía estaría estudiando un diseño simplificado que dobla únicamente la subcapa azul, manteniendo rojo y verde en una sola capa. Una solución intermedia que reduciría costes y complejidad, aunque probablemente también los beneficios respecto al tandem completo.

El iPhone 18 Pro no lo tendrá

Instant Digital, uno de los leakers con mejor historial en predicciones de display para iPhone, fue directo esta semana en Weibo: el iPhone 18 Pro no tendrá OLED en tándem. Y añadió que, mientras Apple no cambie su estrategia de gestión térmica, esta tecnología es el único camino hacia una mejora del brillo sostenido al aire libre.

El iPhone 18 Pro sí recibirá una actualización de pantalla, pero de otro tipo. Se espera el salto a tecnología LTPO+, que mejora la eficiencia de la batería al permitir un control más excacto de la emisión de luz del OLED. Es una mejora bienvenida, pero no ataca el problema del brillo ni el throttling térmico. Son frentes distintos.

En Applesfera Se filtra la pantalla del iPhone 18 Pro: sabemos quién las fabricará y una de sus novedades

Para el OLED en tándem, un informe del pasado agosto ya apuntaba a que Apple tiene un plan de producción de dos años con Samsung Display o LG Display, sin haber tomado todavía una decisión definitiva sobre el proveedor. Eso sitúa la llegada de esta tecnología al iPhone en algún momento después de 2028, en el mejor de los escenarios.

Así que, nos esperan al menos tres veranos más con el brillo cayendo en el momento menos oportuno. Apple sabe exactamente qué necesita hacer, tiene la tecnología funcionando en sus propios productos y un plan sobre la mesa. Solo hay que esperar a que ese plan madure, mientras tanto seguimos sacando el iPhone en agosto y rezando para que aguante un poco más antes de rendirse.

En Applesfera | Nuevos iPhone 18 Pro y 18 Pro Max - Todo lo que creemos saber sobre ellos

En Applesfera | Nuevo iPhone plegable - Todo lo que creemos saber sobre él

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La noticia Que el iPhone baje el brillo "a traición" en verano tiene solución. El problema es que nos toca armarnos de paciencia fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .

El manual definitivo para arreglar cualquier Android lento

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:50

Si tu móvil Android va más lento que de costumbre y abrir cualquier app se convierte en una prueba de paciencia, no estás solo. Con el paso del tiempo, se acumulan archivos, apps mal optimizadas y pequeños fallos que pueden hacer que el teléfono vaya a tirones. La buena noticia es que en la mayoría de los casos no necesitas cambiar de móvil: con unos cuantos ajustes bien hechos puedes devolverle mucha agilidad activando funciones ocultas.

En esta guía vas a encontrar explicaciones claras y pasos prácticos para detectar qué está frenando tu Android y cómo solucionarlo. Verás cómo usar el modo seguro para comprobar si una app es la culpable, qué hacer después de salir de ese modo, qué ajustes revisar y qué hábitos adoptar para que el problema no vuelva a aparecer tan fácilmente. Todo enfocado a que, al terminar, sepas exactamente qué tocar y por qué.

¿Por qué tu Android va tan lento (y qué puedes esperar solucionar)?

Antes de lanzarnos a tocar ajustes, conviene entender qué suele causar la lentitud en Android. No siempre es culpa del propio sistema; muchas veces el problema viene de cómo usamos el dispositivo o de alguna aplicación rebelde.

Con el tiempo, es normal que se acumulen apps que ya no usas, procesos en segundo plano, archivos temporales y datos almacenados que ocupan memoria y almacenamiento. Si a eso le sumas alguna app mal desarrollada o una actualización que ha salido rana, el resultado puede ser un móvil que tarda en abrir incluso los ajustes.

También influye mucho la cantidad de memoria RAM y de almacenamiento libre. Cuando el espacio disponible se reduce demasiado, el sistema tiene que esforzarse más para gestionar archivos y apps, lo que provoca tirones, cierres forzados y cuelgues puntuales. Un teléfono que iba fluido el primer año puede empezar a sufrir si lo llenas al máximo de fotos, vídeos y juegos pesados.

Por último, hay que tener en cuenta las actualizaciones del sistema operativo y de las apps. Aunque suelen mejorar la seguridad y el rendimiento, en algunos casos pueden introducir errores que disparan el consumo de recursos. A veces el fallo es puntual y se corrige con otra actualización, pero otras veces la app queda en un estado en el que bloquea o ralentiza el dispositivo.

El modo seguro: tu mejor herramienta para cazar apps problemáticas

Una de las formas más eficaces de averiguar si una aplicación está causando la lentitud es reiniciar el teléfono en modo seguro. Este modo especial desactiva de forma temporal todas las apps que tú hayas instalado y deja funcionando solo las que vienen de serie con el sistema.

Al arrancar en modo seguro, Android se queda en una especie de estado “mínimo”, en el que solo están activas las aplicaciones básicas del sistema: teléfono, mensajes, ajustes, y poco más. Esto permite ver con bastante claridad si el problema viene de una app descargada o si, por el contrario, el problema está en el propio sistema o en el hardware.

Es importante tener muy claro que el modo seguro no borra tus datos ni desinstala aplicaciones. Simplemente las deshabilita de manera temporal mientras el teléfono está en ese modo. Cuando salgas de él y arranques el dispositivo de manera normal, todo volverá a estar como antes (incluyendo la app que esté causando el lío, si la hay).

Cómo reiniciar un Android en modo seguro según el dispositivo

La forma de activar el modo seguro no es exactamente igual en todos los móviles Android. Cada fabricante puede modificar ligeros detalles, y también cambia algo según la versión de Android que tengas instalada. Aun así, la mayoría de teléfonos siguen una mecánica parecida basada en el botón de encendido.

En muchos dispositivos, basta con mantener pulsado el botón de encendido hasta que aparezca el menú para apagar o reiniciar. Cuando veas las opciones en pantalla, suele funcionar mantener pulsado sobre “Apagar” hasta que salga un mensaje ofreciendo reiniciar en modo seguro. Si aceptas, el dispositivo se apagará y volverá a encenderse con solo las apps del sistema funcionando.

En otros modelos, el proceso para entrar en modo seguro puede implicar combinar el botón de encendido con los de volumen o seguir una secuencia concreta al iniciar el teléfono. Dado que estos atajos cambian mucho de un fabricante a otro, es fácil que lo que sirve para un móvil no funcione en otro.

Por eso, cuando no te quede claro el procedimiento o tu móvil no siga el método general, lo mejor es consultar directamente las instrucciones del fabricante. Cada marca mantiene una sección de ayuda donde se explica paso a paso cómo entrar en modo seguro para sus modelos concretos.

Para ver las indicaciones exactas para tu teléfono, entra en la web oficial de asistencia de tu fabricante (Samsung, Xiaomi, Motorola, OPPO, realme, etc.) y busca algo como “modo seguro” o “inicio en modo seguro”. Ahí suelen aparecer capturas y explicaciones específicas para que no haya pérdida.

¿Qué hacer cuando ya estás en modo seguro?

Una vez que el teléfono se ha iniciado en modo seguro, lo normal es que veas algún indicador en pantalla, como un texto en una esquina que diga “Modo seguro” o similar. Además, notarás que muchas de las apps que sueles usar han desaparecido temporalmente del cajón de aplicaciones o aparecen deshabilitadas.

En este punto, la idea es muy sencilla: usar el teléfono como lo harías normalmente durante unos minutos (o incluso un rato largo) y comprobar si el comportamiento mejora. Abre los ajustes, navega por los menús, utiliza las apps del sistema y fíjate si siguen los bloqueos, los tirones o los reinicios inesperados.

Si en modo seguro el dispositivo va fluido y no notas problemas, significa que alguna de las aplicaciones que instalaste es muy probablemente la culpable. Puede tratarse de una app recién instalada, de un juego muy pesado, de un optimizador mal diseñado o incluso de una actualización que ha roto lo que antes funcionaba bien.

Si, por el contrario, en modo seguro el teléfono sigue igual de lento o con los mismos fallos, es más probable que el problema venga de otra parte: un fallo del sistema, archivos internos corruptos, falta grave de espacio, o incluso un problema de hardware (memoria dañada, batería en mal estado, o problemas de sobrecalentamiento). En ese caso, tiene sentido pasar a medidas más avanzadas.

¿Cómo comprobar si el problema se ha solucionado en modo seguro?

El objetivo de usar el modo seguro es justamente comprobar si los síntomas desaparecen. Tómate unos minutos para usar el móvil y responder a estas preguntas de la forma más objetiva posible:

  • ¿Los menús se abren más rápido que antes?
  • ¿Han desaparecido los cuelgues o reinicios que sufrías de vez en cuando?
  • ¿La batería aguanta más al no tener apps de terceros activas?
  • ¿Notas menos calentamiento usando el dispositivo con normalidad?

Si la respuesta general es que el móvil va mucho mejor, puedes tener casi por seguro que alguna app que instalaste está dando guerra. A partir de aquí, el trabajo consiste en identificar cuál es y tomar decisiones: actualizarla, forzar su detención, borrar sus datos o directamente desinstalarla.

En el caso de que en modo seguro todo siga igual de mal, poco vas a lograr tocando apps individuales. Lo más lógico es plantearse soluciones de nivel más avanzado, como liberar espacio de forma agresiva, borrar la caché del sistema (si tu modelo lo permite) o incluso restaurar el dispositivo a su estado de fábrica después de hacer copia de seguridad.

Salir del modo seguro y volver al uso normal

Cuando termines de probar el comportamiento del teléfono en modo seguro, tocará volver al modo de inicio normal para seguir con el proceso de diagnóstico y arreglo. Por suerte, salir de este modo es todavía más sencillo que entrar.

En la gran mayoría de teléfonos Android, basta con reiniciar el dispositivo como lo haces siempre. Mantén pulsado el botón de encendido, toca sobre “Reiniciar” o “Apagar” y vuelve a encender el móvil. Al arrancar de nuevo, las apps que estaban deshabilitadas de forma temporal volverán a estar disponibles.

Si al encenderse compruebas que ya no aparece el texto de “modo seguro” en la pantalla y todas tus aplicaciones han vuelto a la normalidad, todo está en orden. Desde ahí ya puedes revisar, una a una, las apps sospechosas que podrían estar ralentizando el sistema.

Revisar tus apps tras el modo seguro: qué tocar y en qué orden

Una vez que sabes que el problema probablemente lo causa una app, el siguiente paso lógico es examinar con calma las aplicaciones instaladas. No hace falta desinstalar todo a lo loco: conviene seguir un cierto orden para no complicarte la vida más de la cuenta.

Empieza pensando en qué has instalado o actualizado justo antes de que el móvil comenzara a ir lento. Suele haber una relación temporal bastante directa. Una app nueva, un juego pesado o una actualización reciente pueden desencadenar consumos de memoria o de CPU descontrolados.

Ve a los ajustes del sistema y entra en la sección de “Aplicaciones”, “Apps” o similar. Allí podrás ver el listado completo de programas instalados. Fíjate especialmente en las apps que no reconoces, en las que no has usado en meses o en aquellas que prometen “acelerar” o “limpiar” el teléfono: algunas de ellas hacen justo lo contrario.

Una buena estrategia es desinstalar primero las apps más sospechosas o que menos utilizas, probar un rato el móvil y ver si mejora. Si no notas cambios, puedes seguir eliminando otras candidatas. Puede ser algo pesado, pero es mejor ir paso a paso que borrar de golpe una app que sí necesitas y luego tener que configurarla de nuevo.

También es recomendable comprobar si hay actualizaciones pendientes en Google Play. A veces una versión concreta de una aplicación da problemas de rendimiento que se corrigen con una actualización posterior. Mantener todo al día reduce bastante las probabilidades de que una app mal optimizada te deje el teléfono hecho un caracol.

Cuándo pasar a una solución de problemas más avanzada

Si comprobando el modo seguro y revisando tus aplicaciones sigues igual, puede que haya llegado el momento de plantearse una solución de problemas algo más profunda. No siempre es necesario, pero en ciertos casos es la única forma de devolverle agilidad al dispositivo.

Lo primero es revisar a fondo el espacio de almacenamiento disponible. Si el teléfono está casi al límite, liberarlo puede marcar una diferencia brutal en el rendimiento. Borra vídeos pesados, fotos duplicadas, descargas que ya no necesitas y, especialmente, apps de gran tamaño que no uses a diario, y prueba con navegadores ligeros para tareas en línea.

En algunos modelos, el menú de recuperación del sistema permite borrar la partición de caché, lo que puede resolver pequeños errores internos sin borrar tus datos personales. Esta opción suele encontrarse en el modo recovery, al que se accede con combinaciones concretas de teclas al encender el dispositivo. Como la combinación varía mucho entre marcas, conviene revisar la web de asistencia del fabricante antes de probar.

Si ni limpiando espacio ni repasando la caché del sistema notas mejoras, puede que el sistema tenga ya demasiados fallos acumulados. En ese punto, la solución más efectiva suele ser restablecer el teléfono a los ajustes de fábrica. Eso sí, antes de hacerlo asegúrate de tener una copia de seguridad reciente de tus fotos, contactos, chats y cualquier información importante.

El restablecimiento de fábrica borra todos los datos del usuario y deja el dispositivo como recién salido de la caja, con el sistema limpio. Tras la restauración, notarás que el rendimiento vuelve a ser mucho más ágil. Lo ideal es reinstalar solo las apps que realmente necesitas e ir comprobando poco a poco que ninguna arruine de nuevo el funcionamiento.

Consejos extra para mantener tu Android ágil a largo plazo

Más allá de arreglar el problema puntual de lentitud, conviene adoptar ciertos hábitos para mantener el teléfono en forma con el paso del tiempo. Así reduces bastante las probabilidades de que dentro de unos meses tengas que repetir todo el proceso.

Uno de los puntos clave es evitar llenar el móvil hasta los topes: deja siempre algo de espacio libre para que el sistema pueda trabajar con soltura. Si ves que te quedas corto de almacenamiento a menudo, contempla la opción de usar una tarjeta microSD (si tu móvil la admite) o de recurrir a usar la nube para fotos y vídeos.

También ayuda mucho revisar cada cierto tiempo las apps que tienes instaladas y deshacerte de las que no usas. No solo ganará espacio, sino que habrá menos programas con permiso para ejecutarse en segundo plano, enviar notificaciones o consumir recursos sin que te des cuenta.

Mantener tanto el sistema como las aplicaciones actualizados a sus últimas versiones estables es otra buena práctica. Las empresas suelen corregir fallos de rendimiento y cierres inesperados con las actualizaciones, así que ignorarlas no suele ser buena idea. Eso sí, si una actualización concreta te causa problemas graves, a veces compensa esperar a la siguiente revisión.

Por último, desconfía de las apps que prometen milagros, como “aceleradores”, “optimizadores mágicos” o limpiezas extremas. Muchas de ellas se limitan a cerrar procesos que Android ya gestiona por su cuenta y, en ocasiones, meten publicidad invasiva o incluso comportamientos poco fiables que sí ralentizan el móvil.

Si aplicas todo lo comentado —usar el modo seguro para aislar problemas, revisar tus apps con cabeza, liberar recursos y, si hace falta, recurrir a soluciones avanzadas— tendrás muchas más opciones de devolver a tu Android la velocidad perdida y, sobre todo, de mantenerlo así durante bastante tiempo sin necesidad de cambiar de teléfono antes de hora. Comparte esta guía y ayuda a otros usuarios a solventar sus problemas.

Informe técnico: por qué se agota la batería en Android y cómo evitarlo

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:47

Si cada dos por tres estás buscando un enchufe o un cargador portátil, es muy probable que la batería de tu móvil Android se esté agotando más rápido de lo normal. No siempre es culpa del teléfono en sí: muchas veces son los ajustes, la cobertura o incluso la temperatura los que disparan el consumo sin que te des cuenta.

En este informe técnico vamos a analizar con lupa todas las causas habituales que hacen que la batería de Android vuele, cómo identificarlas desde el propio sistema y qué ajustes concretos puedes tocar para alargar varias horas la autonomía. También veremos cuándo tiene sentido cambiar la batería o el móvil, y qué hábitos de uso conviene adoptar para que la batería dure más años en buenas condiciones.

¿Cuánto debería durar realmente la batería de un Android?

En condiciones normales, una batería nueva de un smartphone Android moderna suele aguantar entre 5 y 8 horas de uso activo (pantalla encendida) en una jornada de uso mixto: algo de redes sociales, navegación, mensajería, llamadas y consumo de multimedia. Durante los primeros 2 o 3 años, la batería suele funcionar cerca de su capacidad máxima; a partir de ahí es habitual notar que la autonomía cae de forma progresiva.

Si notas que, pese a que tu móvil es relativamente nuevo, la carga se evapora en pocas horas incluso con un uso moderado, es muy probable que haya uno o varios factores de configuración, aplicaciones que consumen más batería o entorno que estén provocando ese drenaje excesivo. La buena noticia es que la mayoría de ellos se pueden detectar y corregir.

¿Cómo saber qué está consumiendo la batería en Android?

Antes de empezar a desactivar cosas a lo loco, conviene diagnosticar qué está provocando exactamente el desgaste de la batería. En Android, el propio sistema ofrece un informe bastante detallado del consumo por aplicaciones y servicios.

Dentro de los ajustes, el apartado de Configuración > Batería (el nombre puede variar ligeramente según fabricante) muestra un listado de las apps y funciones que más energía han consumido en un intervalo de tiempo determinado. Aquí podrás detectar, por ejemplo, si hay una app de streaming, un juego o un servicio del sistema que se está llevando la mayor parte de la energía.

Además de las aplicaciones, también conviene tener en cuenta factores externos como la calidad de la señal móvil, la temperatura del entorno o la antigüedad de la batería, que no siempre aparecen reflejados en esas estadísticas, pero influyen muchísimo en la duración de la carga.

Aplicaciones en segundo plano y streaming: los grandes devoradores

Uno de los motivos más frecuentes de drenaje es el uso de aplicaciones de streaming que continúan activas en segundo plano, como YouTube, Spotify, plataformas de vídeo o apps de radio y podcasts. Aunque cierres la interfaz, muchas de estas apps siguen reproduciendo audio, sincronizando contenido o manteniendo conexiones de red.

Para controlar este consumo, revisa en Ajustes > Batería qué aplicaciones aparecen en los primeros puestos. Si detectas alguna app de streaming con un porcentaje muy alto, puedes limitar su actividad en segundo plano, restringir su uso de datos en segundo plano o forzar su cierre cuando no la utilices. En algunos dispositivos, dentro de Ajustes > Aplicaciones, hay apartados específicos para gestionar el uso en segundo plano.

No solo las apps de streaming consumen: juegos pesados, redes sociales, aplicaciones mal optimizadas o con muchos servicios internos también pueden quedar en memoria realizando tareas periódicas (sincronizaciones, notificaciones continuas, actualizaciones de contenido) que acaban pasando factura a la autonomía.

Servicios de localización y GPS: necesarios… pero caros para la batería

El geolocalizador es otro punto crítico. Android usa GPS, redes Wi‑Fi y datos móviles para determinar tu ubicación. Esto está muy bien para apps como Google Maps, Uber o cualquier servicio de navegación, pero si mantienes el GPS siempre activo y otorgas permiso de ubicación permanente a muchas apps, el móvil pasará el día consultando satélites y redes, lo que se traduce en un consumo elevado.

Para reducirlo, entra en Ajustes > Localización y revisa: por un lado, si la ubicación general está activa cuando no la necesitas; por otro, qué aplicaciones tienen permiso de acceso a la ubicación. Lo ideal es que solo las apps que realmente lo requieren tengan permiso, y a ser posible solo mientras las estás utilizando, en lugar de permitirles el acceso todo el tiempo.

Si quieres ir un paso más allá, puedes desactivar la localización por completo cuando no la uses (icono de GPS en los accesos rápidos) y activar esta función solo en el momento en que necesites navegar o compartir tu ubicación. Además de mejorar la autonomía, esto reduce el rastreo sobre tu posición por parte de aplicaciones y servicios.

Brillo de la pantalla, tiempo de encendido y modo oscuro

La pantalla es, en casi todos los móviles, el componente que más batería consume. Un brillo muy alto o configurado de forma inadecuada puede recortar varias horas de autonomía al día.

En la mayoría de dispositivos encontrarás las opciones en Ajustes > Pantalla (o Pantalla y brillo). Allí puedes:

  • Reducir el brillo manualmente hasta un nivel cómodo para interiores.
  • Activar el brillo automático, que ajusta la intensidad según la luz ambiental.
  • Habilitar el modo oscuro o tema oscuro, especialmente útil en pantallas OLED, donde los píxeles negros consumen menos energía.

Otro factor a revisar es el tiempo de pantalla activa antes de apagarse sola. Si el teléfono tarda mucho en apagar la pantalla tras dejar de usarlo, cada pequeña consulta que haces puede convertirse en un minuto o más de pantalla encendida sin necesidad. En Ajustes > Pantalla suele haber una opción del tipo Apagado automático, Suspender o Tiempo de espera, donde puedes elegir intervalos más cortos (por ejemplo, 30 segundos o 1 minuto).

Red Wi‑Fi, datos móviles y mala cobertura

La forma en la que el móvil se conecta a internet también influye bastante. Cuando la señal de datos móviles es débil, el teléfono aumenta la potencia del módem para mantener la conexión, cambiando constantemente de antena y tipo de red (4G, 3G, etc.). Esta búsqueda continua de señal dispara el gasto de batería, sobre todo si estás moviéndote en coche o transporte público.

Siempre que tengas acceso a una red Wi‑Fi estable y de calidad, conviene usarla para llamadas VoIP, descargas y navegación intensiva, ya que suele consumir menos batería que los datos móviles en condiciones normales. En cambio, si la red Wi‑Fi es mala o el teléfono está intentando conectarse constantemente sin conseguirlo, es mejor desactivar el Wi‑Fi y dejar solo los datos móviles para evitar búsquedas continuas de puntos de acceso.

En situaciones de cobertura muy pobre o nula (sótanos, zonas rurales sin antenas cercanas, viajes en tren), si no necesitas estar localizable, una buena táctica es activar el modo avión. De este modo, el teléfono deja de intentar engancharse a una señal inexistente y ahorra muchísima energía.

Notificaciones push, vibración y otros pequeños consumos acumulados

De forma aislada, una notificación no gasta casi nada, pero cientos de avisos al día con sonidos, vibración y encendido de pantalla acaban pasando factura, especialmente en móviles que ya van justos de batería.

Desde Ajustes > Notificaciones (o Notificaciones y barra de estado) puedes administrar qué aplicaciones tienen permiso para enviarte avisos. Es muy recomendable desactivar las notificaciones de las apps que no son críticas o que solo quieres consultar cuando tú decidas (juegos, promociones, newsletters, etc.).

También puedes desactivar la vibración del teclado y los sonidos innecesarios en los ajustes de sonidos y vibración. Estos pequeños cambios, sumados, ayudan a estirar un poco más la autonomía sin renunciar a lo importante.

Modo Picture-in-Picture y animaciones del sistema

Algunas aplicaciones, como YouTube u otras plataformas de vídeo, permiten reproducir contenidos en una pequeña ventana flotante mientras utilizas otras apps. Esta función, conocida como Picture-in-Picture (PiP) o imagen dentro de imagen, es cómoda, pero mantiene la reproducción de vídeo siempre activa, lo que implica un consumo alto de CPU, GPU y datos.

En Android puedes desactivar o limitar este comportamiento entrando en Ajustes > Aplicaciones > Acceso especial (el nombre exacto varía) y revisando los permisos de Mostrar sobre otras aplicaciones o Ventana flotante para cada app. Si deshabilitas PiP en las aplicaciones de vídeo que no necesitas, evitarás que sigan reproduciendo contenido en miniatura cuando cambies de app.

Por otro lado, las animaciones del sistema (transiciones de ventanas, efectos visuales) también consumen recursos. En las Opciones de desarrollador (que se activan tocando varias veces sobre Número de compilación en Información del teléfono), puedes reducir o desactivar escalas como:

  • Escala de animación de ventana
  • Escala de animación de transición
  • Escala de duración del animador

Al poner estas escalas a 0 o a un valor más bajo, no solo ahorras un pelín de batería, sino que además la interfaz se siente más rápida y directa.

Temperatura y entorno: el enemigo silencioso de la batería

Las baterías de iones de litio funcionan de forma óptima en un rango de temperatura relativamente estrecho. Lo ideal es que el móvil se mantenga entre aproximadamente 0 °C y 35 °C. Por encima o por debajo de esos valores, la eficiencia cae y la degradación se acelera.

Exponer el teléfono a altas temperaturas (coches al sol, radiadores, uso intensivo mientras carga, juegos pesados durante largos periodos) provoca que la batería se caliente. Si esto sucede de forma prolongada o repetida, la batería se desgasta mucho más rápido, incluso aunque no estés usando el dispositivo de forma intensiva en ese momento.

Para cuidar la batería, evita dejar el móvil al sol, no lo cubras con mantas u otros objetos mientras se carga y no uses cargadores defectuosos o de mala calidad, que pueden generar calor excesivo. También es recomendable retirar fundas muy gruesas si notas que el dispositivo se calienta demasiado durante tareas pesadas.

Estado de la batería y cuándo plantearse cambiarla

Con el tiempo, todas las baterías pierden capacidad. Como referencia general, cuando una batería se sitúa por debajo del 80 % de su capacidad original, empieza a notarse una caída clara en la autonomía diaria. En muchos casos sigue siendo usable, pero ya no ofrece el rendimiento de los primeros meses.

En Android, a diferencia de otros sistemas, no hay un estándar único para medir la salud de la batería integrado en todos los dispositivos. Algunos fabricantes incluyen un apartado específico en los ajustes de Batería o Cuidado del dispositivo donde puedes ver información sobre el estado. Si tu móvil no lo trae, puedes instalar una app de monitorización fiable desde Google Play, como AccuBattery u otras herramientas reputadas (siempre comprobando valoraciones y reseñas antes de instalar).

Si observas que, incluso con todas las optimizaciones, la batería se vacía en pocas horas con un uso muy ligero, el móvil se apaga de golpe al llegar a porcentajes relativamente altos o el sistema se reinicia con frecuencia, es probable que haya llegado el momento de sustituir la batería o, si el terminal es muy antiguo, valorar el cambio de dispositivo.

Actualizaciones de Android: mejoras de optimización… y posibles problemas

Las actualizaciones de sistema operativo suelen traer mejoras de seguridad, nuevas funciones y, en muchos casos, optimizaciones de consumo. Android ha incorporado con el tiempo sistemas de gestión de batería cada vez más inteligentes (Doze, Batería adaptativa, restricciones en segundo plano, etc.), que ayudan a alargar la autonomía.

Sin embargo, no todas las actualizaciones están igual de pulidas para todos los modelos. Puede ocurrir que, tras una actualización mayor, un móvil concreto empiece a consumir más batería porque el fabricante aún no ha ajustado bien el firmware o porque hay una incompatibilidad con alguna app que usas mucho.

Por eso es buena idea, antes de instalar una actualización importante, informarse en foros, reseñas y comentarios de otros usuarios con el mismo modelo para ver si se han detectado problemas de drenaje de batería, calentamiento o fallos graves. Una vez actualices, volver atrás no es sencillo: en la mayoría de casos implica formatear el dispositivo e instalar manualmente una versión anterior del sistema, algo que requiere conocimientos técnicos y que no suele estar soportado oficialmente.

Aun así, conviene mantener el teléfono actualizado a la última versión estable que el fabricante ofrece, ya que muchas amenazas de malware aprovechan fallos de seguridad en versiones antiguas. Además, las actualizaciones menores y parches suelen corregir consumos anómalos tras las grandes versiones.

Funciones a desactivar para que la batería dure más

Más allá de los grandes ajustes, hay una serie de funciones que solemos olvidar encendidas y que suman consumo de forma innecesaria. Bluetooth, NFC, GPS siempre activo, puntos de acceso Wi‑Fi, sincronizaciones de cuentas que ya no usamos… todo ello va sumando.

Revisa el panel de ajustes rápidos y desactiva lo que no estés utilizando realmente. Por ejemplo, apaga el Bluetooth si no llevas auriculares o reloj conectados, deshabilita la conectividad NFC si no pagas con el móvil de forma habitual y corta el punto de acceso Wi‑Fi cuando termines de compartir la conexión.

También es buena idea entrar en Ajustes > Cuentas y eliminar aquellas cuentas de correo, redes o servicios que ya no utilizas. Cuantas menos sincronizaciones automáticas haya en segundo plano, menor será el consumo constante de datos y batería.

Ajustes concretos para reducir consumo en Android

Resumiendo los ajustes de menor consumo que puedes aplicar en un Android típico, conviene:

    • Acortar el tiempo de apagado de pantalla para que se apague rápido cuando no la usas.
    • Reducir el brillo o activar el brillo automático bien calibrado.
    • Elegir y activar el tema oscuro si tu pantalla es OLED o AMOLED.
    • Desactivar vibración del teclado, sonidos innecesarios y animaciones muy recargadas.
    • Restringir o desinstalar aplicaciones que aparecen arriba en el listado de consumo.
    • Activar funciones como Batería inteligente, Batería adaptativa o Modo ahorro, según cómo lo llame tu fabricante.

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Cada fabricante puede colocar estos ajustes en menús distintos, por lo que, si no encuentras alguna opción, es aconsejable consultar la página de soporte oficial de tu marca (Samsung, Xiaomi, Motorola, etc.), donde suelen detallar el camino exacto en sus capas de personalización.

Buenos hábitos de carga y cuidado físico de la batería

La forma en la que cargas el móvil también influye en la vida útil de la batería. No es necesario, ni recomendable, dejar que la batería se agote por completo de manera habitual. Las baterías modernas prefieren ciclos parciales: cargar cuando baja a niveles medios y evitar que esté horas y horas al 100 % generando calor.

Una práctica razonable es dejar que, de vez en cuando, la batería caiga por debajo del 10 % y hacer una carga completa, por ejemplo durante la noche, para recalibrar ligerísimamente las estimaciones del sistema. Pero no hace falta forzar la descarga total todos los días.

Además, procura no usar el móvil de forma muy intensa mientras carga, sobre todo si está conectado a cargadores rápidos potentes, ya que el calor adicional combinado con el uso pesado puede dañar la batería a largo plazo. Mantener el dispositivo en un entorno fresco y evitar golpes o deformaciones también ayuda a preservar su integridad.

Modo ahorro de batería y estrategias cuando la carga está baja

Cuando ves que el porcentaje baja peligrosamente y todavía te queda día por delante, es el momento de tirar de modo Ahorro de batería. En Android, puedes activarlo desde Ajustes > Batería, o directamente desde el panel rápido, y también puedes programar que se encienda automáticamente al llegar a un porcentaje determinado.

Este modo suele activar el tema oscuro, limitar la actividad en segundo plano, reducir el rendimiento máximo del procesador y restringir algunos efectos visuales. Es normal que algunas apps tarden un poco más en actualizarse o que ciertas sincronizaciones se pausen, pero a cambio ganarás un buen extra de autonomía.

Además del modo ahorro, cuando la batería está justa conviene evitar:

  • Ver vídeos o jugar con gráficos de alta resolución durante mucho tiempo.
  • Navegar continuamente o usar el zoom en mapas durante largos periodos.
  • Compartir la conexión del móvil como punto de acceso Wi‑Fi, salvo que sea estrictamente necesario.
  • Usar el GPS de forma continuada (por ejemplo, en viajes largos) si puedes optar por otras alternativas.

Si no necesitas la red móvil en ese momento, activar el modo avión y usar solo Wi‑Fi (cuando haya) puede ayudarte a arañar todavía algo más de batería cuando vas al límite.

Actualizaciones de sistema y de aplicaciones para corregir problemas de batería

Si después de ajustar brillo, localización, notificaciones y demás, sigues viendo un consumo desproporcionado, merece la pena comprobar si tu Android y tus aplicaciones están totalmente actualizados. Muchas veces, un bug en una versión concreta provoca drenaje de batería, y la solución llega en forma de actualización.

En el apartado de Ajustes > Sistema > Actualización de software (o Actualización del sistema) puedes buscar nuevas versiones de Android disponibles para tu modelo. Si hay una actualización, sigue las instrucciones del fabricante para instalarla. Del mismo modo, abre Google Play, entra en Gestionar aplicaciones y dispositivo y revisa el apartado de Actualizaciones disponibles para instalar las últimas versiones de tus apps, especialmente las del sistema.

En casos extremos, cuando el consumo anómalo persiste incluso tras actualizar todo y probar con el modo seguro (para descartar apps de terceros), puede ser necesario restablecer el teléfono a estado de fábrica. Antes de hacerlo, haz copia de seguridad completa en tu cuenta de Google o en otro medio, ya que este proceso borra todas las aplicaciones y datos del dispositivo.

Cuándo pedir ayuda al fabricante o al operador

Si has probado todas las medidas de optimización, has verificado que el software está actualizado, el móvil no está sometido a temperaturas extremas y aun así la batería se agota de forma anómala o el dispositivo se sobrecalienta con tareas sencillas, lo más prudente es contactar con el servicio técnico.

En la web de soporte de tu operador o del fabricante encontrarás formularios, chats o teléfonos de atención donde puedes describir el problema. En muchos casos, si el móvil está en garantía y se confirma que la batería presenta un defecto o un desgaste prematuro, ofrecen sustituciones o reparaciones a un coste reducido o incluso sin coste.

Conocer a fondo los motivos por los que la batería de tu Android se agota y aplicar de forma consciente los ajustes y hábitos adecuados permite que el móvil aguante más horas encendido y, sobre todo, que la batería se conserve en mejor estado durante años, evitando tener que adelantar el cambio de dispositivo antes de tiempo. Comparte la información para que otros usuarios conozcan del temna.

Enciclopedia de soluciones al sobrecalentamiento en smartphones

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:44

Que el móvil empiece a arder en la mano en plena partida o mientras ves una serie es algo más común de lo que parece. No solo resulta incómodo, también puede acabar pasando factura a la batería y al resto de componentes. Entender por qué del sobrecalentamiento de smartphones, cómo enfriarlo y cómo evitar que vuelva a ocurrir es clave para alargar la vida del móvil y usarlo con tranquilidad.

Antes de lanzarte a probar trucos raros, conviene tener una idea clara: un poco de calor es totalmente normal. Los móviles actuales llevan procesadores muy potentes y baterías de iones de litio que siempre generan algo de temperatura. El problema llega cuando el calor es intenso, se mantiene en el tiempo o aparece sin motivo aparente. Ahí sí hay que actuar y tomar medidas.

Antes de nada: actualiza el sistema y las aplicaciones

Un paso básico, que muchos pasan por alto, es asegurarse de que el sistema operativo y todas las apps están al día. Muchas veces el sobrecalentamiento viene de errores de software ya corregidos en versiones nuevas.

En la mayoría de móviles Android, como los de Samsung, puedes hacerlo así: entra en Ajustes > Actualización de software > Descargar e instalar y sigue lo que te indique la pantalla. De forma similar, abre la tienda de aplicaciones (Play Store o App Store) y revisa si hay actualizaciones pendientes de tus apps, sobre todo las que más usas.

Estas actualizaciones suelen incluir parches de seguridad, mejoras de rendimiento y soluciones a fallos que podían hacer que el teléfono trabajase de más, consumiendo más CPU, batería y generando más calor del necesario.

¿Por qué se calienta un smartphone: causas más frecuentes?

Aunque a veces parezca que el móvil se calienta “porque sí”, casi siempre hay una explicación. El calor es la consecuencia directa de que los componentes trabajen al límite o de que el entorno no les permita disipar bien la temperatura.

Uso intensivo de procesador y GPU: juegos, streaming y más

Una de las situaciones más típicas es estar jugando durante mucho rato. Los juegos 3D, con gráficos potentes y conexión online constante, hacen que el procesador central y la GPU estén a tope. Cuanto más tiempo pasas jugando, más se calienta la parte interna del teléfono, sobre todo la zona del procesador y alrededor de la batería.

Lo mismo ocurre al ver vídeos en streaming durante horas (YouTube, Netflix, plataformas de TV online). Reproducir vídeo en alta resolución, con muchos fotogramas por segundo o HDR, obliga al teléfono a estar continuamente decodificando datos y manteniendo la pantalla encendida con un brillo alto, algo que genera bastante calor.

También hay otras apps muy exigentes: navegadores GPS, apps que usan la cámara mucho tiempo seguido (grabación en 4K, videollamadas largas) o combinaciones explosivas como juegos que tiran de cámara y localización al mismo tiempo (por ejemplo, algunos títulos tipo Pokémon Go).

Aplicaciones en segundo plano y procesos mal optimizados

No siempre es culpa de lo que ves en primer plano. Hay ocasiones en las que son las apps en segundo plano las que sobrecargan el teléfono. Redes sociales, servicios de localización, apps mal programadas o con errores pueden quedarse funcionando todo el rato aunque tú pienses que las has cerrado.

Cuando esto pasa, el procesador y la memoria RAM están trabajando sin parar, lo que no solo drena batería, sino que incrementa la temperatura interna incluso con la pantalla apagada. A esto se le suma el posible consumo de datos móviles en segundo plano, que también calienta el módem y la antena del dispositivo.

Por eso es importante revisar periódicamente el menú de multitarea o el administrador de aplicaciones y cerrar completamente lo que no estés usando, además de limitar los datos en segundo plano de las apps más pesadas. Cierra por completo juegos, redes sociales, apps de vídeo y cualquier app sospechosa.

Baterías desgastadas o defectuosas

Las baterías de iones de litio son muy eficientes, pero pierden capacidad y estabilidad con el tiempo. Una batería vieja o dañada puede calentarse mucho más de lo normal, incluso con un uso básico del teléfono.

Si notas que la parte trasera del móvil, justo donde va la batería, se calienta con frecuencia, que la autonomía ha caído en picado, o incluso aprecias hinchazón en la carcasa, es posible que la batería esté en mal estado. Esto no solo afecta al rendimiento: en casos extremos, el sobrecalentamiento continuado puede provocar que la batería se deforme o llegue a inflamarse.

En estas situaciones lo prudente es acudir a un servicio técnico de confianza para revisar o sustituir la batería antes de que el problema vaya a más.

Carga rápida, cables y puertos de carga en mal estado

Durante la carga, es completamente normal que el móvil se entibie. El circuito de carga está moviendo mucha energía a la batería y eso genera calor. El problema es cuando el teléfono se sobrecalienta claramente al cargarlo, se pone muy caliente, o el calor se concentra en la parte inferior cerca del conector.

En esos casos puede haber varias causas: puerto de carga dañado, cable original o certificado, cargador de baja calidad o batería tocada. Para descartar, lo ideal es probar con otro cable original o certificado, un enchufe distinto o incluso un cargador inalámbrico si el móvil lo permite.

Además, cargar el móvil sobre superficies blandas como la cama o el sofá no ayuda: bloqueas la ventilación natural y acumulas más temperatura. Lo ideal es apoyarlo sobre una superficie lisa, dura y bien ventilada.

Factores ambientales: sol directo, coche cerrado y temperaturas extremas

El entorno también cuenta, y mucho. Dejar el móvil en el salpicadero del coche al sol, usarlo a pleno sol en verano o cargarlo junto a una ventana donde da la luz directa provoca que la temperatura interna suba muy por encima de lo recomendable.

Los smartphones suelen estar diseñados para trabajar entre unos 0 °C y 35 °C. Salir de ese rango de manera prolongada afecta al rendimiento, a la batería y al hardware en general. El calor excesivo puede deformar piezas de plástico, acelerar el desgaste de la batería e incluso causar fallos graves. El frío extremo, por su parte, también reduce el rendimiento y puede hacer que el móvil se apague.

Mala cobertura y conexiones de red inestables

Si te encuentras en una zona con poca señal, el teléfono se pasa el rato intentando engancharse a la mejor red. Buscar cobertura de forma continua hace que el módem y la antena trabajen a máxima potencia, lo que incrementa el consumo y la temperatura.

Esto se nota especialmente cuando estás descargando archivos grandes o haciendo streaming con mala cobertura. En estas condiciones, un buen truco es activar el modo avión cuando sabes que no vas a tener señal, o conectarte a una red Wi‑Fi estable para aliviar la carga sobre la red móvil.

Errores de software, apps desfasadas y actualizaciones

De vez en cuando, una actualización del sistema o de una aplicación puede traer consigo un fallo que dispare el uso de CPU. Esto puede provocar que el teléfono se caliente durante o justo después de actualizarse.

En general, estas situaciones se corrigen con parches posteriores, pero mientras tanto es recomendable revisar qué apps has instalado o actualizado recientemente. Si notas que el problema de calor empezó tras instalar algo nuevo, prueba a actualizar esa app, forzar su cierre o incluso desinstalarla para ver si desaparece el sobrecalentamiento.

Malware, aplicaciones fraudulentas y criptominería

Un tema más serio es cuando el calentón viene provocado por software malicioso que está usando tu móvil a tus espaldas. Algunos tipos de malware se aprovechan del procesador para minar criptomonedas, enviar spam o realizar otras tareas sin que el usuario se entere.

Este tipo de amenazas consume muchísima CPU y batería, con lo que el teléfono se pone al rojo vivo y la carga vuela. Se han dado casos de troyanos que, haciéndose pasar por herramientas de seguridad, minaban criptomonedas de forma tan agresiva que la batería se abombaba en cuestión de días.

El problema es especialmente frecuente en Android, donde es más fácil instalar aplicaciones de orígenes poco fiables. Para reducir riesgos, lo ideal es instalar siempre un buen antivirus móvil y evitar tiendas de apps de terceros. Una suite de seguridad confiable es capaz de detectar y eliminar este tipo de malware antes de que dañe el dispositivo.

¿De dónde sale el calor dentro del teléfono?

Para entender mejor el problema, ayuda saber qué componentes son los que realmente se calientan. En un smartphone, las principales fuentes de calor son la batería, el procesador (CPU/GPU) y la pantalla.

La batería genera calor al convertir reacciones químicas en electricidad; el procesador lo hace al mover millones de operaciones por segundo; y la pantalla, sobre todo con el brillo alto, consume mucha energía y también desprende calor. Dependiendo de dónde notes la zona caliente, puedes sospechar de una causa u otra.

  • Parte trasera, en la zona central: normalmente indica que la batería está trabajando mucho o empieza a estar deteriorada.
  • Zona inferior, cerca del conector: suele señalar problemas relacionados con el cable o el cargador, o un puerto de carga dañado.
  • Zona superior, cerca del altavoz o de la cámara: puede deberse a carga de trabajo del procesador, uso intensivo de la cámara o factores externos como el sol directo.
Caliente o realmente sobrecalentado: cómo distinguirlo

No es lo mismo que el teléfono esté templado a que se esté friendo. Se considera que un rango interno aproximado de 36 °C a 43 °C entra dentro de lo normal para un móvil en uso. Cuando la temperatura supera los 44 °C y se mantiene, ya empieza a ser preocupante.

En muchos Android puedes comprobar datos de temperatura con aplicaciones especializadas de hardware que muestran las cifras de CPU, batería y otros sensores. Aun así, la mejor “prueba” suele ser el tacto y la frecuencia: si el móvil quema, se calienta varias veces al día sin una razón clara o se apaga solo por protección, hay un problema.

Cómo enfriar tu móvil cuando se está recalentando

Si ya notas que el teléfono va demasiado caliente, conviene actuar rápido pero con cabeza. Hay muchas cosas que ayudan a enfriar y algunas que jamás deberías hacer, como meterlo en la nevera.

Retira la funda y deja que respire

Las carcasas protegen de golpes, pero muchas retienen bastante calor. Si tu smartphone está muy caliente, quitarle la funda es casi el primer paso obligado. Sin esa capa extra de plástico o silicona, el cuerpo del móvil puede disipar mejor la temperatura hacia el exterior.

Es especialmente efectivo cuando el calor viene de un uso intensivo interno (juegos, vídeos, GPS). Piensa en ello como quitarle el abrigo al teléfono para que se airee un poco.

Dale un respiro: baja la intensidad o apágalo

Si acabas de tener una sesión larga de juego, streaming o estás grabando vídeo a tope de calidad, lo sensato es cerrar esas aplicaciones y dejar que el móvil descanse unos minutos. Apaga la pantalla, evita usarlo y déjalo sobre una superficie fresca.

En los casos en que esté realmente muy caliente, lo mejor es apagarlo completamente durante un rato. De esta forma se detienen todos los procesos y el dispositivo se enfría de manera natural, sin esfuerzo extra.

Activa el modo avión y cierra apps en segundo plano

Cuando el origen del calor parece estar relacionado con la cobertura o con apps que no dejan de trabajar, un truco sencillo es activar el modo avión durante unos minutos. Esto desactiva los servicios de red y descarga al móvil de una parte importante de la carga de trabajo.

A la vez, entra en el menú de aplicaciones recientes y cierra por completo juegos, redes sociales, apps de vídeo y cualquier app sospechosa. Menos procesos activos significa menos trabajo para la CPU y, por tanto, menos calor.

Ponlo en un lugar fresco… pero nunca en el congelador

Colocar el teléfono en una zona a la sombra, fresca y con algo de ventilación ayuda muchísimo. Si tienes un ventilador a mano, puedes colocar el móvil delante durante unos minutos (mejor si ya has parado la carga y cerrado las apps pesadas). Eso acelera bastante el enfriado.

Lo que nunca debes hacer es ponerlo en la nevera o el congelador. Los cambios bruscos de temperatura y la condensación de humedad pueden dañar gravemente los circuitos y la batería. Es preferible un enfriado suave y gradual con aire, no con frío extremo.

Evita la carga rápida cuando ya está caliente

Si el móvil está ardiendo y además lo estás cargando, estás sumando dos fuentes de calor. En la medida de lo posible, evita usar el teléfono mientras se carga, especialmente con cargadores rápidos de muchos vatios.

Si no te queda más remedio que cargarlo, y el modelo lo permite, opta por usar un cargador más lento o desactivar la carga rápida desde los ajustes. Así reduces el pico de temperatura asociado a la recarga a alta potencia.

Herramientas de limpieza y mantenimiento

En Android existen aplicaciones diseñadas para eliminar archivos basura, detectar apps que consumen mucho y ayudarte a identificar bloatware. Este tipo de herramientas puede aligerar la carga del sistema y, de rebote, ayudar a reducir el calentamiento.

Eso sí, conviene usar solo apps de mantenimiento de desarrolladores conocidos y de confianza. Evita “aceleradores milagro” de dudosa procedencia, porque algunos acaban siendo precisamente malware camuflado.

Accesorios de refrigeración: cuando el problema es habitual

Si usas mucho el móvil para jugar o tareas pesadas y se calienta día sí, día también, puede tener sentido recurrir a accesorios de refrigeración específicos. Son pequeños ventiladores que se acoplan a la parte trasera y se alimentan por USB.

Hay modelos universales bastante económicos, y otros oficiales pensados para móviles gaming que encajan al milímetro y ofrecen incluso iluminación RGB. Eso sí, ten en cuenta que si los alimentas desde el propio móvil, gastarán algo de batería y generarán también un poco de calor propio, así que a veces compensa conectarlos a un cargador aparte.

Cómo evitar que el móvil vuelva a sobrecalentarse

Más allá de apagar fuegos puntuales, lo interesante es adoptar hábitos de uso que minimicen el riesgo de calentones en el día a día. Son cambios sencillos que pueden marcar mucha diferencia.

Carga con cabeza y en superficies adecuadas

Utiliza siempre cargadores y cables originales o de marcas fiables. Los accesorios de baja calidad pueden provocar calentamientos anómalos, inestabilidad de voltaje e incluso dañar la batería.

Siempre que cargues el móvil, apóyalo sobre una superficie dura, firme y bien ventilada. Evita dejarlo bajo la almohada, entre cojines o sobre mantas, porque eso atrapa el calor y dificulta la disipación.

En contra de la creencia popular, dejar el teléfono enchufado toda la noche no suele ser un problema en los modelos actuales, que incluyen sistemas para cortar la carga al llegar al 100 %. El riesgo viene más bien de combinar calor ambiental, funda gruesa y superficies blandas.

Mantén el sistema y las apps siempre actualizados

Tener tanto el sistema operativo como las aplicaciones actualizadas es una de las mejores medidas preventivas. Las nuevas versiones suelen traer correcciones de errores, mejoras de eficiencia y parches de seguridad que reducen el riesgo de que el teléfono trabaje de más por un fallo de software.

Si notas que el móvil empezó a calentarse tras instalar una app concreta, prueba a actualizarla, revisar sus permisos o directamente desinstalarla. Y recuerda: mejor evitar apps de fuentes desconocidas o tiendas no oficiales, porque aumentan las posibilidades de llevar sorpresa en forma de malware.

Protégelo del sol directo y de los extremos de temperatura

Un consejo básico pero muy efectivo: no dejes el móvil al sol ni en el coche cerrado. Durante la carga, aún menos; la combinación de calor del entorno y calor de la batería es especialmente peligrosa.

Cuando estés al aire libre en días muy calurosos, intenta mantenerlo a la sombra, en el bolsillo o en el bolso y evita usarlo para tareas intensivas durante mucho rato seguido. Lo mismo ocurre con el frío extremo: no es buena idea dejarlo al relente o en lugares muy fríos durante horas.

Controla el brillo y la configuración de la pantalla

La pantalla es uno de los grandes consumidores de energía. Mantener el brillo al máximo constantemente, usar fondos de pantalla animados y muchos widgets puede pasar factura. Deja que el brillo se ajuste de forma automática o bájalo cuando no necesitas tanto, y usa un fondo estático.

Con estas pequeñas decisiones alivias el trabajo del procesador gráfico, reduces el consumo de batería y, en consecuencia, mantienes la temperatura más a raya. Además, tus ojos también te lo agradecerán.

Usa el modo ahorro de batería cuando lo necesites

La mayoría de móviles incorporan modos de ahorro energético que limitan procesos en segundo plano, reducen el brillo y recortan ciertas funciones como la sincronización automática o algunos efectos visuales.

Activar este modo en momentos de uso intensivo, con calor ambiental alto o cuando notas que el móvil empieza a calentarse es una buena forma de bajarle las revoluciones sin dejar de usarlo. De paso, alargarás algo la autonomía.

Instala un buen antivirus y elimina el malware

Dado que muchos de los casos graves de sobrecalentamiento tienen que ver con malware (especialmente en Android), contar con una app antivirus de confianza es casi obligatorio si quieres ir sobre seguro.

Estas soluciones analizan las apps instaladas y las que estás a punto de instalar, detectan comportamientos sospechosos como criptominería, spyware o troyanos y te permiten eliminar las amenazas antes de que revienten el rendimiento y la batería. Respecto a iPhone, aunque el riesgo de malware es mucho menor por el sistema de control de la App Store, también conviene ser prudente con los perfiles y configuraciones que instalas.

Vigila el estado de la batería y cambia la que esté vieja

Si tu móvil tiene ya unos años y notas que la batería se agota muy rápido y el teléfono se calienta más que antes, puede que haya llegado el momento de cambiarla. Muchas marcas ofrecen servicios oficiales de sustitución, y en otros casos puedes recurrir a talleres especializados.

Mantener una batería en buen estado no solo mejora la autonomía, también reduce el riesgo de sobrecalentamiento y de problemas de seguridad. Si ves cualquier signo de hinchazón, deformación o comportamiento extraño, mejor no lo dejes pasar.

Móviles concretos, sobrecalentamiento crónico y cuándo ir al técnico

Hay modelos concretos que han tenido fama de calentarse mucho o incluso de sufrir fallos graves con la batería, como ocurrió en su día con ciertos dispositivos que llegaron a prohibirse en vuelos por riesgos de explosión.

Los fabricantes han aprendido de estos casos e incluyen ahora sistemas de refrigeración mejorados (incluso por cámara de vapor o refrigeración líquida) y controles más estrictos sobre las baterías. Aun así, siempre conviene leer reseñas y opiniones de otros usuarios antes de comprar un nuevo móvil, para ver si hay quejas recurrentes sobre temperatura.

Si tu smartphone se sobrecalienta de forma crónica, incluso con un uso moderado y tras haber seguido todas las recomendaciones anteriores, podría haber un problema de hardware más serio. En ese punto, seguir forzándolo no es buena idea: lo prudente es llevarlo a un servicio técnico autorizado para que hagan un diagnóstico completo.

Al final, un móvil que trabaja frío suele funcionar más fluido, dura más años y da menos sustos. Adoptar unos cuantos hábitos sencillos, prestar atención a los síntomas y reaccionar a tiempo cuando aparezca un calentón marcado es la mejor forma de que tu smartphone siga rindiendo sin convertirse en una estufa de bolsillo. Comparte la información para que más usuarios conozcan del tema.

Guía experta para gestionar almacenamiento y archivos ocultos

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:40

Gestionar bien el almacenamiento y los archivos ocultos ya no es algo opcional, ni para empresas ni para usuarios avanzados. Cada día generamos facturas, fotos, copias de seguridad, documentos legales, correos con adjuntos enormes y datos personales que, si no se organizan con cabeza, terminan siendo un caos… o un riesgo de seguridad serio.

Además, el problema no es solo el espacio: también está la productividad (no encontrar nada cuando hace falta), el cumplimiento normativo (RGPD, obligaciones mercantiles y fiscales), la confidencialidad y, cómo no, el coste de tener nubes, discos y backups llenos de archivos que nadie usa. En esta guía vamos a ver, con lupa, cómo clasificar la información, cómo almacenarla en local y en la nube, cómo tratar carpetas y archivos ocultos, y qué políticas necesitas para que todo ese sistema no se te vaya de las manos.

Tipos de información y niveles de seguridad

Antes de ponerte a crear carpetas y contratar nubes a lo loco, necesitas tener claro qué tipo de información manejas y qué nivel de protección exige. No todos los archivos son igual de críticos.

Una clasificación muy práctica para cualquier negocio distingue entre información confidencial, interna y pública. Cada categoría marca el nivel de seguridad, quién puede acceder y cómo se almacena.

  • Confidencial: datos especialmente sensibles (personales de empleados y clientes, historias laborales, nóminas, contratos privados, credenciales, información financiera de detalle, documentación legal crítica, etc.). Su acceso debe estar muy restringido, con controles de permisos, cifrado y registro de accesos. Compartir este tipo de datos con terceros sin autorización expresa (y sin base legal) es una bomba de relojería a nivel legal y reputacional.
  • Interna: documentación necesaria para el día a día del negocio, pero que no hace falta que vea el mundo exterior. Aquí entran procedimientos internos, manuales, protocolos de trabajo, documentación de proyectos, políticas de seguridad, actas internas, informes de seguimiento, etc. En general, se comparte solo entre empleados o colaboradores, pero no debe salir de la organización sin control.
  • Pública: información diseñada para ser visible: contenidos web, posts de blog, dossiers comerciales, materiales de marketing, folletos, notas de prensa, comunicaciones en redes sociales, campañas de email público, etc. Es la que menos nivel de seguridad necesita, aunque igualmente conviene tenerla organizada para no volvernos locos.

Según el tipo de dato, la empresa tendrá que aplicar criterios de protección diferentes: desde carpetas ultracerradas con cifrado, hasta repositorios públicos o materiales de descarga. Esta clasificación encaja completamente con las exigencias del RGPD y con la lógica básica de seguridad: cuanto más sensible es la información, más capas de control debes aplicar.

Obligaciones legales de conservación de documentos

En el mundo empresarial no solo guardas archivos por gusto. Hay documentos que estás obligado a conservar durante años, tanto por normativa mercantil como fiscal, además de otros que requieren conservación a largo plazo mientras viva el negocio.

En el ámbito mercantil, el artículo 30 del Código de Comercio obliga a los empresarios a conservar libros, correspondencia, documentación y justificantes relacionados con su negocio, durante seis años a partir del último asiento, salvo disposición especial. Aquí entran libros de contabilidad, actas, libros de actas de sociedades, etc.

En el plano fiscal, la Ley General Tributaria (especialmente el artículo 29 y los artículos 66 a 70) establece que los libros de contabilidad y otros libros o registros fiscales (IRPF, IVA, Impuesto de Sociedades, etc.) deben guardarse, en general, durante el plazo de prescripción del impuesto, normalmente cuatro años. Durante ese tiempo la Administración puede revisar y comprobar esos datos, así que tirarlos antes de tiempo es un error serio.

Además, algunos documentos deben conservarse durante toda la vida del negocio: libros de visitas, determinadas actas de inspección, escrituras de constitución, variaciones censales, documentación registral, documentos de identidad fiscales (CIF/NIF) y, en general, todo aquello que pruebe la existencia y evolución jurídica de la empresa.

También hay obligaciones específicas respecto a los programas, ficheros y archivos informáticos que sirven de soporte a la contabilidad y las declaraciones. Deben conservarse de forma que los datos sean accesibles y legibles, incluso si están cifrados o codificados, y ser capaces de convertirlos a formatos legibles si la Administración lo solicita.

A esto se suma un segundo grupo de documentos que conservas por interés propio: relación con clientes y proveedores, contratos comerciales, presupuestos, proyectos, informes, manuales, cuestionarios, procedimientos internos, material comercial, etc. No siempre hay obligación legal de guardarlos, pero a nivel operativo te interesa mantenerlos bien archivados.

Gestión documental y archivo: por qué es clave para tu productividad

La mayoría de profesionales y empresas arrastran el mismo problema: montañas de papeles, carpetas digitales caóticas y documentos duplicados. Eso se traduce en pérdidas de tiempo, estrés y mala toma de decisiones.

La gestión de archivo documental, tanto en papel como en digital, debería seguir un procedimiento claro y sencillo. Ese procedimiento define qué se archiva, cómo se clasifica, quién lo hace, dónde se guarda y cuánto tiempo se conserva. La diferencia entre “no encuentro nada” y “lo tengo en 10 segundos” está ahí.

En el apartado físico, un archivo basado solo en carpetas AZ y archivadores tiene inconvenientes claros: pérdidas de documentos, sobrecostes de espacio e infraestructura, lentitud al buscar, dificultad para compartir y poca flexibilidad. Con el volumen actual de documentación, seguir tirando solo de papel es pegarse un tiro en el pie.

Por eso, cada vez más negocios se mueven hacia una oficina sin papeles, donde la documentación relevante se digitaliza, se clasifica y se guarda en sistemas electrónicos (locales, en red o en la nube) con una estructura clara, búsquedas rápidas, control de permisos y copias de seguridad automatizadas.

Oficina sin papeles y digitalización inteligente

Una “oficina sin papel” no significa que jamás imprimas nada, sino que el soporte principal de tu documentación es digital, con el papel reducido al mínimo imprescindible (por ejemplo, originales que la ley exige conservar en formato físico).

Entre las ventajas de adoptar este enfoque está la reducción de costes de infraestructura y materiales (archivadores, armarios, metros cuadrados, papel, tinta, envíos postales), la mejora de la velocidad al localizar documentos, la posibilidad de automatizar procesos y una movilidad mucho mayor para equipos remotos o híbridos.

Para dar el salto necesitas, como mínimo, un equipo informático, un escáner y un gestores de archivos, además de una estrategia de almacenamiento (local, servidor, nube o combinación). Y, casi más importante que lo anterior, un cambio de mentalidad: asumir que un documento digital bien archivado tiene la misma validez operativa que un documento en papel, y a menudo mucha más utilidad.

Es muy habitual apoyar este modelo en servicios de almacenamiento en la nube (Google Drive, OneDrive, Dropbox, MEGA, etc.), combinados con un almacenamiento local controlado. De ese modo te beneficias de accesibilidad, colaboración y copias de seguridad remotas, sin perder el control interno.

Estructura de carpetas y nomenclatura: el “esqueleto” de tu archivo

Digitalizar por digitalizar no soluciona nada si luego lo guardas todo en una carpeta llamada “Varios”. Necesitas un “esqueleto” de archivo documental, es decir, una estructura de carpetas por niveles y una convención de nombres clara, sencilla y repetible.

Un ejemplo muy utilizado en pymes y despachos es crear carpetas madre por grandes áreas y, dentro de cada una, subcarpetas por año, cliente, proyecto, etc. Algunas carpetas típicas podrían ser:

  • Documentos corporativos: escrituras, CIF, NIF de representantes, alta en actividad, Seguridad Social, pólizas de seguros, contratos con bancos, licencias, documentos de propiedad, actas notariales, certificados de registros oficiales, etc. Aunque muchos de estos documentos entran en papel, es muy útil tener copias digitales para poder enviarlos a bancos, administraciones o proveedores de forma rápida.
  • Documentos contables: facturas emitidas, facturas recibidas, documentos de caja y bancos, extractos contables, listados de mayor, etc. Suelen organizarse por ejercicios fiscales (año) y, dentro, por tipo de documento o mes.
  • Documentos fiscales: declaraciones de IVA, IRPF, Impuesto sobre Sociedades, resúmenes anuales, comunicaciones de la Agencia Tributaria y otra documentación relacionada con impuestos. También aquí la estructura por ejercicio fiscal es la más lógica.
  • Documentos laborales: contratos, altas y bajas, nóminas, seguros sociales, libro de matrícula, libro de visitas, comunicaciones de la Seguridad Social, etc. De nuevo, organizados por año y, a menudo, por trabajador.
  • Clientes y proveedores: carpetas por cliente y por proveedor con pedidos, presupuestos, albaranes, contratos comerciales, correos relevantes, documentación compartida y facturas.
  • Correspondencia y documentación comercial: cartas, reclamaciones, ofertas, campañas, newsletters significativas, documentación adjunta enviada o recibida que interese conservar como referencia.

En paralelo a la estructura, es clave definir una nomenclatura homogénea para carpetas y archivos: nombres cortos, claros y directos; uso de fechas en formato ordenable (por ejemplo AAAA-MM-DD), inclusión de palabras clave significativas y, opcionalmente, patrones de colores o etiquetas si la herramienta lo permite.

Un criterio típico podría ser algo como “CLIENTE_NOMBRE_2024-06_FACTURA_001.pdf” o “PROY_PROYECTO_X_MEMORIA_TECNICA_v02.docx”. Lo importante es que, sin abrir el archivo, puedas intuir qué contiene y que cualquiera del equipo entienda y respete el patrón.

Políticas de almacenamiento y carpetas protegidas

No basta con tener un esquema bonito: hay que definir políticas de almacenamiento y guardado que todos en la organización conozcan y sigan. Eso incluye dónde se guarda cada tipo de archivo, qué se puede eliminar y cuándo, y cómo se usan los dispositivos.

En el trabajo en local, por ejemplo, puedes decidir que solo se guarde documentación activa en determinadas carpetas del equipo, que periódicamente se limpien archivos obsoletos y que la documentación definitiva se suba al servidor o a la nube corporativa. En red, conviene establecer un criterio claro de ordenación, nomenclatura, áreas por departamento y permisos de borrado limitados a responsables.

Respecto a los dispositivos externos (pendrives, discos USB), muchas empresas optan por desaconsejar su uso salvo casos muy concretos, por el riesgo de pérdida, robo o malware. Si se usan, deben revisarse periódicamente y no convertirse en “cajones desastre” de información crítica sin copia en otro sitio.

Para reforzar la seguridad, los sistemas operativos permiten crear carpetas protegidas con varias técnicas:

  • Contraseñas: proteger carpetas comprimidas o documentos específicos con clave para evitar que cualquiera los abra.
  • Cifrado de contenido: encriptar el contenido de carpetas o discos completos para que solo puedan acceder quienes tengan el certificado o contraseña. En Windows esto se suele gestionar desde Propiedades > Opciones avanzadas > Cifrar contenido; en macOS con FileVault desde las Preferencias del sistema > Seguridad y privacidad.
  • Ocultar archivos y carpetas: marcar ciertos elementos como ocultos para que no aparezcan a simple vista en el explorador. Eso sí, basta con activar “mostrar archivos ocultos” para verlos, así que es una capa mínima de ofuscación, no de seguridad real.

En algunos paneles de hosting y soluciones profesionales también existen herramientas específicas para proteger directorios con contraseña, cifrado y reglas de acceso, algo especialmente útil para datos alojados en servidores web o aplicaciones internas.

Permisos de usuario y gestión de accesos

Uno de los pilares de una buena gestión de archivos, visibles u ocultos, es controlar quién puede ver, editar, borrar o ejecutar cada recurso. Aquí entran en juego los permisos de usuario y los roles.

En sistemas como Windows, macOS o gestores de archivos en red, puedes asignar permisos distintos a usuarios y grupos: desde control total (dueños y administradores), pasando por permisos de lectura, escritura/modificación o ejecución, hasta la falta total de acceso.

En la práctica, esto significa, por ejemplo, que una carpeta con documentación de RRHH solo sea accesible para las personas de RRHH y la dirección; que las carpetas de clientes solo puedan modificarse por el equipo correspondiente; que determinadas herramientas solo puedan ser instaladas o ejecutadas por administradores; o que un usuario nuevo entre siempre con un rol de acceso mínimo y se le vaya ampliando si es necesario.

Para Windows, estos permisos se configuran desde Propiedades > Seguridad de carpetas y archivos, mientras que en macOS se gestionan desde la ventana de información (CMD+I) en el apartado “Compartir y permisos”. En aplicaciones corporativas y nubes empresariales, se suelen definir roles (admin, editor, solo lectura, invitado) con permisos predefinidos.

Almacenamiento en la nube: ventajas, riesgos y elección de servicio

Guardar archivos en la nube es ya el pan de cada día: Google Drive, OneDrive, Dropbox, MEGA y otros servicios permiten almacenar documentos, compartirlos y trabajar de forma colaborativa sin depender de un solo ordenador o servidor físico.

En entornos empresariales, sin embargo, no basta con “tenerlos en la nube”. Hace falta una estrategia clara de uso: qué se sube, quién accede, cómo se organiza, qué se comparte con terceros, qué se respalda aparte y qué pasa si mañana decide fallar el proveedor o cancelar la cuenta.

Al valorar un servicio de almacenamiento en la nube, conviene fijarse en varios puntos clave:

  • Medidas de seguridad: cifrado en tránsito (HTTPS) y en reposo, firewalls, sistemas antiintrusión, autenticación en dos pasos, herramientas de auditoría de accesos y actividad, etc.
  • Control de accesos y permisos: posibilidad de dar acceso solo a usuarios concretos, delimitar permisos de lectura/edición, restringir descargas, caducar enlaces y revocar accesos.
  • Ubicación y normativa: dónde se alojan los datos (UE, EEUU, otros países) y qué legislación se aplica. Para negocios sujetos al RGPD, es crucial que el proveedor cumpla con la normativa europea o tenga garantías adecuadas.
  • Planes, costes y escalabilidad: cuánto espacio necesitas ahora, cómo crecerá tu uso, si te compensa un plan gratuito limitado o uno de pago con administración centralizada, gestión multiusuario y soporte.
  • Integraciones y facilidad de uso: integración con suites ofimáticas (Google Workspace, Microsoft 365), con apps de productividad, CRM, gestores de proyectos, y que sea suficientemente fácil de usar para que el equipo lo adopte sin resistencia.

Usar varios proveedores a la vez sin criterio puede llevar a perder el control de dónde está cada cosa. Lo ideal es estandarizar en uno o dos servicios principales, definir su uso y evitar que cada departamento se invente “su nube” sin avisar.

Gmail, Google Drive y el problema del espacio compartido

Un caso muy concreto, pero extremadamente habitual, es el de quedarse sin espacio en Gmail. El límite gratuito de 15 GB se comparte entre Gmail, Google Drive y Google Fotos; es decir, correos, adjuntos, documentos en Drive y copias de seguridad de fotos compiten por el mismo espacio, así como copias locales de apps como WhatsApp.

Cuando agotas el espacio, la consecuencia es inmediata: Gmail deja de enviar y recibir correos, Google Drive no permite subir nuevos archivos, Google Fotos deja de sincronizar y no puedes crear nuevos documentos en Google Docs, Sheets, etc. Si te mantienes por encima del límite durante dos años, Google incluso puede llegar a borrar contenido de forma permanente.

Para entender qué está ocupando el espacio, Google ofrece el Storage Manager de Google One, que detalla cuánto consumen Gmail, Drive y Fotos, y sugiere acciones de limpieza (spam, papelera, correos con adjuntos grandes, fotos y vídeos pesados, etc.).

Uno de los grandes “culpables” suelen ser los adjuntos de gran tamaño en correos antiguos. En Gmail puedes localizarlos con búsquedas como “has:attachment larger:10M” o “larger:25M”, combinadas con filtros de antigüedad (“older_than:2y”). También puedes buscar por tipo de archivo, por ejemplo “filename:.pdf larger:5M”. Tras identificar estos correos, puedes borrar en bloque (marcando “Seleccionar todas las conversaciones que coincidan con esta búsqueda”) y, muy importante, vaciar la Papelera y el Spam, porque hasta que no lo hagas el espacio no se libera.

Otro gran sumidero de espacio son los correos promocionales y newsletters, que se acumulan durante años sin aportar valor. Filtrar por “label:promotions” y borrar mensajes antiguos de determinados remitentes (“from:amazon.com older_than:1y”, por ejemplo) suele liberar gigas en pocos minutos.

Archivar correos en Gmail es útil para despejar la bandeja de entrada, pero no libera almacenamiento: solo cambian de sitio (a “Todos”), siguen contando para la cuota. Si lo que quieres es espacio, hay que eliminar y vaciar la papelera.

Automatizar y prever: filtros, etiquetas y buenos hábitos

Limpiar a lo bestia sirve para salir del apuro, pero si quieres dejar de vivir en modo crisis necesitas automatizar y cambiar hábitos. En Gmail y otras plataformas de correo puedes crear filtros que clasifiquen, archiven o eliminen automáticamente ciertos mensajes: newsletters antiguas, correos promocionales, notificaciones de sistemas, etc. Para dispositivos móviles, existen además apps que ayudan a limpiar almacenamiento y mejorar el rendimiento.

Por ejemplo, un filtro que envíe directamente a una etiqueta específica todos los correos de una newsletter concreta, o que marque como leído y archive correos de notificaciones automáticas que solo quieres consultar puntualmente. También puedes aplicar filtros a correos ya existentes para facilitar limpiezas periódicas.

Otra herramienta muy potente son las etiquetas con colores, que permiten clasificar los mensajes según proyecto, cliente, tipo de tarea o urgencia (rojo para hoy, naranja para esta semana, amarillo para este mes, etc.). A diferencia de las carpetas clásicas, un correo puede tener varias etiquetas sin duplicarse, lo que encaja muy bien con la forma real en que trabajamos.

En paralelo, conviene revisar y limpiar suscripciones: cada boletín que no lees es espacio que se desperdicia y ruido que tapa correos importantes. Darse de baja sin piedad de newsletters que ya no te aportan nada es una de las mejores inversiones de tiempo en gestión de correo.

Copias de seguridad (backups): tu seguro anti-catástrofes

Da igual lo bien que organices tus datos: sin copias de seguridad periódicas estás a un fallo de perderlo todo. Un borrado accidental, un ransomware, un disco duro que muere, una cuenta comprometida… Las copias de seguridad son la red de seguridad que marca la diferencia entre un susto y una tragedia.

Lo recomendable es aplicar la conocida regla 3-2-1: al menos tres copias de tus datos, en dos soportes distintos (por ejemplo, servidor local y nube), y una copia fuera de la ubicación principal (otra nube, un data center, un disco almacenado en otra sede, etc.).

En Windows puedes configurar backups en el Panel de control (Copias de seguridad y restauración) y en macOS con Time Machine y otras herramientas. A nivel de hosting y servidores, muchos proveedores ofrecen backups automáticos self-service, que te permiten restaurar archivos, bases de datos o webs enteras a fechas concretas de forma rápida.

Si usas nubes tipo Dropbox, OneDrive o similares, también puedes aprovechar sus funciones de versionado y recuperación de archivos borrados, que añaden otra capa de seguridad frente a errores humanos. La clave está en que las copias se hagan de forma automática y periódica; si dependen de que alguien se acuerde, tarde o temprano fallarán.

Seguridad, datos personales y nivel de protección

Cuando gestionas archivos que contienen datos personales (clientes, empleados, usuarios, suscriptores, colaboradores, etc.), entra en juego el RGPD y toda la normativa de protección de datos. No se trata solo de guardar bien los documentos, sino de asegurar que el tratamiento es legal, seguro y proporcional.

Entre otras cosas, necesitas clasificar los datos según su sensibilidad, aplicar medidas técnicas y organizativas adecuadas (cifrado, contraseñas robustas, control de accesos, registros de actividad, formación del personal), regular los accesos de terceros (asesorías, proveedores, servicios cloud) mediante contratos de encargo de tratamiento y tener procedimientos para atender derechos de los interesados (acceso, rectificación, supresión, etc.).

Esto afecta directamente a cómo organizas tu archivo documental: qué documentos se guardan en carpetas protegidas, quién tiene permiso para acceder, cuánto tiempo se conservan, cómo se destruyen cuando dejan de ser necesarios y qué mecanismos existen para exportarlos o consultarlos de forma ordenada.

Delegar la gestión del archivo: el papel de la secretaría virtual

En muchas pymes y negocios unipersonales, el problema no es saber lo que hay que hacer, sino tener tiempo y método para hacerlo. La clasificación, digitalización, archivo, depuración y envío de documentación consume horas que normalmente no forman parte del 20 % de tareas que generan el 80 % de resultados.

Una opción cada vez más habitual es delegar la gestión del archivo documental en una secretaria virtual o en un profesional especializado. Esta figura se encarga de recopilar documentos, digitalizarlos, etiquetarlos, guardarlos donde corresponde, mantener la estructura de carpetas, aplicar las políticas de conservación y buscar y enviar documentación a clientes, proveedores, bancos o asesorías cuando hace falta.

Para que funcione, es imprescindible definir juntos un método claro y un protocolo de trabajo: qué entra en el archivo, cómo se decide a qué carpeta va, con qué nombre, qué se conserva, qué se destruye y cómo se manejan los documentos confidenciales. Una vez definido el sistema, la persona delegada debe tener autonomía suficiente para gestionarlo de forma profesional.

El resultado suele ser más tiempo para las tareas estratégicas, menos estrés, mejor sensación de control y una respuesta mucho más ágil cuando un cliente, un banco o la administración te pide un documento “para ayer”.

Con una clasificación coherente, buenas prácticas de seguridad, uso inteligente de la nube, copias de seguridad bien planteadas y, si hace falta, apoyo externo para mantener el sistema vivo, la gestión de tu almacenamiento (incluidos esos archivos ocultos que ahora sí estarán controlados) pasa de ser una fuente constante de caos y sustos a convertirse en una pieza sólida que sostiene tu productividad y la seguridad de tu negocio. Comparte esta información para que más personas conozcan del tema.

Compendio de trucos maestros ocultos en el menú de desarrollador

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:35

El menú de desarrollador de nuestros dispositivos es uno de esos rincones ocultos que casi nadie toca por miedo a «romper algo», pero donde se esconden trucos maestros y ajustes avanzados que pueden cambiar por completo cómo se siente y se comporta tu móvil, tu navegador o incluso algunas aplicaciones. Aunque nació pensado para programadores, lo cierto es que cualquier usuario curioso puede sacarle jugo si sabe qué hace cada opción y qué conviene no tocar.

Antes de lanzarte a activar todo lo que veas, conviene tener claro que este menú no es un juguete: muchas de sus funciones influyen en el rendimiento, la batería y la seguridad del sistema. Por eso, lo ideal es ir paso a paso, entender para qué sirve cada ajuste y probar solo lo que necesitas. En esta guía vas a encontrar un compendio de trucos maestros ocultos en el menú de desarrollador, explicados de forma sencilla y con ejemplos prácticos para que puedas sacarles partido sin miedo.

¿Qué es realmente el menú de desarrollador y por qué está oculto?

El menú de desarrollador es una sección de ajustes avanzada pensada, en origen, para quienes crean y prueban aplicaciones, pero que también ofrece controles muy finos sobre el sistema que resultan útiles a usuarios exigentes. No aparece a la vista en los ajustes estándar porque incluye opciones que, mal utilizadas, pueden generar errores, consumo elevado de batería o incluso inestabilidad en el dispositivo.

La idea de ocultarlo es que solo lo activen quienes saben lo que hacen o, al menos, quienes se han tomado el tiempo de informarse. Muchas de las funciones que encontrarás ahí tienen que ver con el debug o depuración de apps, estadísticas en tiempo real, simulaciones de entornos y ajustes gráficos que se usan para probar el rendimiento. Aun así, hay un buen puñado de opciones que, usadas con cabeza, se convierten en auténticos trucos maestros para el día a día.

Cómo activar el menú de desarrollador de forma segura

La activación del menú de desarrollador suele requerir una pequeña acción «secreta», precisamente para evitar que se active por accidente. En la mayoría de sistemas móviles, el truco consiste en tocar varias veces seguidas sobre un apartado de información del dispositivo hasta que el sistema muestre un mensaje indicando que las opciones de desarrollador se han habilitado. A partir de ahí, se mostrará un nuevo apartado en la configuración.

Aunque el proceso de activación es sencillo, es importante que, una vez abierto el menú, te tomes un momento para revisar las opciones sin cambiar nada al principio. Muchos dispositivos permiten desactivar el menú de desarrollador simplemente apagando el interruptor principal o borrando algunos datos de configuración, así que si notas un comportamiento extraño después de toquetear algo, siempre puedes volver atrás sin dramas.

Trucos maestros para exprimir el rendimiento

Dentro del menú de desarrollador se esconden varias funciones que te permiten ajustar el rendimiento del sistema más allá de lo habitual. Uno de los clásicos es la posibilidad de alterar la velocidad de las animaciones de la interfaz: si reduces la escala de animación de ventanas y transiciones, las pantallas se abren y cierran más rápido, lo que da sensación de mayor fluidez sin necesidad de cambiar de dispositivo.

Otro truco interesante es el que permite limitar o mostrar en pantalla las aplicaciones que consumen más recursos. Con ciertas opciones puedes ver procesos activos, uso de CPU o límites de procesos en segundo plano, lo que ayuda a detectar apps que se comen la batería o ralentizan el sistema. En algunos casos es posible restringir el número de procesos que el sistema mantiene activos, algo útil en móviles con poca memoria.

También es habitual encontrar ajustes relacionados con la gestión de la GPU y del renderizado. Activar opciones como el forzado de aceleración por hardware o el uso de determinados métodos de renderizado puede mejorar el rendimiento gráfico en ciertos dispositivos y aplicaciones, aunque conviene probar con calma, porque en otros casos puede generar fallos visuales o un consumo mayor de energía.

Ajustes gráficos ocultos para una experiencia más fluida

Además de las animaciones, el menú de desarrollador ofrece herramientas visuales pensadas para depurar interfaces que resultan muy útiles si quieres personalizar tu experiencia. Hay opciones para mostrar los toques en pantalla y coordenadas de pulsación, algo que se usa mucho en grabaciones de tutoriales o presentaciones, pero que también puede servirte para detectar zonas de la pantalla que no responden bien.

Otra función habitual es el perfil de GPU o el seguimiento del renderizado, que muestran en tiempo real unas gráficas indicando si la interfaz se está dibujando por encima del tiempo recomendado. Activar estas capas de información puede parecer aparatoso, pero te da pistas claras sobre dónde se producen tirones o caídas de rendimiento, tanto en juegos como en aplicaciones pesadas.

También podrás ver opciones para forzar el modo oscuro en aplicaciones que no lo soportan de forma nativa, modificar el espacio de color o simular distintos tipos de daltonismo. Estos ajustes, aunque nacieron con un enfoque de accesibilidad y pruebas, se han convertido en trucos muy útiles para adaptar la pantalla a tus gustos o necesidades visuales.

Opciones de depuración y conexión avanzada

Uno de los pilares del menú de desarrollador es la depuración mediante conexión externa. Encontrarás, por ejemplo, la conocida depuración por USB o por red, que permite que un ordenador se conecte al dispositivo para instalar, probar o inspeccionar aplicaciones. Aunque esta función está pensada para programadores, a nivel práctico también sirve para usar herramientas avanzadas de copia de seguridad, automatización o control.

En este mismo bloque suelen aparecer opciones relacionadas con el tipo de conexión USB o de enlace inalámbrico. Puedes definir si, al conectar el dispositivo a un ordenador, debe actuar por defecto como solo carga, transferencia de archivos, dispositivo multimedia u otros modos específicos. Ajustar esto evita tener que elegir manualmente cada vez y reduce problemas cuando un equipo no reconoce bien el móvil.

Además, hay ajustes para registrar informes de errores, mostrar mensajes detallados de registro o incluso simular retardos y pérdidas de conexión. Estas herramientas son muy útiles para pruebas exigentes, pero también puedes aprovecharlas para diagnosticar fallos intermitentes de red o de ciertas apps que solo se manifiestan bajo condiciones muy concretas.

Control avanzado de red, Wi‑Fi y datos

El menú de desarrollador también incluye controles menos conocidos centrados en las conexiones. Es posible, por ejemplo, activar modos de registro detallado del tráfico o mostrar información adicional sobre las redes Wi‑Fi cercanas, incluidos parámetros que no se ven en los ajustes normales. Todo esto ayuda a comprender mejor por qué una red funciona peor que otra o qué banda está utilizando tu router.

En algunos dispositivos, encontrarás opciones para forzar el tipo de red preferida, simular condiciones de red lentas o inestables e incluso bloquear determinadas tecnologías de conexión. Estos trucos no solo sirven para pruebas: pueden ayudarte a evitar cambios constantes entre redes móviles, algo que a veces genera cortes en llamadas o en aplicaciones de mensajería.

Especialmente curiosas son las funciones que permiten desactivar optimizaciones agresivas de red que ciertos fabricantes aplican para ahorrar batería. Si notas que las notificaciones llegan tarde o que algunas apps online se desconectan con frecuencia, jugar con estos ajustes desde el menú de desarrollador puede marcar una diferencia importante, siempre con cuidado y anotando qué has cambiado exactamente.

Trucos para mejorar la batería y la gestión de apps

Aunque no existe un botón mágico para duplicar la autonomía, el menú de desarrollador sí ofrece pequeños trucos que influyen en el consumo. Limitar el número de procesos en segundo plano o desactivar ciertas animaciones y efectos visuales reduce el trabajo del procesador y, por tanto, el gasto energético. En dispositivos modestos se nota especialmente cuando se combinan varios ajustes orientados al ahorro, como los que explicamos en cómo desactivar funciones que consumen batería.

Otro punto interesante es la posibilidad de ver qué aplicaciones se están manteniendo activas de forma insistente, qué servicios despiertan el dispositivo con frecuencia o qué procesos están generando más actividad. Esa información no suele aparecer tan detallada en los ajustes normales, pero en el menú de desarrollador es posible habilitar estadísticas avanzadas de uso que te ayudan a decidir qué apps merece la pena desinstalar o limitar.

En algunos sistemas, incluso se pueden modificar comportamientos de optimización automática, permitiendo que ciertas aplicaciones críticas para ti queden exentas del cierre agresivo en segundo plano. Usando con cabeza estas opciones, lograrás un equilibrio más ajustado entre batería, rendimiento y notificaciones puntuales, adaptado a tu forma de usar el dispositivo.

Herramientas ocultas de accesibilidad y simulación

Dentro de las opciones de desarrollador se esconden funciones vinculadas a la accesibilidad que pasan desapercibidas fuera de este entorno. Por ejemplo, la posibilidad de simular distintos tipos de daltonismo o ajustar el contraste y la corrección de color más allá de lo que permiten los menús estándar. Esto sirve para pruebas, pero también para adaptar la pantalla a personas con necesidades visuales específicas.

Otra familia de herramientas son las que permiten simular localizaciones, tamaños de pantalla o densidades de píxeles. Estas funciones se crearon para que los desarrolladores pudieran probar sus apps en condiciones variadas, pero en la práctica también se usan para afinar el tamaño de la interfaz, los textos y los iconos en función de tus preferencias personales.

En algunos entornos encontrarás, además, opciones para activar servicios de accesibilidad que no aparecen en el menú habitual, o para registrar en detalle cómo interactúa el usuario con la interfaz. Todo esto puede resultar muy útil al configurar un dispositivo para alguien con dificultades motoras o cognitivas, siempre que se maneje con cuidado y se anoten los cambios aplicados.

Seguridad, permisos y riesgos que no debes ignorar

El menú de desarrollador también tiene su lado delicado: ciertas opciones pueden debilitar la seguridad si se activan sin entender las consecuencias. Un ejemplo claro es mantener la depuración externa siempre encendida, ya que facilita que alguien con acceso físico al dispositivo pueda interactuar a bajo nivel con el sistema. Por eso, lo habitual es activarla solo cuando se va a usar y desactivarla después.

Otro riesgo viene de las funciones que permiten omitir comprobaciones de seguridad, instalar paquetes desde fuentes menos controladas o modificar cómo se validan algunas conexiones. Estas herramientas son muy útiles para pruebas y desarrollo, pero en un uso cotidiano pueden abrir puertas a software malicioso o a errores graves si se combinan con descargas poco fiables.

Además, hay que tener presente que algunos cambios del menú de desarrollador pueden no revertirse simplemente apagando y encendiendo el dispositivo. En casos extremos, tocar ciertos parámetros podría hacer que el sistema funcione de forma inestable hasta que restaures la configuración o, directamente, realices un restablecimiento de fábrica. Por eso, es muy aconsejable anotar los valores originales antes de modificarlos.

Cambios visuales y de interfaz que no se ven a simple vista

Más allá del rendimiento, el menú de desarrollador abre la puerta a retoques estéticos que mucha gente desconoce. Según el dispositivo, puedes habilitar indicadores visuales específicos, probar nuevos estilos de navegación, activar modos experimentales de interfaz o forzar temas que todavía no son públicos en los ajustes convencionales.

Algunas de estas opciones activan funciones que están en fase de pruebas internas, por lo que pueden comportarse de forma inestable. Sin embargo, cuando funcionan bien, permiten adelantarse a cambios de diseño que llegarán más adelante, ajustar cómo se muestra la barra de navegación o modificar la densidad de información en pantalla para aprovechar mejor el espacio. Si quieres una guía práctica sobre ajustes iniciales útiles, consulta este artículo sobre ajustes de Android recomendados.

También hay ajustes que afectan a cómo se muestran las notificaciones, a la forma en que se apilan o a su prioridad visual. A base de pequeñas modificaciones, es posible conseguir una interfaz menos recargada o, al contrario, más informativa, sin necesidad de instalar lanzadores de terceros ni herramientas externas, simplemente aprovechando estos controles ocultos del sistema.

Cuándo merece la pena usar estos trucos… y cuándo no

Saber que existen todos estos trucos maestros es útil, pero la clave está en decidir cuándo aplicarlos de verdad. Si tu dispositivo funciona de manera fluida y no tienes quejas de batería, quizá solo te interese tocar detalles como la velocidad de las animaciones o activar indicadores visuales puntuales. En cambio, si notas lag, cierres inesperados o un consumo excesivo, explorar el menú de desarrollador con método puede marcar un antes y un después.

El mejor enfoque es ir de menos a más: empezar por opciones claramente inofensivas, como mostrar los toques en pantalla o consultar estadísticas, y dejar para el final los ajustes que afectan a seguridad, red o procesos internos. Si en algún momento te pierdes, recuerda que siempre conviene restaurar los cambios que no entiendas y, si es posible, documentar qué has tocado para poder deshacerlo.

Al final, el menú de desarrollador se convierte en una especie de caja de herramientas secreta: bien utilizado, te da control fino sobre el rendimiento, el aspecto, la conectividad y el comportamiento de tu dispositivo, pero mal usado puede generarte problemas complicados de diagnosticar. Con una actitud curiosa pero prudente, estos trucos maestros ocultos en el menú de desarrollador te permiten adaptar la experiencia a tu gusto y entender mucho mejor qué está haciendo de verdad tu dispositivo por debajo de la superficie. Comparte la guía y otros usuarios sabrán del tema.

Todo sobre procesos de sistema y ahorro de energía real

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:33

Vivimos rodeados de energía: desde que suena el despertador hasta que apagamos la última luz de la noche, todo a nuestro alrededor depende de la electricidad, el gas o los combustibles. Detrás de una ducha caliente, del aire acondicionado de la oficina o del funcionamiento de una línea de producción industrial hay procesos de sistema que consumen una enorme cantidad de recursos. Cuando ese consumo no se controla, se dispara la factura y aumenta el impacto ambiental, pero cuando se gestiona bien, se convierte en una palanca brutal de ahorro y competitividad.

En el entorno doméstico hablamos de pequeños gestos, pero en la empresa y, sobre todo, en la industria, el juego es mayor: la eficiencia energética puede marcar la diferencia entre ser rentable o estar al borde del cierre. A continuación verás todo lo que debes saber sobre los procesos de sistema y el ahorro de energía real, combinando prácticas cotidianas, estrategias empresariales avanzadas, tecnologías disponibles, ejemplos de éxito y el papel clave de la economía circular y la digitalización.

¿Por qué el ahorro energético es tan importante hoy?

El estilo de vida actual implica un uso intensivo de energía en las tareas más comunes: transporte, climatización, iluminación, dispositivos electrónicos, producción industrial, tratamiento de residuos… Si no racionalizamos ese consumo, no solo aumentan los costes, sino que presionamos todavía más unos recursos naturales limitados y agravamos el cambio climático.

En el ámbito industrial la situación es aún más crítica: la industria concentra aproximadamente un tercio del consumo total de energía en muchos países, según datos como los del IDAE. Esto significa que cualquier mejora en procesos y sistemas industriales tiene un impacto abrumador en emisiones de CO2, consumo de combustibles fósiles y competitividad empresarial.

El ahorro energético no se limita a “consumir menos”, sino a usar la energía necesaria de la forma más eficiente posible sin perder productividad ni calidad. En otras palabras, producir lo mismo o más con menos kilovatios hora, menos gas y menos recursos, gracias a mejores equipos, automatización, mantenimiento adecuado y decisiones de gestión más inteligentes.

Concepto de eficiencia energética en procesos y sistemas

Cuando hablamos de procesos de sistema y ahorro de energía real nos referimos a cómo se organiza, controla y optimiza el consumo energético en cada eslabón de una actividad. Un proceso puede ser una línea de fabricación, una planta de tratamiento de residuos, una instalación hotelera o un edificio de oficinas con climatización central.

La eficiencia energética consiste en reducir el consumo específico de energía por unidad de producto o servicio, manteniendo o mejorando el resultado final. Esto incluye desde el diseño del proceso, la selección de la tecnología y la forma de operar los equipos, hasta la planificación de la producción y la gestión de la demanda en función del horario y la tarifa eléctrica.

Al mejorar la eficiencia se logran beneficios clave: ahorro económico, reducción de emisiones, incremento de productividad, menor dependencia de combustibles fósiles, mejor imagen de marca y cumplimiento de objetivos de sostenibilidad y normativas ambientales. De hecho, la eficiencia energética es uno de los principales vehículos para cumplir con la responsabilidad social corporativa y con las agendas climáticas nacionales e internacionales.

Impacto económico, ambiental y social del ahorro energético

En el plano económico, la implantación de medidas de eficiencia puede traducirse en ahorros del 10 al 50% en consumo energético, dependiendo del sector y de las tecnologías utilizadas, como indican estimaciones de organismos internacionales de energía. Esta reducción mejora directamente la cuenta de resultados y permite reinvertir en innovación y modernización.

En el ámbito ambiental, disminuir el uso de energía implica menos emisiones de gases de efecto invernadero y una menor huella de carbono corporativa. La Agencia Internacional de la Energía ha estimado que la mejora de la eficiencia energética en la industria podría recortar el consumo entre un 14% y un 22% para 2040, lo que supondría miles de millones de toneladas de CO2 menos al año.

Desde una perspectiva social, las prácticas de ahorro energético mejoran la calidad del aire, reducen contaminantes locales y protegen la salud de trabajadores y comunidades. Además, las empresas que apuestan por la sostenibilidad suelen ganar confianza y lealtad de clientes, proveedores, accionistas y empleados, reforzando su reputación y atractivo como empleador.

Procesos significativos y evaluación real del consumo

No todos los procesos consumen lo mismo. En muchas instalaciones, un pequeño número de procesos o equipos concentra la mayor parte del consumo energético. Por ejemplo, dos procesos que solo representan un tercio del número total pueden llegar a absorber el 80% o más de la energía utilizada. Estos se consideran Usos Significativos de Energía (USE) y deben ser la prioridad de cualquier plan de eficiencia.

Una buena estrategia consiste en identificar qué procesos concentran el 80-95% del consumo y centrar recursos en monitorizar y optimizar esos puntos clave. Dependiendo de la capacidad de inversión, se puede trabajar sobre dos, tres o más procesos significativos para maximizar el impacto de las mejoras.

Además, para evaluar de verdad la eficiencia no basta con comparar consumos mensuales o costes absolutos. Es imprescindible separar el consumo fijo (iluminación básica, pérdidas, funcionamiento en vacío) del consumo variable ligado al volumen de producción. También es clave disponer de una línea base de consumo que indique cuánto se debería consumir para una producción determinada.

La herramienta habitual es el indicador de desempeño energético (IDE), calculado como la relación entre el consumo indicado por la línea base y el consumo real, multiplicado por cien. Si el IDE es inferior a 100, el desempeño real es peor que el esperado; si es superior, estamos usando la energía de forma más eficiente que la referencia establecida.

Marco regulatorio, tarifas e incentivos para ahorrar

El ahorro energético no solo depende de la tecnología, también de aprovechar bien las tarifas, la legislación y los incentivos disponibles. En muchos países y regiones existen beneficios fiscales, deducciones y programas de apoyo para inversiones en eficiencia, recuperación de calor residual, motores de alta eficiencia o energías renovables.

Para optimizar costes conviene revisar en detalle la factura energética: sector de consumo, cargos, penalizaciones por energía reactiva, nivel de tensión, horario de tarifas y posibles bonificaciones. Ajustar la potencia contratada, cambiar a una tarifa más adecuada o modificar la curva de carga desplazando consumos a horas valle puede suponer un ahorro muy relevante sin tocar aún la tecnología.

También existen herramientas de gestión de la demanda, como el servicio de interrumpibilidad para grandes consumidores, donde las industrias aceptan reducir su consumo en momentos críticos del sistema a cambio de una compensación económica. Aunque este sistema es solo una pieza más del puzzle, demuestra que gestionar el cuándo se consume puede ser tan importante como el cuánto.

Tecnologías clave para el ahorro de energía en la industria

Las posibilidades tecnológicas para mejorar el rendimiento energético son amplias. Algunas de las más relevantes para procesos de sistema son la automatización, los equipos de alta eficiencia, la recuperación de energía y la integración de renovables, junto con sistemas avanzados de monitorización y análisis de datos.

Automatización y control de procesos

La automatización industrial permite optimizar el funcionamiento de líneas de producción, adaptar la potencia consumida a la carga real y reducir tiempos muertos y arranques innecesarios. Mediante sensores, actuadores, PLCs y sistemas SCADA es posible regular con precisión motores, bombas, compresores o hornos para que trabajen en su zona de máxima eficiencia.

Los sistemas de gestión de mantenimiento asistidos por ordenador (CMMS/GMAO) ayudan a programar intervenciones preventivas y predictivas para que los equipos siempre funcionen en condiciones óptimas, evitando consumos excesivos por desgaste, desajustes o fallos incipientes. De este modo se reduce el uso de energía y se alarga la vida útil de los activos.

Iluminación eficiente y control inteligente

El cambio a iluminación LED es una de las medidas más rápidas y rentables. Los LEDs consumen hasta un 80-90% menos que las tecnologías tradicionales y ofrecen una vida útil muy superior. Pero el verdadero salto viene cuando se combinan con sistemas de control: detectores de presencia, reguladores de intensidad, sensores de luz natural y programaciones horarias.

En oficinas, almacenes y plantas productivas, apagar automáticamente zonas sin uso y adaptar la luz a la actividad real reduce el consumo sin afectar al confort ni a la seguridad. Además, regular la temperatura de color e intensidad mejora el bienestar de los trabajadores.

Equipos de alta eficiencia energética

La sustitución de maquinaria obsoleta por equipos de última generación es una palanca fundamental. Motores, compresores, calderas, enfriadoras, sistemas de bombeo y climatización de alta eficiencia logran el mismo trabajo con mucha menos energía. Incorporar variadores de frecuencia evita picos en el arranque y ajusta el consumo a la demanda real.

Al mismo tiempo, es posible compensar la energía reactiva mediante baterías de condensadores, mejorando el factor de potencia y reduciendo penalizaciones en la factura. Todo ello se traduce en menos pérdidas y una operación más estable y barata.

Recuperación de calor y mejoras térmicas

En muchos procesos industriales se desaprovecha un enorme potencial energético en forma de calor residual. Los sistemas de recuperación de calor permiten aprovechar gases calientes, aguas a alta temperatura o fluidos de refrigeración para precalentar otros procesos, generar vapor o apoyar la calefacción.

Junto con la recuperación de calor, el aislamiento térmico de tuberías, depósitos, hornos y edificaciones industriales reduce al mínimo las pérdidas y mejora el rendimiento global de los sistemas de climatización y producción de calor. Esto no solo ahorra energía, también evita riesgos laborales por superficies calientes.

Sistemas de cogeneración

La cogeneración consiste en producir simultáneamente electricidad y calor útil a partir de una única fuente de energía, normalmente gas natural o biogás. En lugar de generar electricidad en una central lejana y, por separado, producir calor en calderas locales, se aprovecha el calor de los motores o turbinas para usos térmicos del propio proceso.

Este enfoque permite alcanzar rendimientos globales muy superiores a los de los sistemas convencionales y reducir notablemente la huella de carbono. Puede aplicarse en industrias con alta demanda térmica continua, como químicas, alimentarias, papeleras o de automoción.

Integración de energías renovables

La incorporación de energías renovables en el entorno industrial y terciario es ya una realidad. La energía fotovoltaica destaca por su versatilidad: los paneles solares pueden alimentar parte del consumo eléctrico diurno de la planta, reduciendo la dependencia de la red y amortiguando el impacto de la volatilidad de los precios.

Sistemas de control de demanda y gestión horaria

Los sistemas de control de demanda permiten programar y gestionar el consumo energético en tiempo real según señales de la red eléctrica o los precios horarios. Así se limitan picos, se desplazan cargas a horas más baratas y se reducen considerablemente los costes.

Para ello es clave contar con medidas detalladas de consumo por línea, equipo y franja horaria, de manera que se identifiquen los momentos de máxima demanda y se decida qué procesos son desplazables sin afectar a plazos de entrega ni calidad.

Recuperación de agua y gestión de recursos

La energía y el agua van de la mano: tratar, bombear y calentar agua consume muchos recursos. Los sistemas de recuperación y reutilización de agua en procesos industriales reducen el consumo de agua fresca y el coste asociado al tratamiento de vertidos, además de recortar la energía necesaria para mover y depurar esos volúmenes.

En aplicaciones como la generación de vapor, el lavado de equipos o los circuitos de enfriamiento, recircular y tratar adecuadamente el agua tiene un impacto claro en la huella de carbono y en la factura energética total.

Digitalización, IoT, Big Data e inteligencia artificial

La revolución digital ha cambiado radicalmente la forma de gestionar la energía. Gracias al Internet de las Cosas, hoy es posible instalar sensores de bajo coste para medir consumos en tiempo real, temperaturas, presiones, estados de máquina y otros parámetros clave, integrando esos datos en plataformas en la nube.

Las herramientas de Big Data permiten analizar millones de registros de consumo y producción para detectar patrones, ineficiencias, desviaciones e incluso fallos incipientes. Combinadas con algoritmos de machine learning, estas soluciones son capaces de predecir cómo variará el consumo ante cambios en la producción o el clima y de sugerir la configuración óptima de los equipos.

El concepto de gemelo digital va un paso más allá: se crea un modelo virtual de la planta o del proceso que reproduce su comportamiento energético. Así se pueden simular escenarios, probar ajustes y evaluar inversiones en eficiencia sin necesidad de parar la producción ni asumir riesgos.

Buenas prácticas de ahorro energético en hogares y empresas

Más allá de la tecnología avanzada, existen hábitos y decisiones sencillas que tienen un impacto enorme tanto en el hogar como en las organizaciones. Son la base sobre la que luego se construye una estrategia más compleja de eficiencia.

Control de temperatura y climatización

En climatización, un solo grado marca la diferencia. Bajar 1 ºC la calefacción puede ahorrar en torno a un 7% de la energía utilizada, mientras que subir 1 ºC el aire acondicionado en verano puede reducir el consumo cercano a un 10%. Conocer y utilizar bien los modos de funcionamiento de calderas y equipos de aire acondicionado y saber configurar un perfil de ahorro extremo es esencial.

En edificios de oficinas o plantas industriales, la combinación de buen aislamiento, cortinas de aire, cerramientos adecuados y sistemas de control centralizado multiplica ese efecto, evitando sobrecalentamientos o sobrerrefrigeraciones innecesarias.

Elección de electrodomésticos y equipos

Las etiquetas energéticas ofrecen una información clara sobre la eficiencia de electrodomésticos y aparatos eléctricos. Apostar por clases más eficientes reduce el consumo a lo largo de toda la vida útil del equipo. Aunque a veces la inversión inicial sea mayor, el ahorro acumulado suele compensarla con creces.

También es importante fomentar la reparación frente a la sustitución, alineándose con el llamado “Right to repair” o derecho a reparación y con una guía de compra de dispositivos reacondicionados. Cada producto que reparamos y mantenemos en servicio evita el consumo de energía y recursos asociados a fabricar uno nuevo desde cero.

Transporte y movilidad

Buena parte de la energía consumida se va en transporte. En el día a día, optar por transporte público, caminar, usar la bicicleta o compartir coche reduce claramente las emisiones y el gasto económico. Menos vehículos en circulación significa menos congestión y menor consumo global de combustible.

En el ámbito empresarial, una gestión eficiente de flotas, el uso de vehículos eléctricos o híbridos, y la optimización de rutas mediante geolocalización son claves para rebajar el impacto del transporte de mercancías y de residuos.

Consumo oculto y uso inteligente de la electricidad

Los consumos en stand-by suponen un porcentaje nada despreciable del uso doméstico y empresarial. Muchos equipos siguen consumiendo energía aunque estén aparentemente apagados, siempre que permanezcan enchufados; por ejemplo, aprender a quitar ciertas aplicaciones en modo ahorro evita ese goteo constante. Utilizar regletas con interruptor o sistemas domóticos para cortes automáticos evita ese goteo constante.

En oficinas y plantas industriales, apagar equipos fuera de horario, consolidar servidores, virtualizar sistemas y automatizar el apagado de iluminación y climatización fuera de turnos de trabajo son medidas simples y muy efectivas.

El papel de las empresas: de la gestión de residuos a la economía circular

Las empresas son grandes consumidores de energía, pero también tienen una enorme capacidad de transformación hacia modelos más sostenibles. Su responsabilidad va más allá de su propia factura: influyen sobre proveedores, clientes y comunidades enteras.

En el ámbito de la gestión de residuos, una estrategia eficiente y orientada a la economía circular reduce la energía necesaria para fabricar nuevos productos, transportar materiales y tratar desechos. Cada kilo de material reciclado ahorra una cantidad significativa de energía en comparación con la producción desde materias primas vírgenes.

Se estima que en torno al 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero proceden de la gestión de residuos. Mejorar la separación en origen, impulsar el reciclaje de metales, plásticos y papel, y utilizar procesos de valorización energética cuando sea apropiado disminuye notablemente esta huella.

Algunas compañías han desarrollado manuales de buenas prácticas ambientales que recogen acciones sencillas para reducir el consumo de energía tanto en el trabajo como en la vida personal: uso racional de la climatización, apagado de equipos, reducción de residuos, reciclaje, movilidad sostenible y sensibilización continua del personal.

Ejemplos de empresas y sectores que ya se han transformado

Numerosas organizaciones de distintos sectores han integrado el ahorro energético en su estrategia. En la automoción, por ejemplo, grandes fabricantes han implantado iluminación LED en todas sus plantas, han optimizado sistemas de calefacción y refrigeración y han sustituido equipos críticos por versiones de alta eficiencia, logrando ahorros millonarios y reducciones importantes de emisiones.

En el sector alimentario, empresas globales han mejorado sus sistemas de refrigeración y calentamiento, han introducido procesos de reciclaje de materiales y han reducido el consumo de agua y energía por tonelada de producto. Esto no solo disminuye la huella ambiental, también refuerza la confianza del consumidor en marcas que apuestan por la sostenibilidad.

El sector hotelero también muestra ejemplos interesantes: cadenas de hoteles han instalado sistemas de monitorización y control de energía en tiempo real, domótica en habitaciones, climatización eficiente y fuentes renovables. Además, acompañan estas inversiones con formación al personal y campañas de sensibilización a clientes.

Cómo implementar con éxito un plan de ahorro energético

Para que el ahorro de energía sea real y duradero, las iniciativas deben ser planificadas, medibles y asumidas por toda la organización. No sirve solo con cambiar unas bombillas o comprar un equipo nuevo sin analizar el conjunto.

El primer paso es realizar un análisis previo o auditoría energética que identifique dónde, cómo y cuándo se consume la energía. A partir de ahí se definen los usos significativos, se establecen líneas base, se fijan objetivos y se priorizan inversiones según su retorno.

Es clave establecer un plan de mantenimiento preventivo y predictivo para evitar derivas de consumo y averías costosas. Capacitar al personal técnico y operativo en eficiencia energética asegura que las mejoras técnicas se traduzcan en cambios reales en el día a día.

El uso de tecnología avanzada como sensores, contadores inteligentes, plataformas de monitorización y software de gestión energética permite hacer un seguimiento continuo de los resultados y detectar nuevas oportunidades de mejora. Las revisiones periódicas del desempeño, comparando el consumo real con la línea base, son la base de la mejora continua.

Finalmente, la creación de una cultura de eficiencia energética, con objetivos claros, indicadores, incentivos y comunicación interna transparente, convierte el ahorro en un esfuerzo compartido y no en una iniciativa puntual o aislada.

En un contexto de precios energéticos volátiles, retos climáticos crecientes y mercados cada vez más exigentes, los procesos de sistema bien diseñados y la gestión inteligente de la energía se han convertido en una ventaja competitiva de primer orden. Desde los pequeños hábitos en casa hasta la digitalización avanzada en fábricas y centros de trabajo, cada acción suma para reducir costes, proteger el medio ambiente y construir un modelo económico más resiliente y sostenible. Comparte esta información para que más usuarios conozcan del tema.

Gestión avanzada de memoria RAM en Android 16 y 17

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:30

La memoria RAM en Android se ha convertido en un recurso tan valioso que, en móviles recientes, marca la diferencia entre un teléfono que va como la seda y otro que se atasca a la mínima. Con la llegada de Android 16 y Android 17, Google ha cambiado de forma importante la manera en la que el sistema controla este recurso, lo que explica por qué algunos usuarios ven móviles con 8, 12 o 16 GB de RAM y aun así sienten que algo no cuadra con el rendimiento o la multitarea.

En las últimas betas de Android 17 y en Android 16 estable, se han introducido límites estrictos de memoria, herramientas para vigilar qué apps se pasan de la raya y funciones nuevas que afectan directamente a cómo se sienten el multitasking, la autonomía y la fluidez del sistema. Si a esto le sumamos las capas de fabricantes como Samsung, el resultado es un escenario donde no siempre es fácil entender qué está pasando con la RAM y por qué el móvil se comporta como lo hace.

Análisis profundo: por qué Android usa tanta RAM hoy en día

Durante años, la cantidad de RAM en los móviles Android pasó casi desapercibida, pero ahora nos hemos acostumbrado a ver cifras como 8, 12 e incluso 16 GB en modelos que ni siquiera son los más caros del catálogo. Sobre el papel suena espectacular, pero muchos usuarios siguen teniendo la sensación de que toda esa memoria no se aprovecha tan bien como deberían, o que el móvil se vuelve lento a pesar de tener “RAM de sobra”.

La realidad es que el ecosistema Android ha cambiado completamente desde la época en la que 4 GB de RAM eran más que suficientes. Las aplicaciones actuales cargan muchas más imágenes, scripts, bibliotecas y recursos internos, buscan mantener su estado sin reiniciar constantemente y dependen de servicios en segundo plano para sincronizaciones, notificaciones y funciones de IA local. Además, las capas de personalización, los servicios de Google y las nuevas funciones de seguridad añaden procesos que también viven en la memoria.

La consecuencia es que, aunque veas 12 o 16 GB de RAM en las especificaciones, eso no significa que Android pretenda dejarlos libres. El sistema está diseñado para llenar la RAM con procesos activos y caché útil, en lugar de dejar “espacio vacío” que no se aprovecha. De ahí esa sensación típica de abrir el panel de memoria y ver un consumo muy alto incluso sin tener muchas apps abiertas.

Multitarea real vs. sensación de tener muchas apps abiertas

Una de las grandes fuentes de confusión es pensar que más RAM equivale a poder mantener decenas de apps funcionando a la vez, como si tuvieras varios ordenadores en paralelo dentro del móvil. Android, sin embargo, diferencia de forma muy clara entre procesos activos, procesos en segundo plano y procesos en caché, y no todo lo que ves en la lista de aplicaciones “abiertas” está realmente ejecutándose.

La multitarea real solo se aplica a unas pocas aplicaciones: la que estás utilizando en primer plano, alguna que esté en segundo plano inmediato (por ejemplo, un navegador que has dejado atrás hace unos segundos) y servicios esenciales como reproductores de música, navegación GPS, llamadas o notificaciones críticas. El resto suele pasar a un estado de suspensión en el que su código no se ejecuta, pero su estado se mantiene en memoria para poder retomarla rápidamente.

Cuando sales de una app, lo habitual es que Android congele su estado en RAM. Eso permite que al volver a abrirla, incluso uno o dos días después, reaparezca exactamente donde la dejaste, como comentan usuarios que notan cómo apps como Notas, el navegador o redes sociales vuelven justo a la misma pantalla o pestaña. Esto da la sensación de una multitarea espectacular, pero también genera dudas cuando el móvil empieza a ralentizarse o a consumir más batería.

Este sistema de suspensión funciona siempre que haya memoria disponible. En cuanto Android necesita espacio para cargar nuevas apps o procesos, las aplicaciones congeladas se convierten en candidatas a ser cerradas. Aquí es donde entra en juego el gestor de memoria interno, que decide qué matar primero en función de prioridades, uso reciente y consumo.

RAM ocupada no equivale a problema: el papel de la caché

Otro punto importante es distinguir entre aplicaciones realmente en segundo plano y datos en caché. Gran parte de la memoria RAM que ves como “ocupada” no está siendo utilizada por apps que estén activas, sino por elementos que el sistema guarda para acelerar el uso del teléfono.

Android utiliza la RAM libre como un enorme almacén temporal de recursos: imágenes de apps frecuentes, ficheros de bibliotecas, partes del sistema, datos de navegación y contenido que es probable que vuelvas a necesitar. Eso explica por qué, incluso cuando has cerrado casi todo, sigues viendo un porcentaje altísimo de RAM aparentemente en uso.

Lejos de ser un fallo, esta es una decisión consciente de diseño: es mucho más eficiente tener la memoria llena de cosas útiles que tenerla vacía. En cuanto el sistema necesita espacio, elimina esa caché al vuelo, sin que el usuario tenga que hacer nada. De hecho, herramientas de “limpieza de RAM” que se empeñan en vaciarla todo el tiempo suelen provocar el efecto contrario: más recargas de apps, más consumo de CPU y más batería gastada.

De 4 a 16 GB: cómo hemos llegado a esta escalada de memoria

Si miramos unos años atrás, un móvil con 4 GB de RAM ofrecía un rendimiento más que decente. Las aplicaciones eran mucho más ligeras, el propio Android era menos complejo y los procesos en segundo plano estaban más recortados. Hoy el panorama no tiene nada que ver: capas de personalización pesadas, servicios de sincronización continua, funciones de inteligencia artificial en el dispositivo, widgets dinámicos y notificaciones cada vez más ricas han disparado las necesidades de memoria.

La industria también ha contribuido a esta escalada. Los fabricantes han aprovechado la RAM como argumento de marketing: es más fácil vender un móvil destacando que tiene 16 GB de RAM que explicar que el sistema ha sido optimizado. Esto ha generado una “carrera de cifras” en la que la memoria aumenta no solo por necesidad técnica real, sino porque los números grandes venden.

En paralelo, la propia memoria LPDDR ha ido mejorando en capacidad y velocidad, lo que permite ofrecer más gigas sin disparar consumo ni costes al mismo ritmo que antes. Así hemos llegado a un punto en que ver móviles de gama media con 8 o 12 GB es relativamente normal, y los modelos más avanzados ya rozan o superan los 16 GB de RAM.

Eso no significa que el sistema esté usando de forma intensa todos esos gigas todo el tiempo. Más bien, lo que aporta es un colchón para evitar que las apps pesadas se recarguen constantemente, para que la multitarea sea más fluida y para que el dispositivo “envejezca mejor” conforme lleguen actualizaciones de Android cada vez más exigentes.

Android 16: funciones prácticas que influyen en memoria y rendimiento

Aunque Android 16 no llegó con un gran rediseño visual generalizado (el famoso Material 3 Expressive se ha hecho de rogar en muchos dispositivos), sí ha introducido un buen número de funciones que, directa o indirectamente, afectan a cómo sentimos el rendimiento y el uso de recursos.

Una de las más destacadas son las Live Updates, unas notificaciones inteligentes que muestran en tiempo real el progreso de ciertas tareas, como el estado de un pedido de comida o el seguimiento de un viaje. Estas notificaciones aparecen en el panel, en la pantalla de bloqueo y en la pantalla siempre encendida. La clave es que requieren que los desarrolladores adapten sus apps, por lo que su consumo de recursos dependerá de lo bien o mal que se integren con las APIs del sistema.

Android 16 también introduce un mayor control de las notificaciones. Cuando recibes muchas alertas de una misma aplicación en poco tiempo, el sistema reduce automáticamente el volumen de esas notificaciones durante un minuto para evitar una cascada de sonidos inaguantable. Además, agrupa visualmente las notificaciones de una app indicando el número total, lo que facilita gestionarlas sin perderte entre decenas de avisos.

Otra mejora relevante, aunque menos visible, es el selector de fotos unificado. En lugar de que cada aplicación tenga su propio selector de imágenes, Android ofrece una interfaz única que abre tu galería en forma de ventana emergente. Esto simplifica la experiencia, reduce duplicidades en código y, si los desarrolladores adoptan la API, ayuda a gestionar mejor el acceso a los archivos y la memoria al reutilizar componentes comunes.

En el terreno de la personalización regional, Android 16 permite cambiar con más detalle el idioma y las preferencias de región: sistema de medidas, unidades de temperatura o qué día se considera el inicio de la semana. Este tipo de ajustes no afectan directamente a la RAM, pero sí forman parte de esa sensación de sistema más maduro, flexible y adaptado al contexto, que exige módulos adicionales de configuración y, por tanto, algo más de complejidad interna.

Herramientas de Android 16 que inciden en la multitarea

El visor de apps recientes ha ganado funciones nuevas que ayudan a gestionar mejor lo que tienes abierto. Ahora, desde esa vista, puedes hacer una captura de pantalla completa de una app sin necesidad de entrar en ella, o incluso seleccionar solo una parte de la vista previa para capturarla. Esto implica que el sistema mantiene una representación bastante fiel de la interfaz en memoria, lista para estas operaciones rápidas.

Además, puedes seleccionar texto directamente desde la previsualización de una app en segundo plano, copiarlo y pegarlo en otra aplicación sin tener que abrirla. Este tipo de funciones de productividad dan una gran sensación de fluidez, pero también suponen que Android tenga que gestionar con cuidado lo que mantiene en caché para que todo funcione al instante.

Android 16 mejora también la navegación por gestos. En los ajustes puedes afinar la sensibilidad y, muy útil, acceder a una especie de demo interactiva para practicar y ver cómo responden los gestos antes de aplicarlos. El llamado retroceso predictivo te muestra una vista previa de la pantalla a la que vas a volver cuando haces el gesto de “atrás”, tanto si usas gestos como si usas los tres botones clásicos, reduciendo cierres accidentales de apps y por tanto recargas innecesarias que impactan en la memoria.

Pequeños detalles como el nuevo acceso directo a la lista de aplicaciones desde el menú contextual del escritorio, o la posibilidad de cerrar una notificación o desactivarla para una app concreta desde un mismo panel, ayudan a tener el sistema más controlado y a reducir comportamientos que llenan la RAM con notificaciones y servicios de apps que no interesan.

Android 16, seguridad y salud del dispositivo: impacto indirecto en la RAM

En seguridad, Android 16 integra la llamada Protección Avanzada de Google, un conjunto de defensas que agrupan bloqueo de apps maliciosas, detección de páginas web peligrosas, protección frente a conexiones no seguras y, en general, escudos contra amenazas que podrían comprometer datos y rendimiento. Algunas funciones, como la detección automática de robo mediante análisis del movimiento y posterior bloqueo del dispositivo, se apoyan en procesos de fondo que también viven en la RAM.

Esta protección es agresiva, pero totalmente opcional, y su activación añade servicios que pueden consumir memoria de forma constante. A cambio, mejora el control sobre qué se ejecuta en tu móvil y reduce el riesgo de que aplicaciones sospechosas se mantengan en segundo plano chupando recursos sin que te des cuenta, algo clave en un contexto de escasez relativa de memoria RAM en gamas de entrada.

En cuanto a la salud del dispositivo, Android 16 incluye un apartado específico para consultar el estado de la batería y una estimación de su vida útil. Desde ahí se puede configurar la estabilización de carga para limitarla, por ejemplo, al 80 %, lo que ayuda a alargar la duración de la batería a largo plazo. Una batería en mejor estado puede sostener mejor picos de consumo de CPU y RAM sin provocar caídas bruscas de rendimiento por restricciones energéticas.

También se ha mejorado la visualización del almacenamiento. En los ajustes de memoria interna puedes ver de forma separada cuánto espacio ocupan las aplicaciones, los archivos personales y el propio sistema operativo Android 16, incluyendo sus archivos temporales. Conocer este dato ayuda a entender por qué, tras una actualización grande, el móvil parece ir más ajustado: el sistema en sí mismo ocupa más, y eso repercute tanto en almacenamiento como en procesos residentes en RAM.

Por último, la sección de Salud conectada centraliza y sincroniza datos de salud y actividad física de distintas aplicaciones, y ahora incorpora una API de historial médico basada en el formato FHIR con consentimiento explícito del usuario. De nuevo, esto suma servicios que permanecen a menudo en memoria, pero también racionaliza lo que antes hacían varias apps por su cuenta, con el consiguiente potencial de reducir duplicidades.

Android 17: límites estrictos de RAM y sistema más determinista

La beta final de Android 17 introduce uno de los cambios más importantes de los últimos años en la gestión de memoria: el sistema empieza a aplicar límites de RAM específicos por dispositivo y por aplicación, con la intención de no dejar que una sola app descontrole el teléfono.

Google ha explicado que su gran prioridad es hacer Android más determinista. Es decir, que sea el propio sistema operativo, y no cada desarrollador por su cuenta, quien marque los topes de uso de recursos. Para ello, Android 17 incorpora un servicio de detección de anomalías que supervisa de forma activa el consumo de memoria de las aplicaciones, y las cierra si superan las referencias de memoria establecidas por Google para ese perfil de hardware concreto.

Esta vigilancia en tiempo real tiene varias consecuencias: por un lado, protege la estabilidad general del sistema, evitando que una app mal optimizada se coma la RAM y provoque bloqueos o reinicios. Por otro lado, obliga a los desarrolladores a ponerse las pilas y reducir el uso innecesario de memoria si no quieren que sus apps acaben siendo cerradas automáticamente o marcadas como problemáticas.

Cuando una aplicación excede su límite, el sistema la detiene y deja un registro etiquetado del incidente. Esto no solo ayuda a depurar el problema, también abre la puerta a herramientas de diagnóstico para usuarios avanzados, que podrán identificar mejor qué apps están detrás de los cuelgues o de la lentitud del teléfono.

Rendimiento móvil, experiencia de usuario y nuevas restricciones en Android 17

Con Android 17, el rendimiento pasa a ser el centro de la experiencia. Ya no se trata solo de añadir funciones vistosas, sino de lograr que el móvil mantenga una fluidez constante en tareas cotidianas como navegar, usar redes sociales, cambiar entre apps o jugar, incluso en situaciones de carga intensa.

El nuevo enfoque hace que, en lugar de esperar a que el teléfono vaya fatal para actuar, el sistema intervenga de manera preventiva. Cuando detecta que una app está consumiendo demasiada RAM, interviene antes de que el usuario note un lag evidente. Para la mayoría de aplicaciones bien diseñadas, los límites en su primera fase no deberían ser agresivos, lo que reduce el riesgo de cierres inesperados en apps populares que ya están optimizadas.

Estas medidas se combinan con otras decisiones de diseño orientadas a la seguridad y privacidad que también afectan al uso de memoria. Por ejemplo, Android 17 bloquea por defecto el acceso a la red local para las aplicaciones, lo que obliga a los desarrolladores a justificar explícitamente qué acceso necesitan y por qué. Esto puede evitar procesos permanentes en segundo plano haciendo sondeos innecesarios en la red interna, ahorrando recursos y mejorando la privacidad.

En el terreno de la seguridad web, se refuerza la Certificate Transparency, un sistema en el que los certificados digitales de servicios y páginas web quedan registrados en listas públicas verificables. Esto permite detectar certificados fraudulentos o emitidos por error con mayor facilidad, limitando el riesgo de ataques de intermediario que podrían derivar en apps maliciosas intentando comunicarse de manera encubierta y consumiendo recursos.

Preparando Android para el futuro: firmas poscuánticas y ecosistema unificado

Android 17 da un paso más en seguridad a largo plazo integrando en Android Keystore el algoritmo ML-DSA (Module-Lattice-Based Digital Signature Algorithm), un sistema de firmas digitales resistente a los ataques que podrían realizar ordenadores cuánticos en el futuro. Aunque no se traduzca en un beneficio inmediato de rendimiento, sí añade una capa de protección a nivel de hardware que probablemente se convertirá en estándar hacia la década de 2030.

Al tener estos mecanismos integrados en el propio keystore del sistema, Android puede gestionar claves criptográficas de forma más eficiente y centralizada, reduciendo la necesidad de que cada app implemente sus propias soluciones de seguridad. Esto tiende a simplificar el panorama de procesos en segundo plano relacionados con cifrado y autenticación, lo que, bien gestionado, puede suponer una utilización más racional de la RAM reservada a funciones de seguridad.

Otro cambio de calado en Android 17 es el fin de la exclusión voluntaria de compatibilidad con tabletas y plegables. A partir de ahora, todas las apps tendrán que admitir redimensionado de ventanas y cambios de relación de aspecto. Esto empuja a Android hacia un ecosistema más unificado, donde los desarrolladores no puedan ignorar los dispositivos de pantalla grande y deban diseñar interfaces adaptables.

En este contexto, la memoria juega un papel clave: las apps que se abren en ventanas redimensionables, que pasan de modo móvil a modo tablet o que permanecen flotando como en un escritorio necesitan manejar múltiples estados de interfaz sin disparar el consumo de RAM. Android 17, con su sistema de límites por dispositivo y su gestión más estricta, obliga a que esos escenarios se resuelvan con interfaces más eficientes y menos derroche de recursos.

Gestión de memoria y comportamiento real en móviles de usuario

Las experiencias de los usuarios reflejan bien estos cambios. Hay quien comenta cómo, en móviles como un Galaxy A34, las aplicaciones se mantienen exactamente donde se dejaron incluso después de varios días, aunque se haya limpiado el menú de recientes. Apps como Notas o los navegadores vuelven a la misma pantalla o pestaña, algo que da sensación de multitarea muy sólida.

Sin embargo, esa misma persistencia puede traducirse en momentos de lentitud o mayor consumo de batería. Que las apps conserven su estado durante tanto tiempo significa que el sistema está apostando fuerte por mantener procesos congelados en memoria en lugar de reiniciarlos, lo que requiere un buen colchón de RAM y una gestión fina para decidir qué se queda y qué se va cuando hacen falta recursos para nuevas tareas.

En paralelo, algunos usuarios se quejan de que, desde Android 16, su móvil (por ejemplo, modelos Samsung con capas pesadas) pasa de consumir 5-6 GB de RAM a devorar fácilmente 8 GB. Incluso con aplicaciones forzadas a “deep sleep” y con restricciones de batería, notan que utilidades del sistema aparentemente menores, como apps de captura de pantalla, editores integrados o calculadora, se activan en segundo plano sin que haya una explicación clara, algo que en versiones antiguas parecía estar mucho más controlado.

Estos comportamientos se entienden mejor si tenemos en cuenta que los fabricantes, con sus propias capas, a menudo modifican la agresividad con la que Android cierra o mantiene procesos. Un cambio de política entre versiones puede hacer que las mismas herramientas que antes se quedaban completamente dormidas ahora se mantengan más presentes, por ejemplo, para ofrecer funciones rápidas desde accesos directos, paneles flotantes o integraciones con gestos.

Cómo ver qué apps consumen RAM en Android y tomar decisiones

En un escenario de precios al alza y, en muchos casos, de recortes de memoria en gamas económicas, saber cuánta RAM está usando tu móvil y qué aplicaciones la acaparan se vuelve especialmente útil. En ordenadores, Windows y macOS ofrecen gestores de tareas visibles, pero en Android esta información está algo más escondida, pensada originalmente para desarrolladores.

El primer paso es activar las Opciones para desarrolladores. Para ello, entras en Ajustes, vas al apartado de Información del teléfono y tocas siete veces seguidas sobre el número de compilación. El sistema te avisará de que has activado el menú de opciones de desarrollo.

Después, vuelves al menú principal de Ajustes, entras en Sistema y, dentro de Ajustes avanzados, verás el nuevo apartado de Opciones para desarrolladores. Ahí encontrarás una sección llamada Memoria. En algunos casos, tendrás que activar la opción de habilitar elaboración de perfiles para que el sistema comience a registrar el uso de memoria de forma detallada.

Dentro de Memoria verás el rendimiento general, la memoria total del sistema, el uso medio y la cantidad libre. Pero la parte más interesante está en “Memoria usada por aplicaciones”, donde puedes consultar cuánta RAM ha consumido cada app durante un periodo de tiempo configurable (entre las últimas 3 y 24 horas). Esta herramienta no es en tiempo real, pero ofrece una visión bastante clara de qué es lo que lleva horas ocupando buena parte de la RAM sin que quizá lo supieras.

Es normal que Android OS aparezca como el principal consumidor de memoria, porque agrupa multitud de procesos internos. Lo realmente útil es localizar aplicaciones de terceros que muestran un uso medio o máximo excesivo para lo que hacen. Pulsando sobre una app concreta verás detalles como su uso medio de RAM, su pico máximo y con qué frecuencia se ha estado ejecutando.

Desde ese mismo panel puedes forzar la detención de la aplicación usando el menú de tres puntos y la opción “Forzar detención”. Esto libera RAM de manera inmediata, aunque solo hasta que vuelvas a abrirla. Si quieres evitar que una app que casi no usas coma recursos habitualmente, lo más efectivo es desinstalarla o, al menos, deshabilitarla o pasar sus datos a la memoria externapasar sus datos a la memoria externa — si forma parte del bloatware del fabricante y no permite desinstalación completa.

Android en tabletas y escritorio: ventanas redimensionables y efectos en la RAM

Android 16 también da un paso relevante en el uso de tabletas con el modo Desktop Windowing. En lugar de limitarte a pantalla completa o pantalla dividida, ahora las ventanas de las aplicaciones se pueden redimensionar y mover libremente, de forma muy parecida a como lo harías en un ordenador tradicional.

Esto significa que puedes tener varias ventanas de diferentes apps abiertas y superpuestas a la vez, trabajando casi como en un escritorio clásico: procesador de texto al lado del navegador, reproductor de vídeo flotando sobre un documento, mensajería en una esquina, etcétera. En el futuro, además, se podrán configurar atajos de teclado personalizados para teclados físicos, lo que empuja aún más Android hacia un uso tipo PC.

Este enfoque de ventanas múltiples exige una gestión de memoria más sofisticada, porque no basta con congelar apps al pasar a segundo plano: muchas pueden seguir visibles y parcialmente activas. Aquí es donde los límites de RAM y las técnicas de congelación selectiva introducidas en Android 17 se vuelven críticos para evitar que una tablet con varias ventanas se venga abajo por sobrecarga de procesos y widgets activos.

En conjunto, las últimas versiones de Android muestran que la memoria RAM no es simplemente una cifra para lucir en la ficha técnica del móvil, sino un recurso que el sistema intenta exprimir al máximo en forma de multitarea, caché y servicios permanentes. Más gigas suelen traducirse en más estabilidad, menos recargas agresivas de aplicaciones pesadas y un dispositivo con más margen frente a futuras actualizaciones, pero no garantizan que todo se quede abierto eternamente ni que el fabricante haya afinado su capa como debería.

Entender cómo Android 16 y 17 reparten y controlan esa memoria, y usar las herramientas disponibles para vigilar qué apps se pasan, es clave para sacar partido a cada giga y evitar que la experiencia se vea arruinada por un puñado de procesos mal gestionados. Comparte esta noticia para que más usuarios estén enterados de la novedad.

Guía de monitorización energética: encuentra la app culpable

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:27

Controlar a fondo qué pasa con la energía que usamos ya no es cosa solo de ingenieros. Hoy cualquiera puede saber qué aparato dispara la factura, qué hábito aumenta su huella de carbono o cómo se comporta una comunidad energética entera. Gracias a la monitorización energética y a un buen puñado de apps especializadas, es posible pasar de las suposiciones a los datos reales, y de ahí, a decisiones mucho más inteligentes.

Esta guía se centra en cómo detectar consumos problemáticos, qué herramientas existen para hacerlo y qué papel juegan proyectos europeos, comunidades energéticas, estabilizadores inteligentes de tensión y soluciones de monitorización continua. El objetivo es que puedas entender qué ocurre “detrás del enchufe”, identificar la app o la tecnología responsable de un mal uso de la energía y aprovechar todo ese conocimiento para ahorrar, ser más eficiente y reducir emisiones.

¿Qué es la monitorización energética y por qué importa tanto?

La monitorización energética es el proceso de medir, registrar y analizar en tiempo real o casi real el consumo, la producción y, en muchos casos, la calidad de la energía que utilizamos. Este control puede hacerse en una vivienda, una empresa, una comunidad vecinal o incluso a escala de barrio y ciudad.

En la práctica, la monitorización se apoya en medidores inteligentes, sensores, contadores digitales, algoritmos de análisis de datos y, sobre todo, en aplicaciones y plataformas que traducen todos esos datos técnicos en información comprensible para usuarios y gestores. Sin estos sistemas, saber qué carga o qué comportamiento está causando un problema (un apagón, una factura disparada, una avería recurrente) sería casi imposible.

Además, la monitorización energética está en el corazón de dos grandes objetivos actuales: la eficiencia energética y la transición hacia fuentes renovables. No basta con instalar paneles solares o contratar electricidad de origen renovable; si el consumo se dispara porque pensamos que “ya todo es limpio”, el resultado ambiental puede ser incluso peor. Los datos son, por tanto, el punto de partida para tomar decisiones responsables.

Apps y plataformas para comunidades energéticas: el cerebro compartido de la energía

Las comunidades energéticas se están convirtiendo en una pieza clave del nuevo modelo eléctrico: grupos de vecinos, cooperativas, barrios o pueblos que producen, comparten y gestionan energía de forma colectiva. Para que toda esa coordinación funcione sin volverse un caos, han surgido apps específicas que actúan como auténticos centros de mando digitales.

Estas aplicaciones para comunidades energéticas tienen un objetivo común: hacer más eficiente, transparente y participativa la gestión de la energía compartida. Integran funciones de administración, monitorización de consumos y producciones, comunicación entre miembros, votaciones internas, informes automáticos y alertas de incidencias. En definitiva, permiten que los propios ciudadanos controlen un recurso tan crítico como la electricidad de forma organizada.

Funciones básicas de una app para gestión energética colectiva

Una app realmente útil para una comunidad energética debe combinar sencillez en el uso con potencia de análisis. Entre las características esenciales destacan las siguientes, todas con el foco puesto en facilitar que cualquier persona, sin grandes conocimientos técnicos, pueda participar activamente:

  • Interfaz simple y accesible: menús claros, gráficos intuitivos y un lenguaje entendible son indispensables para que usuarios de distintas edades y niveles técnicos se sientan cómodos con la herramienta.
  • Monitorización en tiempo real: posibilidad de ver cuánta energía se está generando, cuánta se consume y cuánta se almacena en cada momento, algo clave para entender cómo se comporta el sistema colectivo.
  • Gestión de usuarios y roles: la app debe permitir asignar perfiles (administradores, socios, invitados), definir permisos y repartir tareas de forma ordenada para no depender de hojas de cálculo o correos dispersos.
  • Alertas inteligentes: avisos ante picos de consumo, fallos de equipos, riesgo de sobrecarga o disponibilidad de excedentes, de forma que la comunidad pueda reaccionar rápido y evitar problemas mayores.
  • Informes y paneles de control: resúmenes automáticos de consumos, ahorros y emisiones evitadas, que sirvan tanto para el día a día como para tomar decisiones a medio y largo plazo.

Con este tipo de funciones, una comunidad energética puede saber con precisión qué instalaciones están rindiendo bien, dónde se producen despilfarros o qué decisiones conviene tomar, por ejemplo, sobre la venta de excedentes o la incorporación de nuevos miembros.

Las 5 mejores apps para comunidades energéticas que ya están cambiando el juego

En el mercado actual encontramos varias soluciones destacadas que combinan monitorización, gestión y participación ciudadana. Cada una tiene su enfoque, pero todas contribuyen a que la energía deje de ser algo opaco y pase a ser un recurso compartido y transparente.

Quixotic: visualización avanzada y participación activa

Quixotic es una plataforma centrada en facilitar la gestión de comunidades energéticas de forma visual y colaborativa. Permite consultar datos de energía en tiempo real, asignar roles internos, tomar decisiones colectivas y monitorizar el impacto ambiental del conjunto.

Su interfaz está pensada para implicar a todos los miembros, incluso a quienes no tienen perfil técnico. Gracias a gráficos y paneles sencillos, los usuarios pueden ver cómo evoluciona la producción, el consumo o los ahorros de CO₂, y participar en la vida de la comunidad desde el navegador, ya que la herramienta se ofrece a través de su web.

Community Solar App: energía solar compartida y educación energética

Community Solar App se orienta a proyectos de energía solar comunitaria de tamaño pequeño o medio. Su diseño es sencillo y con un fuerte componente pedagógico, ideal para comunidades de vecinos, cooperativas locales o grupos de usuarios que dan sus primeros pasos en la generación compartida.

A través de la aplicación, los participantes pueden monitorizar paneles solares, comprobar cuánta energía se genera, cuánta se autoconsume, qué se vierte a la red y cuáles son los ahorros económicos que se obtienen. Además, los datos se presentan de forma que resulte fácil entender cómo influyen los hábitos de consumo diarios en el rendimiento global de la instalación.

Wattabit: análisis detallado y escalabilidad

Wattabit es una plataforma versátil que se adapta a comunidades energéticas de distintos tamaños y configuraciones. Su gran punto fuerte es la capacidad de conectarse a medidores inteligentes y otros dispositivos de campo para recopilar información energética precisa y muy detallada.

Con esos datos, la herramienta ofrece módulos de análisis avanzado que permiten optimizar consumos, detectar ineficiencias y mejorar el rendimiento global del sistema colectivo. Desde la web de la plataforma, los gestores pueden revisar históricos, comparar escenarios y diseñar estrategias de ahorro a partir de información sólida.

Miwenergía: monitorización y asesoramiento personalizado

Miwenergía ofrece una combinación de servicios energéticos y tecnología propia. Su aplicación permite que los usuarios monitoricen sus consumos y reciban recomendaciones adaptadas a su situación, ya sea en el contexto de una comunidad energética o de un consumidor individual.

Para proyectos colectivos, resulta especialmente interesante su enfoque híbrido, integrando producción compartida (como instalaciones fotovoltaicas comunes) con consumos individuales en una única herramienta. Así, los miembros pueden entender cómo se reparte la energía, qué parte viene de la comunidad y qué parte corresponde a su consumo propio, lo que mejora la percepción de justicia y transparencia interna.

Edinor Zenit Solar: comunidades solares locales al alcance de cualquiera

La app Zenit Solar de Edinor está pensada para proyectos de comunidades solares de proximidad, muy centrados en barrios, pueblos o zonas rurales donde los vecinos comparten la energía generada de forma local.

Su propuesta es tanto tecnológica como social: por un lado facilita la creación, gestión y operación de la comunidad; por otro, tiene un enfoque inclusivo y educativo, buscando que las personas entiendan qué es una comunidad energética, cómo funciona y cómo pueden beneficiarse de la energía limpia sin complicaciones técnicas. El acceso se realiza igualmente desde su web.

Apps móviles y participación: energía en el bolsillo

Un punto clave de estas soluciones es que muchas incorporan versión móvil, lo que permite que cualquier usuario pueda consultar y gestionar la energía desde su smartphone mediante apps Android de domótica. Esto no es un simple añadido cómodo: cambia la forma en que las personas se relacionan con su consumo energético.

Gracias a las apps móviles, los miembros de una comunidad pueden participar en decisiones importantes aunque no estén presentes físicamente, recibir avisos instantáneos, proponer cambios de configuración o seguir el comportamiento de la instalación “en vivo” mientras están en el trabajo, de viaje o en cualquier lugar. Esta accesibilidad fomenta una mayor implicación y reduce el riesgo de que la gestión recaiga solo en uno o dos perfiles muy técnicos.

Aurora Energy Tracker: la app europea que te pone nota en huella de carbono

Más allá de las comunidades energéticas, existen proyectos pensados para que cualquier ciudadano pueda entender mejor el impacto de sus decisiones diarias. Uno de los más interesantes es Aurora Energy Tracker, la aplicación móvil del proyecto europeo Aurora, desarrollado con participación destacada de la Universidad Politécnica de Madrid.

Esta app permite introducir datos sobre tus hábitos de consumo relacionados con la electricidad, la calefacción y el transporte. A partir de esa información, y gracias a un algoritmo específico, la herramienta te devuelve una “etiqueta” de emisiones muy similar a las conocidas etiquetas de vehículos o electrodomésticos (A, B, C, D…). Así puedes ver, de manera rápida, en qué nivel se sitúa tu huella de carbono asociada a la energía.

Uno de los hallazgos más llamativos del proyecto es que, en muchos casos, una persona con un coche de gasolina que lo usa muy poco puede contaminar menos que otra con un vehículo eléctrico o híbrido, pero que conduce sin límites o compensa ese menor impacto comprando y consumiendo más sin control. Es decir, no basta con tener tecnología “limpia”; la clave está en los hábitos reales.

Aprender a consumir: cuando más paneles no significa menos CO₂

El trabajo del equipo de Aurora ha demostrado algo que puede sonar contraintuitivo: hay personas que, tras instalar paneles solares en su casa, acaban emitiendo más dióxido de carbono que antes. ¿Por qué? Porque al percibir que su energía les sale más barata o que es renovable, se relajan y aumentan su consumo general.

Aunque la fuente de electricidad del hogar sea limpia, las actividades adicionales que se realizan gracias a ese exceso de consumo (más dispositivos, más calefacción, más aire acondicionado, más viajes propiciados por el ahorro en otra partida, etc.) pueden compensar e incluso superar los beneficios iniciales. Esto pone de manifiesto que la transición energética no consiste solo en cambiar de tecnologías, sino también en ganar eficiencia y moderación.

En este sentido, el equipo de investigación insiste en que la energía que menos contamina es la que no se llega a consumir, incluso si hablamos de fuentes renovables. Por eso, además de instalar soluciones verdes, es imprescindible monitorizar, entender y ajustar nuestros patrones de uso. Las apps de seguimiento, como Aurora Energy Tracker, actúan aquí como un espejo sincero de nuestro comportamiento.

Un algoritmo “marca España” y ciencia ciudadana para entender la energía

El algoritmo que utiliza Aurora Energy Tracker se ha diseñado en la Universidad Politécnica de Madrid, mientras que el desarrollo de la app corre a cargo de una empresa alemana. Esta combinación permite adaptar el cálculo de huella de carbono al contexto concreto del usuario: ciudad o país de residencia, clima, época del año y particularidades del sistema energético local.

No es lo mismo, por ejemplo, la demanda de calefacción en enero en Sevilla que en Estocolmo, y la app tiene en cuenta estas diferencias al estimar el impacto de los consumos. El objetivo no es que nadie viva incómodo o pase frío, sino que utilice de forma más inteligente los recursos energéticos de los que dispone.

El proyecto Aurora ha ido más allá del desarrollo de la aplicación: incluye talleres de ciencia ciudadana en los que los participantes construyen sus propios sensores para monitorizar el ambiente que les rodea (temperatura, humedad, calidad del aire, etc.) y generar debates a partir de los datos obtenidos. Además, ha impulsado la creación de cinco comunidades energéticas en Aarhus (Dinamarca), Évora (Portugal), Forest of Dean (Reino Unido), Ljubljana (Eslovenia) y Madrid (España), que sirven como laboratorios vivos de la transición energética.

Datos anónimos, grandes vacíos de información y prejuicios desmontados

Uno de los valores añadidos de Aurora Energy Tracker es que los datos introducidos por los usuarios se tratan de forma anónima y voluntaria. Nadie está obligado a compartir más información de la que desee, pero quienes participan saben que están ayudando a la comunidad científica a entender mejor el comportamiento energético de la ciudadanía.

Hasta ahora, la mayoría de los datos de consumo detallados se encontraban en manos de las compañías energéticas y, por cuestiones legales y de privacidad, no solían estar disponibles para la investigación independiente. Gracias a iniciativas de este tipo, es posible empezar a dibujar perfiles de uso, identificar patrones y corregir ideas preconcebidas que no se corresponden con la realidad.

Por ejemplo, se ha detectado que la gente joven, incluso universitarios supuestamente muy concienciados, a menudo no tiene una idea clara del consumo eléctrico de su vivienda, independientemente de si viven con sus padres o de alquiler. Sin saber cuánto gastas y en qué, es imposible mejorar la eficiencia. Curiosamente, en muchos casos, las personas mayores sí tienen un control más afinado de sus consumos.

También se ha visto que muchos usuarios desconocen la procedencia concreta de la energía que usan para calefacción o agua caliente. Solo quienes pagan directamente gas natural, calderas de gas o bombonas de butano suelen saber con claridad qué combustible están utilizando. En comunidades con calefacción central, es frecuente que los vecinos desconozcan el tipo de combustible de la caldera o incluso que la factura no detalla los kilovatios, sino porcentajes poco útiles.

En este contexto, la responsabilidad se reparte entre empresas y ciudadanos: por un lado, muchas compañías no hacen el esfuerzo de ofrecer una información clara y transparente; por otro, la ciudadanía no siempre exige esa claridad. Ejemplos positivos, como la indicación del tipo de combustible en algunos autobuses urbanos (por ejemplo, los de la EMT de Madrid), demuestran que la comunicación honesta sobre la energía es posible.

Monitorización industrial: estabilizadores inteligentes y control permanente

En el ámbito empresarial, la monitorización energética da un paso más y se centra no solo en cuánto se consume, sino también en cómo llega esa energía y con qué calidad. En la Unión Europea, los sobrecostes energéticos en las empresas superan los 150.000 millones de euros anuales, una cifra que refleja tanto el precio de la energía como las ineficiencias internas y los problemas de calidad de suministro.

Una de las soluciones que han ganado relevancia es el estabilizador inteligente de tensión, como el desarrollado por la empresa GESINNE. Este equipo se encarga de regular la tensión eléctrica que llega a las instalaciones del cliente, evitando fluctuaciones y picos que pueden dañar equipos, provocar paradas de producción o incrementar innecesariamente el consumo.

Además, estos estabilizadores modernos integran algoritmos avanzados y sistemas de monitorización permanente. En el caso de GESINNE, cuentan con una tecnología patentada que ajusta la tensión de forma precisa según las necesidades de cada momento, lo que puede traducirse en ahorros de hasta un 12 % en la factura eléctrica sin que la empresa tenga que realizar una inversión inicial elevada, ya que el modelo de financiación se basa en compartir los ahorros generados.

Monitorización continua, ahorro y mantenimiento en la empresa

Los sistemas de GESINNE incorporan plataformas de seguimiento que permiten a los responsables de una planta o de un edificio controlar el consumo en tiempo real desde su propio móvil. A través de estas herramientas, se pueden ver gráficas, recibir alertas y ajustar parámetros operativos para optimizar procesos.

El algoritmo patentado no solo corrige variaciones de tensión, también reduce el riesgo de mal funcionamiento y averías de la maquinaria, lo que impacta directamente en los costes de mantenimiento y en la continuidad de la producción. Menos paradas, menos equipos quemados y menos piezas que sustituir significa un ahorro añadido que va más allá de la pura factura eléctrica.

En términos de sostenibilidad, el uso de estabilizadores inteligentes y monitorización permanente genera una disminución de la huella de carbono, ya que la energía utilizada se aprovecha mejor y se evita el despilfarro derivado de un suministro inestable. De nuevo, la clave está en combinar tecnología de control con análisis de datos continuos para ir afinando los procesos con el tiempo.

Cuando los datos señalan al culpable: monitorización y apagones eléctricos

La importancia de la monitorización energética no se limita al consumo doméstico o empresarial; también es crucial para entender grandes incidentes del sistema eléctrico, como los apagones masivos. Un ejemplo ilustrativo es el apagón del 28 de abril investigado por la Audiencia Nacional, donde el análisis de datos y los informes técnicos han sido determinantes para repartir responsabilidades.

En el auto de archivo de la investigación por posible ciberataque, la Audiencia asume el planteamiento del Gobierno y señala que el cero eléctrico tuvo un origen multifactorial. Es decir, no hubo una única causa, sino la combinación de varios factores que se retroalimentaron hasta desencadenar la caída del suministro.

Entre estos factores, se apunta en primer lugar a que el operador del sistema (Red Eléctrica) había programado un número insuficiente de centrales síncronas capaces de regular la tensión, siendo el número final de estas centrales el más bajo desde el inicio del año. Esto supuso una menor capacidad del sistema para absorber la sobretensión que se produjo.

En segundo lugar, se destaca que varias centrales con capacidad para regular la tensión no respondieron adecuadamente a las consignas enviadas por el operador. Algunas incluso llegaron a generar energía reactiva en lugar de reducirla, lo que amplificó el problema inicial en lugar de amortiguarlo.

Por último, el auto señala que durante las oscilaciones de tensión se desconectaron diversas centrales de generación, en algunos casos de un modo aparentemente indebido. Esta retirada de capacidad en pleno incidente agravó la inestabilidad del sistema y contribuyó al cero eléctrico final.

El juez concluye que, en realidad, no faltaban recursos de control de tensión en el país, ya que el parque de generación era más que suficiente; el problema se dio porque esos recursos no estaban correctamente programados o porque, aun estando asignados, no proporcionaron el servicio esperado. Este tipo de conclusiones son imposibles sin una monitorización detallada del sistema y sin el análisis minucioso de los datos recogidos en tiempo real durante el incidente.

El caso ilustra cómo, en grandes redes energéticas, la monitorización no solo sirve para optimizar el día a día, sino también para determinar responsabilidades técnicas y económicas cuando algo va mal. Hay cientos de millones de euros en juego en posibles indemnizaciones y sanciones, por lo que disponer de registros fiables y auditables es vital para que la justicia y los reguladores puedan dictaminar con rigor.

Monitorización, cultura energética y cambio social

Las diferentes iniciativas descritas —apps para comunidades energéticas, herramientas como Aurora Energy Tracker, estabilizadores inteligentes y sistemas de control de red— tienen algo en común: todas contribuyen a cambiar nuestra relación con la energía. Ya no se trata únicamente de recibir una factura a final de mes y pagarla resignados, sino de participar activamente en cómo se produce, se distribuye y se consume.

Estas herramientas tecnológicas actúan también como palancas de cambio cultural. Ayudan a difundir valores como la colaboración, la transparencia, la responsabilidad compartida y la sostenibilidad, adaptados a la vida real de personas, empresas y comunidades. Gracias a la monitorización, el impacto de cada gesto deja de ser una abstracción y se convierte en algo cuantificable.

En un contexto de crisis climática y precios energéticos volátiles, el conocimiento se vuelve un recurso tan importante como la propia electricidad. Contar con datos fiables y accesibles permite desmontar mitos, corregir prejuicios y diseñar políticas públicas más efectivas, al tiempo que brinda a los usuarios herramientas concretas para reducir costes y emisiones.

Con todo este ecosistema de apps, sensores, algoritmos y plataformas, hoy tenemos la posibilidad real de localizar la “app culpable”, el hábito que dispara nuestra huella de carbono, la máquina que consume de más o la mala planificación que compromete una red eléctrica entera. Aprovecharlo o no depende de hasta qué punto estemos dispuestos a mirar de frente nuestros datos energéticos y a cambiar, poco a poco, la forma en la que usamos un recurso tan esencial como la energía. Comparte esta información para que más usuarios conozcan del tema.

Manual de alto rendimiento para jugar a todo en móviles modestos

Actualidad en Androidsis - Jue, 14/05/2026 - 18:24

Los juegos móviles han pegado un salto brutal en calidad y eso está muy bien… salvo cuando tu móvil no es un tope de gama y empieza a sufrir con cada partida. Si tienes un dispositivo modesto, o uno de gama media como un Moto G, es normal que quieras jugar a todo sin que el teléfono se arrastre, se caliente o se quede sin batería en un suspiro. Esta guía está pensada justo para eso: exprimir al máximo tu móvil, entender sus límites y saber qué puedes hacer tú (como jugador) y qué deberían hacer los desarrolladores (si estás creando o portando un juego).

Si eres desarrollador novato de juegos móviles o de navegador (por ejemplo, cuando trabajas con juegos móviles en navegador web) y te abruma la palabra “optimización”, aquí vas a encontrar una explicación clara y muy aterrizada. No es una receta mágica paso a paso que garantice 60 fps en cualquier móvil, sino un manual de alto rendimiento para que aprendas a detectar cuellos de botella, a diseñar pensando en hardware modesto (tipo Apple A4 o Android equivalentes antiguos) y a tomar decisiones inteligentes tanto a nivel de código como de arte, sin matar el proyecto a base de micro-optimizaciones inútiles.

1. Entender el hardware móvil: no todos los móviles juegan en la misma liga

Uno de los errores más habituales es dar por hecho que todos los móviles son parecidos. Nada más lejos de la realidad; por eso en pruebas y recomendaciones suele recomendarse revisar los criterios de selección de hardware antes de decidir a qué gamas dirigir tu juego o compra. La guía clásica de optimización suele asumir un hardware de referencia alrededor del chipset Apple A4 (el del primer iPad, iPhone 3GS y 3ª generación de iPod Touch) o, en Android, algo parecido a un Nexus One con Android 2.3 Gingerbread. Estamos hablando de dispositivos lanzados en torno a 2010, que hoy representan la parte más vieja y pequeña del mercado… pero que durante mucho tiempo fueron una base enorme de usuarios.

Aunque existan móviles mucho más lentos y otros tremendamente más rápidos, el desarrollo optimizado suele tomar como objetivo un rango de potencia intermedio. La potencia de CPU y GPU en móviles ha crecido a un ritmo de vértigo: no es raro que cada generación de GPU móvil sea varias veces más rápida que la anterior, algo que deja en evidencia incluso al ritmo de la industria del PC. Eso significa que si solo apuntas a la gama alta actual, podrás permitirte efectos y cargas de trabajo mucho más bestias, pero te dejarás fuera una parte del mercado con dispositivos modestos.

Los móviles de gama más baja y muy antiguos (como iPhone 3G o iPod Touch de primera y segunda generación) son extremadamente limitados, hasta el punto de que optimizar para ellos exige un esfuerzo desproporcionado. Además, hay una duda razonable: muchos de esos usuarios ya han actualizado de móvil o no están tan dispuestos a pagar por juegos exigentes. Por eso, a menos que estés desarrollando una app gratuita, puede que no tenga sentido comercial soportar hardware exageradamente viejo.

2. Filosofía de optimización: ni obsesión prematura ni dejadez total

En ingeniería de software se cita mucho una idea atribuida a Michael A. Jackson: primera regla de optimización de programas, no optimices; segunda regla (solo para expertos), no optimices todavía. La lógica detrás de esto es que los ordenadores suelen ser lo bastante rápidos para ejecutar un código razonable, y que obsesionarse con exprimir cada ciclo de CPU puede hacer el código ininteligible, lleno de bugs y muy difícil de mantener.

En móviles, sin embargo, las reglas cambian un poco. El hardware actual de smartphones, por muy potente que parezca, sigue siendo limitado si lo comparas con un PC o una consola dedicada, sobre todo en dispositivos de gama baja o media. Aquí el riesgo de crear un juego “bonito” que luego no tira, se cuelga o va a tirones en muchísimos móviles es real. La clave está en encontrar el equilibrio: evitar la sobre-optimización temprana que complica el desarrollo, pero aplicar buenas prácticas desde el diseño para no chocar contra muros de rendimiento más adelante.

A lo largo de esta guía se plantea una idea central: la optimización hay que orientarla a los problemas reales medibles (profiling) y a las decisiones de diseño que más impacto tienen (arte, carga gráfica, física, scripts), en lugar de intentar cambiar cada línea de código en busca de milagros de rendimiento.

3. La optimización no es cosa solo de programadores: el papel del arte

En desarrollo de juegos móviles, los artistas tienen tanta responsabilidad en el rendimiento como los programadores. Es fundamental que el equipo de arte entienda las limitaciones de la plataforma: memoria disponible, ancho de banda, coste de los shaders, peso de las texturas, etc. Con esa información se pueden tomar decisiones creativas que sean viables desde el primer día, sin tener que rehacer niveles enteros o paquetes de texturas a mitad de proyecto.

Cuando el diseño del juego exige atmósferas complejas, luces y sombras ricas, muchas de esas cosas pueden “hornearse” (baked) en las texturas, en lugar de calcularse dinámicamente en tiempo real. Si se opta por horneado de iluminación, los artistas pueden centrarse en generar contenido de calidad para ese proceso offline y olvidarse de las limitaciones de la GPU en ejecución. Cada luz dinámica o sombra en tiempo real ahorrada en un móvil modesto es oro puro para el rendimiento.

Allí donde sea posible sustituir efectos en tiempo real por versiones pre-renderizadas, se gana fluidez en casi cualquier dispositivo. Esto se aplica a iluminación, sombras, oclusión ambiental, reflejos simples, etc. El truco es que el arte se diseñe con esa filosofía desde el principio, para que el juego se vea bien sin exigir una GPU de consola.

4. Diseñar el juego pensando en un rendimiento fluido

La mejor optimización es la que se hace en la fase de diseño. Antes de escribir la primera línea de código de gameplay o de montar un nivel completo, conviene tener claro qué tipo de experiencias gráficas y de simulación son compatibles con tu público objetivo: ¿vas a apuntar a móviles modestos, a gama media, a la gama alta actual o a futuro cercano?

Existen patrones claros sobre qué suele matar el rendimiento en móviles: demasiados objetos renderizados simultáneamente, física excesiva o mal configurada, scripts que ejecutan lógica pesada en cada frame, uso indiscriminado de efectos de postprocesado, resoluciones absurdamente altas, etc. Si desde el documento de diseño se planifica que las escenas se construyan con límites razonables en número de personajes, elementos dinámicos y efectos visuales, la necesidad de “rescates de emergencia” al final del desarrollo será mucho menor.

Para quien ya está en producción, esta visión global sigue siendo útil. Revisar los niveles, analizar qué escenas son más problemáticas y detectar tendencias (por ejemplo, zonas con muchas partículas y luces dinámicas que provocan caídas de frames) permite priorizar el trabajo de optimización donde más se nota.

5. Profiling: medir antes de tocar nada

Optimizar sin perfilar es ir a ciegas. Antes de empezar a cambiar cosas, es imprescindible usar herramientas de profiling para saber qué está consumiendo realmente el tiempo de cada frame. En un dispositivo móvil, el tiempo de renderizado de un frame no es simplemente CPU + GPU, sino el mayor de ambos: si la CPU va sobrada pero la GPU está ahogada, solo mejorando la parte gráfica verás más fps; si ocurre al revés, tocar shaders no te dará ningún beneficio.

Además, diferentes partes del juego pueden comportarse de formas totalmente distintas. Una escena tranquila puede sufrir por culpa de un script mal optimizado, mientras que un combate con muchos enemigos puede atascarse por la cantidad de geometría y efectos que la GPU debe dibujar. El profiling por secciones del juego es fundamental para localizar los cuellos de botella de cada situación concreta.

5.1. Profiler principal de Unity

En el ecosistema de Unity, el Profiler principal es la herramienta base para entender qué está pasando en tiempo real, y funciona tanto si apuntas a iOS como a Android o Tizen. Permite separar claramente el coste de CPU, de GPU, de física, de scripts, del sistema de animación y de la parte de renderizado. Consultar la documentación oficial del Profiler de Unity es casi obligatorio para sacar todo el partido a estas métricas.

5.2. Profiler interno (Internal Profiler)

Unity también dispone de un profiler interno más ligero, que vuelca datos en texto aproximadamente cada 30 frames. Es menos detallado, pero muy útil en dispositivos donde no puedes permitirte el overhead del profiler completo. Te indica si el tiempo se te va en física, en scripts o en renderizado, aunque no llega al punto de señalarte exactamente qué script o qué renderer es el culpable.

Activar este profiler interno y revisar sus resultados puede darte una foto rápida de cuáles son las áreas más problemáticas del juego sin necesidad de entrar en paneles complejos. A partir de ahí, decides si merece la pena bajar más al detalle con el Profiler completo o centrar esfuerzos en un subsistema concreto.

6. Cuando el profiler apunta al renderizado

Si el análisis muestra que la mayoría del tiempo del frame se va en la parte gráfica, está claro que la GPU es el cuello de botella. En ese escenario, invertir tiempo en optimizar física o lógica de juego apenas servirá de nada. Es mucho más rentable reducir la carga de renderizado: bajar la resolución, disminuir el número de objetos visibles, simplificar materiales y shaders, reducir postprocesados o apoyarse más en texturas baked en lugar de efectos en tiempo real.

La colaboración entre programadores y artistas es crucial aquí. Quizá haya que re-hornear iluminación, reducir la densidad de polígonos en ciertos modelos, eliminar efectos de partículas muy costosos o agrupar elementos estáticos para reducir el número de draw calls. En móviles modestos, cada optimización de este tipo se traduce en frames más estables y en menos calentamiento del dispositivo.

7. Cuando el problema está fuera del renderizado

Si el profiler indica que la mayor parte del tiempo se va en scripts, física u otros sistemas no gráficos, entonces la CPU es la parte que estás estrangulando. En ese caso, revisar algoritmos, evitar cálculos redundantes por frame, usar estructuras de datos más eficientes o desactivar física innecesaria será mucho más efectivo que retocar shaders.

En juegos móviles complejos suele aparecer un patrón mixto: ciertas escenas sufren por carga gráfica y otras por lógica o física. Ir alternando optimizaciones según el tipo de cuello de botella que se detecte es la manera más sensata de avanzar sin perder semanas en mejoras que apenas se notan en el juego real.

8. Ajustes básicos de cualquier móvil para jugar mejor

Más allá del desarrollo, como jugador también puedes hacer mucho por el rendimiento, incluso en un móvil modesto. Hay una serie de ajustes generales del sistema, como los ajustes de Android para reducir el lag, que suelen marcar la diferencia. Por ejemplo, reducir la resolución de pantalla (cuando el dispositivo lo permite) o activar modos de alto rendimiento en el apartado de batería puede darle un empujón al procesador y a la GPU.

Bajar un poco el brillo y evitar modos de ahorro de energía demasiado agresivos también ayuda. Muchos modos de ahorro limitan la frecuencia de CPU y GPU, lo que puede generar tirones; en cambio, un modo de alto rendimiento exprime el hardware, a costa de consumir más batería. La idea es activar estas opciones solo cuando vas a jugar y no tenerlas siempre puestas.

9. Cerrar aplicaciones en segundo plano y liberar RAM

Uno de los factores que más castigan a los móviles modestos es tener un montón de apps abiertas en segundo plano: redes sociales, mensajería, navegadores, editores de fotos, etc. Aunque no las veas en pantalla, muchas siguen consumiendo RAM, ciclos de CPU y, en algunos casos, ancho de banda de red.

Antes de iniciar una sesión de juego, es muy recomendable abrir el menú de aplicaciones recientes y cerrar todas las que no vayas a usar. En algunos dispositivos puedes activar desde las opciones de desarrollador un límite de procesos en segundo plano, de forma que el sistema cierre con más agresividad lo que no se está usando. Esto libera memoria y reduce la competencia por recursos con el juego.

Cerrar apps de fondo no solo mejora rendimiento, también reduce calentamiento, porque hay menos procesos peleando por el hardware. Es un gesto simple pero con impacto real, especialmente en móviles con poca RAM.

10. Espacio de almacenamiento y rendimiento del sistema

Tener el almacenamiento interno casi lleno es una receta segura para que el móvil vaya mal. Los juegos modernos ocupan mucho: no solo el archivo base, también datos temporales, parches, contenidos descargables y cachés. Si el sistema tiene que trabajar con muy poco espacio libre, la lectura y escritura se vuelven más lentas y todo se nota más pesado.

Es buena práctica mantener al menos un 15 % de espacio libre para que el sistema operativo y los juegos puedan gestionar archivos temporales sin estrangulamientos. Herramientas como Google Files ayudan a localizar fotos duplicadas, vídeos gigantes, documentos olvidados y aplicaciones que no usas para eliminarlos fácilmente.

La combinación de liberar almacenamiento y cerrar apps en segundo plano mejora la respuesta general del móvil, la carga de los niveles y la estabilidad de los juegos, especialmente en títulos grandes y online.

11. Mantener sistema operativo y juegos actualizados

Actualizar tanto el sistema como las apps y los juegos es mucho más importante de lo que parece. Cada actualización suele traer correcciones de errores, mejoras de estabilidad, parches de seguridad y, a menudo, optimizaciones específicas para ciertos modelos o GPUs. En juegos populares, los desarrolladores lanzan parches para que funcionen mejor en una lista concreta de dispositivos.

Un sistema desactualizado puede gestionar peor la memoria, el procesador o la conexión de red, lo que repercute en la experiencia de juego. Mantener al día el firmware y las aplicaciones clave es una forma sencilla de arañar rendimiento sin tocar nada más.

12. Ajustes gráficos dentro de los propios juegos

Casi todos los juegos exigentes actuales incluyen un menú de ajustes gráficos. Ahí puedes tocar resolución interna, calidad de texturas, sombras, efectos, filtrados y, por supuesto, tasa de fotogramas. En un móvil modesto o de gama media, bajar un punto o dos la calidad de sombras y efectos suele compensar mucho más que se note la diferencia visual.

Títulos tipo Call of Duty: Mobile, PUBG, Fortnite, Asphalt o Genshin Impact permiten jugar con distintos perfiles gráficos. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre calidad y fluidez: es preferible sacrificar algo de nitidez o detalle en la distancia a cambio de mantener un frame rate estable, especialmente en juegos competitivos online donde la respuesta rápida es clave.

Ajustar bien estos parámetros también ayuda a controlar el calentamiento. Cuanta más carga gráfica, más se calienta la GPU, más rápido cae la batería y mayor es la probabilidad de que el sistema reduzca automáticamente el rendimiento (throttling) para proteger el hardware.

13. Modos “Game Booster” y funciones de optimización integradas

Muchos fabricantes integran ya un “Modo juego” o “Game Booster” en sus móviles Android: Samsung, Xiaomi, OPPO, vivo, Huawei y otros ofrecen este tipo de herramientas —y existen guías específicas como la guía de rendimiento extremo que muestran opciones avanzadas—. Su objetivo es priorizar el juego sobre el resto de tareas, reasignando recursos del sistema y aplicando varios ajustes automáticos.

Estas funciones suelen desactivar o limitar notificaciones, mejorar la respuesta táctil, estabilizar la tasa de fotogramas, ajustar el brillo, dedicar más CPU y GPU al juego en primer plano y restringir conexiones en segundo plano (sincronizaciones, descargas automáticas…). Según el modelo, el modo juego puede activarse de forma automática al abrir un título o bien desde ajustes de batería o desde una app dedicada.

Más allá de los modos integrados, existen apps de terceros como Game Booster 4X que prometen optimizar aún más el sistema, apoyándose en algoritmos basados en IA para priorizar procesos de juego, limpiar RAM y ajustar configuraciones de rendimiento. No obstante, conviene ir con cuidado: algunas de estas apps pueden consumir recursos adicionales o mostrar publicidad intrusiva. Lo mejor es probar su efecto real y quedarte solo con las que aportan mejoras medibles.

14. Notificaciones, modo “No molestar” y experiencia de juego

Las notificaciones emergentes no solo son molestas, también pueden afectar al rendimiento. Una llamada entrante, una ventana flotante de mensajería o una notificación insistente durante una partida online pueden provocar pequeños tirones, bloqueos momentáneos o, en el peor de los casos, cierres inesperados del juego.

Activar el modo “No molestar” o silenciar notificaciones mientras juegas ayuda tanto a la concentración como a la estabilidad del sistema. Algunos modos juego integran esta función y bloquean automáticamente llamadas y banners mientras la partida está en curso.

15. Control de temperatura y calidad de la conexión

El sobrecalentamiento es enemigo directo del rendimiento en móviles. Cuando el teléfono se calienta demasiado, el sistema reduce la velocidad de CPU y GPU para protegerse, y eso se traduce en bajones bruscos de fps. Jugar bajo el sol, con el móvil cargando o en un ambiente muy caluroso dispara las temperaturas.

Conviene jugar en entornos frescos, hacer pausas entre partidas largas y evitar dejar el móvil al sol o pegado a superficies que no disipan bien el calor. Si es posible, quita fundas muy gruesas al jugar, ya que pueden dificultar la ventilación.

En juegos online, una buena conexión es tan importante como la potencia del móvil; para consejos prácticos sobre red y latencia puedes ver cómo mejorar la latencia en juegos móviles. Usar WiFi estable (de preferencia en la banda adecuada) o, si no es posible, una red móvil 4G/5G decente reducirá el lag, las desconexiones y los microcortes. La sensación de “rendimiento malo” muchas veces es, en realidad, un problema de red y no de hardware.

16. Moto G54 5G, juegos pesados y móviles que “fuerzan” ajustes bajos

Un caso muy típico es el de móviles de gama media como el Moto G54 5G: el usuario instala juegos pesados, descubre que títulos como Genshin Impact van sorprendentemente bien en calidad alta, pero luego otros juegos le dicen que su dispositivo es “malo” y bloquean ajustes gráficos altos o ciertas APIs (como Vulkan) que el teléfono no soporta oficialmente.

Lo que ocurre en estos casos es que muchos juegos utilizan listas internas de compatibilidad donde se clasifican dispositivos por modelo, GPU, soporte de Vulkan, etc. Si tu móvil no aparece en las listas “premium” o no cumple determinados requisitos, el juego te restringe la calidad gráfica por defecto para evitar problemas, aunque en la práctica el hardware podría rendir mejor.

Las opciones para “forzar” ajustes en estos juegos son limitadas y dependen mucho del título. En algunos casos hay archivos de configuración avanzados que se pueden modificar, o parámetros de lanzamiento, pero esto suele requerir conocimientos técnicos y, a veces, rootear el dispositivo, algo que conlleva riesgos (pérdida de garantía, posibles bloqueos anti-trampas en juegos online, inestabilidad del sistema…). Otras veces circulan versiones modificadas o herramientas de terceros que cambian la configuración interna, pero es fácil acabar perdiendo soporte oficial o exponerse a baneos.

Si tu móvil no soporta Vulkan, no hay forma mágica de activarlo por software. La compatibilidad con APIs gráficas viene determinada por la GPU y los controladores. En estos casos, lo más seguro y razonable es exprimir al máximo las opciones que sí deja tocar el juego (resolución, sombras, tasa de fps) y combinarlo con todos los ajustes de optimización del sistema que hemos ido repasando: cerrar apps en segundo plano, activar modo juego, mantener almacenamiento libre, actualizar sistema y juego, y vigilar temperatura y red.

Ultimas consideraciones

En resumen práctico para un caso como el Moto G54 5G, si un juego pesado como Genshin Impact funciona bien en alto, significa que tu hardware tiene margen. Que otro juego te diga que el móvil es “malo” suele ser una decisión conservadora del desarrollador, no un diagnóstico absoluto del rendimiento real del teléfono. A falta de parches oficiales que desbloqueen perfiles gráficos mejores, es mejor centrarse en estas buenas prácticas generales y, si eres desarrollador, tomar nota para no limitar en exceso a dispositivos de gama media capaces de dar más de sí.

Tanto si eres jugador con un móvil modesto como si estás creando tu primer juego, la idea que queda clara es que el alto rendimiento en móviles no viene de un truco único, sino de sumar muchas decisiones inteligentes: entender las limitaciones del hardware, diseñar el juego con cabeza, perfilar a menudo para atacar los cuellos de botella correctos, cuidar el arte para no disparar la GPU, limpiar y configurar bien el teléfono antes de jugar y aprovechar las herramientas de optimización que ofrecen tanto el sistema como los fabricantes.

Al juntar todas estas piezas es cuando un dispositivo que, en papel, parece normalito, se convierte en una máquina capaz de mover juegos pesados con mucha más soltura de la que esperabas. Comparte la información para que más usuarios conozcan del tema.

El método que usó Steve Jobs para crear el iPhone se basó en una regla muy sencilla

Actualidad en Applesfera - Jue, 14/05/2026 - 18:01

El desarrollo de un producto de Apple suele tardar años. El Vision Pro, por ejemplo, llevaba en los laboratorios de la compañía desde prácticamente 2015. Ahora sabemos que las nuevas gafas inteligentes que Apple tiene en el horno (sus Ray-Ban propias) llevan gestándose desde 2022. Es por eso que el momento de enseñarle un prototipo a los altos cargos de la compañía es crucial para todos los desarrolladores e ingenieros implicados: un momento que es toda una apuesta para seguir adelante con ese producto, cambiarlo radicalmente o desecharlo como si fuera un pañuelo usado.

Y eso es hoy, con Tim Cook y el resto de la plantilla de Apple Leadership que conocemos. Pero hubo una época que los veteranos de Apple recuerdan como la más delicada: la época en la que había que hacerle demostraciones de productos a Steve Jobs.

{"videoId":"x9giiik","autoplay":true,"title":"Grabo el evento más importante del año SOLO con las RAYBAN META | Mi experiencia", "tag":"webedia-prod", "duration":"843"} Demos, demos, demos

Ken Kocienda, antiguo veterano de Apple que trabajó en el software del iPhone entre otras cosas, recordó en un hilo en X (antes Twitter) cómo era el proceso de desarrollo de producto con Jobs al frente. Y Jobs quería que los responsables se lo jugaran todo a la carta de la demostración: no quería saber nada de planos, ni diapositivas ni explicaciones sobre el desarrollo. Quería ver cómo iba a funcionar ese producto en manos de los clientes. Punto.

La demo, como no, tenía que ser perfecta. Si Jobs juzgaba que se estaban enseñando puntos "triviales" del producto, inmediatamente alegaba que se estaba desperdiciando su tiempo. El resultado era un discurso en el que las cosas podían ir "a peor". Pero si la demo acertaba y se planteaba lo correcto, entonces Jobs se deshacía en aportar sus impresiones y consejos para mejorarlo.

Ken comenta también que aunque algunas de esas reuniones fuesen muy duras, la moraleja era que se aprendía a gestionar muy bien el tiempo de los compañeros enfocándose en lo que realmente valía la pena. "Íbamos directos a los problemas que había que solucionar y a los productos que teníamos que hacer".

No digo que las reuniones para pruebas de prototipos con Tim Cook sean un camino de rosas, seguro que también debe provocar sudores fríos a muchos ingenieros. Pero el modus operandi de Jobs, para más de un antiguo trabajador de Apple, no se olvida.

En Applesfera Steve Jobs te podía destrozar a gritos en una reunión. Tim Cook solo necesitaba una hoja de cálculo y cuatro palabras para que la sala empezara a sudar La herencia sigue viva

Y mira, algo de ese ADN tiene que quedar. El Vision Pro llegó al mercado en 2024 como el producto más arriesgado de Apple en años: caro, pesado y sin killer app clara. Funcionó como demostración de lo que Apple es capaz de hacer, pero no como producto de masas. ¿Habría pasado con Steve Jobs y sus métodos?

Ahora Apple ha tomado una decisión que Jobs hubiera entendido perfectamente: pausar el modelo barato del Vision Pro y acelerar las gafas inteligentes del día a día, las que compiten con las Meta Ray-Ban. Primero, hacer bien lo sencillo. Luego, ya vendrá lo grande. Eso suena bastante a "demo que funciona antes que presentación bonita".

De hecho, con el iPad sucedió una historia bastante parecida. El iPad se diseñó antes que el iPhone. Sin embargo, en pleno proceso creativo Steve Jobs consideró que el iPhone tenía que salir primero. Por lo tanto, se pausó el desarrollo del iPad para lanzar primero el iPhone. Nos suena familiar, ¿verdad?

En Applesfera | Nuevas gafas de Apple - Todo lo que creemos saber sobre ellas

En Applesfera | Los 11 libros que enseñaron a Steve Jobs a liderar y convertir a Apple en la empresa que es hoy

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La noticia El método que usó Steve Jobs para crear el iPhone se basó en una regla muy sencilla fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .

La app Archivos del iPhone esconde una forma de abrir documentos siempre con una app: así se configura

Actualidad en Applesfera - Jue, 14/05/2026 - 17:01

En el iPhone, la app Archivos suele ser ese cajón donde todo termina un poco por inercia: PDFs descargados, vídeos, documentos o incluso archivos que llegan desde la nube. Y aunque parece una herramienta bastante básica, tiene un detalle muy útil que pasa desapercibido: la posibilidad de decidir con qué aplicación quieres abrir siempre ese archivo concreto.

Esto va más allá de abrir una vez con otra app. Me refiero a poder fijar un comportamiento para que, por ejemplo, un vídeo no se abra por defecto con el reproductor de iOS, sino directamente con apps tipo VLC cada vez que lo toques desde Archivos. Y lo mismo se puede aplicar a PDFs, documentos o cualquier tipo de archivo compatible con apps de terceros.

Cómo seleccionar una app para abrir un archivo del iPhone

El truco no está especialmente escondido y tampoco es complicado, pero sí requiere saber dónde mirar dentro del menú de información del archivo. Es una opción pensada precisamente para que iOS recuerde tu preferencia sin tener que repetir el proceso cada vez.

  1. Abre la carpeta donde esté el archivo en cuestión en la app Archivos (valga la redundancia).
  2. Mantén presionado el archivo.
  3. En el menú de opciones, pulsa en Obtener información.
  1. Fíjate en el apartado donde pone Abrir siempre con esta aplicación y pulsa en el desplegable.
  2. Selecciona la aplicación con la que quieres abrirlo.

A partir de ese momento, el sistema recordará esa elección para ese archivo concreto. No es una configuración global del sistema, sino una asociación por elemento.

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Esto es especialmente útil si trabajas con distintos formatos a diario. Por ejemplo, puedes tener PDFs técnicos que prefieres abrir con una app de anotaciones concreta, mientras que otros documentos los consultas en otra herramienta. En lugar de estar eligiendo cada vez, el sistema aprende tu preferencia para ese archivo específico.

También es muy práctico con los vídeos. Archivos descargados de redes sociales o clips que guardas para editar se pueden abrir siempre en apps como VLC, que suele ofrecer más compatibilidad de códecs que el reproductor nativo. En este caso, evitas el típico error de "este archivo no se reproduce bien aquí".

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Cabe decir en cualquier caso que esta opción no siempre aparece para todos los tipos de archivo. Depende de si la app instalada en el iPhone declara compatibilidad con ese formato. En ese sentido, Archivos actúa como intermediario entre iOS y las apps de terceros, respetando lo que cada una puede abrir.

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La noticia La app Archivos del iPhone esconde una forma de abrir documentos siempre con una app: así se configura fue publicada originalmente en Applesfera por Álvaro García M. .

Android e iOS van a usar exactamente el mismo cerebro. Y Google acaba de regalarnos el mejor adelanto de iOS 27

Actualidad en Applesfera - Jue, 14/05/2026 - 16:01

Google presentó esta semana Android 17 y, entre todo lo que trajo, hay algo que merece una segunda lectura. Sí, incluso para nosotros, los más "fanboy". El nuevo sistema llega con una capa de IA bautizada como Gemini Intelligence y resulta que Gemini es el mismo motor que Apple va a usar en iOS 27. Así que lo que Google acaba de enseñar sirve, al menos, para hacernos una idea de hacia dónde va la IA en el móvil este año.

iOS 27 no va a ser un calco de Android 17. Pero cuando dos sistemas comparten cerebro, las posibilidades se parecen. Y algunas de las cosas que Google presentó esta semana suenan muy familiares para cualquiera que recuerde lo que Apple prometió con Siri en 2024 y todavía sigue esperando.

Gemini Intelligence: un nombre que Apple conoce bien

Lo primero que llama la atención es el nombre. Google ha decidido llamar a su capa de IA Gemini Intelligence, algo que resuena de forma bastante directa con Apple Intelligence, la marca que Cupertino lleva usando desde 2024. Casualidad o no, los dos grandes del móvil han llegado a 2026 con la misma conclusión: la IA ya no es una función dentro de una app. Tiene que formar parte de todo el sistema operativo.

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Google lo resume diciendo que Android deja de ser un sistema operativo para convertirse en un sistema de inteligencia. Estas son algunas de las novedades que trae:

  • Contexto visual: Gemini lee lo que tienes en pantalla y actúa. Ejemplo: abres una lista de la compra, mantienes pulsado el botón de encendido y Gemini construye el carrito para entrega a domicilio.
  • Agente autónomo: puede reservar clases, hacer compras o gestionar tareas de forma independiente.
  • Rambler: dictado por voz que elimina muletillas y reorganiza lo que has dicho en un mensaje coherente.
  • Autorrelleno inteligente: completa campos en apps usando datos de Gmail y Google Fotos.
  • Create My Widget: crea widgets personalizados describiendo en lenguaje natural lo que quieres.
  • Pause Point: añade una pausa de diez segundos antes de abrir apps que hayas marcado como distractoras.
  • Gemini en Chrome: resúmenes, comparativas y navegación con IA integrada.
El mismo cerebro, distinta cabeza

A principios de año se confirmó que Apple ha llegado a un acuerdo con Google para usar Gemini como base de la nueva Siri en iOS 27. Los ingenieros de Apple trabajan con el modelo de Google para construir versiones adaptadas que funcionen directamente en el chip del iPhone, sin depender de servidores externos. Gemini por dentro, Apple por fuera.

Hay cosas en las que Google partirá con ventaja. El agente autónomo que reserva y compra por ti requiere un acceso profundo a la web que Google domina de forma natural con su buscador. Sin esa columna vertebral, para Apple ese territorio es más complicado. Pero Apple lleva años siendo pionera en productividad y en integración entre apps.

Lo que se rumorea para Siri e iOS 27

Algunos paralelismos con Android 17 son fáciles de "arrastrar" a iOS 27. Por ejemplo, Rambler, ese dictado inteligente que reorganiza lo que dices en un mensaje coherente, es exactamente lo que el dictado del iPhone lleva necesitando desde hace tiempo.

Apple tiene una tecnología de voz muy buena cuando quiere. Como ocurre con la traducción en tiempo real de los AirPods. Solo tienen que añadirle una capa que limpie y estructure lo que dices para un dictado en WhatsApp o Mensajes. Sería una de esas mejoras que se notan cada día, mucho más que cualquier función espectacular.

Pause Point encaja casi por sí solo con Tiempo de Uso. Apple ya tiene el sistema y ya tiene la filosofía. Añadir ese tipo de "paso consciente" antes de abrir una app distractora sería una evolución muy natural. De hecho, no tiene nada de IA. Sería programación tradicional basada en tiempo. Pero bueno, ya sabemos que ahora cualquier "acción-reacción" se llama IA.

Por último, lo de Gemini en Chrome tiene su homólogo en Safari. De hecho, se rumorea que iOS 27 traerá novedades en navegación inteligente y gestión de pestañas.

En Applesfera De iOS 27 se rumoreaba mucha IA. Ahora ya tenemos todas las novedades filtradas (y pinta muy bien) El partido se va a poner interesante

Lo que más expectativas genera de iOS 27 es la Siri que Apple lleva tiempo construyendo. En la WWDC de 2024 Apple presentó un asistente capaz de encadenar tareas, entender el contexto de tus apps y actuar de forma proactiva. La idea era exactamente la misma que Google acaba de mostrar con su agente autónomo. Apple lo presentó antes, Google lo ha lanzado antes. Así están las cosas.

Pero la Siri de iOS 27 viene con más novedades. Según los rumores, tendrá su propia app con historial de conversaciones, se integrará en la Dynamic Island con una luz perimetral y aterrizará en la app Cámara como un "modo Siri". También llegaría a Fotos con capacidad para buscar, organizar y entender el contenido de tu biblioteca de una forma mucho más natural que ahora.

Y luego está Extensions, el sistema que convertiría a Siri en algo más que un asistente: un lanzador de inteligencias. Según los rumores, podremos elegir que una tarea la resuelva Claude, Gemini o ChatGPT directamente desde el iPhone, con Siri cambiando de voz según qué modelo esté respondiendo para que sepas siempre quién está al otro lado. Apple no aspira a tener el mejor modelo. Aspira a ser la mejor puerta de entrada a todos ellos.

Google, siendo los dueños del motor, probablemente lleven ventaja en algunas cosas durante un tiempo. Es lo más lógico. Pero la competencia que se avecina entre Android 17 e iOS 27 este verano tiene una pinta estupenda y el 8 de junio será el pistoletazo de salida. Quedan menos de cuatro semanas.

En Applesfera | Nuevo iOS 27 - todo lo que creemos saber sobre el futuro sistema operativo para el iPhone

En Applesfera | WWDC26: fecha y novedades que esperamos del gran evento de Apple en el que se presentará iOS 27

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Tráiler de STARBITES

Actualidad en 3DJuegos - Jue, 14/05/2026 - 15:34
Trailer promocional de STARBITES

Cómo saber si tu contacto de Android tiene activado el RCS o si sigues enviándole un SMS convencional (y por tanto, te van a cobrar)

Actualidad en Applesfera - Jue, 14/05/2026 - 14:00

Si eres de los fieles a iMessage en tu iPhone, ya no tendrás que irte a WhatsApp para hablar con tus contactos de Android si quieres una plataforma de mensajería vitaminada. Con la llegada de los RCS en iOS 18 (y su mejora en iOS 26.5). El problema es que si no tienes SMS gratuitos, puede que te lleves un susto en tu factura si crees estar enviando un RCS y es en realidad un SMS.

Lo primero es asegurarte de que tú lo tienes activado {"videoId":"xa5no8w","autoplay":true,"title":"Usa Claude mejor que el 90% de la gente", "tag":"", "duration":"595"}

Aunque parece obvio, debes comprobar si tu iPhone ya tiene activada la mensajería RCS. Como ya sabrás, esta es una plataforma de mensajería que no funciona mediante la operadora (los SMS sí) y que está dentro de la aplicación Mensajes.

Ahora bien, su activación no se hace en la app de mensajería, sino en los ajustes siguiendo estos pasos:

  1. Abre Ajustes en el iPhone.
  2. Ve a la sección Apps.
  3. Entra en el apartado Mensajes.
  4. Ve a Mensajería RCS.
  5. Asegúrate de que la pestaña Mensajería RCS está activada (debe salir en verde).
  6. De paso, activa la pestaña Encriptación punto a punto para asegurarte de tener el mejor cifrado (disponible a partir de iOS 26.5).
En Applesfera He probado el nuevo ajuste de iOS 26 para evitar mensajes spam. Funciona... a medias Las señales que indican si tu contacto usa RCS

Aunque Apple ya integra RCS en el iPhone desde iOS 18, la activación no depende únicamente de nosotros. Para que funcione, el contacto de Android también tiene que tenerlo habilitado en su móvil y además debe existir compatibilidad con el operador. Si alguna de esas condiciones falla, el iPhone volverá automáticamente al SMS tradicional.

Por eso puede haber cierta confusión. Desde la app Mensajes todo parece funcionar igual y la conversación sigue apareciendo en verde, pero no siempre significa lo mismo. Un chat verde puede estar usando RCS o puede seguir funcionando mediante SMS convencionales.

La forma más sencilla de comprobarlo está justo en el cuadro donde escribimos el mensaje. Si la conversación utiliza RCS, el iPhone mostrará un aviso como "Mensaje de texto - RCS". En cambio, si aparece "Mensaje de texto - SMS", significará que el mensaje se va a enviar mediante la red tradicional del operador.  Si aparece "iMessage" será que tu contacto no tiene en realidad Android, sino un iPhone.

También hay pequeños detalles que ayudan a identificarlo rápidamente. Los RCS permiten ver cuándo la otra persona está escribiendo, recibir confirmaciones de lectura o enviar imágenes y vídeos con mejor calidad. Si nada de eso aparece y la conversación se comporta como un SMS clásico, probablemente no haya conexión RCS activa entre ambos dispositivos.

Conviene tenerlo en cuenta porque el cambio puede producirse incluso dentro de una misma conversación. Si el sistema pierde la conexión de datos o detecta algún problema de compatibilidad, el iPhone puede pasar automáticamente a SMS. Y ahí es donde quienes no tienen mensajes ilimitados podrían acabar pagando por mensajes que pensaban que iban por Internet.

En Applesfera | "Error en la llamada" en el iPhone. Por qué ocurre y cómo solucionarlo

En Applesfera | Nuevo iOS 27 - todo lo que creemos saber sobre el futuro sistema operativo para el iPhone

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El mayor fabricante del iPhone, contra las cuerdas tras un ciberataque. Hay hasta 8 TB de archivos en los que nombran a Apple

Actualidad en Applesfera - Jue, 14/05/2026 - 13:01

Foxconn fabrica buena parte de los dispositivos que Apple vende cada año. También fabrica televisores, servidores y componentes para media industria tecnológica. Y resulta que una de sus fábricas en Estados Unidos lleva desde principios de mayo con un problema bastante serio: un grupo de ransomware llamado "Nitrogen" entró en sus sistemas, se llevó 8 terabytes de datos y ahora amenaza con publicarlo todo si no cobran lo que piden.

El nombre de Apple apareció rápido en la lista de afectados potenciales. Pero la historia tiene más capas de lo que parece a primera vista, incluyendo un giro que convierte este ataque en algo bastante peculiar.

{"videoId":"x90pfg8","autoplay":true,"title":"JAILBREAK: Que pasó con los hackers del iPhone", "tag":"webedia-prod", "duration":"820"} Una semana sin Wi-Fi en Wisconsin

La fábrica afectada está en Mount Pleasant, Wisconsin. El 1 de mayo empezaron los problemas. Según reconstruyó The Cybersec Guru, el Wi-Fi de la planta de fabricación se cortó a las 7 de la mañana. Cuatro horas después, la infraestructura central de la fábrica dejó de responder. 

Los terminales para fichar dejaron de funcionar y los trabajadores tuvieron que rellenar hojas de horas en papel. Uno de ellos, en declaraciones recogidas por el medio local TMJ4, lo resumió así:

 Nos dijeron que apagáramos los ordenadores y que no volviéramos a encenderlos bajo ninguna circunstancia. Planta de Foxconn en Wisconsin en 2020

La producción estuvo afectada hasta el 12 de mayo, cuando Foxconn confirmó a The Register que las fábricas estaban retomando la actividad normal. Once días con la planta coja, los trabajadores con bolígrafos y el equipo de ciberseguridad de Foxconn intentando contener el daño.

Ocho terabytes y el nombre de Apple por el medio

Nitrogen publicó en su web de filtraciones que había sustraído más de 11 millones de archivos. En su anuncio citó expresamente a Apple, Intel, Google, Dell y Nvidia como empresas cuyos proyectos estarían entre los datos robados: instrucciones confidenciales, documentación interna y planos técnicos. Para acreditar el golpe, el grupo publicó una muestra de archivos.

Los analistas que revisaron esa muestra encontraron documentos financieros vinculados a la sede de Foxconn en Houston, documentación técnica sobre sensores de temperatura, circuitos integrados y diseños de placas, y archivos de topología de red relacionados con proyectos de AMD, Intel y Google, incluyendo especificaciones de procesadores de servidor. 

Esos mapas de infraestructura son "el verdadero problema", porque podrían usarse para identificar vulnerabilidades en centros de datos de todo el mundo. Foxconn, por su parte, no confirmó ni desmintió que los datos de sus clientes estuvieran entre lo robado.

Apple probablemente puede quedarse tranquila

La fábrica de Mount Pleasant no produce iPhone. Su actividad principal son televisores y servidores, lo que ya reduce bastante las posibilidades de que haya planos de productos Apple en sus sistemas. Pero hay algo más estructural detrás de esto, y tiene que ver con cómo Apple gestiona la información con sus proveedores.

Apple compartimenta la información técnica de forma muy estricta. Cada proveedor recibe únicamente los datos que necesita para su función específica en la cadena de fabricación, sin acceso al cuadro completo. Es una práctica que lleva años aplicando precisamente para limitar el daño en casos como este. 

En un análisis de la muestra filtrada y no se encontraron esquemas de productos Apple, documentación de equipos de desarrollo ni datos de control de calidad relacionados con la compañía. Eso no cierra del todo la puerta, porque Nitrogen afirma haber accedido a más de una instalación y los sistemas de distintas fábricas se comunican entre sí, pero el riesgo para Apple parece, por ahora, bastante acotado.

El grupo que cifra archivos que luego no puede descifrar

Nitrogen lleva operando desde 2023 y se cree que tiene como origen un grupo ruso de ransomware. Su modelo habitual es la doble extorsión: cifran los archivos de la víctima y además amenazan con publicarlos, para presionar por dos frentes a la vez.

El problema es que en febrero de este año los investigadores documentaron un fallo bastante llamativo en el encriptador de Nitrogen. Un error de programación corrompe la clave pública durante el cifrado, lo que hace que el descifrador no funcione aunque la víctima pague. 

En otras palabras, Foxconn podría transferir el dinero que le pidan y seguir sin poder recuperar sus archivos. Es el tipo de situación que convierte una negociación de ransomware en algo todavía más absurdo de lo que ya es por defecto.

En Applesfera Con 16 años se preparaba para hackear miles de equipos Apple. Tras años aislado por poder "iniciar una guerra", cambió de bando Foxconn y el ransomware, una historia que se repite

Este no es el primer rodeo de Foxconn con este tipo de ataques. En 2022, LockBit comprometió una subsidiaria de Foxconn en México. En 2024, el mismo grupo afectó a Foxsemicon, la división de equipos para semiconductores dentro del grupo. Y ahora Nitrogen se suma a la lista con el ataque en Wisconsin.

Foxconn opera en decenas de países, gestiona miles de sistemas interconectados y trabaja con prácticamente todas las empresas relevantes del sector. Eso lo convierte en un objetivo atractivo de forma permanente, independientemente de las medidas que tome. La pregunta que queda abierta no es si volverá a ocurrir, sino qué información acabará comprometida la próxima vez y qué habrá en ella.

Fuente | TMJ4

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