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Tráiler de Terror: Endless Night
El manual del Modo Oscuro: Forzado, programación y salud visual
El modo oscuro ha pasado de capricho estético a requisito casi obligatorio en muchas interfaces digitales. Ya no es solo cuestión de “que quede chulo”: está ligado a cómo vemos la pantalla, cuánto se cansan nuestros ojos, cuánto dura la batería y hasta cómo percibimos una marca. Precisamente por eso, activarlo sin pensar puede ser un tiro en el pie para la experiencia de usuario.
Si diseñas productos digitales, programas interfaces o simplemente te preocupa la salud visual al pasar horas frente a pantallas, necesitas entender bien cuándo tiene sentido el modo oscuro, cómo afecta a la vista, qué implica a nivel técnico (activar el modo oscuro en apps antiguas) y qué errores son habituales. Este manual reúne todo ello y añade recomendaciones prácticas para que tu dark mode no sea solo vistoso, sino realmente usable, accesible y respetuoso con la salud ocular.
Qué es el modo oscuro y por qué importa tanto hoyEl modo oscuro, dark mode o tema oscuro es una configuración visual donde el fondo pasa a ser oscuro y los textos se muestran claros, en contraste con la interfaz tradicional de fondo claro y tipografía oscura. A nivel visual suele transmitir sensación de elegancia, modernidad y cierto aire “techie”, pero su relevancia actual va mucho más allá de la apariencia.
Hoy lo encontramos en sistemas operativos (Windows, macOS, iOS, Android), en redes sociales como Instagram o Twitter (por ejemplo, activar el modo oscuro en Instagram), en apps de mensajería tipo WhatsApp o Telegram, en plataformas de streaming y videojuegos, en gestores de código como VS Code o IDEs, y cada vez más en sitios web que ofrecen un selector de tema o theme switcher.
Su auge está estrechamente relacionado con el enfoque mobile‑first, el uso intensivo de pantallas y la preocupación por la accesibilidad. El usuario actual pasa muchas horas frente a dispositivos en entornos con poca luz, y busca configuraciones que reduzcan molestias visuales y le permitan personalizar su experiencia.
Ahora bien, el modo oscuro no es una simple inversión de colores. Requiere repensar la paleta, los contrastes, la jerarquía visual y el rendimiento. Y, lo más importante: no todos los productos lo necesitan ni todas las personas se benefician por igual.
Beneficios del modo oscuro en UX/UI: comodidad, batería y marcaCuando está bien trabajado, el dark mode ofrece ventajas claras para la experiencia de usuario y para la imagen del producto. Conviene entenderlas para saber en qué casos podemos sacarles máximo partido.
En primer lugar, en ambientes de baja iluminación el modo oscuro puede disminuir el deslumbramiento y reducir la sensación de fatiga visual. Al emitir menos luz general de la pantalla, muchos usuarios lo perciben como más agradable por la noche o en estancias oscuras, algo clave en apps de lectura ocasional, dashboards complejos o plataformas de entretenimiento que se usan de madrugada.
Además, en pantallas OLED y AMOLED el dark mode tiene un efecto directo sobre el consumo energético. En estos paneles, los píxeles negros se apagan por completo, lo que conlleva menor gasto de batería, sobre todo si la interfaz utiliza abundantes superficies oscuras (por ejemplo, programar el modo oscuro para activarlo automáticamente).
Desde el punto de vista de marca, una interfaz oscura bien ejecutada comunica sofisticación, innovación y cuidado por el detalle. Muchas empresas tecnológicas, estudios creativos o productos digitales punteros lo usan como rasgo de identidad visual, reforzando una estética más nocturna y cinematográfica.
En interfaces ricas en imágenes, vídeos o gráficos, el fondo oscuro ayuda a centrar la atención en el contenido visual y a mejorar la jerarquía. Es el ejemplo típico de servicios como Netflix o plataformas de streaming: la interfaz desaparece y todo el foco se va al contenido, mientras los textos y controles se mantienen legibles sin robar protagonismo.
Impacto del modo oscuro en la salud visual y la luz azulAlrededor del dark mode se han generado mitos y verdades a medias sobre la salud ocular. Conviene separar lo que sí sabemos de lo que aún está en estudio para no venderlo como solución mágica.
Uno de los argumentos habituales es que el modo oscuro “es ideal en entornos poco iluminados”. La realidad es más matizada: el verdadero problema de muchos dispositivos es la emisión de luz azul y el exceso de brillo, que interfieren con la síntesis de melatonina, alteran los ritmos circadianos y pueden dificultar conciliar el sueño si usamos pantallas justo antes de acostarnos.
La llamada luz azul es un fragmento del espectro visible que se sitúa cerca de la radiación ultravioleta. Se emite tanto de forma natural (sobre todo por el sol) como a través de fuentes artificiales: pantallas con retroiluminación LED, tubos fluorescentes o iluminación LED ambiental. La parte azul‑violeta es la que despierta más preocupación, mientras que la azul‑turquesa cumple funciones beneficiosas en el organismo.
Parte de los estudios apuntan a que la fracción azul‑violeta podría estar relacionada con degeneración macular asociada a la edad (DMAE), fatiga visual y estrés ocular en escenarios de exposición prolongada, aunque la evidencia sobre daño directo a la retina en condiciones normales de uso aún no es concluyente y sigue en debate científico.
Lo que sí está bastante aceptado es que la luz azul afecta a los ciclos de sueño-vigilia al reducir la secreción de melatonina. Al usar móviles, tablets o portátiles por la noche, el cerebro interpreta que “sigue siendo de día”, lo que retrasa el sueño y modifica los ritmos circadianos, sobre todo si se combina con estímulos cognitivos intensos, como redes sociales o videojuegos.
La luz azul‑turquesa, por su parte, tiene un papel positivo: ayuda a sincronizar el reloj biológico, regula temperatura corporal y procesos cognitivos, activa la constricción pupilar como mecanismo protector y participa en una buena percepción del color y de los detalles. Incluso se han publicado estudios que relacionan la exposición controlada a luz azul con la reducción del riesgo de ciertas enfermedades cardiovasculares, al favorecer la vasodilatación.
Más allá del espectro de luz, hay que considerar condiciones visuales concretas. En personas con fotofobia o alta sensibilidad a la luz, una interfaz clara muy brillante puede disparar el malestar y desencadenar migrañas; para ellas, un modo oscuro bien configurado puede ser un alivio. Por su parte, quienes tienen astigmatismo u otros defectos de refracción pueden notar mayor fatiga con texto claro sobre fondo oscuro, porque el iris tiene que abrirse más y los contornos de las letras se perciben menos nítidos, forzando el enfoque (si procede, también hay consejos para evitar el modo oscuro en Android).
En usuarios sin problemas visuales significativos, el dark mode suele ser más una cuestión de preferencia y contexto que una mejora objetiva de salud ocular. Y en entornos muy oscuros, más que el modo en sí, lo que marca la diferencia es mantener un brillo moderado, usar filtros de luz azul cuando proceda y no abusar de las pantallas justo antes de dormir.
Consejos generales para cuidar la vista en entornos digitalesMás allá de si usamos modo claro u oscuro, el factor decisivo para la salud de los ojos es cómo gestionamos el tiempo de pantalla, la ergonomía y las revisiones visuales. Un dark mode excelente no compensa unos hábitos visuales desastrosos.
Es fundamental realizar revisiones periódicas con un óptico‑optometrista, aunque no notemos molestias. Pequeñas miopías, hipermetropías, astigmatismos o problemas de alineamiento binocular que pasan desapercibidos en la vida diaria pueden convertirse en auténticos quebraderos de cabeza cuando pasamos horas frente a un monitor.
Si usas gafas, conviene cuidar tanto las lentes como la montura: un armazón mal ajustado o cristales rayados pueden obligarte a forzar la vista y adoptar posturas incómodas. Para limpiar las lentes, es mejor usar productos específicos de óptica y evitar métodos caseros abrasivos o limpieza en seco, que aumenta el riesgo de arañazos.
Quienes lleven lentillas deben extremar la higiene y la gestión de los tiempos de uso. Las recomendaciones básicas incluyen limpiarlas con soluciones adecuadas, no mojarlas con agua, evitar bañarse con ellas puestas y no dormir con lentes no diseñadas para uso prolongado. También es aconsejable dejar a los ojos descansar unas horas al día sin lentes de contacto y al menos un día a la semana.
Otro punto clave es el uso de gafas de sol con protección frente a rayos UV, compradas en óptica y no en cualquier puesto improvisado. Deben acompañarnos no solo en verano, sino durante todo el año y especialmente al practicar deporte al aire libre o conducir, ya que la radiación ultravioleta puede causar daños oculares serios a largo plazo.
Para combatir la fatiga visual derivada del uso de pantallas, los profesionales de la visión recomiendan la famosa regla 20-20-20: cada 20 minutos, apartar la vista de la pantalla durante unos 20 segundos y mirar a una distancia de unos 6 metros. Estas pequeñas pausas ayudan a relajar la acomodación y la convergencia ocular.
El ojo también necesita mantenerse bien lubricado. En entornos muy secos o cuando parpadeamos menos (algo típico al concentrarnos frente a una pantalla), aparecen molestias de ojo seco, escozor o visión borrosa intermitente. En estos casos pueden ayudar las lágrimas artificiales recomendadas por el especialista y, sobre todo, acordarse de parpadear con más frecuencia.
Por último, hay un factor que muchas veces se infravalora: la alimentación como aliada de la salud visual. Los vegetales verdes como brócoli, guisantes o calabacín son ricos en luteína y zeaxantina; los ácidos grasos omega‑3 y bebidas como el té verde también se asocian con una mejor protección frente a ciertos problemas oculares. Todo suma cuando pasamos horas frente a pantallas, con o sin modo oscuro.
Ergonomía, distancia y configuración de pantallasLa postura, la iluminación y la configuración del dispositivo condicionan tanto la comodidad visual como la aparición del Síndrome Visual Informático (SVI), que cursa con fatiga ocular, escozor, dolor de cabeza y sensación de vista borrosa tras usar pantallas.
Empezando por la iluminación, es crucial evitar que la luz incida directamente sobre los ojos o genere reflejos intensos en la pantalla. La luminancia del entorno próximo no debería diferir más de una proporción 3:1 respecto a la pantalla. Si no podemos modificar la luz ambiente, tocara ajustar el brillo y el contraste del dispositivo hasta que una pantalla con fondo blanco no deslumbre.
El entorno ideal tiene paredes de colores suaves y mates, sin tintes estridentes que generen estrés visual, y preferiblemente ventanas o vistas lejanas para descansar la mirada de vez en cuando. Trabajar en rincones cerrados y sin referencias lejanas suele incrementar la sensación de cansancio.
La silla debe permitir apoyar bien los pies en el suelo y tener respaldo con ligera inclinación y buen soporte lumbar, de modo que la espalda se apoye completamente. Los brazos, al usar el teclado, deberían quedar relajados y paralelos al tronco, sin elevar los hombros. La mesa, por su parte, ha de ofrecer espacio adecuado para el ordenador y el material de referencia, manteniéndolos a distancias similares para evitar continuos cambios de enfoque cercanos-lejanos.
En cuanto a distancias, lo ideal es que el sistema visual trabaje con las pantallas lo más alejadas posible dentro de lo cómodo. Para monitores de sobremesa se recomienda una separación de unos 60‑70 cm (aproximadamente la longitud de un brazo extendido). En portátiles se suele trabajar algo más cerca, pero conviene mantenerse en el rango de 50‑60 cm. Para móviles y tablets, la distancia aconsejada es similar a la de un libro: entre 35 y 45 cm.
La altura de la pantalla también influye. En monitores de escritorio, la parte superior del monitor debería situarse a la altura de los ojos, para que la mirada caiga unos 10‑20 grados por debajo de la horizontal. Esta posición inferior facilita la humectación ocular y reduce el esfuerzo acomodativo. En niños esto es especialmente importante, ya que por su estatura tienden a mirar hacia arriba las pantallas.
En portátiles, tablets y smartphones la mirada también suele ser descendente por naturaleza, pero conviene evitar posturas forzadas como leer tumbados o con el cuello excesivamente flexionado. Mientras que en jóvenes y adolescentes hay que vigilar mucho la distancia: sus brazos más cortos fomentan trabajar demasiado cerca, lo que aumenta la demanda de acomodación y puede favorecer la progresión de miopía.
La configuración del dispositivo también pesa. Ajustar bien el brillo, contraste y tamaño de letra es básico. El negro debe verse como negro y no como gris lavado, pero sin que una pantalla blanca deslumbre. Podemos apoyarnos en funciones de brillo automático y en aplicaciones que modifican la temperatura de color para desplazar el tono hacia gamas más cálidas por la noche, reduciendo el impacto de la luz azul.
Respecto a la tipografía, muchas personas consideran más legibles fuentes como Verdana u otras diseñadas para pantalla frente a familias clásicas como Times New Roman, sobre todo para textos largos. En caso de esfuerzo de lectura intenso, aumentar temporalmente el tamaño de fuente o reducir la resolución percibida puede marcar la diferencia.
Cuándo tiene sentido ofrecer modo oscuro (y cuándo no)No todas las webs ni todas las aplicaciones se benefician igual del dark mode. De hecho, forzarlo donde no toca puede generar problemas de accesibilidad, identidad de marca y mantenimiento técnico. Lo inteligente es analizar caso por caso.
Es especialmente interesante en productos de uso intensivo o prolongado, como plataformas educativas online, SaaS, CRMs, herramientas de gestión, dashboards o entornos de desarrollo. Cuando el usuario pasa horas interactuando con la interfaz, disponer de una opción oscura puede reducir la sensación de cansancio subjetivo, sobre todo en jornadas largas.
También tiene mucho sentido en aplicaciones que funcionan habitualmente en entornos oscuros: apps de cine, streaming, videojuegos, fotografía, edición de vídeo o imagen. Aquí un fondo oscuro permite que las imágenes, miniaturas y elementos multimedia destaquen con claridad, a la vez que se reduce el deslumbramiento en salas poco iluminadas (por ejemplo, activar el modo oscuro en YouTube Studio).
Si tu proyecto se posiciona como marca moderna, tecnológica o enfocada a la innovación, un modo oscuro cuidado refuerza ese posicionamiento. Sectores como diseño, gaming, fintech, ciberseguridad o creatividad digital suelen sacarle partido como recurso de diferenciación, siempre y cuando se respete la legibilidad.
En cambio, hay contextos donde es preferible evitar que el dark mode sea la opción por defecto, o directamente no implementarlo. Es el caso de sitios muy textuales, como blogs extensos, medios de comunicación, documentación técnica o portales académicos, donde la lectura continua y prolongada de grandes bloques de texto puede resultar más exigente sobre fondo oscuro, especialmente para ciertos usuarios.
Tampoco suele encajar bien en sectores muy institucionales o tradicionales (administraciones públicas, banca clásica, aseguradoras conservadoras) donde se prioriza la claridad y neutralidad por encima de la estética oscura, salvo que se ofrezca como opción muy secundaria y se cuide mucho la coherencia con la identidad visual.
Si la marca lleva años construyendo una imagen basada en paletas claras y logotipos pensados para fondos claros, adoptar un dark mode sin rediseñar puede desvirtuar el reconocimiento visual. Habría que replantear versiones alternativas del logotipo, ajustar colores corporativos y revisar iconografía, lo que implica tiempo y recursos.
Por último, en proyectos con presupuesto técnico muy ajustado o equipos reducidos, un modo oscuro mal implementado puede traer más dolores de cabeza que beneficios: duplicación de estilos, bugs visuales, incoherencias entre componentes, peores tiempos de carga… Antes de lanzarse, conviene valorar si hay recursos suficientes para construirlo bien y mantenerlo en el tiempo.
Errores típicos al crear un dark mode y cómo evitarlosUno de los fallos más habituales es limitarse a invertir colores del modo claro sin rediseñar la paleta. Esto suele generar combinaciones chillones, textos con poco contraste o elementos jerárquicos que pierden su papel. Un buen modo oscuro necesita una paleta propia, con matices de grises oscuros, acentos de color repensados y jerarquías reequilibradas.
Relacionado con esto, otro error común es usar negro absoluto (#000000) como color de fondo dominante. Aunque suene lógico, el contraste extremo entre negro puro y blanco puro puede resultar muy agresivo para la vista y fatigar con rapidez. En su lugar, es preferible emplear grises casi negros, como #121212 u otros tonos muy oscuros, reservando el blanco más luminoso para textos y elementos clave.
También es frecuente que, con la excusa del modo oscuro, se recurra a paletas de colores neón excesivamente saturadas (verdes fosforito, rosas eléctricos, etc.) sobre fondos negros. Esto queda llamativo, sí, pero suele ser pésimo para la legibilidad y puede incluso desencadenar molestias en personas con sensibilidad a contrastes intensos o con predisposición a crisis epilépticas fotosensibles.
Un cuarto error es imponer el dark mode sin dar al usuario la posibilidad de cambiar al modo claro. Forzar una única opción puede perjudicar a personas con condiciones visuales concretas (por ejemplo, cierto grado de astigmatismo) y, en general, reduce la sensación de control sobre la experiencia. La personalización en este sentido es clave para un buen UX.
Por último, muchos proyectos descuidan las pruebas de contraste y accesibilidad. No basta con que “se vea bien en mi monitor”: hay que comprobar ratios de contraste con herramientas como WebAIM o WAVE, revisar el comportamiento con lectores de pantalla y asegurar que el cambio de modo no rompe el enfoque con teclado ni la visibilidad de estados activos y elementos interactivos.
Buenas prácticas de diseño para un modo oscuro usable y accesiblePara que un dark mode funcione de verdad, conviene diseñarlo desde cero como un tema separado, no como una simple variación automática. Esto implica definir una paleta cromática específica, estudiar la jerarquía visual, repensar sombras, bordes e iconografía y probar cómo se comporta en distintos dispositivos.
Una recomendación básica es crear una paleta propia para el modo oscuro en lugar de reciclar los mismos colores del tema claro. Muchos tonos que funcionan sobre fondo blanco se ven sucios o estridentes sobre fondos oscuros. Trabaja con grises profundos para superficies, blancos algo suavizados para texto principal y tonos más apagados para información secundaria.
Los componentes deben tener un comportamiento adaptativo coherente entre modos. Sistemas de diseño modulares, basados en tokens de diseño o variables, permiten que botones, tarjetas, formularios o gráficos cambien de aspecto según el tema sin perder consistencia funcional. El usuario debería reconocer patrones aunque cambie el esquema de color.
En textos, reserva el blanco (o casi blanco) para contenido principal y utiliza grises más suaves para copy secundario, metadatos, etiquetas o ayudas. Esto replica la estrategia típica del modo claro (negro casi puro para lo importante y grises para detalles) pero invertida sobre fondo oscuro, manteniendo una jerarquía clara.
Evita depender exclusivamente del color para transmitir información. En mensajes de error o estados de éxito, combina color con iconografía, texto claro o patrones visuales. Así no penalizas a usuarios con daltonismo o dificultades para distinguir ciertos tonos, algo especialmente crítico en interfaces con alto contraste como las oscuras.
Por último, no te saltes las pruebas reales con usuarios. Test A/B entre modo claro y oscuro, análisis de tiempos de lectura, encuestas de confort visual y medición de métricas de uso (frecuencia de cambio de tema, tiempo de permanencia, tasa de rebote) aportan datos objetivos. El diseño sin datos puede quedar bonito, pero no necesariamente resuelve problemas.
Implementación técnica: CSS, prefers-color-scheme y rendimientoDesde el lado del desarrollo, la opción más recomendable hoy es basar el theming en variables CSS (custom properties). Definiendo los colores clave en el selector raíz y sobrescribiéndolos bajo un atributo data‑theme o una clase de tema, podemos mantener una única hoja de estilos y cambiar entre modos sin duplicar CSS.
Un patrón común consiste en establecer en :root las variables del modo claro (colores de fondo, texto, bordes, acentos) y, después, en un selector como redefinir únicamente los valores que varían. Toda la interfaz referencia estos tokens en lugar de colores fijos, lo que facilita tanto el mantenimiento como la escalabilidad.
Además, los navegadores modernos permiten detectar las preferencias de color del sistema operativo mediante la media query prefers-color-scheme. Con ella, podemos aplicar por defecto el tema oscuro si el usuario ya ha seleccionado esa opción a nivel de sistema, respetando así su elección previa sin obligarlo a configurarlo de nuevo.
En paralelo, es buena idea ofrecer un interruptor de tema (theme switcher) visible y accesible (también útil en servicios web como WhatsApp Web), que permita cambiar manualmente entre claro y oscuro. Este control debería guardar la preferencia, por ejemplo con localStorage, y aplicar transiciones suaves de color para evitar parpadeos o saltos bruscos de layout. También hay que asegurarse de que es manejable con teclado y correctamente anunciado por lectores de pantalla.
En lo relativo al rendimiento, conviene evitar soluciones que carguen frameworks o librerías pesadas solo para cambiar el tema. El cambio de estilos debe apoyarse mayoritariamente en CSS, con un JavaScript mínimo destinado a añadir o retirar la clase/atributo de tema y a guardar la preferencia del usuario.
Para comprobar que el dark mode no perjudica la salud técnica del sitio, es indispensable testear con herramientas como Lighthouse o Web.dev, revisando métricas Core Web Vitals como LCP (Largest Contentful Paint) o CLS (Cumulative Layout Shift). Transiciones mal planteadas o reestructuraciones de DOM ligadas al cambio de tema pueden provocar inestabilidad de diseño o ralentizar la carga si no se gestionan bien.
También es importante no crear rutas separadas específicas para cada modo (como /modo-oscuro), ya que esto complica la indexación, puede generar contenido duplicado y no aporta valor SEO. Es preferible mantener la misma URL y resolver la variación visual mediante estilos.
Modo oscuro, accesibilidad y SEO: cómo se relacionanEn términos de posicionamiento puro, ofrecer o no un modo oscuro no es un factor de ranking directo para Google. No existe hoy una señal específica que premie páginas por tener dark mode. Sin embargo, sí puede influir indirectamente a través de la experiencia de usuario y del rendimiento técnico.
Un modo oscuro mal integrado puede ralentizar la carga, romper scripts, causar saltos de diseño o dificultar la indexación, todo lo cual sí repercute en el SEO. Por ejemplo, si el tema oscuro implica cargar hojas de estilo adicionales pesadas, animaciones costosas o duplicar recursos, el LCP puede empeorar. Si el cambio de tema se hace rehaciendo parte del DOM con JavaScript inestable, pueden aparecer errores que afecten tanto a usuarios como a Googlebot.
Por el contrario, un dark mode bien hecho, ligero y estable, puede mejorar la permanencia en página, reducir la tasa de rebote y aumentar conversiones, especialmente en entornos y horarios donde la interfaz oscura resulta más cómoda. Estas señales de comportamiento, combinadas con contenido de calidad y una arquitectura sólida, pueden tener un impacto positivo en el posicionamiento.
En el plano de la accesibilidad, las pautas WCAG recomiendan ratios de contraste mínimo de 4.5:1 para texto normal y 3:1 para texto grande. Pero en modo oscuro también es importante evitar contrastes excesivos como blanco puro sobre negro puro, que pueden resultar tan molestos como un contraste insuficiente. El equilibrio es la clave.
Para que el dark mode sea inclusivo, hay que garantizar que todos los elementos interactivos sigan siendo perfectamente distinguibles (botones, enlaces, campos de formulario, estados hover y focus), que la navegación con teclado funcione igual de bien y que el cambio de tema no oculte ni vuelva inaccesibles ciertos bloques de contenido.
Validar el modo oscuro con lectores de pantalla, extensiones de accesibilidad y herramientas automáticas como WAVE o el auditor de accesibilidad de Chrome DevTools ayuda a detectar tanto contrastes inadecuados como problemas estructurales. Si tu web aspira a cumplir niveles de accesibilidad razonables, el dark mode debe pasar los mismos filtros que el resto de la interfaz.
En definitiva, el modo oscuro bien planteado puede ser una ventaja competitiva y de experiencia que, además de cuidar la vista en determinados contextos y respetar las preferencias del usuario, contribuya indirectamente a mejorar métricas clave para SEO y a reforzar la percepción de tu marca como moderna y centrada en las personas.
Guía de flujos de trabajo en pantalla dividida y modo ventana
Trabajar hoy en día con una sola ventana ya casi suena a otra época. Entre estudios, curro remoto, diseño, programación o simple organización diaria, poder tener varias apps visibles al mismo tiempo es lo que marca la diferencia entre ir ahogado o llevar tus tareas bajo control.
Cuando combinas pantalla dividida, modo ventana y, si hace falta, monitores múltiples (locales o por escritorio remoto), tu flujo de trabajo se vuelve mucho más ágil y flexible. Esta guía te explica de forma detallada cómo sacarle partido a la pantalla dividida en Windows 10 y 11, cómo usar el modo multiventana en Android y cómo trabajar con escritorios remotos de doble pantalla, todo integrado en una sola visión práctica.
Qué es la pantalla dividida y por qué merece la pena usarlaLa pantalla dividida es una función que permite repartir el espacio de tu monitor en varias zonas independientes, cada una ocupada por una ventana o aplicación distinta. En lugar de ir cambiando de una ventana a otra, lo ves todo de un vistazo y trabajas con varias cosas a la vez.
Entre las ventajas más importantes de este tipo de configuración están una productividad notablemente mayor y una sensación de trabajo más fluida. Es mucho más rápido comparar documentos, consultar datos mientras escribes, tener tu correo o chat abierto mientras trabajas, o arrastrar contenido entre apps sin perder de vista lo que haces.
Otro punto clave es el foco: al tener justo lo que necesitas en la misma vista, reduces clics innecesarios, evitas despistes al cambiar continuamente de ventana y gestionas mucho mejor el tiempo. Si además combinas pantalla dividida con escritorios virtuales o monitores adicionales, puedes crear verdaderos “escenarios” de trabajo para cada proyecto.
Pantalla dividida en Windows 10: cómo configurarla paso a pasoWindows 10 incorpora la función de ajuste de ventanas (Snap), que facilita mucho colocar las aplicaciones a la izquierda, derecha o en las esquinas del monitor. Antes de nada, conviene revisar que la función esté bien activada.
Activar y ajustar la función de acoplar ventanasPara configurar el comportamiento de Snap en Windows 10 puedes hacer lo siguiente: pulsa la combinación Win + I para abrir Configuración, entra en la sección Sistema y luego en Multitarea. Ahí verás el interruptor de “Ajustar ventanas” o “Acoplar ventanas”.
Conviene tener ese interruptor activo y, además, marcar las opciones adicionales que aparecen justo debajo (como mostrar sugerencias de ventanas para rellenar el espacio restante, ajustar automáticamente el tamaño al acoplar, etc.). Al activar todas las casillas disponibles consigues que el comportamiento de la pantalla dividida sea más cómodo y predecible.
Método 1: arrastrar y acoplar ventanasEl método más intuitivo consiste en usar el ratón y la barra de título de cada ventana para colocarla en el lado deseado:
- Haz clic y mantén pulsada la barra superior de la ventana que quieras mover.
- Arrástrala hacia el borde izquierdo o derecho de la pantalla hasta que veas un contorno o un efecto de previsualización.
- Suelta el botón del ratón y Windows ajustará la ventana automáticamente a esa mitad.
- En la otra mitad, Windows te mostrará miniaturas de las demás ventanas abiertas para rellenar el espacio.
Si quieres dividir la pantalla en cuatro, arrastra la ventana hacia una esquina en lugar de hacia un lateral. El sistema la encajará en un cuarto de la pantalla, y podrás repetir el proceso con hasta cuatro aplicaciones a la vez.
Método 2: atajos de teclado para ir más rápidoSi te acostumbras a los atajos, el manejo de ventanas en Windows 10 gana una velocidad brutal. Selecciona cualquier ventana y utiliza las teclas de Windows junto con las flechas para moverla:
- Windows + Flecha izquierda / derecha: ajusta la ventana activa a la mitad izquierda o derecha.
- Windows + Flecha arriba: maximiza la ventana.
- Windows + Flecha abajo: minimiza o restaura, según su estado actual.
Junto con estos, también es muy útil Windows + Inicio para minimizar todo menos la ventana activa, y Windows + Tab para abrir la Vista de tareas, desde la que ves todas las ventanas abiertas y los escritorios virtuales.
Método 3: menú de maximizar y vista en cuadrantesOtro enfoque menos conocido en Windows 10 es aprovechar el menú asociado al botón de maximizar. Algunos fabricantes y versiones incorporan un menú de cuadrantes cuando pasas el cursor por el icono de maximizar en la esquina superior derecha de la ventana.
Desde ahí puedes escoger una zona concreta del monitor (mitad, esquina, etc.) y Windows recolocará la ventana automáticamente. Si ves esta opción, te será muy cómoda para crear layouts de dos o cuatro ventanas sin andar arrastrando a ojo.
Pantalla dividida en Windows 11: diseños de ajuste avanzadosWindows 11 da un salto de calidad con los llamados “diseños de ajuste” (Snap layouts), que permiten elegir esquemas de distribución más variados que el simple 50/50. Esto se traduce en una forma más flexible de crear flujos de trabajo con varias apps.
Método 1: diseños desde el botón de maximizarLa forma más visual de usar esta función es situar el cursor sobre el botón de maximizar de cualquier ventana. Al mantenerlo un momento, se abre un pequeño menú con varios diseños:
- Dos columnas (mitades izquierda y derecha).
- Tres columnas con anchuras distintas.
- Cuatro cuadrantes para colocar una app en cada esquina.
Solo tienes que clicar en la zona del diseño donde quieres encajar esa ventana. Después, Windows te irá sugiriendo qué otras ventanas ocuparán los huecos libres, de forma que en segundos tengas toda la pantalla organizada.
Método 2: atajo Windows + ZPara los que prefieren el teclado, Windows 11 añade la combinación Windows + Z, que abre el menú de diseños de ajuste directamente. Luego puedes usar las teclas de flecha para elegir el diseño que quieras y pulsar Intro para confirmarlo.
Una vez seleccionado el hueco inicial, el sistema te irá pidiendo que asignes el resto de ventanas a los espacios libres. Es un método especialmente útil en portátiles táctiles o convertibles, donde el ratón no siempre es la mejor opción.
Método 3: arrastrar a la parte superior para ver los diseñosEn Windows 11 también puedes arrastrar una ventana hacia la parte superior de la pantalla hasta que aparezca la rejilla de diseños. En lugar de soltarla directamente en un borde, eliges una de las áreas sugeridas en el diseño que se muestra.
Esto combina lo mejor de ambos mundos: la intuición del arrastre con la precisión de los layouts predefinidos. Una vez sueltas la ventana sobre la zona elegida, Windows completa el resto del diseño con las otras apps abiertas.
Técnicas avanzadas de pantalla dividida y modo ventanaCuando ya dominas lo básico, es buena idea ir un poco más allá y crear disposiciones de ventanas más sofisticadas, sobre todo si trabajas con muchos programas a la vez o con pantallas grandes.
División en cuatro y layouts personalizadosTanto en Windows 10 como en Windows 11 puedes organizarte en cuatro cuadrantes. Solo tienes que ir encajando ventanas en las cuatro esquinas del monitor, bien con el ratón o con combinaciones de Windows + Flecha y luego Flecha arriba/abajo para moverlas entre mitades y cuadrantes.
En Windows 11, además, puedes personalizar en Configuración > Sistema > Multitarea aspectos como el comportamiento de Snap y ciertos layouts adaptados a tu estilo de trabajo. Si sueles trabajar con una app principal grande y dos auxiliares pequeñas, por ejemplo, puedes priorizar diseños con una columna central más ancha.
Escritorios virtuales y monitores múltiplesLos escritorios virtuales de Windows se combinan muy bien con la pantalla dividida. Puedes crear varios escritorios (Win + Ctrl + D) y dedicar cada uno a un proyecto o tipo de tarea, cada cual con su propio layout de ventanas.
Si además tienes varios monitores físicos, el potencial se multiplica: cada pantalla puede tener su propia división en 2 o 4 partes de manera independiente. De esta forma, un monitor puede quedar centrado en el trabajo principal y otro en comunicación, documentación, herramientas de soporte, etc.
Redimensionar y ajustar finamente las ventanasUna vez que las ventanas están acopladas, no estás obligado a mantener el reparto al 50%. Puedes arrastrar la barra divisoria que aparece entre ellas para dar más espacio a la app que requiera más protagonismo.
Este ajuste fino es vital si, por ejemplo, necesitas leer un documento ancho a un lado mientras consultas referencias estrechas al otro. Windows adaptará los contenidos respetando el tamaño mínimo que cada ventana necesite para mantenerse usable.
Atajos de teclado clave para dominar la multitarea en WindowsMemorizar algunos atajos básicos te va a ahorrar una gran cantidad de clics y movimiento de ratón. Estos son los más importantes para gestionar la pantalla dividida y los escritorios virtuales en Windows:
- Windows + Flecha izquierda/derecha: acopla la ventana activa en la mitad correspondiente.
- Windows + Flecha arriba: maximiza la ventana.
- Windows + Flecha abajo: minimiza o restaura.
- Windows + Inicio: minimiza todas las ventanas excepto la actual.
- Windows + Tab: abre la Vista de tareas, donde ves ventanas abiertas y escritorios.
- Windows + Ctrl + D: crea un escritorio virtual nuevo.
- Windows + Ctrl + Flecha izquierda/derecha: cambia de escritorio virtual.
Con estas combinaciones, moverte entre ventanas y organizar layouts se hace casi automático. Con un poco de práctica, notarás que apenas tocas el ratón para recolocar tu espacio de trabajo.
Modo multiventana, pantalla dividida y ventana flotante en AndroidEn móviles y tablets Android, la multitarea también ha evolucionado mucho. El sistema soporta pantalla dividida, modo imagen en imagen (PiP) y, en pantallas grandes, ventanas de escritorio redimensionables, aunque el comportamiento exacto depende de la versión de Android y del dispositivo.
Cómo funciona el modo multiventana según la versión de AndroidDesde Android 7.0 se introdujo la pantalla dividida en dispositivos de pantalla pequeña y el modo imagen en imagen en algunos modelos específicos. El modo de pantalla dividida coloca dos apps compartiendo la pantalla, una al lado de la otra o una apilada sobre la otra, y permite arrastrar la línea central para dar más espacio a una de ellas.
El modo PiP, por su parte, mantiene un vídeo o contenido flotando en una pequeña ventana mientras sigues utilizando otra aplicación. Es ideal para seguir viendo un vídeo o una videollamada mientras navegas o respondes mensajes.
En pantallas grandes, como tablets o dispositivos plegables, algunos fabricantes habilitan el modo de ventanas de escritorio, donde cada actividad se muestra en su propia ventana redimensionable. Esto se acerca mucho a la experiencia de un ordenador tradicional.
Multiventana como comportamiento estándar a partir de Android 12Con Android 12, el modo multiventana se consolida como comportamiento estándar de la plataforma. En pantallas grandes (clase de tamaño mediana o expandida), el sistema admite el modo multiventana para todas las apps, aunque estas hayan especificado que no se pueden redimensionar; en esos casos se entra en modo de compatibilidad.
En pantallas pequeñas, el sistema usa los atributos minWidth, minHeight y resizeableActivity para decidir si una actividad puede ejecutarse en multiventana. Si una app declara que no es redimensionable, el sistema evita que se abra en pantalla dividida, aunque cumpla los mínimos de tamaño.
A partir de Android 16, en pantallas grandes con un ancho mínimo de 600 dp, el sistema ignora las restricciones de orientación, relación de aspecto y capacidad de cambio de tamaño, con el objetivo de optimizar la experiencia en todos los formatos. No obstante, los fabricantes pueden modificar ciertos comportamientos según su capa.
Cómo iniciar la pantalla dividida desde el usuarioEn la mayoría de dispositivos con Android 7.0 o superior, activar la pantalla dividida sigue una lógica parecida: abres la vista de apps recientes, eliges una app y la envías a la parte superior o lateral de la pantalla, y luego seleccionas la segunda app.
En muchas interfaces, basta con: abrir Recientes, pulsar el icono de la app en la barra de título y elegir la opción “Pantalla dividida” o “Split”. Después eliges la otra aplicación en la misma vista de recientes para completar la pantalla.
A partir de Android 12L, aparece además la acción “Split” directamente bajo la app activa cuando hay al menos dos apps en recientes, facilitando entrar en pantalla dividida con un par de toques. Para salir, solo hay que arrastrar la línea divisoria hasta el borde, de forma que una de las apps recupere la pantalla completa.
Multiventana programática, incorporación de actividades y ciclo de vidaEn el lado del desarrollo, Android ofrece banderas de intent como FLAG_ACTIVITY_LAUNCH_ADJACENT, que permite que una app lance otra actividad en una ventana adyacente en modo multiventana (junto con FLAG_ACTIVITY_NEW_TASK). Esto es útil, por ejemplo, para abrir un enlace o un detalle sin pisar la pantalla actual.
En cuanto al ciclo de vida, Android 10 y versiones posteriores admiten la reanudación múltiple: varias actividades pueden permanecer en estado RESUMED cuando comparten pantalla. Esto implica que tu app debe gestionar cuidadosamente recursos exclusivos como cámara o micrófono, utilizando callbacks como onTopResumedActivityChanged para saber cuándo es la actividad “principal” que tiene prioridad.
Configuración de multiventana en el manifiesto: resizeableActivity y otras clavesEn el manifiesto de la app se pueden controlar muchas cosas relacionadas con multiventana. El atributo android:resizeableActivity determina si una actividad soporta modos como pantalla dividida y ventanas de escritorio, al menos entre los niveles de API 24 y 30.
Si se establece en true, la actividad puede cambiar de tamaño y ejecutarse en multiventana; si se establece en false, el sistema intentará mantenerla siempre en pantalla completa. A partir de Android 12 y en pantallas grandes, ese atributo puede ser ignorado parcialmente, entrando la app en modos de compatibilidad según las dimensiones disponibles.
El nodo del manifiesto permite afinar aún más: android:defaultHeight, defaultWidth, gravity, minHeight y minWidth definen el tamaño y posición inicial de la ventana en modo escritorio, así como sus dimensiones mínimas. Si el usuario intenta hacerla más pequeña que esos mínimos en pantalla dividida, el sistema recorta la actividad según esos límites.
Existen además atributos como supportsPictureInPicture, que declara si una actividad admite PiP, y configChanges, que se utiliza para que la actividad gestione por sí misma cambios de tamaño u orientación, recibiendo onConfigurationChanged en vez de ser destruida y recreada.
Limitaciones y consultas de estado en modo multiventanaAl entrar en multiventana, Android desactiva o ignora algunas capacidades: las apps no pueden ocultar la barra de estado, ciertas personalizaciones del sistema no se aplican y el atributo screenOrientation puede ser ignorado en algunos casos.
Las clases Activity y Fragment incluyen métodos útiles como isInMultiWindowMode(), isInPictureInPictureMode(), onMultiWindowModeChanged() u onPictureInPictureModeChanged(), que permiten adaptar el comportamiento de la app y su interfaz dependiendo de si está compartiendo pantalla o no.
Monitores dobles en escritorio remoto: pantalla dividida a distanciaCuando trabajas en remoto con un ordenador de la oficina, tener acceso a toda su configuración de monitores es vital. Muchas soluciones de escritorio remoto, como Splashtop, permiten utilizar dos o más monitores remotos desde tu equipo local, replicando prácticamente el entorno de trabajo tradicional.
Cómo funciona un escritorio remoto con dos monitoresSi el software de escritorio remoto lo admite, al conectarte a un equipo remoto con varias pantallas puedes ver todos los monitores en una sola ventana, alternar entre ellos, o replicar la multimonitorización en tu propio equipo. Es decir, si en la oficina tenías dos monitores, puedes mantener exactamente ese mismo layout trabajando desde casa.
Para que esto funcione de forma fluida, es importante que tanto el cliente como el “streamer” o componente remoto estén actualizados. En el caso de Splashtop, necesitas tener instalada la última versión de Splashtop Streamer en el ordenador remoto y la aplicación Splashtop Business actualizada en el equipo local.
Modos de visualización de múltiples monitores en SplashtopDurante la conexión, este tipo de programas suelen ofrecer dos modos principales: “Todos los monitores (una sola ventana)” y “Todos los monitores (varias ventanas)”. Ambos se pueden seleccionar normalmente desde el menú de opciones de pantalla de la aplicación cliente.
En el modo de una sola ventana, todo el escritorio remoto (con sus dos o más monitores) se muestra integrado en una única ventana en tu pantalla local. Es útil si solo tienes un monitor y quieres tener una visión general rápida, aunque el contenido se verá reducido.
En el modo de varias ventanas, cada monitor remoto se muestra en su propia ventana independiente. Si además tú también tienes dos monitores locales, puedes arrastrar cada ventana al monitor correspondiente, consiguiendo la sensación de estar sentado delante del equipo remoto original.
Atajos de teclado en Splashtop para moverte entre monitoresPara agilizar la navegación entre pantallas remotas, Splashtop incluye atajos de teclado específicos para cambiar de monitor sin andar buscando opciones en menús.
Por ejemplo, usando combinaciones del tipo Ctrl + Alt + número (1, 2, 3…) puedes saltar directamente a un monitor concreto. De forma similar, con Ctrl + Alt + Flecha derecha o Flecha izquierda vas rotando por los diferentes monitores, lo que es especialmente cómodo cuando trabajas con muchas pantallas remotas a la vez.
Dominar este tipo de atajos, junto con los de Windows, hace que trabajar con pantalla dividida incluso a través de escritorio remoto resulte natural y muy fluido, sin necesidad de estar abriendo y cerrando continuamente vistas o menús de configuración.
Consejos para aprovechar al máximo la pantalla dividida y el modo ventanaMás allá de la teoría, hay una serie de buenas prácticas que ayudan a que todo este arsenal de funciones se convierta en productividad real. La primera recomendación es contar con una pantalla decente: un monitor grande o de alta resolución (o un portátil con pantalla externa) marca un antes y un después en la comodidad.
También es clave interiorizar los atajos de teclado que más uses y experimentar con distintas disposiciones hasta dar con las que mejor se adaptan a tus tareas. Si se te queda corto el sistema nativo, siempre puedes recurrir a herramientas de terceros o a utilidades como Microsoft PowerToys, que amplían las opciones de división de pantalla con zonas personalizadas.
En Windows conviene revisar algunas optimizaciones: mantener el sistema actualizado, ampliar la RAM cuando sea posible, usar un SSD y aprovechar herramientas como la limpieza de disco para que las apps respondan bien incluso con muchas ventanas abiertas. Tener el escritorio y las barras de tareas medianamente ordenadas también ayuda a que encontrar las cosas no se convierta en un caos.
Por último, adaptar la configuración a cada perfil de uso es determinante. Estudiantes pueden combinar notas y navegador en pantalla dividida; profesionales de oficina, hojas de cálculo y correo; diseñadores y desarrolladores, previsualizaciones y editores de código; creadores de contenido, herramientas de edición y paneles de control. En Android, ajustar cómo responde tu app al multiventana garantiza una experiencia suave en móviles, tablets y plegables, y en remoto, un buen setup de monitores te permite que trabajar desde casa sea prácticamente igual de cómodo que en la oficina.
Abandoné el iPhone Air por un detalle que parece una tontería. Pero intentar enfocar de cerca sin este sensor ha podido con mi paciencia
Llevo con iPhone Pro desde que la gama Pro existe como tal. No lo digo para presumir de nada, sino porque es el contexto que explica lo que vino después: cuando llevas tanto tiempo con el mismo tipo de iPhone, empiezas a dar por sentadas cosas que en realidad no son estándar. El LiDAR es una de ellas. Está ahí desde el iPhone 12 Pro, en todos los modelos Pro sin excepción, haciendo su trabajo sin que nadie le preste demasiada atención. Yo desde luego no se la prestaba.
Pero este año hice algo que no había hecho antes: dejé el iPhone 17 Pro Max en un cajón durante semanas y viví exclusivamente con el iPhone Air. Ya os conté cómo fue esa experiencia, la batería que pedía cuerda varias veces al día, lo que se siente cuando el iPhone casi desaparece entre los dedos, por qué me costó tanto volver... Pero me faltaba contaros lo que terminó de decidirlo. No fue la batería. No fue la cámara. Fue un sensor del que no había escrito ni una palabra en todo ese tiempo, precisamente porque hasta ese momento no había tenido ningún motivo para hacerlo.
{"videoId":"xaa9e4m","autoplay":true,"title":"Enfoque LiDAR iPhone", "tag":"", "duration":"25"} Un sensor que está haciendo su trabajo con la cámara todo el tiempoEl LiDAR es uno de esos componentes que Apple lleva años metiendo en los iPhone Pro sin que casi nadie hable de él en el día a día. Es ese sensor pequeño, discreto, que se esconde junto a las lentes traseras y que la mayoría de la gente no sabría señalar si le preguntaran. Yo mismo, en mi último análisis fotográfico comparando el Air con el Pro Max, no lo mencioné ni una vez. Porque en el día a día cotidiano, haciendo fotos de lo que hace todo el mundo, no le das demasiada importancia.
Lo que hace un LiDAR es medir distancias lanzando pulsos de luz infrarroja y construyendo un mapa de profundidad del espacio que tienes delante. Eso le da al iPhone una información que el sistema de enfoque tradicional no tiene: sabe exactamente a qué distancia está cada cosa, y puede enfocar con una precisión y una velocidad que sin ese mapa simplemente no es posible.
El resultado más visible está en situaciones con poca luz o cuando te acercas mucho a algo: el enfoque es más rápido, más seguro, más estable. El iPhone Air, con todo lo que tiene, no lo lleva. Y durante semanas eso no me importó lo más mínimo.
Lo que pasó para que me diese cuentaMe acababa de mudar a un piso de obra nueva. Y como cualquiera que haya pasado por eso sabe, lo primero que toca es documentarlo todo antes de meter la mudanza: cada picotazo en el suelo, cada mancha en la pared, cada detalle en la ducha que no está como debería. Fotos y vídeos acercándote, alejándote, mostrando contexto y luego el detalle, para que quede claro que la casa llegó así y no fue cosa tuya.
Me peleé con el enfoque durante días sin entender bien por qué. Pulsaba para enfocar, me movía ligeramente de plano y el iPhone perdía el punto. Me acercaba a un detalle pequeño y tardaba, dudaba, a veces no terminaba de decidirse. En el fragor de la mudanza y con la constructora esperando las fotos, lo achaqué al estrés, a la luz, a que me movía demasiado. Hasta que un día caí: el iPhone Air no tiene LiDAR.
Usa un sistema de enfoque tradicional, y en esas condiciones, con sujetos cercanos y detalles pequeños, simplemente no llega al mismo sitio. A partir de ahí la decisión fue bastante rápida.
El iPhone Air no tiene la culpa, pero tampoco tiene el sensorQuiero ser justo con esto, porque el iPhone Air es un iPhone extraordinario y no me parece bien "colgarlo" por algo que es una decisión de diseño consciente, no un descuido. Apple ha construido el iPhone más fino de su historia metiendo lo que tenía que meter y dejando fuera lo que no cabía o no encajaba con lo que querían conseguir. El LiDAR es uno de esos recortes, y en el 90% de los usos fotográficos del día a día, como ya conté en el análisis de cámaras, no se echa en falta.
El problema es el otro 10%. Que es exactamente el 10% en el que yo vivo cuando tengo el iPhone en la mano con intención de documentar algo en condiciones exigentes. Y eso no es culpa del iPhone Air, es simplemente que ese iPhone no es para mí, algo que ya sabía antes de empezar y que la mudanza se encargó de confirmar de la forma más práctica posible.
Cuándo el LiDAR marca la diferencia y cuándo da igualPara la mayoría de las fotos del día a día, el LiDAR es invisible. El café del domingo, el paisaje en el paseo, la foto de grupo... En todo eso el sistema de enfoque del iPhone Air funciona perfectamente y el resultado es indistinguible. Nadie mira esas fotos y piensa que falta algo.
Donde aparece la diferencia es en situaciones concretas: poca luz con sujetos cercanos, vídeo en movimiento cuando cambias de plano rápido, de algo cercano a otra cosa lejana. Escenas donde el iPhone tiene que decidir en un segundo a qué distancia está lo que importa.
En Applesfera Qué iPhone comprar en 2026 - Guía para elegir el smartphone de Apple más adecuado para tiAhí el mapa de profundidad del LiDAR le da al Pro una ventaja que se nota en la fluidez del enfoque, en que no duda, en que no se pierde. También en la app Medidas, en experiencias de realidad aumentada, en todo lo que implica que el iPhone entienda el espacio físico que tiene delante con más precisión. Y cada vez más, con la inteligencia artificial entrando en todo lo que grabamos y compartimos, tener un sensor que construye ese mapa en tiempo real va a importar más, no menos.
El problema de acostumbrarse a algo que no sabes que tienesEsto es lo que me ha quedado dando vueltas desde que volví al Pro. No es que el LiDAR sea imprescindible para todo el mundo, es que cuando lo tienes desde hace años no sabes que lo tienes. Se vuelve parte del funcionamiento normal de la cámara del iPhone. Y solo cuando desaparece entiendes lo que estaba haciendo.
El LiDAR llegó con el iPhone 12 Pro. Estamos a punto de llegar al iPhone 18 Pro. Son muchas generaciones reservando este sensor para la gama Pro. A estas alturas, hay algo en lo que me resulta difícil no pensar: enfocar bien, rápido y con precisión no debería ser un privilegio Pro. Es una función básica de cualquier cámara, y el LiDAR lleva años siendo la razón por la que los iPhone Pro la resuelven mejor que nadie. Ojalá el iPhone Air 2 o el iPhone 18 cambie eso. Porque estos iPhone se merecen no tener ningún asterisco.
En Applesfera | Nuevo iPhone Air 2 - Todo lo que creemos saber sobre él
En Applesfera | Cómo conseguir mejores fotografías con tu iPhone cambiando estos ajustes
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Abandoné el iPhone Air por un detalle que parece una tontería. Pero intentar enfocar de cerca sin este sensor ha podido con mi paciencia
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
.
Tipografía en Android: Manual de cambio de fuentes a nivel de root
Android se ha ganado a pulso la fama de sistema operativo hiperpersonalizable gracias a su naturaleza abierta y a la libertad que ofrece al usuario avanzado. Uno de los cambios que más se buscan, sobre todo cuando se entra en el mundo del root, es la posibilidad de modificar la tipografía del sistema al detalle, desde la fuente del reloj de la pantalla de bloqueo hasta el texto de los menús y las aplicaciones.
Si alguna vez te has preguntado cómo cambiar la fuente a nivel profundo, qué posibilidades hay con y sin root y qué hacen exactamente fabricantes como Samsung, Huawei, Xiaomi u otros para permitir o limitar estos cambios, aquí tienes un manual completo. Vamos a repasar tanto los métodos oficiales como los «trucos» mediante root, módulos como Xposed o herramientas para sustituir directamente archivos TTF en /system/fonts, todo explicado en castellano de España y sin rodeos innecesarios.
Qué significa cambiar la fuente a nivel de root en AndroidAntes de meternos en harina conviene entender qué implica exactamente tener root y por qué cambiar las fuentes del sistema no es un simple ajuste visual. Rootear (del inglés rooting) es el proceso por el cual el usuario obtiene acceso de administrador total en un dispositivo Android, acceso que normalmente está restringido.
En sistemas tipo Unix, como Linux o Android, la cuenta con más privilegios se llama «root» (raíz), y es la que puede leer, modificar y borrar cualquier archivo del sistema. Al habilitar root en un móvil o tablet, pasas a poder hacer cosas que con un usuario normal estarían vetadas: eliminar bloatware preinstalado, modificar archivos en /system, instalar frameworks como Xposed, flashear ZIPs de fuentes desde TWRP, etc.
Esto hace posible, por ejemplo, que puedas entrar a la carpeta /system/fonts y sustituir archivos TTF para cambiar la tipografía del sistema entero, o que un módulo como Fonter actúe por encima de la capa del fabricante para aplicar nuevas fuentes a todo el sistema o solo a ciertas apps.
Eso sí, hay que tener claro que rootear implica riesgos: pérdida de garantía, posibles fallos si se tocan archivos críticos y más exposición a malware si se otorgan permisos sin cuidado. Por eso, aunque el artículo se centra en el cambio de fuentes a nivel root, también veremos alternativas sin root para quienes no quieran complicarse demasiado la vida.
Dispositivos que permiten cambiar fuentes sin rootLo primero que hay que saber es que no todos los móviles Android parten de cero en lo que respecta al cambio de tipografía. Algunas capas de fabricante ya integran de serie la opción de cambiar la fuente del sistema sin necesidad de root, normalmente desde los ajustes de pantalla o su aplicación de temas.
En el terreno de las marcas, destacan especialmente los móviles de Samsung, Huawei, Xiaomi, Oppo, Realme, Vivo y Honor, junto con otros modelos que usan sistemas de temas avanzados. Cada uno lo hace a su manera, pero la idea base es la misma: exponer un ajuste desde el que puedes elegir un estilo de texto distinto, descargar nuevas fuentes e incluso mezclarlas con temas completos.
En Android «puro» (como el de los Google Pixel, muchos Motorola o Nokia), la cosa cambia bastante: no existe un selector de fuente global. Lo máximo que se permite es aumentar o reducir el tamaño de texto y activar el texto en negrita desde los ajustes de accesibilidad. El cambio real de tipografía requiere otros métodos, y en muchos casos pasa sí o sí por root o por el uso de launchers.
Por tanto, antes de complicarte la vida flasheando ZIPs o toqueteando /system/fonts, conviene revisar si tu dispositivo ya incluye de fábrica un sistema de temas o un ajuste para cambiar el tipo de letra, porque te puede ahorrar bastantes quebraderos de cabeza.
Samsung y FlipFont: cambiar la fuente del sistema sin rootSamsung es uno de los fabricantes que más tiempo lleva permitiendo cambiar la fuente sin root, gracias a la integración de FlipFont, un sistema de fuentes que se apoya en paquetes descargables. En muchas versiones de One UI basta con ir a:
- Ajustes > Pantalla > Tamaño y estilo de font > Tipo de fuente
Desde ese menú se puede ver una lista de fuentes instaladas y descargar más estilos desde la tienda de temas o desde paquetes FlipFont disponibles en Google Play. Una vez instalados, aparecen como opciones adicionales y se pueden aplicar a todo el sistema y a la mayoría de apps.
FlipFont no es exclusivo de Samsung: también se ha integrado en algunos HTC (con Sense 6.0), en el OnePlus One con CyanogenMod 11 y en bastantes dispositivos con ColorOS (como el Oppo N1). En todos ellos, el mecanismo es similar: los paquetes de fuentes se instalan como APK y luego se seleccionan desde Ajustes > Pantalla > Fuentes (o menú equivalente).
El proceso típico en un Samsung o en un HTC con FlipFont es tan sencillo como:
- Habilitar «Orígenes desconocidos» en Ajustes > Seguridad si vas a instalar un APK de fuentes descargado fuera de Play Store.
- Instalar el paquete de fuentes (APK) o la fuente concreta que quieras.
- Ir a Ajustes > Pantalla > Fuentes (o Tamaño y estilo de fuente).
- Escoger el estilo recién instalado y aplicarlo.
Eso sí, FlipFont cambia la fuente del sistema completo, pero no suele permitir aplicar una fuente distinta a una sola aplicación concreta. Si necesitas ese nivel de granularidad (por ejemplo, una fuente para el reloj y otra para el resto del sistema), tendrás que recurrir a soluciones con root o a módulos específicos.
Cambiar la fuente del reloj y del sistema en One UI modificando /system/fontsEn versiones más recientes de One UI (por ejemplo, One UI 4.1) algunos usuarios buscan ir un paso más allá y no conformarse con las opciones de FlipFont o la tienda de temas. Un caso típico es querer una fuente concreta para el reloj de la pantalla de bloqueo y otra distinta para la interfaz general, lo que lleva a experimentar directamente con los archivos TTF en /system/fonts.
En este contexto, es relativamente sencillo localizar y reemplazar el archivo responsable del reloj de la pantalla de bloqueo. En One UI 4.1, por ejemplo, el archivo Clock2021.ttf suele controlar la tipografía de ese reloj, y si se sustituye por otra fuente (manteniendo nombre y permisos correctos) el cambio se refleja sin mayor historia.
El problema viene cuando se intenta hacer lo mismo con la «fuente del sistema» genérica, ya que Samsung utiliza varios archivos sans en /system/fonts y un sistema de asignación de familias de fuentes que no siempre es evidente. Cambiar uno a uno todos los TTF con «sans» en el nombre no siempre da resultado, porque hay mapas XML (como fonts.xml y similares) que definen qué archivo se usa para cada idioma, peso y estilo.
Esto implica que, aunque tengas root y puedas escribir en /system/fonts, no basta con ir a lo bruto sustituyendo TTF al azar si quieres identificar exactamente la fuente que actúa como «predeterminada». A menudo hay que:
- Comprobar los archivos de configuración de fuentes (XML) en el directorio correspondiente.
- Ver qué familia se asigna al estilo «sans-serif» o a la fuente que usa la capa (One UI añade sus propias capas encima).
- Reemplazar de forma cuidadosa el TTF que corresponde a esa familia, respetando nombres, permisos y propietario.
Como referencia práctica, muchos cocineros de ROM y usuarios avanzados prefieren recurrir a módulos o a ZIPs flasheables que ya contienen los TTF correctamente mapeados y los XML ajustados, en lugar de pelearse a mano con todos los archivos. Es una forma bastante más segura de no romper la interfaz si se comete un error.
Fonter y Xposed: cambiar la fuente con root de forma flexiblePara quienes no tengan un Samsung, ni un HTC con Sense 6.0 ni otra capa que soporte FlipFont, existe una alternativa muy potente: el módulo Fonter para Xposed. Este módulo nació en los foros de XDA y se ha convertido en una solución popular para cambiar fuentes a nivel de sistema.
Su principal ventaja es que, en lugar de limitarse a la tipografía global, permite cambiar la fuente de todo el dispositivo o solo de aplicaciones específicas. Es decir, puedes elegir una fuente distinta para una app concreta (por ejemplo, un lector de noticias) sin afectar al resto del sistema.
El funcionamiento básico es el siguiente:
- Tener el dispositivo rooteado e instalar Xposed Framework compatible con tu versión de Android.
- Desde el buscador de módulos de Xposed, localizar e instalar Fonter.
- Activar el módulo desde Xposed y reiniciar el dispositivo.
- Abrir la nueva app Fonter que aparece en el cajón de aplicaciones y escoger qué quieres cambiar: fuente global o de apps concretas.
La clave es que Fonter actúa como una capa intermedia sobre el sistema, inyectando la tipografía elegida sin necesidad de andar reemplazando archivos en /system/fonts manualmente. Esto reduce el riesgo de cargar archivos erróneos, aunque sigue siendo una herramienta avanzada que requiere root y Xposed, con todo lo que ello implica.
Huawei y EMUI: cambio de fuente con y sin rootHuawei, con su capa EMUI, lleva tiempo ofreciendo un sistema de temas muy potente que incluye la posibilidad de cambiar el tipo de letra sin necesidad de root en gran parte de sus dispositivos. Además, hay herramientas específicas para gestionar y crear fuentes en formato propio.
En la mayoría de versiones de EMUI, el método básico sin root funciona de dos formas: vía aplicación de terceros o manualmente copiando archivos .hwt a la carpeta de temas. Una de las apps más conocidas para ello es Huawei Themes Manager, que permite descargar y aplicar cientos o miles de tipografías.
Por ejemplo, el flujo típico con Huawei Themes Manager sería:
- Abrir la app y entrar en el apartado de Fuentes.
- Elegir una tipografía de la lista y pulsar en la opción equivalente a «Consigue esta fuente».
- Esperar a que se descargue el archivo .hwt y confirmar el aviso para abrir la app oficial de Temas de Huawei.
- Ir a la sección «Míos» dentro de Temas, donde aparecerá la fuente recién descargada, seleccionarla y pulsar en «Aplicar».
Si prefieres hacerlo de forma manual, se puede:
- Descargar fuentes en formato .hwt o en ZIP y renombrarlas de .zip a .hwt cuando proceda.
- Usar la app «Archivos» de Huawei para mover esos .hwt a la carpeta HWThemes de la memoria interna.
- Abrir la aplicación Temas, ir a la sección de fuentes o temas locales y aplicar la nueva tipografía.
Hay un matiz importante: en EMUI 5/5.1, el cambio de fuente sin root solo funciona si el móvil está configurado en inglés. Si lo tienes en español u otro idioma, la opción puede no aparecer o el cambio no aplicarse correctamente. Es una limitación conocida de esas versiones de la capa.
Con root, las posibilidades se amplían. Además de los métodos anteriores, puedes usar aplicaciones que instalan fuentes directamente en el sistema en formato TTF, sin restricciones de .hwt ni del idioma. Aquí entran en juego herramientas como Root Essentials, FontFix, iFont, Fonster o MWFonts, que vamos a ver con más detalle.
Aplicaciones con root para instalar fuentes TTFCuando ya tienes root y quieres ir más allá de lo que ofrecen los temas del fabricante, las apps especializadas en fuentes se convierten en una opción muy cómoda. La idea es siempre la misma: descargar la fuente en TTF y sustituir la usada por el sistema, haciendo copia de seguridad para volver atrás si algo no convence.
Entre las herramientas más recomendables destacan:
Root Essentials es una app muy completa para usuarios root que incluye, entre muchas otras funciones, un «Instalador de fuentes». Para usarlo, se accede al apartado de Interfaz > Instalador de fuentes y desde ahí se muestran todas las tipografías disponibles para descarga.
La gracia de Root Essentials es que, antes de aplicar la fuente, permite previsualizarla y crea automáticamente una copia de seguridad de la tipografía actual. De esta forma, si el cambio no te convence, puedes restaurarla sin tener que flashear nada ni tocar manualmente archivos del sistema. Al instalar una nueva fuente, el teléfono se reinicia para aplicar el cambio a nivel global.
FontFix (muy popular también en su variante para root) es otra gran alternativa. Su interfaz es sencilla: al abrirla, ves directamente una larga lista de fuentes. Al seleccionar una, se muestra una ventana de previsualización que compara la fuente actual con la nueva. Después se pulsa en «Install» y la app hace el resto: copia de seguridad, reemplazo de la fuente del sistema y reinicio.
Si todavía no encuentras lo que buscas, existen más opciones como iFont, Fonster y MWFonts. Muchas de ellas funcionan de forma muy parecida: conectan con repositorios de fuentes (Google Fonts, DaFont, etc.), descargan el TTF y lo instalan en el sistema mediante root. Conviene revisar siempre compatibilidad con tu marca y versión de Android, porque no todas se comportan igual en todas las capas.
Cambiar fuentes flasheando ZIPs desde TWRPOtra vía muy extendida entre los usuarios avanzados consiste en usar un recovery personalizado como TWRP para flashear paquetes ZIP que contienen colecciones de fuentes. Estos ZIP suelen traer ya la estructura de archivos correcta y los mapeos necesarios para que el sistema los reconozca, reduciendo la probabilidad de errores.
El proceso suele ser similar al de instalar un mod o un pequeño paquete de modificación:
- Descargar el ZIP de la fuente que quieras desde repositorios específicos (muchos vienen organizados por versión de Android: 3.x/4.x por un lado, 5.x/6.x/7.x por otro, etc.).
- Guardar el archivo preferiblemente en la tarjeta microSD o en el almacenamiento interno accesible desde TWRP.
- Reiniciar el dispositivo en modo recovery y entrar en TWRP.
- Seleccionar la opción Instalar, localizar el ZIP de la fuente (por ejemplo, «Decker Bold» u otra), deslizar para confirmar el flasheo y esperar unos segundos.
- Reiniciar el sistema desde TWRP para aplicar los cambios.
Este método es muy útil cuando quieres mantener una colección de fuentes probadas para tu versión de Android y pasarte de una a otra sin depender de apps de terceros. Eso sí, como siempre que se flashea algo en TWRP, es recomendable tener un backup de la ROM o un nandroid completo por si algo sale mal.
Crear tus propias fuentes para EMUI y temasPara quienes usan Huawei y además quieren un nivel extra de personalización, existe la opción de crear su propia fuente en formato .hwt a partir de archivos .ttf u .otf. Muchas funciones de este tipo están integradas en apps como Huawei Theme Manager, que incluyen un generador de fuentes.
El flujo de trabajo suele ser este:
- Descargar la tipografía que te guste en formato .ttf u .otf desde repositorios como Google Fonts, DaFont, etc.
- Guardar ese archivo en el móvil y abrir Huawei Theme Manager.
- Ir a la sección de Fuentes > Generar fuentes y seleccionar el archivo descargado.
- Pulsar en «Próximo paso», darle un nombre identificable a la fuente y tocar en «Generar».
- Elegir la opción de abrir la app oficial de Temas de Huawei y aplicar la nueva fuente como si fuera una más del catálogo.
De este modo, no dependes solo de las fuentes incluidas de serie o en los repositorios de la app, sino que puedes trasladar cualquier tipo descargado legalmente a tu EMUI en forma de .hwt. Es una manera bastante limpia de tener una tipografía totalmente a tu gusto sin root.
Cambio de fuentes por fabricante: opciones sin rootMás allá de Samsung y Huawei, prácticamente todos los grandes fabricantes han ido añadiendo, de una forma u otra, opciones para cambiar la fuente desde los ajustes o desde sus apps de temas. No siempre se puede tocar lo mismo, pero en general las posibilidades han crecido bastante.
En Samsung, como ya hemos comentado, el camino es Ajustes > Pantalla > Tamaño y estilo de fuente > Tipo de fuente. Desde ahí se puede cambiar el tamaño, el estilo y descargar más tipografías desde la tienda integrada.
En Vivo, el cambio suele encontrarse en Ajustes > Pantalla y brillo > Estilo de fuente, donde se listan todas las fuentes disponibles y se pueden aplicar con un toque. Algunas ROMs añaden además una previsualización.
En Xiaomi el truco es algo más peculiar: para poder cambiar la fuente en muchas versiones de MIUI, primero hay que ir a Ajustes > Ajustes adicionales y cambiar la región a India. Esto no altera el idioma del dispositivo, pero desbloquea el gestor de fuentes dentro de la app Temas, añadiendo una sección tipo «Mis fuentes» o «Texto».
En Oppo, Realme, Huawei y Honor, la modificación de la tipografía suele ir integrada en la app de Temas o en la Tienda de temas, en secciones dedicadas específicamente a fuentes o texto. Se busca el estilo que nos convenza, se descarga y se aplica. Cada capa tiene su propio sistema, pero la filosofía es la misma: usar el motor de temas para cambiar también la fuente del sistema.
Qué hacer en Android puro: accesibilidad, apps y launchersEn dispositivos con Android cercano al stock, como Google Pixel, muchos Motorola, Nokia y otros con Android One, la personalización de fuentes está mucho más limitada de serie. Aquí no suele haber un gestor de fuentes ni un sistema de temas tan elaborado como en las capas de los fabricantes chinos.
Las únicas opciones nativas pasan por ir a Ajustes > Accesibilidad y cambiar el tamaño de la fuente o activar el texto en negrita. No se puede seleccionar una tipografía totalmente distinta para la interfaz ni para las apps que usan la fuente del sistema por defecto.
Si aun así quieres jugar con las fuentes sin root, puedes recurrir a herramientas como zFont 3, una de las apps más populares hoy en día para cambiar tipografías. Es compatible con muchísimos fabricantes (Samsung, Vivo, LG, Huawei, Oppo, Realme, Xiaomi, Tecno, Infinix…) y se integra con los sistemas de temas de cada marca para aplicar las fuentes descargadas desde Google Fonts, DaFont y otros repositorios.
En muchos casos, zFont 3 te permite aplicar fuentes locales que hayas descargado tú mismo, siempre que el sistema sea compatible. Aun así, en Android puro y dispositivos sin motor de temas, las funciones de la app están más limitadas y puede no ser posible cambiar realmente la fuente del sistema completo sin root.
Otra opción práctica, aunque parcial, es cambiar solo la fuente de la pantalla de inicio y del cajón de apps usando un launcher de terceros. No toca la fuente en ajustes ni en notificaciones, pero a efectos visuales del escritorio supone un buen cambio.
Launchers que permiten cambiar la fuente en el escritorioSi tu móvil no ofrece ningún tipo de cambio de tipografía a nivel de sistema y no quieres rootearlo, los lanzadores de aplicaciones son tu mejor aliado. Un launcher sustituye la pantalla de inicio y el cajón de apps por una interfaz propia, y algunos incluyen ajustes para modificar la fuente de los iconos y de los menús.
Uno de los más conocidos es GO Launcher, que destaca precisamente por la cantidad de estilos de letra que integra. El procedimiento típico para cambiar la fuente es:
- Larga pulsación en un espacio vacío del escritorio para abrir el menú de ajustes de GO.
- Entrar en Ajustes GO y después en la sección de Fuente > Seleccionar fuente.
- Pulsar en «Explorar fuente» para que el launcher escanee todas las fuentes presentes en el dispositivo.
- Escoger la que quieras y aplicarla.
Otro launcher muy popular es Apex Launcher, que también permite cambiar el tipo de letra, aunque ofrece menos estilos preinstalados que GO. En la configuración de Apex se puede ajustar la fuente para la pantalla de inicio y para el cajón de aplicaciones, normalmente en las secciones «Layout & Style» y «Drawer Layout & Icons».
Nova Launcher, que suele ser el favorito de muchos usuarios avanzados, no está tan centrado en el cambio de tipografía, pero sí ofrece la opción de modificar el tamaño de la letra y elegir entre algunas fuentes predefinidas. No llega al nivel de GO Launcher en personalización de fuentes, pero en conjunto es muy flexible y ligero.
Eso sí, hay que tener claro que el cambio de fuente mediante launchers solo afecta a la interfaz que controla el propio launcher: escritorio, cajón de aplicaciones y, a veces, el dock. No se verá reflejado en las notificaciones, ajustes del sistema ni en aquellas aplicaciones que se apoyan en la tipografía global del sistema operativo.
Volver a la fuente original del sistemaDespués de experimentar con tantas tipografías, es fácil que llegue el momento en el que quieras regresar a la fuente original que traía tu Android. Por suerte, en la mayoría de métodos comentados es bastante sencillo volver atrás.
Si has cambiado la fuente usando los ajustes de pantalla o la app de temas de tu fabricante, basta con:
- Entrar de nuevo en Ajustes > Pantalla > Fuente (o en la sección correspondiente de la app Temas).
- Seleccionar la fuente por defecto o el tema original del teléfono.
- Aplicarlo y esperar a que se actualice la interfaz.
En Huawei con EMUI, si has usado archivos .hwt, puedes descargar el tema o fuente original desde los enlaces oficiales que suelan proporcionar algunos desarrolladores, moverla a la carpeta HWThemes y aplicarla desde la app Temas, igual que hiciste con las personalizadas.
Si utilizaste apps con root como Root Essentials, FontFix, iFont, etc., casi todas ellas crean automáticamente una copia de seguridad de la fuente original antes de instalar una nueva. En los ajustes de dichas aplicaciones suele haber una sección de «Restaurar fuente» o similar que te permite volver a ese estado previo sin complicaciones extra.
En el caso de haber flasheado fuentes mediante TWRP, lo más prudente es disponer de un backup nandroid de la ROM realizado antes de empezar a probar paquetes. Si lo tienes, restaurarlo te devolverá el sistema exactamente al punto de partida. Si no hiciste copia, revisa si el paquete de fuentes que flasheaste incluía un ZIP para restaurar la fuente stock.
En resumen, el ecosistema Android ofrece mil y una maneras de cambiar el tipo de letra, desde los ajustes más sencillos sin root hasta la sustitución manual de TTF en /system/fonts con acceso root. La clave es valorar cuánta personalización necesitas realmente (¿fuente global o distinta por aplicación?, ¿reloj con tipografía propia?) y hasta qué punto quieres asumir los riesgos de trastear con la raíz del sistema. Con las herramientas adecuadas y un poco de cuidado, puedes dejar tu móvil con una estética de texto totalmente a tu gusto sin renunciar a la estabilidad.
La generación Z invierte el 60% de su sueldo en un iPhone (en el mejor de los casos). Y pese a todo, lo prefieren antes que un Android
Los jóvenes que hoy tienen entre 15 y 28 años (los de la llamada Generación Z) representan un 25% de la población mundial. Y entre sus particularidades compartidas, hay una que llama especialmente la atención: su preferencia hacia los iPhone por encima de cualquier otro móvil.
Habrá excepciones, evidentemente, pero hay varios estudios que reflejan esta tendencia generacional a comprar smartphones de Apple. El de Piper Sandler es uno de ellos. En otros vemos tal pasión por los iPhone que incluso les importa poco dejar de lado otras prioridades. Aunque no en todos los países se prefieren por una misma razón.
El drama de las burbujas verdesAunque hay móviles Android de alta gama con precios superiores al de los iPhone más caros (véase como ejemplo el reciente OPPO Find X9 Ultra por 1.699 euros), en general suelen ser más baratos. Sobre todo porque existe una gama media y gama de entrada de la que carece Apple.
Pese a ello, los más jóvenes suelen preferir un iPhone de segunda mano antes que un Android. En países como Estados Unidos lo declaran así hasta un 87% de los gen Z, siendo además fieles al ecosistema de la marca y portando otros dispositivos como Apple Watch, AirPods y/o Mac.
El caso estadounidense tiene un componente cultural clave: iMessage. A diferencia de países como España, donde WhatsApp se consolidó rápidamente, en Estados Unidos los SMS ya eran gratuitos desde hace años, lo que facilitó la adopción de iMessage. Este servicio distingue los mensajes según el dispositivo: burbujas azules si proceden de otro iPhone y verdes si llegan desde Android u otros sistemas.
En Applesfera ¿Te acabas de comprar el MacBook Neo? 16 cosas que te recomiendo hacer si vienes de un PC con WindowsEse detalle aparentemente menor ha acabado teniendo impacto social. Algunos reportes de medios como The Wall Street Journal o The New York Times revelan cómo algunos jóvenes llegan a sentirse excluidos o estigmatizados por usar Android, generando una presión social que empuja a elegir iPhone incluso por encima de criterios económicos. Incluso hemos podido saber que es un problema que se extiende a algunos adultos.
En España hay otras cuestiones {"videoId":"x9qbkto","autoplay":true,"title":"Qué iPhone comprar 2026", "tag":"webedia-prod", "duration":"552"}En países como España, donde alrededor del 49% de los jóvenes opta por iPhone según StatCounter, las razones son distintas. Aquí no existe esa presión social asociada a la mensajería y, aunque algunos lo eligen por imagen, predominan factores como la fiabilidad del sistema, la calidad del hardware, la durabilidad gracias al soporte de actualizaciones y la integración del ecosistema.
Ese último punto se refuerza con datos de CIRP, que muestran cómo la compra de un iPhone suele ir acompañada de otros dispositivos de Apple: por cada 100 iPhone vendidos, se adquieren aproximadamente 80 AirPods, 48 Apple Watch, 25 iPad y 7 Mac.
En términos económicos, existe un contraste evidente. Según los últimos datos del INE, el salario medio en España es de 2.385 euros al mes, aunque si ampliamos la lupa y nos fijamos en datos sobre los más jóvenes, veremos que los menores de 25 años unos 1.245 euros mensuales.
En Applesfera La primera gran novedad confirmada de iOS 27 es para todos: Apple reinventa su accesibilidad con Apple IntelligenceEsto significa que invertir en el iPhone más barato les supone alrededor de casi un 60% del sueldo. Y eso que hablamos de terminales como el iPhone 17e que parte de los 709 euros (algo menos ahora con ofertas). Si miramos al iPhone 17 (959 euros), este les supondrá ya casi un 80%. Los iPhone 17 Pro y 17 Pro Max (1.319 y 1.469 euros) les supondría más de un mes de sueldo.
Eso es lo que sirve para reflejar el interés particular de los jóvenes españoles en optar por dispositivos de segunda mano o reacondicionados. Es una forma más económica de obtener un iPhone que, aunque no sea 100% nuevo, ni sea lo último, les permite tener acceso a todo ese ecosistema de funciones y productos que citábamos anteriomente.
Imagen de portada | Apple
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La generación Z invierte el 60% de su sueldo en un iPhone (en el mejor de los casos). Y pese a todo, lo prefieren antes que un Android
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Álvaro García M.
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En 2008, Apple retiró de su tienda una aplicación que costaba 999 dólares. Su única función presumir ser rico
Hay muchas formas de demostrar que eres rico. Un buen coche, una buena casa, un reloj de lujo... En 2008, alguien pensó que también podía ser con una aplicación. Pero para entender esta historia, hay que volver a una época donde pagar por una app era algo bastante nuevo.
Estamos en julio de 2008. La App Store acababa de nacer y nadie sabía muy bien qué hacer con ella. El iPhone llevaba apenas un año en el mercado, y la idea de pagar por software en un teléfono era algo inaudito para la mayoría de las personas.
Las aplicaciones más populares eran simuladores de mecheros, otras con las que parecía que bebías una cerveza inclinando el iPhone, o sonidos de pedos. La gente descargaba cualquier cosa por curiosidad. Pero había algo que molestaba a algunos usuarios: el precio. La gente se quejaba cuando una aplicación costaba más de un dólar. Para muchos, pagar por software móvil seguía siendo un concepto extraño.
{"videoId":"x96o9qy","autoplay":true,"title":"Más allá de la APP STORE- Instala MÁS TIENDAS de forma FÁCIL en tu iPhone", "tag":"", "duration":"435"} ¿No quieren pagar 0,99? Pues crearé una de 999 dólares.Armin Heinrich, un desarrollador alemán, estaba harto de escuchar estas quejas sobre los precios. Así que decidió darles una lección que nadie olvidaría: "I Am Rich". Una aplicación que costaba 999 dólares (799 euros) y que hacía, literalmente, nada útil.
La descripción de la app era bastante sincera: "una obra de arte sin función oculta alguna". Al abrirla, aparecía una gema roja brillante. Si la presionabas, una voz decía: "I am Rich, I deserv it, I am good, healthy and successful!" Si quieres verla en acción, alguna persona todavía la conserva en sus viejos dispositivos y lo ha subido a YouTube.
La única utilidad de la app era mostrar una gema y un texto al pulsar en la "i"Heinrich le dijo al New York Times que "la aplicación es una forma de arte, no esperaba que la gente la comprara". Su mensaje era una reivindicación: si te quejas por pagar un dólar, aquí tienes algo que sí que es caro.
La única utilidad de la app era mostrar una gemaHeinrich pensó que nadie compraría su aplicación, pero se equivocó. Ocho personas la compraron en las primeras horas: seis estadounidenses y dos europeos. La mayoría afirmó haberla comprado por error.
Una de las reseñas más desesperadas decía:
Vi esta aplicación con algunos amigos y, en broma, hicimos clic en 'comprar', pensando que era una broma... Llamé a mi tarjeta Visa y verificaron que me habían cobrado 999,99 dólares. Esto no es una broma. No compren esta aplicación.
La aplicación duró exactamente 24 horas en la App Store. El 6 de agosto de 2008, Apple la eliminó sin dar explicaciones. Los medios la habían destrozado, calificándola como "estafa" y "timo fraudulento".
Heinrich ganó 5.600 dólares (Apple se quedó con 2.400 en comisiones), pero la empresa reembolsó a dos compradores que habían comprado la app por error. El desarrollador admitió que se alegraba: "No quiero cobrar dinero de personas que lo hicieron por accidente".
Las aplicaciones a 999 dólares siguen existiendo hoySi aquello de 2008 nos pareció una broma, y de hecho lo fue, la realidad es que hoy en día hay más de una aplicación a 999 dólares o euros. Es más, ahora podrían costar aún más caro, porque Apple subió el límite hasta los 10.000.
Lo que Heinrich hizo como protesta se ha convertido en un mercado real. En 2022, Apple decidió que los desarrolladores necesitaban más flexibilidad en los precios y expandió las opciones desde 0,29 euros hasta 10.000 euros, con 900 puntos de precio diferentes. Pero lo más curioso es que algunas de las aplicaciones más caras de hoy cuestan exactamente lo mismo que "I Am Rich": 999,99 dólares. La diferencia es que ahora sí hacen algo útil.
En Applesfera El nombre 'App Store' ya existía cinco años antes del iPhone. Steve Jobs consiguió hacerse con la marca sin pagar un solo dólarCyberTuner es el ejemplo perfecto. Cuesta exactamente lo mismo que la gema roja de Heinrich, pero en lugar de mostrar una piedra brillante, afina pianos profesionales. Los afinadores la consideran una inversión porque sustituye equipos que cuestan entre 3.000 y 5.000 euros. Utiliza tecnología patentada desarrollada durante más de 25 años. Incluye hasta una suscripción adicional llamada CyberCare que cuesta otros 94,99 euros al año.
Archipad Classic cuesta 799,99 euros y convierte tu iPad en una herramienta completa de gestión de proyectos de construcción. Incluye gestión completa de proyectos, colaboración en tiempo real con equipos grandes, integración con AutoCAD y seguimiento de presupuestos.
Pero no todas las aplicaciones de ostentación han sobrevivido. VIP Black, que llegó a costar 999,99 euros y requería demostrar un patrimonio superior a 1 millón de euros para acceder a servicios exclusivos, ya no está disponible en la App Store.
Abu Moo Collection, que costaba 2.100 euros por seis compras in app que solo mostraban piedras preciosas virtuales, también desapareció. Most Expensive Calculator, una calculadora de 649,99 dólares que hacía las mismas operaciones que la gratuita del iPhone, corrió la misma suerte.
La diferencia entre 2008 y hoy es que ahora sabemos exactamente lo que estamos comprando. Heinrich demostró que la gente pagaría cualquier precio por estatus digital. Dieciocho años después, no solo tenía razón, sino que subestimó el mercado. Su broma de mil dólares ahora vive en un mundo donde puedes pagar 10.000 euros por una aplicación. Y ese límite, por cierto, sigue vigente.
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En 2008, Apple retiró de su tienda una aplicación que costaba 999 dólares. Su única función presumir ser rico
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Applesfera
por
Guille Lomener
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Arquitectura de la pantalla de inicio: Widgets y productividad
Si usas el móvil para todo, los widgets en la pantalla de inicio pueden marcar la diferencia entre llegar a todo o vivir apagando fuegos. No son solo adornos: bien elegidos, te ahorran toques, tiempo y distracciones, y convierten tu Android en un panel de trabajo de tu día a día.
Con Android 12 y el diseño Material You, Google les ha dado una segunda vida, y muchas apps se han puesto las pilas con widgets potentes para tareas, calendario, clima, productividad y accesos directos. Vamos a ver en detalle cómo usarlos a tu favor, qué tipos hay y qué debes tener en cuenta para que no te coman batería ni espacio visual.
Qué son los widgets y por qué influyen tanto en tu productividadUn widget es básicamente una ventana interactiva que colocas en la pantalla de inicio para ver información o hacer acciones rápidas sin abrir la app completa. Desde ver tus tareas del día hasta leer correos o comprobar cuánto falta para un evento importante, todo sin entrar en menús.
En Android llevan muchos años entre nosotros, pero con las últimas versiones del sistema han mejorado en diseño, compatibilidad con temas dinámicos y funciones. Eso se traduce en que ahora puedes montar pantallas de inicio pensadas como paneles de trabajo, no solo como un mosaico de iconos.
Google ha impulsado fuerte esta idea con sus propias apps: Gmail, Calendar, Maps, Fotos, Chrome, incluso el widget «De un vistazo» de los Pixel, que combina eventos, recordatorios, clima y datos de actividad en un solo bloque bastante útil.
Además, cada vez más aplicaciones de terceros están ofreciendo widgets muy completos: gestores de tareas, contadores, planificadores familiares, tableros Kanban, widgets de productividad con estadísticas, atajos configurables para acciones repetitivas, etc. Si te organizas bien, puedes reducir muchísimo la cantidad de veces que entras en las apps.
Otro punto importante: los widgets también son personalización. Puedes elegir diseños minimalistas, fondos transparentes, colores que combinen con tu wallpaper o modos compactos. Todo eso hace que tu pantalla de inicio sea más clara, legible y agradable de usar, que al final también afecta a tu productividad.
Impacto real de los widgets en la bateríaUna duda muy típica es si los widgets «chupan» mucha batería. La experiencia real en terminales actuales, como un Samsung Galaxy S25 Ultra o similares, es que el consumo extra no es tan dramático como muchos piensan, siempre que no abuses de ciertos tipos concretos.
La clave está en el tipo de widget:
- Widgets dinámicos que se actualizan a menudo (clima, actividad diaria, salud, tráfico en tiempo real) consultan datos con cierta frecuencia y pueden consumir algo más.
- Widgets estáticos o de actualización puntual (fecha, día, calendario simple, panel de mantenimiento del dispositivo) apenas tienen impacto: solo cambian cuando hay un evento nuevo, un cambio de día o cuando abres el widget.
Si montas una pantalla llena de widgets de clima, seguimiento deportivo y datos en tiempo real, sí notarás algo. Pero con una combinación razonable, el efecto es mínimo: usuarios con varios widgets activos siguen logrando 8-9 horas de pantalla activa al día con Bluetooth encendido, reloj conectado y rutinas de ahorro de energía.
Para quienes priorizan la autonomía, la estrategia es sencilla: apuesta por unos pocos widgets bien escogidos, limita los que actualizan constantemente (sobre todo de clima o tracking) y usa tamaños compactos cuando sea posible. También puedes configurar un modo especial para reducir interrupciones.
En algunos móviles, si ves que un widget se comporta raro (se congela o se cierra), puede deberse al ahorro de batería agresivo del fabricante. Suele bastar con ir a Ajustes > Aplicaciones > > Batería y desactivar la optimización específica para esa app.
Widgets de Todoist: tareas y productividad desde la pantalla de inicioTodoist es uno de los gestores de tareas más conocidos, y su integración con Android incluye tres widgets clave que cubren casi todo el flujo de productividad: añadir tareas rápido, ver listas completas y revisar estadísticas de productividad y Karma.
Los tres tipos de widget son:
- Atajo para añadir tareas: un botón que abre la ventana de Añadir rápido para escribir una tarea sin entrar en la app. Ideal si te pasas el día capturando ideas.
- Widget de lista de tareas: muestra un proyecto, etiqueta, vista o filtro de Todoist y te deja interactuar con él desde la pantalla de inicio.
- Widget de productividad: enseña un resumen de tus estadísticas (objetivos diarios/semanales y puntuación de Karma actual). Si tienes Todoist Pro o Business, también puedes ver metas y tendencias semanales.
Para añadir cualquiera de ellos, el proceso estándar en Android es:
- Pulsa durante unos segundos en un hueco vacío de la pantalla de inicio.
- Toca en «Widgets».
- Busca «Todoist» en la lista y elige el tipo de widget.
- Mantén pulsado y suéltalo en el lugar deseado.
- Ajusta el tamaño arrastrando los tiradores si quieres.
El widget de lista es el más potente porque te permite gestionar tu bandeja de tareas sin abrir Todoist. Nada más colocarlo, se abre su pantalla de configuración, donde puedes personalizar varios aspectos con una vista previa en la parte superior.
Opciones disponibles:
- Vista que se muestra: elige si quieres ver la bandeja de entrada, un proyecto concreto, una etiqueta o un filtro personalizado. Puedes cambiarlo en cualquier momento.
- Tema visual del widget: desde el clásico rojo/blanco de Todoist hasta el modo oscuro integral u otros estilos predefinidos (como «Oscuro transparente» o «Compacto»). Solo se aplica al widget, no a la app entera.
- Tamaño de fuente: Normal (igual que la app) o Pequeño para meter más tareas en el mismo espacio.
- Opacidad: de 0 (completamente transparente) a 100 (opaco). Útil para integrarlo con fondos de pantalla claros o muy recargados.
- Modo compacto: reduce la altura de cada tarea para mostrar más líneas; verás fecha y prioridad mediante un color lateral, pero desaparece el círculo de completar directo.
- Icono de Todoist: puedes mostrar u ocultar el icono en la barra superior del widget; si lo tocas, se abre la app completa.
- Estilo predeterminado: un conjunto de combinaciones ya hechas por si no quieres entretenerte configurando todo a mano.
Una vez elegidas las opciones, tocas el icono de confirmación (visto) en la esquina superior para guardar. Desde ese momento, el widget pasa a ser tu «mini Todoist» anclado al escritorio.
Qué puedes hacer directamente en el widget de lista:
- Tocar una tarea para abrir su vista detallada, editarla o completarla desde allí.
- Tocar el círculo junto a cada tarea para marcarla como hecha (en modo compacto no aparece, pero siempre puedes abrir la tarea).
- Usar la flecha hacia abajo de la parte superior izquierda para cambiar rápidamente de proyecto, etiqueta o filtro.
- Tocar el signo + en la esquina superior derecha para crear una tarea al vuelo.
- Redimensionar el widget manteniéndolo pulsado y arrastrando sus bordes para adaptarlo al espacio.
El widget de productividad está pensado para quienes quieren tener presentes sus objetivos diarios o semanales sin tener que abrir el apartado de estadísticas de la app.
En su configuración puedes ajustar:
- Tema de color: eliges un tono que encaje con tu fondo o con tu estado de ánimo del momento.
- Opacidad: igual que en el widget de lista, controlas la transparencia.
- Acción al tocar el widget: puedes decidir si, al pulsarlo, se abre directamente la sección de Productividad o la página de Inicio de Todoist.
- Objetivos de productividad: número de tareas diarias y semanales, rachas, etc. Estos ajustes se pueden cambiar siempre que lo necesites.
- Tamaño: como cualquier widget de Android, se puede redimensionar manteniendo pulsado y arrastrando.
Si en algún momento quieres retocar la configuración de estos widgets, basta con mantener pulsado el widget y arrastrarlo hasta el icono de Ajustes del widget (Android 12+). En algunos dispositivos con Android 11 o anterior, verás directamente un pequeño engranaje dentro del propio widget.
Otros widgets potentes para la pantalla de inicioMás allá de Todoist, hay un buen puñado de widgets que encajan perfecto en una pantalla de inicio orientada a productividad y que complementan muy bien tu flujo de trabajo diario.
1. Widget de WhatsApp: leer sin abrir la appWhatsApp incluye un widget de conversaciones que te permite ver todos los mensajes sin leer directamente en la pantalla principal, sin necesidad de entrar en la aplicación ni abrir los chats.
Este widget es especialmente útil si no quieres dejar a nadie «en visto» con el famoso doble check azul. Puedes consultar los mensajes, valorar si requieren respuesta inmediata y luego ya decidir si entras al chat. Minimiza distracciones y te evita entrar en la app cada dos minutos.
2. Widgets de calendario: tu agenda siempre a la vistaEl calendario es un clásico en cualquier pantalla de inicio orientada a organización. Google Calendar ofrece un widget muy completo que se sincroniza con todas tus cuentas (personal, trabajo, estudios, etc.) y te deja ver el día, la semana o el mes de un solo golpe de vista.
Ventajas de usar un widget de calendario:
- Ver de inmediato qué tienes hoy o mañana sin abrir la app.
- Detectar huecos libres para meter reuniones o tareas largas.
- Evitar solapamientos entre trabajo, estudios y vida personal.
Además de Google Calendar, hay alternativas muy interesantes centradas en diseño y personalización:
- Calendar Widget Lite: apuesta por un diseño limpio y muy cuidado.
- Month: se integra con Google Calendar, pero te permite un nivel de personalización superior en cuanto a colores, tamaños y estilo.
Premura es un widget pensado para que no pierdas de vista tus fechas importantes. Creas un evento, le pones fecha y el widget te muestra una cuenta regresiva en la pantalla de inicio: cuántos días/hours faltan para ese momento.
Es muy útil para cosas como:
- Fecha de exámenes o entregas de proyectos.
- Viajes, vacaciones o eventos familiares.
- Lanzamientos, plazos de trabajo, etc.
El punto fuerte de Premura es la personalización visual y lo fácil que es compartir eventos con amigos o compañeros, de modo que todos tienen la misma cuenta atrás en su móvil.
4. Action Blocks: atajos en forma de bloques gigantesAction Blocks es una app de Google pensada originalmente para accesibilidad, pero que se ha convertido en una herramienta brutal para crear accesos directos muy grandes y claros en la pantalla de inicio.
Con ella puedes configurar bloques que, con un solo toque, hagan cosas como:
- Llamar a un contacto concreto (por ejemplo, tu madre o tu pareja).
- Controlar dispositivos del hogar (temperatura, luces…).
- Abrir una ruta en Google Maps a una dirección fija.
- Lanzar una rutina concreta del Asistente de Google.
Es ideal para personas mayores, usuarios con dificultades para manejar el móvil o, simplemente, para quienes quieren reducir pasos en acciones que repiten varias veces al día. Visualmente se parece a los atajos de iPhone, pero pensado para Android y con integración profunda con los servicios de Google.
Widgets de Google que encajan en una pantalla de productividadLas propias apps de Google traen widgets que, bien combinados, convierten tu primera pantalla en un centro de mando de trabajo y vida personal. Algunos de los más útiles son:
Widget de tiempoEl widget de clima de Google te muestra de un vistazo la temperatura y las condiciones actuales en tu ubicación. Si lo tocas, se abre la vista completa con previsión de varios días.
Puede parecer algo trivial, pero saber si lloverá, si hará calor extremo o si cambia el tiempo a mitad de día te ayuda a planificar mejor desplazamientos, ropa, deporte o reuniones al aire libre.
Widget «De un vistazo» (At a Glance)Exclusivo (al menos en su versión más avanzada) de los Google Pixel, el widget «De un vistazo» concentra en una franja pequeña:
- Próximos eventos de calendario.
- Temporizadores y alarmas activas.
- Información de fitness (por ejemplo, actividad reciente).
- Recordatorios relevantes, hora de acostarse, avisos de tráfico, etc.
Es una de las piezas más útiles porque reduce la necesidad de abrir varias apps distintas para saber qué toca ahora, qué viene después o si deberías ir saliendo ya.
Widget de GmailEl widget de Gmail te lista los últimos correos entrantes de una bandeja o etiqueta concreta, de forma que puedes revisar lo importante sin abrir la app. Lo más práctico es configurarlo para mostrar la carpeta que realmente usas (Principal, Trabajo, una etiqueta de proyectos…).
Con este widget puedes:
- Ver remitente, asunto y parte del contenido.
- Ajustar el tamaño para mostrar más o menos mensajes.
- Entrar directamente a un correo tocándolo.
Ya lo hemos mencionado, pero merece hueco propio: el widget de Calendar es el rey para visualizar tu agenda diaria y semanal. Puedes colocarlo como tira horizontal para ver solo lo próximo, o como vista casi de pantalla completa si quieres tener siempre todo el mes visible.
En una configuración orientada a productividad, lo habitual es usarlo en formato compacto, de forma que solo veas los próximos eventos con sus horas. Si necesitas más detalle, entras en la app.
Otros widgets útiles de GoogleDependiendo de tu rutina, también pueden ayudarte:
- Widget de Google Maps: muestra tráfico y tiempo estimado de viaje hacia casa, trabajo u otro destino fijo. Muy útil cuando sabes que vas a salir en breve y quieres ver si hay atascos.
- Widget de Chrome: barra de búsqueda directa que abre el navegador con los resultados, ahorrando pasos para consultas rápidas.
- Widget de Google Fotos: una pequeña ventana a tus recuerdos que se va actualizando con fotos de tu nube. No es «productivo» en sentido estricto, pero da un punto humano y motivador a la pantalla.
- Widget de batería: muestra el nivel de batería de tu móvil y dispositivos conectados (auriculares, reloj, etc.), para saber de un vistazo qué tienes que cargar.
Además de las grandes conocidas, hay aplicaciones menos masivas que ofrecen un ecosistema completo de widgets para organizar casi toda tu vida desde la pantalla de inicio. Un ejemplo claro es la app que combina:
Funciones principales dentro de la app:
- Calendario integrado (sin sincronización todavía, pero útil para planificación local rápida).
- Notas y edición de PDF: tomar apuntes, subrayar documentos y tenerlos a mano.
- Rastreadores de actividad: seguimiento de hábitos, rutinas o tareas repetitivas.
- Planificador semanal tanto individual como compartido con miembros de la familia.
- Resumen de recordatorios con cuenta atrás, para tener siempre presentes las fechas clave.
- Tableros Kanban para proyectos grandes, con columnas tipo «Por hacer», «En progreso», «Revisión» y «Hecho».
Lo interesante es que todo esto viene acompañado de una colección de widgets pensados para que casi no tengas que entrar en la app, como muestra una aplicación para la productividad.
Lo interesante es que todo esto viene acompañado de una colección de widgets pensados para que casi no tengas que entrar en la app:
- Widgets de calendario minimalistas: dos variantes sencillas para ver el mes y los eventos.
- Nuevo widget de reloj con diseño llamativo, que además puede integrar información extra según la configuración.
- Widget de rastreador de actividad para marcar hábitos cumplidos directamente desde la pantalla de inicio.
- Widget de notas rápidas: perfecto para apuntar números de teléfono, ideas, tareas al vuelo.
- Widgets de lista mejorados, que ahora muestran también el título de la lista y permiten añadir elementos desde el propio widget.
La filosofía de esta app es clara: cada widget está diseñado para que puedas editar notas, gestionar actividades, añadir tareas o manipular el calendario sin salir de la pantalla de inicio. Es decir, no solo miras información, también actúas desde ahí.
El desarrollador mantiene un ritmo de actualización constante (con hitos como la versión NOS 4.0) y ha anunciado planes de añadir compartición de listas, sincronización en la nube, app web para PC y otras funciones colaborativas. Es una buena opción si quieres concentrar organización personal, familiar y de proyectos en un mismo entorno con muchos widgets dedicados.
Cómo organizar tus pantallas de inicio para ser más productivoMás allá de qué widgets uses, la clave está en cómo distribuyes tus pantallas de inicio. Una buena práctica, vista en usuarios que exprimen bastante Android, es separar por roles:
En la primera pantalla:
- Widget de tiempo.
- Widget «De un vistazo» o similar que reúna eventos, recordatorios y avisos.
- Widget de Calendar en formato compacto.
- Widget de lista de tareas (por ejemplo, Todoist) con las tareas del día.
En una segunda pantalla:
- Widget de Gmail para correos importantes.
- Algún widget de notas o recordatorios rápidos.
- Widgets de accesos directos (Action Blocks) para acciones que repites mucho.
En una tercera pantalla, más «relajada»:
- Widget de Google Fotos, mostrando recuerdos.
- Widget de batería para el estado del móvil y gadgets conectados.
- Algún widget de entretenimiento (por ejemplo, de YouTube o música) si lo usas a diario.
La idea es que al desbloquear el móvil veas siempre tareas, agenda y contexto, y tengas que desplazarte a otras pantallas solo cuando quieras correo, accesos especiales o cosas personales.
Montar este «panel» con un lanzador adecuado no lleva más de unos minutos, y una vez hecho notarás que abres muchas menos apps, que pierdes menos tiempo saltando entre menús y que te resulta más fácil mantener tu día bajo control con solo mirar la pantalla de inicio.
Usar bien los widgets convierte tu Android en algo mucho más parecido a un escritorio de trabajo que a un simple lanzador de aplicaciones: con las herramientas adecuadas delante, una estructura clara por pantallas y un ojo puesto en el impacto en la batería, es sencillo construir una pantalla de inicio que te ayude a concentrarte, cumplir plazos y simplificar tareas repetitivas sin complicarte la vida.
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Se filtran las primeras fundas del iPhone 18 y 18 Pro: no dejan lugar a la imaginación
Cada año, antes de que Apple diga nada, los fabricantes de fundas ya saben cómo va a ser el próximo iPhone. Ellos reciben las dimensiones oficiales del dispositivo con meses de antelación para poder tener stock listo el día del lanzamiento. Por eso, cuando empiezan a circular fundas en internet a finales de mayo, merece la pena prestarles atención. Son de los primeros indicios físicos de lo que viene y suelen acertar.
El filtrador Majin Bu acaba de publicar en X las primeras fundas transparentes MagSafe del iPhone 18, 18 Pro y 18 Pro Max, y lo que muestran los recortes de cámara confirma bastante bien lo que ya apuntaban otras filtraciones anteriores. Pocas sorpresas en el modelo base y, en los Pro, el módulo de cámara sigue ocupando cada vez más espacio.
Majin Bu no es un nombre cualquiera en el ecosistema de filtraciones de Apple. Es uno de los filtradores con mejor historial en accesorios y dimensiones de dispositivos. El año pasado fue precisamente él quien adelantó detalles sobre las fundas del iPhone 17 que luego resultaron correctos.
En este caso, las fotografías que comparte no son fundas oficiales de Apple, sino más bien las típicas fundas baratas de AliExpress o Amazon. Pero el molde es el mismo para todas. Cuesten cinco o cincuenta euros.
{"videoId":"x8d2ffh","autoplay":true,"title":"ADIÓS A LAS FUNDAS AMARILLENTAS | PONGO A PRUEBA LOS TRUCOS MÁS VIRALES DE INTERNET", "tag":"webedia-prod", "duration":"767"} Los Pro: el módulo de cámara sigue creciendoAnalicemos las fundas del iPhone 18 Pro y 18 Pro Max. El recorte de cámara es similar al del año pasado, pero algo más grande. Y encaja perfectamente con lo que ya contábamos en abril a partir de los primeros moldes físicos filtrados.
El crecimiento de estas cámaras viene condicionado por la nueva funcionalidad estrella: la apertura variable. Con el iPhone 18 Pro se podrá controlar mecánicamente cuánta luz entra al sensor, abriendo o cerrando el diafragma como en una cámara réflex.
Más mecánica, más volumen, más joroba. Los números que ya teníamos apuntaban a casi un milímetro más de protuberancia en el iPhone 18 Pro. Por lo que podemos ver en el resto de la funda, cero sorpresas. Mismo diseño que el iPhone 17 Pro. Lo único que cambiará Apple será la parte delantera, con una Dynamic Island más pequeña. Pero por detrás, todo se queda igual.
El iPhone 18 base: sin sorpresas, salvo por la fechaEl iPhone 18 también se ve igual que el iPhone 17. Misma funda, misma disposición de cámaras. En su caso, sin módulo horizontal como en los Pro. Y, por supuesto, con dos cámaras. Continuista, un año más. Un rediseño que ya llegó con el iPhone 16 y que Apple suele estirar entre tres y cuatro años.
Aunque lo curioso de esta filtración no es tanto la funda, sino que se haya filtrado junto a la de los iPhone 18 Pro. ¿Por qué? Pues porque este año el iPhone 18 base llegará en primavera, no en otoño.
Apple ha cambiado el ciclo de lanzamiento para el modelo estándar, lo que significa que, en muchos sentidos, este iPhone ya está prácticamente definido desde ahora. Sí, a un año vista. Aunque sabemos que las novedades de los iPhone 18 se centrarán más en pantalla y procesador. Por eso el diseño ya pueden tenerlo cerrado. Y, a la vista está, que sí.
En Applesfera | Nuevos iPhone 18 Pro y 18 Pro Max - Todo lo que creemos saber sobre ellos
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Tráiler "Gardens of Death" de The Florist
Samsung ha conseguido sacar las castañas del fuego a Apple. La pantalla OLED (y táctil) del próximo MacBook Pro supera las pruebas
El MacBook Pro lleva años siendo el portátil más potente que hace Apple, pero arrastraba una deuda pendiente: la pantalla. Mientras el iPhone dio el salto a OLED hace casi una década y el iPad Pro llegó a esa tecnología en 2024, el Mac seguía con panel LCD con retroiluminación miniLED. Es bueno, pero no es lo mismo.
El problema no era que Apple no quisiera. Era que fabricar una pantalla OLED del tamaño de un portátil, con los estándares de brillo y durabilidad que Apple exige, resultaba difícil de escalar. Samsung, proveedor exclusivo de estos paneles, llevaba meses luchando con los rendimientos de su línea de producción.
Ahora, según publica el medio coreano The Elec, eso ha cambiado: Samsung ha superado el 90% de rendimiento, con algunas fases alcanzando el 95%. En la industria de las pantallas, eso tiene un nombre: golden yield. Y significa que la producción en masa por fin es viable.
{"videoId":"x9mvdvm","autoplay":true,"title":"Cadena de suministro de Apple", "tag":"", "duration":"54"} Fabricar una pantalla OLED para un Mac no es lo mismo que hacerla para un iPhoneCuando Apple trajo el OLED en el iPad Pro hace dos años, ya fue un salto complicado. Pero una pantalla de portátil es otra historia. El tamaño mayor implica más superficie donde algo puede salir mal durante el proceso de fabricación, y los requisitos que Apple impone para el MacBook Pro son más estrictos que para cualquier otro producto: más brillo sostenido, mayor durabilidad y una vida útil que tiene que aguantar años de uso intensivo profesional.
Para conseguirlo, los paneles del MacBook Pro usarán tecnología OLED en tándem de dos pilas, la misma que ya equipa al iPad Pro. A eso se suma un backplane de óxido TFT, que mejora la eficiencia energética y alarga la batería. Todo con un sistema de sellado contra la humedad llamado encapsulación híbrida, que protege el panel a lo largo del tiempo.
No es una pantalla OLED cualquiera. Es una pantalla OLED diseñada para aguantar el ritmo de trabajo de un profesional durante años, y eso tiene un coste de fabricación enorme que durante mucho tiempo hacía inviable producirla a escala.
El 90% de rendimiento que despeja el camino en SamsungEn la fabricación de pantallas, el rendimiento (o yield, en la jerga del sector) es el porcentaje de paneles que salen bien del proceso de producción. Cuando Samsung arrancó su línea "Gen 8.6" para estos paneles, los rendimientos eran bajos, lo que significa que una parte importante de cada lote acababa en la basura. Eso encarece el producto final, complica la planificación de suministro y hace imposible comprometerse con volúmenes grandes. Era el cuello de botella que mantenía al MacBook Pro OLED en el limbo.
Lo que se sabe ahora es que Samsung ha conseguido superar ese umbral. Con rendimientos por encima del 90% de forma consistente, y algunas fases del proceso llegando al 95%. Ese porcentaje se llama golden yield y significa que ya se puede fabricar a gran escala. Siendo estable, predecible y económicamente sostenible. Samsung empezó en 2023 con esta línea, y no ha sido hasta ahora hasta que han conseguido alcanzarlo.
Dos millones de pantallas y un contador ya en marchaCon los rendimientos bajo control, Samsung podría empezar a enviar paneles a los ensambladores de Apple tan pronto como en junio. El volumen estimado para este año ronda los dos millones de unidades, entre los modelos de 14 y 16 pulgadas que conformarán la nueva línea de MacBook Pro.
Samsung opera actualmente una de las dos líneas de producción que tiene planificadas para estos paneles. Si la demanda del MacBook Pro OLED supera las previsiones, tiene la segunda lista para activar y ampliar capacidad. Es decir, el techo de producción no está en el máximo actual: puede subir si hace falta.
Que Samsung haya resuelto el problema de fabricación es una buena noticia, pero no despeja todas las incógnitas. Mark Gurman ha repetido en varias ocasiones que los nuevos MacBook Pro de 14 y 16 pulgadas con OLED apuntan a finales de 2026 o principios de 2027, y la segunda ventana ha ganado peso en las últimas semanas por la escasez generalizada de chips que está afectando a toda la industria. El cuello de botella ya no es la pantalla, pero puede serlo la memoria.
Lo que sí sabemos del producto final empieza a tener buena pinta. Esta vez el listón está igual de alto, y por primera vez en mucho tiempo, la parte más difícil de conseguir parece estar resuelta.
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La noticia
Samsung ha conseguido sacar las castañas del fuego a Apple. La pantalla OLED (y táctil) del próximo MacBook Pro supera las pruebas
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
.
Fondos dinámicos de alto rendimiento: Guía de creación y uso
Los fondos dinámicos de alto rendimiento se han puesto muy de moda, pero a menudo se mezclan conceptos de inversión financiera, fondos de renta fija de alto rendimiento e incluso aplicaciones de fondos de pantalla dinámicos o “live wallpapers”. Todo esto genera bastante ruido, sobre todo cuando buscas información en Internet y te encuentras contenidos que hablan de gráficos, de tarjetas gráficas o de fondos de renta fija sin terminar de conectar bien las piezas.
En este artículo vamos a hacer algo diferente: vamos a integrar toda la información que suele aparecer dispersa en las mejores páginas que posicionan para este tipo de búsquedas. Por un lado, verás en detalle los riesgos y advertencias típicas de los productos de renta fija y fondos de alto rendimiento tal y como los explican grandes entidades financieras. Por otro, enlazaremos esa parte más técnica con el mundo de los fondos de pantalla dinámicos y las aplicaciones que los gestionan, incluyendo problemas habituales en Windows y en móviles, cómo se resuelven y qué debes tener en cuenta de cara al rendimiento y al consumo de recursos.
Qué son los fondos dinámicos de alto rendimiento en el contexto financieroCuando se habla en el entorno financiero de fondos de alto rendimiento, normalmente se hace referencia a vehículos de inversión que concentran una parte importante de su cartera en renta fija de mayor riesgo (por ejemplo, bonos high yield o de emisores con calificación crediticia más baja). Estos fondos buscan una rentabilidad superior a la de los bonos de alta calidad, pero a cambio asumen riesgos adicionales que conviene desmenuzar.
En la documentación de grandes bancos de inversión se insiste siempre en que invertir en productos de renta fija —incluidos los fondos que los agrupan— no es sinónimo de seguridad absoluta. Aunque se trate de renta fija, el precio de los títulos puede fluctuar y el inversor puede recuperar menos de lo aportado si vende o se reembolsa antes del vencimiento de los bonos subyacentes.
Un fondo al que se etiqueta como “dinámico” suele tener cierta flexibilidad en la asignación de activos. Por ejemplo, puede moverse entre diferentes plazos, diferentes calidades crediticias o incluso combinar renta fija, renta variable y otras clases de activos (inversiones alternativas, materias primas, etc.) en función de la visión del gestor sobre el mercado. Esa capacidad de maniobra puede incrementar tanto el potencial de rentabilidad como la complejidad de los riesgos.
Las entidades financieras acostumbran a remarcar que la diversificación y la asignación de activos no garantizan beneficios ni protegen siempre frente a pérdidas. Aunque un fondo dinámico de alto rendimiento reparta la inversión entre múltiples emisores, sectores o geografías, la evolución de tipos de interés, el contexto económico o eventos de crédito pueden afectar de forma simultánea a buena parte de la cartera.
Riesgos clave en renta fija y fondos de alto rendimientoEn los documentos de información para clientes privados se suele presentar una lista de riesgos clave asociados a la renta fija que también aplican de lleno a los fondos dinámicos de alto rendimiento. Aunque el lenguaje suele ser técnico, conviene traducirlo a algo más cercano para saber de qué hablamos exactamente.
El primero es el riesgo de tipo de interés. Cuando los tipos suben, el precio de los bonos ya emitidos tiende a bajar, y viceversa. Un fondo que tenga muchos bonos de larga duración puede sufrir pérdidas significativas en valor de mercado si se produce un ciclo alcista de tipos. Para el inversor, eso se traduce en que, si necesita salirse del fondo en un momento desafavorable, es posible que reciba menos dinero del que invirtió inicialmente.
Otro elemento fundamental es el riesgo de crédito. Los emisores de deuda (empresas, estados, etc.) pueden atravesar dificultades financieras, ver rebajada su calificación o incluso llegar al impago. En un fondo de alto rendimiento, donde hay más presencia de emisores con rating más bajo, esta amenaza es particularmente relevante. El gestor puede diversificar, pero no puede eliminar por completo la posibilidad de que un emisor falle.
También encontramos el riesgo de inflación. Si la inflación se sitúa por encima del cupón o de la rentabilidad efectiva que ofrece la cartera, el poder adquisitivo real del inversor se erosiona. Es decir, puede que recibas intereses, pero lo que compras con ese dinero cada vez es menos. En entornos inflacionistas prolongados, los fondos de renta fija mal posicionados lo pasan especialmente mal.
En la documentación se mencionan además otros riesgos menos comentados como el riesgo de opción de compra o cancelación anticipada, el riesgo de prepago y el de reinversión. Por ejemplo, si los emisores tienen la posibilidad de amortizar sus bonos antes del vencimiento y los tipos del mercado han bajado, es probable que ejerzan esa opción y el inversor se vea obligado a reinvertir en productos con cupones más bajos, reduciendo la rentabilidad futura.
Finalmente, no hay que olvidar el riesgo de liquidez. Cualquier título de renta fija vendido antes de su vencimiento puede sufrir descuentos importantes si no hay suficiente demanda o si el mercado atraviesa momentos de tensión. En un fondo dinámico de alto rendimiento, la liquidez puede verse comprometida en episodios de estrés, obligando al gestor a vender activos en condiciones poco favorables.
Advertencias habituales de las grandes entidades y papel del asesoramientoLas grandes gestoras y bancos globales subrayan que las opiniones, estrategias y productos descritos en sus documentos no son apropiados para todo el mundo. Suelen recordar que la rentabilidad histórica no es un buen indicador de lo que ocurrirá en el futuro, y que los escenarios teóricos o gráficos que muestran sirven solo como ejemplo y pueden diferir mucho de la realidad.
Hay un énfasis muy fuerte en que el inversor no utilice un único documento como base exclusiva para tomar decisiones. Se recomienda analizar en profundidad su propia situación financiera, sus objetivos, su tolerancia al riesgo y su horizonte temporal. En la práctica, esto se traduce en: antes de lanzarte a un fondo dinámico de alto rendimiento, si no tienes mucha experiencia, habla con profesionales y compara alternativas.
Estas entidades también dejan claro que el contenido que difunden no constituye una oferta ni una recomendación formal de compra o venta. Es decir, por mucho que un folleto o una nota de mercado parezcan sugerir que un fondo puede ser interesante, legalmente se protege dejando claro que esa información es general y no personalizada.
Por razones regulatorias, se insiste en que no proporcionan asesoramiento fiscal, legal o contable. Esto es importante porque la fiscalidad de un fondo, el tratamiento de las plusvalías o la optimización para un determinado país pueden tener un impacto muy significativo en la rentabilidad neta. Por tanto, la recomendación constante es que el inversor consulte con sus propios asesores especializados.
Además, cuando se menciona la actividad internacional, se advierte que la oferta de determinados fondos o valores puede estar restringida en algunos países. En varias jurisdicciones de América Latina, por ejemplo, ciertos fondos no pueden ofrecerse de forma pública si no se han registrado previamente en los organismos competentes, por lo que solo se comercializan de manera privada y con fuertes limitaciones a su posterior venta o transferencia.
Fondos dinámicos de alto rendimiento como fondos de pantalla y wallpapersEn paralelo al mundo financiero, la expresión fondos dinámicos de alto rendimiento se utiliza con frecuencia para hablar de fondos de pantalla animados o “live wallpapers” que buscan ofrecer la máxima calidad visual sin sacrificar el rendimiento del dispositivo. Aquí el concepto de “alto rendimiento” ya no tiene que ver con el cupón de un bono, sino con que la experiencia sea fluida, sin tirones, ni consumo excesivo de recursos.
Las aplicaciones de fondos de pantalla vivos prometen catálogos enormes de imágenes en 4K y Full HD, con animaciones y efectos que reaccionan al movimiento o al uso del móvil. Suelen organizar el contenido por categorías muy variadas: naturaleza (montañas, playas, bosques), espacio y galaxias (planetas, estrellas, nebulosas), anime y videojuegos, luces de neón, paisajes urbanos, patrones abstractos, animales y diseños minimalistas, así como secciones específicas como fondos para coches o estilos futuristas.
Un punto clave que destacan muchas de estas apps es que ponen el foco en la calidad de imagen y en los efectos inmersivos. Esto implica texturas detalladas, colores vivos y animaciones sutiles que no distraigan demasiado pero que aporten ese toque de dinamismo elegante. El objetivo es que la pantalla cobre vida, sin que el usuario perciba un consumo exagerado de batería o un calentamiento del dispositivo.
Además de la parte estética, los desarrolladores presumen de disponer de una aplicación ligera y rápida, capaz de funcionar en una amplia variedad de teléfonos y tabletas, desde los más modernos hasta modelos algo más antiguos. La optimización para todo tipo de tamaños y relaciones de aspecto de pantalla es esencial: los fondos deben adaptarse automáticamente sin quedar estirados o recortados de forma extraña.
Normalmente, este tipo de apps trabajan con una interfaz muy sencilla: el usuario puede navegar por las categorías, previsualizar los fondos y establecerlos como fondo de pantalla o pantalla de bloqueo en apenas unos toques. Algunas incluso permiten configurar un carrusel que cambie el fondo de forma automática cada cierto tiempo, manteniendo el toque dinámico sin que el usuario tenga que intervenir constantemente.
Rendimiento, recursos del sistema y resolución de problemas en WindowsCuando trasladamos la idea de fondos dinámicos de alto rendimiento al escritorio de un PC con Windows, entran en juego factores más técnicos relacionados con la tarjeta gráfica, los controladores y los efectos visuales del sistema operativo. Aquí el término “alto rendimiento” se convierte en un equilibrio entre calidad visual y estabilidad del sistema.
En muchos hilos de soporte oficial se ve que, cuando un usuario no puede aplicar correctamente un fondo de pantalla animado, los especialistas comienzan revisando los controladores de la tarjeta gráfica. Si se trata de una gráfica integrada (por ejemplo, en un portátil), se suele recomendar ir al Administrador de dispositivos, localizar el adaptador de pantalla y actualizar el controlador automáticamente. Si eso no basta, se sugiere desinstalar el dispositivo (incluyendo el driver) para que Windows instale un controlador genérico al reiniciar.
En caso de necesitar un funcionamiento más fino, lo habitual es acudir a la web oficial del fabricante (tanto de la marca del portátil o placa base como del propio fabricante de la GPU) para descargar la versión más reciente y compatible del controlador. En ocasiones, si la última versión genera conflictos, se prueban versiones anteriores que se sabe que funcionan bien con determinadas aplicaciones de fondos dinámicos.
Cuando la tarjeta gráfica es independiente (discreta), la recomendación suele ser utilizar una herramienta como Display Driver Uninstaller (DDU) para eliminar por completo los restos del driver actual, incluyendo entradas de registro y archivos residuales. Después, se instala desde cero la versión del controlador descargada desde la página oficial del fabricante de la tarjeta. Este procedimiento reduce mucho la probabilidad de conflictos.
Otro aspecto clave es la configuración de efectos visuales y animaciones de Windows. Las aplicaciones que muestran fondos animados pueden verse afectadas si en el sistema se han desactivado las animaciones por motivos de accesibilidad o rendimiento. En Windows 11, por ejemplo, se recomienda revisar el apartado de Accesibilidad y, dentro de Efectos visuales, comprobar que la opción de animaciones está activada para permitir que los fondos vivos se muestren correctamente.
Por último, el plan de alto rendimiento configurado también influye. Un perfil de ahorro extremo puede limitar el rendimiento de la GPU o de la CPU, provocando que las animaciones no se reproduzcan fluidamente o que se detengan. De ahí que se suela recomendar seleccionar un plan de alto rendimiento cuando se desea usar fondos dinámicos exigentes o aplicaciones en segundo plano que hacen uso intensivo de recursos gráficos.
Configuración de pantalla, software de terceros y reparaciones del sistemaMás allá de los controladores, la configuración de la pantalla y la frecuencia de refresco puede causar problemas con algunos fondos animados. Si la resolución configurada no coincide con la que espera la aplicación, o si la tasa de refresco es muy baja o inusual, es posible que aparezcan parpadeos, cortes o simplemente que el fondo no llegue a mostrarse. Por eso, se recomienda revisar en la Configuración de pantalla que la resolución nativa del monitor esté seleccionada.
En soportes técnicos oficiales se insiste también en tener en cuenta programas de seguridad y aplicaciones de optimización de terceros. Ciertos antivirus o suites de “tuneo” del sistema pueden bloquear o limitar la ejecución en segundo plano de aplicaciones como motores de fondos de pantalla animados. Se aconseja, como prueba, desactivar temporalmente estos programas o incluso desinstalarlos limpiamente para ver si el problema desaparece.
Cuando la causa no está clara, otra vía habitual es reinstalar el propio software de fondos animados, ya sea Wallpaper Engine, Lively Wallpaper u otras soluciones similares. Para ello, se utiliza el panel de Aplicaciones de Windows, se desinstala la aplicación afectada y luego se vuelve a instalar desde la tienda o la web oficial correspondiente, asegurando que se obtiene la versión más actualizada.
Si el problema persiste, los especialistas suelen plantear que el origen podría estar en archivos del sistema dañados o en el perfil de usuario. En este escenario, se recurre a herramientas integradas como DISM y SFC. Desde una consola con privilegios de administrador, se ejecutan comandos para comprobar, reparar la imagen del sistema y escanear archivos protegidos, repitiendo el procedimiento varias veces hasta que el escaneo indica que no hay errores.
Como alternativa de mayor calado pero aún sin perder datos, se propone una reparación no destructiva de Windows mediante una imagen ISO. El proceso consiste en descargar la ISO oficial, iniciar la instalación desde el propio sistema, seleccionar la opción de conservar archivos y aplicaciones personales y dejar que el instalador reemplace los componentes dañados. Si ni siquiera esto funciona, se valora crear una nueva cuenta de usuario con permisos de administrador o realizar un arranque limpio para ir descartando servicios y programas que se cargan al inicio.
En conjunto, todo este abanico de pasos muestra que, incluso para algo aparentemente tan sencillo como un fondo dinámico de alto rendimiento, la interacción entre software, hardware y configuración es compleja. Por eso, cuando algo falla, conviene abordar el diagnóstico de forma ordenada, cambiando solo una variable cada vez para detectar la causa real del problema.
Todo lo anterior nos deja un doble aprendizaje interesante: en el plano financiero, los fondos dinámicos de alto rendimiento exigen comprender bien los riesgos de la renta fija, las limitaciones de la diversificación y el papel del asesoramiento profesional; en el plano tecnológico, los fondos de pantalla dinámicos de alta calidad dependen de drivers actualizados, una configuración de sistema coherente y cierta tolerancia al consumo de recursos. Entender ambas caras de la moneda ayuda a no dejarse llevar ni por las promesas de rentabilidades elevadas ni por efectos visuales espectaculares sin haber valorado antes el coste real que implican.
Monitorización de sistema desde la barra de estado: Guía completa
Si trabajas muchas horas con el ordenador, tarde o temprano te interesa tener una forma clara y discreta de vigilar qué está haciendo el sistema: cuánto consume la CPU, si la RAM va al límite, cómo va la red o si algún proceso se está descontrolando. Una de las maneras más cómodas de hacerlo es usando la barra de estado y otros elementos permanentes de la interfaz, ya sea en Windows, en Android o en paneles web de monitorización.
Lejos de ser un simple adorno, la barra de estado y las barras del sistema se han convertido en un espacio clave para mostrar información técnica sin interrumpir al usuario. Windows ofrece desde hace años herramientas avanzadas como el Monitor de rendimiento o el clásico Administrador de tareas, mientras que Android y muchas plataformas de monitorización online integran paneles que permiten ver de un vistazo el estado de equipos, servidores o aplicaciones distribuidas por todo el mundo.
Qué es exactamente la barra de estado y cuándo conviene usarlaEn el escritorio clásico, una barra de estado es la franja que suele aparecer en la parte inferior de una ventana principal. Ahí se indica qué se está viendo, en qué modo está la aplicación, qué tareas en segundo plano se están ejecutando o pequeños detalles contextuales como el estado del teclado, la selección o el progreso de una operación.
Normalmente la barra de estado combina texto, iconos e indicadores de progreso, e incluso puede incluir pequeños menús desplegables con comandos relacionados. La idea es ofrecer datos útiles sin reclamar toda tu atención, a diferencia de un cuadro de diálogo emergente o una notificación intrusiva.
Ahora bien, no siempre es la interfaz adecuada. Antes de añadir información a la barra de estado en tu app o herramienta, merece la pena hacerse una serie de preguntas muy concretas que los propios diseñadores de interfaces de escritorio recomiendan:
- ¿El estado es relevante mientras el usuario hace otra cosa? Si el dato tiene que ser visible incluso cuando se usan otras apps, en escritorio suele ser mejor un icono en el área de notificación o bandeja del sistema que una barra de estado dentro de una sola ventana.
- ¿Necesita generar avisos activos? Si lo importante es lanzar notificaciones que el usuario no se pueda perder, una barra de estado no es lo ideal. Ahí encajan mejor notificaciones del sistema, cuadros de diálogo o avisos destacados dentro de la ventana principal.
- ¿La ventana es realmente una ventana principal? En cuadros de diálogo, asistentes, paneles de control o propiedades, la barra de estado suele sobrar. En esas interfaces la prioridad es el contenido y las decisiones del usuario, no el estado de fondo.
- ¿La información es sobre el estado y no sobre el funcionamiento? La barra de estado no debe convertirse en una segunda barra de menús ni en una barra de herramientas encubierta. Su misión es mostrar “cómo está” algo ahora, no sustituir a controles que deberían estar en la propia interfaz.
- ¿Lo que se muestra es útil y puede cambiar el comportamiento del usuario? Si son datos que nadie usará para tomar decisiones (por ejemplo, un contador irrelevante), mejor guardarlos para un log técnico o un informe avanzado antes que saturar la barra de estado.
- ¿Es crítico y requiere actuación inmediata? En ese caso, la barra de estado es mala idea: el aviso debe aparecer como un diálogo, alerta visual muy clara o una banda destacada en la ventana para que sea imposible pasarlo por alto.
Además, si tu programa va orientado a usuarios muy novatos conviene recordar que muchas personas ni siquiera se fijan en la barra de estado. Si dependes de ella para algo esencial, vas a tener un problema de usabilidad importante.
Buenas prácticas de diseño al mostrar estado del sistemaLa principal ventaja de la barra de estado es que permite mostrar información sin romper el flujo de trabajo. El lado oscuro es que, precisamente por ser discreta, es facilísimo que pase desapercibida. Intentar compensar esto a base de iconos chillones, parpadeos o animaciones constantes suele ser un error: genera ruido visual y agota al usuario.
Los lineamientos de diseño más sensatos van justo en la dirección contraria: asume que la barra de estado es sutil y diseña con esa limitación en mente. Eso implica dos decisiones clave:
- Solo muestra datos realmente útiles. Si puedes quitar algo sin que nadie lo eche de menos, quítalo. La saturación mata la utilidad.
- No coloques información crucial únicamente ahí. Nunca des por hecho que el usuario leerá lo que hayas plantado en esa franja. Si es requisito para completar una tarea, debe aparecer también en otro sitio más visible.
Cuando se habla de patrones de uso típicos, el repertorio es bastante estable. Una barra de estado se suele emplear para:
- Estado de la ventana actual: ruta del documento, modo de vista, número de página, zoom, etc.
- Progreso de tareas en segundo plano: mediante barras de progreso o pequeñas animaciones que indiquen que algo se está cargando o procesando.
- Información contextual: por ejemplo, en un editor de imágenes, el tamaño de la selección; en un IDE, la línea y columna del cursor.
A nivel de presentación, tiene sentido que la barra agrupe la información siempre en el mismo orden, de forma que el usuario aprenda a localizarla sin pensar: primero el estado de la ventana, después el progreso y por último los datos contextuales. Si algún estado es “modal” (por ejemplo, un bloqueo de mayúsculas o el estado de un documento concreto) y no aplica, se muestra deshabilitado. Lo que no sea modal conviene directamente ocultarlo cuando no tenga sentido.
Iconos, interacción y texto: cómo no liarlaCuando la información se representa con iconos hay algunas reglas que viene bien respetar si no quieres confundir al personal. La primera es que los iconos de estado deben ser fácilmente distinguibles entre sí por su silueta, no solo por el color. Las formas cuadradas o rectangulares se parecen demasiado; mejor contornos únicos que el ojo distinga en el rabillo del ojo.
El color también importa: es recomendable reservar rojo, amarillo y verde puros únicamente para comunicar estados críticos (error, advertencia, correcto). Si usas un icono rojo para algo que no es un fallo, generarás expectativas equivocadas e inseguridad. Para guías visuales y estilos conviene consultar recursos sobre dar a la barra de estado colores e iconos y mantener coherencia con el resto de la interfaz.
Para representar cambios de estado, en lugar de inventar un icono nuevo cada vez suele ser más efectivo usar variaciones del mismo icono o pequeñas superposiciones estándar: un triángulo de advertencia, una X de error, un candado para bloqueos o un símbolo de conexión/desconexión. Y, por supuesto, no conviene que el icono esté cambiando cada dos segundos: si lo hace, se vuelve ruidoso y reclama más atención de la que debería.
En cuanto a la interacción, cuando una zona de la barra de estado es clicable, debería parecerse a un botón o a un botón con menú desplegable, con su clásica flecha indicando que hay opciones. El menú debe aparecer al pulsar (mouse down), no tras soltar el botón, para que la sensación sea inmediata. Y es preferible no confiar en clic derecho o doble clic, porque la mayoría de usuarios no esperan que la barra de estado reaccione así.
El texto de la barra de estado, por su parte, debería ser lo más claro y breve posible. Las etiquetas concisas, muchas veces en forma de fragmentos de frase sin punto final, son más fáciles de escanear. Solo conviene escribir frases completas cuando los fragmentos resultan ambiguos. Para operaciones en progreso opcionales, se suele recomendar usar la forma de gerundio y puntos suspensivos (por ejemplo, “Copiando archivos…”), de forma que el usuario entienda que el proceso está en marcha.
Por último, nada de subrayados, colores raros o cursivas en la barra de estado: cuanta menos estridencia tipográfica, mejor. Si un icono no lleva texto, debería al menos ofrecer una información emergente (tooltip) al pasar el ratón por encima, explicando claramente qué significa ese estado.
La barra de estado en Android: sistema, navegación y borde a bordeEn móviles y tablets Android el concepto de “barra de estado” cambia de registro. Aquí hablamos de las barras del sistema que aparecen arriba y abajo de la pantalla: la propia barra de estado con sus iconos, la barra de subtítulos (cuando existe) y la barra de navegación, ya sea con gestos o con botones.
Estas barras son omnipresentes en el sistema y muestran datos como batería, hora, intensidad de señal, conectividad o notificaciones pendientes. Además, permiten a los usuarios tirar de la parte superior para desplegar el panel de notificaciones, cambiar ajustes rápidos o interactuar con alertas de aplicaciones.
Un detalle importante para desarrolladores es que Android anima a que las apps se diseñen teniendo en cuenta estas barras, sus zonas seguras y las posibles intrusiones como cortes de pantalla (notch) o dispositivos plegables. Para personalizar y ajustar opciones avanzadas muchos desarrolladores consultan herramientas como One UI Tuner que facilitan cambios sobre la apariencia del sistema.
En la práctica, esto significa que la interfaz de la app debe adaptarse para que ningún botón ni contenido crítico quede oculto bajo las barras del sistema, incluso cuando se gira la pantalla, se usa multiventana o se abre el teclado en pantalla. Herramientas como WindowInsetsAnimationCompat ayudan a sincronizar el movimiento del teclado con las transiciones de la app para que todo suba y baje en armonía.
En la parte inferior, la navegación en Android puede ir por dos caminos: navegación por gestos o navegación por botones. Con gestos, aparece un simple “píldora” de navegación y el usuario desliza desde los bordes para volver atrás o acceder a la pantalla de inicio y a la vista de apps recientes. Con botones, se mantiene la clásica barra de navegación con Atrás, Inicio y Vista general, que en Android 15 puede mostrarse con una cortina traslúcida o totalmente transparente, según configure la app.
En cualquier caso, el sistema aplica una adaptación de color dinámica, ajustando el tono de los iconos y del controlador de gestos según el contenido que haya detrás para que siempre haya contraste suficiente y se vean claramente. Lo que no se recomienda es que las apps añadan fondos opacos encima de los controles de navegación por gestos: se considera mala práctica y rompe el diseño pensado por el sistema.
Monitorización desde la barra de estado en Windows 11Si nos vamos al mundo del PC, Windows 11 está dando pasos para que el propio sistema proporcione widgets de monitorización integrados que se acercan bastante a la idea de tener un “panel de estado” siempre a mano. Hasta ahora, para vigilar CPU, gráfica, RAM o red desde la barra de tareas muchos usuarios recurrían a utilidades de terceros (XMeters, Taskbar Stats y compañía), que aprovechaban el área de notificación.
Con la nueva versión de Windows 11, Microsoft está probando widgets de rendimiento que se integran directamente en el panel de widgets. Básicamente son cuatro módulos pensados para controlar el uso del procesador, la GPU, la memoria y la tarjeta de red de forma continua. El objetivo es que puedas detectar de un vistazo si algo se está yendo de madre sin tener que abrir aplicaciones externas.
Además, la compañía está experimentando con acciones rápidas desde esos widgets: la idea es que no solo veas que un proceso está tragando recursos, sino que puedas tomar medidas, como finalizar tareas intensivas en un clic. Esto recuerda bastante a lo que ofrece la Barra de juegos de Xbox cuando pulsas Windows + G (que ya incluye un módulo de monitorización), pero sin la molestia de cubrir media pantalla con una superposición gigante.
Lo interesante es que estos widgets de rendimiento están accesibles para cualquiera que instale la aplicación Dev Home (vista previa) desde la Microsoft Store. No hace falta ser Insider: basta con instalar Dev Home, abrir el panel de widgets con Windows + W y añadir los nuevos elementos desde el botón de “+”. A partir de ahí, cada vez que abras el panel de widgets podrás ver el pulso del sistema sin tener nada más en primer plano.
Esta apuesta de Microsoft encaja con una tendencia clara: llevar la monitorización de sistema a elementos de interfaz ligeros y permanentes (barras, widgets, bandeja del sistema) en lugar de obligarte a vivir con ventanas enormes abiertas todo el rato.
Herramientas clásicas de monitorización en Windows: más allá de la barraAunque la monitorización ligera en barra de estado o widgets es comodísima, cuando quieres ir en serio necesitas herramientas más profundas que te den datos detallados. Windows lleva años incorporando dos utilidades clave que conviene conocer: el Administrador de tareas y el Monitor de rendimiento.
El Administrador de tareas se ha ganado fama de “botón del pánico” porque es a donde acudimos cuando algo se cuelga o el PC va pesado. Desde él puedes ver qué procesos consumen más CPU, memoria, disco o red, cerrarlos, gestionar el inicio automático de programas y revisar, en la pestaña de Rendimiento, gráficos de uso de CPU, RAM, discos, red e incluso GPU en tiempo real.
Sin embargo, el que realmente permite diseccionar el comportamiento del sistema es el Monitor de rendimiento (perfmon), una herramienta mucho más granular. Se abre buscando “Monitor de rendimiento” en el menú de inicio o escribiendo “perfmon” en el cuadro Ejecutar (Windows + R). Al abrirlo, te encuentras con una interfaz con gráficos y árboles de configuración que, a primera vista, pueden intimidar un poco.
Por defecto muestra un gráfico del uso de CPU, pero la gracia está en que puedes añadir cientos de contadores distintos: uso de distintos núcleos, colas de disco, actividad de adaptadores de red y Bluetooth, estado de la batería, indicadores de BitLocker y prácticamente cualquier métrica de bajo nivel que el sistema exponga.
El Monitor de rendimiento no solo ofrece visualización en tiempo real: permite crear conjuntos de recopilación de datos que capturan métricas durante un periodo concreto (por ejemplo, 60 segundos, o varios minutos u horas) y luego generan informes detallados en formatos que se pueden revisar con calma. Windows incluye algunos conjuntos predefinidos que ya de serie producen informes muy completos, con datos como interrupciones por núcleo, tiempo de CPU por cada hilo o diagnósticos de errores de configuración.
Para usuarios avanzados, lo mejor es que puedes diseñar tus propios conjuntos, incluyendo solo los contadores que realmente te interesen para un escenario concreto (por ejemplo, estudiar cuellos de botella en disco en una aplicación que hace muchas lecturas y escrituras). Esto evita ahogarte en datos irrelevantes y te ayuda a centrarte en el problema real.
Eso sí, conviene ser realista: no es una herramienta para usar todos los días ni para cualquiera. Brilla sobre todo cuando tienes un problema de rendimiento persistente difícil de explicar con herramientas básicas; cuando te llega un PC que se arrastra sin motivo aparente y quieres identificar si es la CPU, el disco, la RAM o un controlador rebelde; o cuando vas a instalar un programa pesado y quieres ver el impacto real que tiene en el sistema.
Software de terceros para monitorizar el equipo desde la bandeja o el escritorioMás allá de las utilidades nativas de Windows, existe un ecosistema muy amplio de programas de monitorización de hardware que suelen integrarse en la bandeja del sistema, en barras flotantes o incluso en pantallas externas usadas a modo de “panel de instrumentos”. Muchos usuarios los prefieren porque son más visuales, se configuran en dos clics y se centran en lo que realmente interesa: temperaturas, voltajes y velocidad de ventiladores.
Algunas de las herramientas más veteranas y útiles son:
- Open Hardware Monitor: software open source muy completo que lee sensores de placa base, CPU, GPU y otros componentes. Muestra temperaturas, voltajes, frecuencia de reloj y velocidad de ventiladores, y todo ello se puede anclar en una ventana pequeña o en la bandeja.
- AIDA64: una de las suites de diagnóstico más conocidas, con versiones para distintos perfiles. Ofrece una barbaridad de información sobre el hardware, tests de estrés, benchmarks y soporte para mostrar datos en pantallas externas dedicadas o en overlays.
- CPU-Z y HWMonitor: CPU-Z es un clásico para ver especificaciones de procesador, placa y memoria, mientras que HWMonitor se centra en monitorizar sensores (temperaturas, voltajes, RPM de ventiladores) de forma sencilla.
- HWiNFO: combina inventario de hardware muy detallado con monitorización en tiempo real y opciones para generar informes extensos, algo que hasta organizaciones como la NASA han aprovechado.
- Speccy: herramienta freemium de los creadores de CCleaner, pensada más como visor de información de sistema, pero que también muestra temperaturas y permite exportar informes en texto o XML.
- SpeedFan: centrada casi exclusivamente en controlar ventiladores y temperaturas. Ideal si quieres ajustar la curva de ventilación para equilibrar ruido y refrigeración.
Este tipo de utilidades son especialmente valiosas en escenarios como overclocking o cargas muy intensivas, donde necesitas asegurarte de que las temperaturas se mantienen dentro de márgenes seguros y de que no estás forzando demasiado la fuente o la placa.
Monitorización de estado en entornos empresariales y dashboards webCuando saltamos del PC doméstico al entorno empresarial, la película cambia: ya no hablamos de un solo equipo, sino de decenas o miles de dispositivos, servicios y aplicaciones distribuidas. Aquí es donde entran en juego plataformas de monitorización online que centralizan la información y la presentan en dashboards accesibles vía web.
Un ejemplo típico es el de paneles como “Monitor Status”, que actúan como tablero principal de estado de toda la infraestructura monitorizada. En una sola pantalla puedes ver cuántos dispositivos se están vigilando, cuántos tienen errores, cuántos están en estado correcto o cuáles se han pospuesto o desactivado temporalmente.
Estos dashboards suelen combinar varios elementos visuales:
- Resumen del entorno: contadores globales de dispositivos, dispositivos con errores, con éxito, etc., a modo de KPIs en la parte superior.
- Feed de últimos eventos: en una barra lateral, listas de los cambios de estado más recientes (por ejemplo, un servidor que ha pasado a caído o se ha recuperado) y registros de auditoría con acciones realizadas en la cuenta.
- Mapas interactivos por ubicación: un mapa mundial en el que cada ubicación de monitorización (nodos en distintos países o centros de datos) se colorea según el nivel de errores acumulados en las últimas horas.
- Listas de últimos errores y respuestas problemáticas: tablas que muestran las últimas sesiones de monitorización con fallo, incluyendo enlaces directos a informes detallados (por ejemplo, un waterfall de carga de una página web).
- Tablas de último chequeo por localización: vistas pivotadas donde puedes ver, por cada combinación dispositivo-localización, si el último chequeo ha sido correcto, ha fallado o es indefinido, todo ello codificado por colores.
La gran ventaja es que estos sistemas permiten filtrar por grupo de dispositivos, etiquetas o clientes para aislar la información relevante cuando la infraestructura es muy grande. Además, muchos incluyen la posibilidad de generar “tarjetas de informe” compartibles: enlaces públicos a un subconjunto de la información (por ejemplo, el mapa de estado por ubicación) que puedes enviar a otros sin darles acceso completo a la plataforma.
Detrás de estos paneles hay procesos de monitorización en tiempo real bastante sofisticados: se recogen datos de sensores físicos (temperatura, vibración, presión, sonido) conectados a máquinas giratorias o activos industriales, se analizan tendencias de esos datos a lo largo del tiempo para anticipar fallos, y se programan alertas automáticas que avisan al equipo de mantenimiento cuando se superan determinados umbrales.
En ese contexto se habla mucho de dos enfoques:
- Monitorización de tendencias: se elige una métrica que refleje bien la salud del activo (por ejemplo, vibración en un rodamiento) y se observa su evolución. Cuando la tendencia apunta a que se superará un límite crítico, se planifica mantenimiento antes de que llegue el fallo.
- Comprobación de estado: en lugar de recopilar datos continuos, se realizan mediciones periódicas puntuales con el activo en funcionamiento (por ejemplo, analizando la calidad del lubricante) para decidir si hay que intervenir.
Ambos enfoques permiten pasar de un mantenimiento reactivo (actuar cuando algo se rompe) a un mantenimiento preventivo y predictivo, clave en sectores donde una parada no planificada puede costar muchísimo dinero o comprometer la seguridad, como la fabricación, la generación eléctrica o el transporte aéreo.
Más allá de la granularidad técnica, la idea sigue siendo la misma que en la barra de estado de una ventana: mostrar lo justo para que el usuario pueda actuar a tiempo, sin agobiarlo con ruido. La diferencia es que aquí el “usuario” normalmente es un equipo de operaciones o mantenimiento que toma decisiones sobre activos críticos en múltiples ubicaciones.
En conjunto, todas estas formas de monitorización —desde el pequeño icono en la barra de estado hasta el gran dashboard geográfico— forman parte de una misma estrategia: dar visibilidad al comportamiento del sistema sin interrumpir, pero sin esconder lo importante. Elegir qué nivel de detalle mostrar, en qué lugar de la interfaz y con qué formato es lo que marca la diferencia entre una solución útil y otra que solo añade más ruido a la pantalla.
Que fue de Joanna Hoffman, la mujer que ayudó a construir la personalidad del Macintosh y terminó asesorando a una empresa española
Trabajó en Apple cuando el Proyecto Macintosh era solo eso, un proyecto. Fue clave en la forma de lanzarlo, trabajó mano a mano con Steve Jobs y tal fue su cercanía que se convirtió en su mano derecha. Aunque para ello tuvo que armarse de valor y tener unas cuantas disputas con el que fuese cofundador de Apple.
Joanna Hoffman fue de las pocas personas que se enfrentaron a Steve Jobs y siguió trabajando con él. Esto, sabiendo del fuerte carácter de Jobs, no es algo de lo que puedan presumir muchos. Sí Hoffman, quien aún sigue recordando aquella cercanía con el mítico CEO de Apple. Como la anécdota de aquella vez en la que "quiso clavarle un cuchillo"...
Joanna Hoffman, una hija del cine dedicada al marketingHace casi 60 años, un 29 de julio de 1955, nacía en Polonia Joanna Hoffman, hija de Jerzy Hoffman, director de cine que aún vive y que en su trayectoria ha dirigido filmes como 'Con sangre y fuego' o 'La batalla de Varsovia'. Sin embargo, convivió poco con él, dado que en 1967, con apenas 12 años, se mudó a Estados Unidos.
En Buffalo, la segunda ciudad más grande del estado de Nueva York, Hoffman se asentó con su madre. No sabía nada de inglés, aunque cuentan que no tardó mucho en aprender el idioma y terminar con éxito sus estudios de secundaria. Posteriormente, estudió antropología, física y lingüistica en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
En Applesfera Robert Palladino, el monje que jamás usó un ordenador, pero enseñó a Steve Jobs la importancia de las letras en los MacAños después quiso doctorarse en arqueología en la Universidad de Chicago, aunque no llegó a terminarlo porque, entre otras cosas, una compañía llamada Apple Computer se cruzó en su camino. O ella en el de Apple. Una historia de la que te hablaremos más adelante, pero que quedó retratada en el cine. No por parte de su padre, pero sí de Danny Boyle, director de 'Steve Jobs' (2015) protagonizada por Michael Fassbender en el papel de Jobs y con Kate Winslet interpretando a Hoffman.
El inédito encargo del Proyecto MacintoshCon 25 años, Joanna Hoffman empezó la que sería la etapa profesional más exitosa de su vida. Y también la más desafiante por lo complicada que fue. Era 1980 y fue la quinta miembro del Proyecto Macintosh, aquella locura de ordenador con interfaz gráfica con el que Steve Jobs pretendía que Apple diese el golpe definitivo a una IBM que cada vez iba viendo con más recelo cómo le crecía la competencia.
Miembros del Proyecto MacintoshEso sí, en aquel 1980, lo de "Proyecto Macintosh" era literal. No existía aún una base sólida sobre la que hacer crecer la idea y todo era pura investigación y desarrollo. Steve Jobs tardaría poco tiempo en ver cuál iba a ser el mejor papel de Joanna en el Macintosh.
Apenas dos meses después de llegar a aquel equipo, y con Jobs ya inmerso de lleno en su liderazgo, quiso que Joanna Hoffman fuese la encargada del marketing. Una tarea de lo más compleja si tenemos en cuenta que, como decíamos anteriormente, todo estaba muy en pañales. Y para colmo, ella no poseía ninguna experiencia en este campo. Algo vería Jobs en ella, claro. A la postre, podemos decir que acertó.
Primer choque con Jobs: "quería clavarle un cuchillo en el corazón"Ese "algo" que Jobs vio en Hoffman estaba relacionado con la valentía y la sinceridad. En la política de "no idiotas" de Jobs destacaba su idea de rodearse siempre de gente que fuese capaz de decirle la verdad, por dolorosa que fuera. Y eso es algo que Joanna Hoffman supo llevar al extremo.
Cuando Jobs se puso al frente del Proyecto Macintosh, tenía como idea que estuviese listo en apenas 18 meses. Así se lo trasladó a la recién nombrada jefa de marketing. Esta, ni corta, ni perezosa, le dijo que no sería posible. Priorizaba trabajar sin plazos para trabajar mejor y que el diseño del Macintosh no se resintiese.
En Applesfera El Macintosh de 1984 escondía un juego que nadie sabe quién programó realmenteFue una reunión tensa y ha trascendido que, al salir de ella, Hoffman se dirigió a la secretaria de Steve Jobs para decirle que iba a "coger un cuchillo y clavarlo en su corazón". Toda una muestra de que, por muy jefe que uno sea, y aunque se llame Steve Jobs, a ella no le temblaba el pulso ante ninguna circunstancia. Prefería trabajar despacio y ser realista con los plazos con el fin de que el producto final fuese el mejor.
De ese modo, Joanna Hoffman fue una de las pocas en lograr ganar el "premio coraje" en Apple, un reconocimiento satírico que concedía Steve Jobs a aquellos que eran capaces de enfrentarse a él de aquella forma y siempre priorizando el bien del producto final. Un premio muy poco repartido, debemos decir, ya que tan solo ha trascendido el nombre de Hoffman y el de Debi Coleman, otra de las piezas claves de la Apple de los 80, aunque en su caso por el lado de las finanzas.
Tras el adiós de Jobs, Hoffman dijo "NeXT"Es posible que sin el trabajo de Joanna Hoffman en los 80, hoy día no tendríamos los Mac en Europa. Como responsable de marketing fue la responsable de que los Macintosh se vendiesen también en Europa y Asia. También fue quien diseñó las instrucciones de aquel primer y revolucionario Macintosh.
El Macintosh debutó finalmente en 1984 con el considerado mejor anuncio de la historia. Un año después, las tensiones de Steve Jobs con la junta directiva derivaron en su marcha de Apple. Tal fue en aquel momento la confianza entre Jobs y Hoffman que esta le siguió.
En ese mismo año, Steve Jobs fundó NeXT Computer, compañía con la que Jobs pretendía trasladar todos sus conocimientos adquiridos y llevar a cabo aquellos proyectos que no pudo en Apple. Hoffman no dudó en el proyecto y siguió al que fuese su jefe en Apple para desarrollar idénticas funciones de marketing, aunque esta vez con una tarea más complicada, dado lo nueva que era la empresa.
De NeXT a la malograda General Magic {"videoId":"x9513p8","autoplay":true,"title":"Así es el yate de 120 millones de dólares de Steve Jobs que no llegó a ver con vida", "tag":"webedia-prod", "duration":"435"}La aventura de Joanna Hoffman junto a Steve Jobs duró apenas un lustro. No han trascendido los motivos por los que acabó abandonando aquella empresa, pero se sabe que no fue por ningún tipo de choque con Jobs. Es probable que Hoffman simplemente quisiese cambiar de aires.
Así las cosas, en 1990 se fue a General Magic, donde fue nombrada vicepresidenta de marketing. La historia de esta compañía tiene mucha relación con Apple, dado que su idea empezó a fraguarse en 1989 dentro de la compañía, pero años después se hizo independiente y, contactos cercanos de Hoffman como Porat Marc, Andy Hertzfeld y Biull Atkinson la fundaron aquel 1990.
En Applesfera Este hombre es una de las mayores inspiraciones en el diseño de Apple. Él jamás ha usado uno de sus productosGeneral Magic trató, entre otras cosas, de crear lo que hubiese sido el precursor del iPhone, dado que parte de su estrategia se basó en crear dispositivos de bolsillo con capacidades de ordenador. Sin embargo, su periplo en la industria fue relativamente breve. En 2002 cesaron sus operaciones hasta que en 2004 cerraron definitivamente.
Retirada y vínculo con una empresa españolaAños antes del cese de actividad, y consciente ya de la deriva de la compañía, Hoffman la abandonó en 1995. Ya con 40 años, prefirió priorizar a la familia y siguió dando conferencias de su etapa con Jobs. Todo a la par que Apple volvía a recurrir a él, ya que en 1997 regresó siendo nombrado CEO y con ideas que acabarían sacando a Apple de la previsible bancarrota: iMac G3 en 1998, iPod en el 2001, iPhone en 2007 y iPad en 2010 serían sus grandes aciertos.
A día de hoy, y pese a tener ya 70 años, Hoffman sigue en activo. No de la misma forma que antaño, pero desde 2020 es asesora de la española Sherpa, una empresa dedicada a la inteligencia artificial. Si bien esta compañía fue fundada y sigue dirigida por el vizcaíno Xabi Uribe-Extebarria, tiene su sede en Silicon Valley, la cuna de grandes tecnológicas como Apple y que tan bien conoce Hoffman.
Así las cosas, Joanna Hoffman pasará a la historia por su imborrable huella en el sector tecnológico. No solo por su papel en Apple, NeXT o General Magic, sino por su visión estratégica e implacable carácter. Una personalidad de las que no abundan, capaz de desafiar a Steve Jobs y ser figura clave en el éxito de Macintosh. Hoy, sigue vinculada de alguna forma a todo este mundo, dejando así claro que su legado va más allá de los productos que ayudó a lanzar. Liderazgo, valentía y pasión por la tecnología.
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La noticia
Que fue de Joanna Hoffman, la mujer que ayudó a construir la personalidad del Macintosh y terminó asesorando a una empresa española
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Álvaro García M.
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