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Cómo cerrar apps que se quedan bloqueadas en Android paso a paso

Actualidad en Androidsis - Vie, 27/03/2026 - 14:28

Si alguna vez tu móvil se ha quedado “seco” porque una app ha decidido no responder, ya sabes lo desesperante que puede ser. Las aplicaciones que se bloquean en Android pueden dejar congelado todo el sistema, impedirte volver a la pantalla de inicio y, de paso, zamparse batería y recursos como si no hubiera un mañana.

Lo bueno es que no estás a merced del teléfono. Android ofrece varias formas de cerrar apps que se quedan pilladas y controlar lo que se ejecuta en segundo plano, desde atajos sencillos hasta opciones avanzadas para usuarios que quieren tenerlo todo bajo control. En esta guía vas a ver todas esas opciones, explicadas paso a paso y con trucos extra para que tu dispositivo funcione fino y no se vuelva a quedar colgado a la mínima.

Por qué se bloquean las aplicaciones en Android

Antes de ponerse a cerrar cosas a lo loco, viene bien entender qué está pasando. Las apps de Android se pueden colgar por errores propios, por fallos del sistema o por problemas de conexión, y en muchos casos el bloqueo no es culpa directa del usuario.

El ecosistema de Android es enorme: hay miles y miles de aplicaciones, desarrolladas por equipos muy distintos. Algunas están optimizadas al milímetro, pero otras consumen más memoria y CPU de la cuenta, se pelean con otras apps instaladas o no acaban de llevarse bien con la capa de personalización de tu marca.

También puede ocurrir que, al abrir una app que depende de Internet, la conexión sea tan lenta o inestable que el servicio se quede a medio cargar. Ese cuello de botella provoca que la app parezca congelada, y a veces arrastra al sistema entero.

Por norma general, Android está diseñado para gestionar automáticamente la memoria y cerrar procesos en segundo plano cuando lo considera necesario, pero no es infalible. De vez en cuando una app se atasca, se queda colgada en primer plano o en segundo plano y no hay más remedio que intervenir a mano.

En algunos móviles, sobre todo con capas de fabricante agresivas, pueden aparecer iconos de candado sobre las apps en la multitarea. Ese candado indica que la aplicación está “protegida” para que el sistema no la cierre de forma automática, lo que puede impedir que la deslices para cerrarla aunque tú quieras.

Cómo reconocer una app bloqueada o problemática

Antes de empezar a tocar ajustes, interesa identificar bien la culpable. Una app que se ha quedado colgada suele dar señales bastante claras, tanto cuando la usas como en el comportamiento general del teléfono.

Algunos síntomas típicos son que, al tocar en la pantalla, la aplicación no responde a tus gestos ni a los botones, como si estuvieras tocando una foto congelada. Puede que tardes varios segundos en poder hacer cualquier cosa.

Otro aviso muy clásico es notar que, tras abrir cierta app, el móvil va más lento de lo normal, se arrastra al cambiar de una pantalla a otra o tarda una vida en volver al escritorio. Eso indica que esa aplicación está tirando demasiado de la memoria o del procesador.

También es frecuente que aparezcan mensajes como “La aplicación no responde” o “Se ha detenido la aplicación”, que ya son la confirmación de que algo ha ido mal. En ocasiones el sistema te ofrece forzar el cierre desde esa misma ventana.

Incluso aunque no veas errores, puedes detectar apps conflictivas en el uso de recursos. Si la batería cae a toda velocidad sin usar el móvil de forma intensa, o si se calienta más de la cuenta cuando no estás haciendo nada especial, probablemente haya alguna app en segundo plano pasándose de lista.

Métodos rápidos para cerrar apps bloqueadas

Cuando una app se queda congelada, lo normal es que quieras quitarla de en medio lo antes posible. Android ofrece varios atajos rápidos para cerrar una aplicación en primer plano o sacarla de la memoria sin necesidad de entrar a menús complicados.

Cerrar apps desde la vista de recientes o multitarea

El método más sencillo pasa por la multitarea del propio sistema. La vista de apps recientes muestra todas las aplicaciones que has abierto hace poco y que aún siguen cargadas, listas para ser cerradas con un gesto.

En móviles con navegación por gestos, desliza el dedo desde la parte inferior de la pantalla hacia arriba y mantén un instante hasta que aparezcan las miniaturas de las aplicaciones abiertas. En dispositivos con los tres botones clásicos, pulsa el botón cuadrado o de multitarea.

A continuación, busca la aplicación que se ha quedado colgada entre las tarjetas que aparecen en pantalla. Suele mostrarse con su última captura tal y como estaba cuando dejó de responder, así que la reconocerás fácil.

Cuando la tengas localizada, desliza su ventana hacia arriba o hacia un lateral (según el modelo de móvil) para indicarle al sistema que quieres cerrarla. Esa acción detiene la app en primer plano y la saca de la memoria de uso inmediato.

Debes tener en cuenta que, aunque este método es muy rápido, no siempre mata todos los procesos que la aplicación puede tener en segundo plano, especialmente en apps de mensajería, redes sociales o servicios que se mantienen activos para enviar notificaciones.

El botón Inicio y la lista de apps activas

Si el móvil se ha quedado medio pillado y no responde bien, conviene mantener la calma. Evita pulsar botones sin parar, porque el sistema ya estará bastante ocupado intentando arreglar el problema y añadirle más tareas solo suele empeorarlo.

En muchos dispositivos Android, puedes mantener pulsado el botón Inicio durante uno o dos segundos (en los que todavía lo tengan visible con icono de casa) para que aparezca el menú de aplicaciones activas o recientes.

En esa lista verás todas las apps que se encuentran en memoria “dormidas” o en segundo plano, incluyendo la que te está dando guerra. De nuevo, basta con deslizar su miniatura a la derecha o a la izquierda para cerrarla.

Qué pasa con las apps que muestran un candado y no se dejan cerrar

Algunos usuarios se encuentran con que, al abrir la multitarea, ciertas aplicaciones muestran un icono de candado cerrado en la esquina superior. Cuando aparece ese símbolo, al intentar deslizarlas para cerrar no hay manera de quitarlas de la lista.

Ese candado indica que la app está “fijada” o bloqueada para que el sistema no la cierre automáticamente en segundo plano. Las capas de algunos fabricantes añaden esta función para proteger apps importantes como WhatsApp, el reproductor de música o aplicaciones del sistema, pero a veces se activa sin querer.

Para poder cerrarlas, suele bastar con tocar sobre el propio candado para cambiarlo de cerrado a abierto. Una vez que el icono aparece desbloqueado, podrás deslizar la app como cualquier otra y desaparecerá de la multitarea.

En móviles donde el candado no se quite con un toque, busca en la vista de recientes opciones como “Bloquear esta aplicación” o “Fijar”. Normalmente se activan dejando pulsada la ventana de la app, y de la misma forma se desactivan. Cuando la aplicación deje de estar protegida, volverá a ser cerrable.

Forzar la detención desde los ajustes del sistema

Si con la multitarea no es suficiente y la aplicación sigue dando problemas, puedes pasar al siguiente nivel. El menú de Ajustes ofrece la opción de “Forzar detención” para cerrar una app de forma contundente, incluyendo servicios y procesos que se mantienen por detrás.

Para usar este método, entra en Ajustes del teléfono y ve al apartado de Aplicaciones. Según la versión de Android puede llamarse “Aplicaciones”, “Apps”, o “Aplicaciones y notificaciones”, pero el contenido es similar.

Dentro de ese menú encontrarás el listado completo de programas instalados en el dispositivo. Si no la ves a la primera, toca en “Ver todas las aplicaciones” o en el icono de menú para mostrar la lista completa y busca la app conflictiva.

Al seleccionar la aplicación, accederás a su ficha de detalles. En la parte superior o central suele aparecer el botón “Forzar detención”. Toca sobre él y confirma en la ventana emergente que quieres detener la app.

Con este paso, Android detiene todos los procesos y servicios relacionados con esa aplicación, incluyendo los que trabajan en segundo plano. Es una de las maneras más eficaces de “matar” una app que se ha quedado bloqueada o que está consumiendo recursos sin sentido.

Control de apps que siguen en segundo plano

Hay aplicaciones que, aunque no parezcan bloqueadas del todo, se mantienen activas en segundo plano constantemente. Esto puede generar lentitud, drenaje de batería o un uso excesivo de datos, incluso si tú no las estás utilizando.

La mayoría de móviles Android modernos incluyen herramientas para que el sistema gestione automáticamente esas apps “huidizas”. En muchos modelos encontrarás secciones como Batería, Ahorro de energía o Cuidado del dispositivo que analizan qué programas se pasan de la raya y los ajustan.

Desde Ajustes > Batería o similares, puedes activar funciones de optimización automática para limitar la actividad de las aplicaciones en segundo plano. Esto reduce la frecuencia con la que se despiertan a sincronizar, y en muchos casos evita bloqueos derivados de un uso abusivo de recursos.

Como extra, algunos fabricantes ofrecen sistemas de “hibernación” de apps. Cuando una aplicación lleva mucho tiempo sin usarse, el teléfono la pone en un estado de reposo profundo, de manera que no gasta batería ni datos hasta que la vuelves a abrir.

Limitar los procesos en segundo plano con opciones de desarrollador

Si quieres un control mucho más fino, Android esconde un panel avanzado. Las Opciones de desarrollador permiten restringir el número máximo de procesos en segundo plano, lo que puede ser útil si tienes serios problemas de rendimiento.

Para desbloquear ese menú, entra en Ajustes > Acerca del teléfono y pulsa varias veces seguidas sobre “Número de compilación” hasta que el sistema te avise de que ya eres desarrollador. Después, vuelve atrás y encontrarás el nuevo apartado de Opciones de desarrollador.

Dentro de esas opciones, baja hasta localizar el ajuste llamado “Limitar procesos en segundo plano” o similar. Ahí puedes decidir si quieres que Android permita un número reducido de procesos abiertos o, en el extremo, que no mantenga ninguno activo.

Esta medida es bastante agresiva, así que hay que usarla con cabeza. Si impides que haya procesos en segundo plano, algunas apps dejarán de recibir notificaciones o funcionarán de manera errática hasta que las abras de nuevo manualmente.

Cerrar o inhabilitar apps concretas que molestan

En lugar de aplicar un recorte general, también puedes ir caso por caso. Desde Ajustes > Aplicaciones puedes seleccionar cualquier app y forzar su detención de forma individual cuando detectes que se ha quedado colgada o que se está pasando con el consumo.

Si se trata de una app que no necesitas para nada, lo más práctico es desinstalarla o desactivarla desde ese mismo menú para que deje de ocupar espacio y recursos. En la ficha de la aplicación suele aparecer el botón “Desinstalar” bien visible.

Hay aplicaciones del sistema que no permiten desinstalación, pero en muchos casos sí se pueden desactivar. Al inhabilitar una app preinstalada, esta deja de ejecutarse y desaparece del cajón de aplicaciones, reduciendo su impacto en el rendimiento.

Optimizar el consumo de batería de las apps

Además de los bloqueos visibles, hay otro frente importante: el consumo de batería por parte de apps que siguen trabajando sin que te enteres. Android ofrece herramientas para controlar qué programas tienen permitido gastar energía tranquilamente en segundo plano.

Entra en Ajustes y ve a la sección de Aplicaciones. Suele haber un engranaje o un menú llamado “Acceso especial” donde se agrupan permisos avanzados. Ahí encontrarás la opción “Optimización de batería” o similar.

En ese apartado, el sistema te mostrará una lista de apps y un estado que indica si están optimizadas o excluidas de esa optimización. Selecciona la aplicación que más batería consume y activa la opción de optimizar.

Al hacerlo, Android limita su actividad en segundo plano para que no se mantenga despierta más de lo imprescindible. De este modo, disminuyes el riesgo de que se bloquee por exceso de procesos y de paso alargas la autonomía del móvil.

Dependiendo del modelo, puede que también tengas funciones adicionales como “Apps en suspensión”, “Gestor de energía” o “Cuidado del dispositivo”. Estas utilidades permiten establecer reglas automáticas para que el sistema controle las apps glotonas de forma periódica.

Qué hacer si la app se cuelga por la conexión a Internet

Hay bloqueos que no se deben a fallos internos de la app ni a problemas de memoria, sino a la red. Cuando la conexión es muy lenta o se corta a medias, una aplicación que depende de Internet puede quedar esperando eternamente, dando la sensación de que se ha quedado seca.

En estos casos, conviene seguir una pequeña rutina. Primero, apaga los datos móviles o desactiva el Wi‑Fi durante un par de minutos para obligar a la app a romper la comunicación que tenía colgada con el servidor.

Después, apaga completamente el dispositivo y vuelve a encenderlo. Un reinicio limpio libera procesos atrapados y suele resolver pequeños fallos temporales que provocan bloqueos en las aplicaciones.

Al volver a tener el móvil encendido, activa de nuevo los datos móviles o conéctate a una red Wi‑Fi estable. Prueba de nuevo la app y comprueba si carga con normalidad. Si sigue dándote problemas, intenta con otra red distinta por si el fallo está en tu proveedor actual.

Si tras cambiar de conexión los bloqueos continúan, todo apunta a un fallo específico de la aplicación, de su servidor o de la configuración en tu dispositivo. En ese punto ya puedes recurrir al resto de métodos de este artículo para forzar su cierre, limpiar datos o incluso desinstalarla temporalmente.

Soluciones más drásticas cuando nada funciona

Cuando una app se resiste a todo, hay medidas un poco más serias que pueden devolver las cosas a la normalidad. Estas acciones son más contundentes, así que conviene usarlas solo cuando ya has probado lo anterior sin éxito.

La primera y más evidente es desinstalar la aplicación problemática desde Ajustes > Aplicaciones. En la ficha de la app, pulsa en “Desinstalar” y confirma. Si no es posible porque es una app del sistema, opta por desactivarla para evitar que se ejecute.

Otra opción poderosa es borrar la caché y los datos de la aplicación. En el mismo menú, entra en “Almacenamiento” y utiliza los botones “Borrar caché” y “Borrar datos”. Esto restaura la app a un estado casi como recién instalada.

Ten en cuenta que, al eliminar datos, perderás configuraciones, sesiones iniciadas y, en algunos casos, archivos guardados dentro de la propia app. Antes de hacerlo, asegúrate de tener copia de seguridad o de que no te importa reconfigurar todo después.

Herramientas de terceros y controles avanzados

Si eres de los que quieren tener al milímetro lo que corre en su móvil, puedes ir un paso más allá. En Google Play hay aplicaciones pensadas para hibernar apps o ayudarte a localizar qué se está ejecutando, aunque conviene ser selectivo con lo que instalas.

Herramientas como Greenify, por ejemplo, permiten poner en hibernación automática ciertas apps cuando no las usas, para que no consuman recursos de fondo. Otras utilidades muestran una lista de procesos activos y te permiten cerrarlos de una vez, a menudo usando permisos de accesibilidad.

Eso sí, hay que ir con cuidado: muchos “task killers” genéricos prometen acelerar el teléfono pero acaban generando más problemas que soluciones, forzando cierres constantes y peleándose con el propio sistema Android.

Otra vía avanzada es usar de nuevo las Opciones de desarrollador. Dentro de ese menú existe una sección como “Servicios en ejecución” o “Estadísticas de proceso”, donde puedes ver qué apps y servicios están activos y cuánta memoria RAM utilizan.

Desde ahí, es posible seleccionar una app concreta y detenerla manualmente. Eso sí, no conviene cerrar procesos del sistema ni servicios de Google que no conozcas, porque podrías provocar fallos graves o que el teléfono empiece a comportarse de manera extraña.

Otros pasos útiles cuando una app se comporta mal

No todos los bloqueos indican un desastre permanente. Muchas veces, un cuelgue es un fallo puntual que se soluciona con una acción sencilla, sin necesidad de entrar en menús avanzados.

Lo primero, aunque suene básico, es reiniciar el teléfono manteniendo pulsado el botón de encendido y eligiendo la opción “Reiniciar”. Un apagado y encendido a tiempo arregla una enorme cantidad de bloqueos temporales.

También ayuda comprobar si hay versiones más nuevas. Desde Google Play, entra en la ficha de la app y mira si hay una actualización pendiente. Los desarrolladores suelen corregir cuelgues y errores en las nuevas versiones.

No te olvides del propio sistema. Ve a Ajustes > Sistema > Actualización de software y revisa si tu Android tiene alguna actualización disponible. Cada nueva versión suele traer mejoras de estabilidad y seguridad.

Un punto que pasa desapercibido es la fecha y la hora. Si el reloj del dispositivo está mal, algunas apps que dependen de servidores externos pueden fallar. Entra en Ajustes > Sistema > Fecha y hora, desactiva y vuelve a activar las opciones automáticas para forzar una resíncronización.

Cuando sigue fallando: soporte y restauración

Si después de forzar cierres, limpiar datos, desinstalar y probar de todo, la aplicación sigue bloqueándose, quizá el problema esté más allá de tu alcance. En esos casos, es buena idea recurrir al desarrollador de la app o plantearse medidas extremas.

En la ficha de la aplicación dentro de Google Play suele aparecer una sección de contacto, con correo electrónico o formulario. Escribe explicando qué modelo de móvil tienes, la versión de Android y exactamente cuándo se bloquea la app; esta información ayuda bastante a que puedan corregir el fallo.

Si el móvil entero funciona mal con muchas apps y no solo con una, puedes plantearte restablecer los datos de fábrica desde Ajustes > Sistema > Opciones de recuperación o similar. Es una medida muy drástica, porque borra todo el contenido del teléfono.

Antes de dar ese paso, haz copia de seguridad de tus fotos, contactos, chats y archivos importantes. Una vez restaurado, reinstala solo las apps realmente necesarias y comprueba si los bloqueos han desaparecido.

Para reducir la posibilidad de que las apps vuelvan a bloquearse en el futuro, es recomendable mantener el sistema y las aplicaciones siempre actualizados, revisar de vez en cuando los permisos concedidos desde Ajustes > Privacidad > Administrador de permisos y evitar instalar programas desde fuentes poco fiables o que prometan “milagros” de rendimiento.

También ayuda mucho controlar qué apps pueden usar datos en segundo plano desde Ajustes > Red e Internet > Uso de datos. Limitar el acceso a las que no necesitas constantemente reduce tanto el riesgo de bloqueos como el consumo de batería y de megas.

Con todas estas herramientas, desde los gestos rápidos en la multitarea hasta los menús avanzados de desarrollador, tienes a tu alcance todo lo necesario para cerrar apps que se quedan bloqueadas en Android, domar las que abusan del segundo plano y mantener el móvil funcionando fluido. Tomarse unos minutos para conocer estas opciones marca la diferencia entre sufrir cada vez que una app se cuelga o tener siempre un plan claro para recuperar el control.

Cómo silenciar estados de contactos concretos en WhatsApp

Actualidad en Androidsis - Vie, 27/03/2026 - 13:24

Los estados de WhatsApp se han convertido en un escaparate donde muchos contactos cuentan su día a día con fotos, vídeos, frases y hasta notas de voz. Están bien para enterarse de qué hacen amigos y familia, pero reconozcámoslo: siempre hay alguien que se pasa de frenada y termina saturando.

Cuando esto ocurre, lo más cómodo es silenciar los estados de contactos concretos sin dejar de hablar con ellos ni bloquearles. WhatsApp permite hacerlo de forma muy sencilla, además de ofrecer opciones para ocultar tus propios estados, verlos de forma anónima y controlar al detalle quién puede ver qué.

Qué son los estados de WhatsApp y cómo funcionan

Los estados de WhatsApp son el equivalente a las historias de Instagram o Snapchat dentro de la app de mensajería. Permiten compartir fotos, vídeos, texto e incluso grabaciones de audio que permanecen visibles solo durante 24 horas y luego desaparecen automáticamente.

Cada estado se muestra en la pestaña de «Novedades» (o «Estados», según la versión), donde aparecen todas las actualizaciones recientes de tus contactos. Cuando alguien publica algo nuevo, su foto de perfil se rodea con un círculo de color (generalmente verde) que indica que hay contenido pendiente de ver.

En estos estados puedes compartir contenido multimedia en formatos típicos como 3GP o MPEG-4, con una duración máxima aproximada de 60 segundos por vídeo. También es posible reaccionar a estados de WhatsApp o ver quién ha visualizado tus publicaciones deslizando hacia arriba sobre tu propio estado, siempre que las confirmaciones de lectura estén activadas.

Todo este sistema convierte a WhatsApp en algo más que una app de mensajería: se acerca cada vez más a una red social completa, con contenido efímero, opciones de privacidad y hasta la posibilidad de compartir esos estados en otras plataformas como Facebook.

Cómo silenciar los estados de un contacto concreto

Si tienes un contacto que no para de subir historias y te está llenando la sección de Novedades, puedes silenciar sus estados sin dejar de recibir sus mensajes. Es un proceso muy rápido y totalmente discreto: la otra persona no recibe ningún aviso.

Para hacerlo, entra en WhatsApp y ve a la pestaña de «Novedades» o «Estados» en tu móvil. Ahí verás la lista de estados recientes. Desliza hasta encontrar al contacto cuyos estados quieres dejar de ver en la parte superior.

Cuando lo tengas localizado, realiza un toque prolongado (mantener pulsado) sobre su estado. No basta con un toque normal, porque eso simplemente reproduce la historia. Mantén el dedo unos segundos hasta que aparezca una ventana emergente de confirmación.

En esa ventana, WhatsApp te preguntará si deseas silenciar las actualizaciones de estado de ese contacto en concreto. Solo tienes que pulsar en «Silenciar» y, desde ese momento, sus estados dejarán de aparecer entre las actualizaciones recientes.

Después de silenciarlo, las nuevas publicaciones de esa persona se irán a un apartado separado llamado «Silenciados» que aparece en la parte inferior de la lista. No verás el típico punto o aviso de que hay estados nuevos de ese contacto, pero seguirán estando disponibles si en algún momento quieres verlos.

Dónde van a parar los estados silenciados y cómo verlos

Al silenciar a alguien, sus actualizaciones no desaparecen del todo: simplemente WhatsApp las mueve a un bloque específico al final de la pestaña de estados. Ese bloque suele aparecer como «Silenciados» o «Actualizaciones silenciadas».

Para acceder a ellos, abre de nuevo la pestaña de «Novedades» y desliza la lista de estados hasta abajo del todo, donde verás la sección de contactos silenciados. Normalmente aparece con una pequeña flecha hacia abajo para desplegar o contraer esa lista.

Si despliegas esa zona, verás todos los contactos cuyas actualizaciones de estado has silenciado previamente. Aunque estén silenciados, puedes tocar sobre sus estados de forma normal para reproducirlos cuando te apetezca cotillear un poco.

La ventaja de este sistema es que te libera de la notificación constante y del bombardeo de historias, pero sin perder por completo el acceso a lo que publican. Es perfecto para esos contactos que aprecias, pero que tienen una actividad en estados digna de un reality.

Ten en cuenta que esto es independiente de silenciar un chat o un grupo. Si silencias una conversación, solo dejas de recibir notificaciones de mensajes nuevos, pero seguirás viendo sus estados como siempre, a no ser que los silencies aparte tal y como acabamos de explicar.

Cómo desactivar el silencio y volver a ver sus estados con normalidad

Puede que en algún momento te arrepientas de haber silenciado a alguien, o que simplemente la época de spam de estados haya terminado. En ese caso, puedes desactivar el silencio de sus estados en unos segundos y volverá a aparecer en la parte alta de la lista.

El proceso comienza igual que antes: entra en «Novedades» y busca la sección de estados silenciados al final de la lista. Despliégala tocando en la flecha para ver quién está silenciado.

A continuación, localiza el contacto al que quieras devolver a la vida pública y realiza de nuevo un toque prolongado sobre su estado silenciado. Igual que antes, aparecerá una ventana emergente, pero esta vez con el mensaje inverso.

En esa ventana se te preguntará si quieres desactivar el silencio para las actualizaciones de estado de ese contacto. Pulsa en «Desactivar silencio» y sus próximas publicaciones volverán a aparecer entre las actualizaciones recientes, con su correspondiente aviso.

Si en ese momento no ves la opción es probable que el contacto no tenga ningún estado activo. En ese caso, no pasa nada: simplemente espera a que publique uno nuevo y repite el proceso, o revisa más tarde cuando haya contenido disponible en la sección de silenciados.

Diferencias entre silenciar estados, silenciar chats y bloquear

En WhatsApp hay varias formas de reducir el ruido sin romper la relación con un contacto, y conviene tener claro qué hace cada una para no liarse ni ir más allá de lo que realmente necesitas.

Cuando eliges silenciar un chat (individual o de grupo), lo que haces es dejar de recibir notificaciones sonoras o visuales de mensajes nuevos durante el periodo que elijas. Seguirás recibiendo los mensajes y podrás leerlos cuando entres en la conversación, pero el móvil no te avisará cada vez.

Silenciar los estados, en cambio, afecta únicamente a la parte de «Novedades» o «Estados». No influye en los mensajes privados ni en los grupos: ese contacto te puede seguir escribiendo como siempre, y tú le puedes contestar con normalidad, solo que sus historias dejarán de ocupar un lugar privilegiado en tus actualizaciones.

Por otro lado está la opción de bloquear a un contacto, que es ya una medida más drástica. Al bloquear a alguien, esa persona no podrá llamarte por WhatsApp, ni ver tu foto de perfil actualizada, ni tu última hora de conexión, ni tus estados, ni enviarte mensajes. Es una ruptura total dentro de la aplicación.

Por tanto, si solo quieres descansar de lo que alguien publica en sus estados pero seguir hablando con esa persona, lo más recomendable es tirar de la función de silenciar estados, sin tocar ni los chats ni el bloqueo.

Cómo ocultar tus propios estados a determinados contactos

No solo puedes silenciar lo que ves; también puedes controlar quién puede ver lo que tú publicas en tus estados. Esto es útil si quieres compartir algo solo con amigos cercanos, evitar que lo vean antiguos compañeros de trabajo o, directamente, que nadie tenga acceso a tus historias.

Para ajustar esta privacidad, abre WhatsApp, ve a «Novedades» y entra en la configuración de privacidad de estados. La ruta exacta cambia un poco entre Android y iOS, pero el destino final es el mismo: un apartado llamado «Privacidad de estados» o similar.

En esa pantalla encontrarás tres opciones básicas para decidir quién puede ver tus actualizaciones:

  • «Mis contactos»: todas las personas que tienes guardadas en tu agenda y usan WhatsApp verán tus estados.
  • «Mis contactos, excepto…»: todos tus contactos los verán, salvo aquellos que tú marques manualmente como excluidos.
  • «Solo compartir con…»: únicamente podrán verlos las personas que selecciones de forma explícita.

Con «Mis contactos, excepto…» puedes hacer, por ejemplo, que no los vean ex parejas, gente del trabajo o números que apenas recuerdas quiénes son. Basta con marcar a esos contactos como excluidos. En cambio, con «Solo compartir con…» puedes crear una especie de «lista VIP» que sí puede ver todo lo que subes.

Si tu objetivo es que nadie vea tus estados aunque sigas publicándolos (porque, por ejemplo, quieres probar algo o usarlos a modo de bloc personal), hay dos trucos sencillos. Con «Mis contactos, excepto…», puedes marcar a todos los contactos como excluidos. Y con «Solo compartir con…», simplemente no selecciones a nadie en la lista.

Eso sí, si más adelante añades un nuevo contacto a tu agenda y quieres seguir manteniendo ese «bloqueo masivo», revisa la configuración porque es posible que ese nuevo número no esté incluido en las exclusiones y pueda ver tus próximas historias.

Cómo dejar de ver todos los estados sin silenciar uno por uno

WhatsApp no incluye un botón directo para desactivar por completo la función de estados, algo que a muchos usuarios les encantaría. Sin embargo, hay un truco algo más avanzado para conseguir que prácticamente no te aparezcan actualizaciones.

La idea consiste en quitarle a WhatsApp el permiso de acceso a tus contactos. Sin esa información, la aplicación no puede asociar números a tu agenda y, por tanto, no puede mostrarte sus estados. Es un método algo radical, pero efectivo si quieres cortar por lo sano.

En Android, mantén pulsado el icono de WhatsApp y entra en «Información de la app» o en el icono de la «i». Desde ahí, ve al apartado de «Permisos» y busca «Contactos». Cambia la opción a «No permitir» o similar. Puede que tengas que cerrar completamente WhatsApp y volver a abrirlo para que el cambio se aplique.

En iPhone el camino es un poco más largo: abre «Ajustes» > «Privacidad y seguridad» > «Contactos», busca WhatsApp en la lista de apps con acceso y desactiva el interruptor. A partir de ese momento, la app funcionará sin saber qué números tienes guardados, lo que impactará directamente en la sección de estados.

Eso sí, este truco tiene consecuencias: al quitar el permiso de contactos, WhatsApp pierde parte de su integración con tu agenda, lo que puede afectar a cómo te muestra los nombres en chats o a la hora de iniciar nuevas conversaciones. Es una solución extrema para quien realmente no quiere ver ni un solo estado.

Ver estados de WhatsApp sin que la otra persona lo sepa

A veces simplemente quieres cotillear un estado sin aparecer en la lista de personas que lo han visto. WhatsApp, por defecto, muestra al propietario de la historia qué contactos la han visualizado, pero hay varios trucos para mantenerte en el anonimato.

El método más sencillo dentro de la propia app es desactivar las confirmaciones de lectura. Para ello, ve a Ajustes > Cuenta > Privacidad y desmarca la opción «Confirmaciones de lectura». A partir de ese momento, cuando veas un estado, tu nombre no aparecerá en la lista de vistas.

La contrapartida es importante: tú tampoco verás el doble check azul en los mensajes, ni podrás saber quién ha visto tus propios estados. Esta configuración afecta a toda la app, no solo a las historias. Además, los mensajes ya enviados mientras estaba desactivada la opción no recuperan el doble check aunque luego la vuelvas a activar.

Otro truco consiste en usar WhatsApp Web en una ventana de incógnito. Inicia sesión escaneando el código QR, ve a la pestaña de estados pero no abras ninguno todavía. Desconecta tu ordenador de Internet (wifi o cable), y luego reproduce los estados que quieras. Al estar sin conexión, WhatsApp no puede notificar que los has visto.

Cuando termines, cierra directamente la ventana de incógnito del navegador antes de volver a conectar tu PC a la red. Así, la sesión se pierde y no se envía ningún registro de visualización. Es un truco algo más engorroso, pero funciona bien si lo haces con cuidado.

En Android existe también la opción de recurrir a un explorador de archivos para acceder a la carpeta oculta .Statuses. Allí se guardan temporalmente las fotos y vídeos de los estados que WhatsApp descarga en segundo plano para evitar esperas. Si abres esos archivos desde fuera de la app, el contacto nunca verá tu nombre en la lista.

Por último, hay quien opta por activar el modo avión, abrir el estado y mantener el teléfono sin conexión hasta que este caduque. Es un método algo menos fiable, porque depende de que no se restablezca la conexión antes de tiempo y de que WhatsApp no sincronice datos pendientes.

Estados compartidos en redes sociales y cambios posteriores

WhatsApp permite que, si quieres, compartas tus estados directamente en otras redes sociales como Facebook. Esto puede hacerse casi de manera automática, y a veces ni reparamos en que estamos sacando esa historia fuera del entorno más privado de WhatsApp.

Cuando envías un estado a Facebook, por ejemplo, todos tus amigos de esa red (o incluso cualquiera, si tu perfil es público) pueden ver esa publicación. Es importante revisar bien la configuración de privacidad en cada plataforma para evitar mostrar más de lo que te gustaría.

Además, si borras un estado de WhatsApp que ya habías compartido en otra red, no se eliminará de forma automática en esa otra plataforma. Tendrás que ir manualmente a tu perfil de Facebook, Instagram, etc., y borrar la publicación allí también si ya no quieres que siga visible.

Tampoco se aplican de forma retroactiva los cambios en la privacidad: si cambias quién puede ver tus estados después de haber publicado uno y de compartirlo en redes, ese estado ya compartido no se adaptará a la nueva configuración. Conviene pensar bien antes de darle al botón de compartir externo.

Preguntas frecuentes sobre la privacidad y el silencio de estados

Surgen muchas dudas habituales cuando se empieza a jugar con la configuración de estados. Lo primero que debes saber es que, si silencias los estados de alguien, esa persona no recibe ningún aviso. Es una acción totalmente privada, visible solo para ti.

También es importante recordar que silenciar un chat no es lo mismo que silenciar estados. El primero afecta únicamente a las notificaciones de mensajes, mientras que el segundo repercute en la sección de Novedades. Puedes tener un chat silenciado pero seguir viendo sus estados, y viceversa.

Cuando desactivas las confirmaciones de lectura para ver estados sin que te pillen, asumes que pierdes información en el resto de la app: no verás quién leyó tus mensajes, ni quién ha visto tus propios estados. Todo funciona bajo la misma regla.

Por último, si borras un estado de WhatsApp que previamente compartiste en Facebook u otra red, tendrás que eliminarlo también desde allí. WhatsApp no tiene control sobre lo que ya se ha publicado en plataformas externas, así que el borrado debe hacerse por separado.

Cosas que no se pueden hacer (de momento) con los estados

A día de hoy hay algunas limitaciones que conviene tener claras para no volverse loco buscando opciones que no existen dentro de la app. Una de las más comentadas es la imposibilidad de silenciar todos los estados de golpe desde el propio WhatsApp.

Para poder silenciar a un contacto en la sección de estados es imprescindible que haya publicado algo primero. Hasta que no aparezca una actualización suya en la lista, no podrás mantener pulsado sobre su estado para mandarlo a la sección de silenciados.

Otra limitación relevante es que no se puede gestionar el silencio de estados desde WhatsApp Web. En la versión para navegador solo puedes ver, pausar o pasar historias, pero no existe un menú para silenciarlas o des-silenciarlas; esas acciones están reservadas a la app móvil.

También debes tener en cuenta que, aunque silencies los estados de alguien, seguirá siendo posible acceder manualmente a sus historias desde la sección de silenciados. No hay una forma de bloquear por completo el acceso a esos estados sin recurrir directamente al bloqueo del contacto.

Con todo lo anterior sobre la mesa, controlar qué estados ves, quién ve los tuyos, cómo silenciar lo que te molesta y cómo cotillear de forma algo más discreta te permite adaptar WhatsApp a tu nivel de comodidad y privacidad, evitando agobios innecesarios y usando la app a tu favor y no al revés.

Apple acaba de mandar al cementerio al Mac Pro. ¿La razón? Lo ha matado otro Mac que cabe en la mochila

Actualidad en Applesfera - Vie, 27/03/2026 - 11:01

Hace tres semanas escribimos en Applesfera que el Mac Pro tenía buenas razones para ponerse nervioso y que cada vez tenía menos sentido su existencia. Pues bien, no ha tardado ni un mes. Ya es oficial y Apple lo ha confirmado: el Mac Pro queda descontinuado. Ya no hay ni rastro en su página web. Lo llamativo no es tanto la noticia en sí, sino que nadie se haya sorprendido. Y eso dice bastante sobre cómo ha terminado la historia de este producto.

Porque el Mac Pro no ha tenido una historia fácil. Ha pasado por épocas de gloria absoluta, por un rediseño que no funcionó, por años de abandono y por una transición que, en el fondo, lo dejó sin razón de ser. Para entender por qué Apple ha tomado esta decisión ahora, vamos a repasar el camino que ha recorrido desde el principio.

Un Mac que los profesionales llevaban años esperando

Todo empieza en 2005, cuando Apple atravesaba uno de sus momentos más complicados con el Mac. Los procesadores PowerPC se habían quedado atrás y los usuarios más exigentes empezaban a considerar seriamente pasarse a PC con Intel. Ya que éstos ofrecían mejor rendimiento a precios más competitivos. 

Steve Jobs tuvo que reconocerlo públicamente en la WWDC de ese año: no había podido cumplir su promesa de una PowerMac a 3 GHz, y añadió algo que resumía perfectamente la situación: "Podemos ver algunos productos increíbles que queremos construir para vosotros, y no sabemos cómo construirlos con el futuro roadmap de PowerPC."

Power Mac G5

La transición a Intel fue el camino, y el Mac Pro, presentado en agosto de 2006 como sucesor de la PowerMac, fue la recompensa que los profesionales llevaban años esperando. Phil Schiller lo resumió bien en la presentación: "Este es el Mac con el que tantos de nuestros clientes más exigentes han soñado." No exageraba.

Era rápido, expandible, permitía ampliar la RAM sin depender de Apple, aceptaba múltiples discos duros y tarjetas de expansión PCIe, y aunque no era barato, su precio era razonable para lo que ofrecía, algo que con el tiempo dejaría de ser así.

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Los modelos que siguieron consolidaron esa reputación. El 4.1 llegó en 2009 y el 5.1 en 2010, y ambos se convirtieron en referencias para toda una generación de profesionales del vídeo, la música y el diseño. Eran máquinas que podían crecer con las necesidades del usuario, actualizarse por partes y durar muchos años.

La papelera y los años de incertidumbre

El problema es que después de ese pico llegó un período largo y complicado que marcaría el declive del producto. En 2013, Apple rediseñó el Mac Pro por completo y apostó por un diseño cilíndrico y compacto que rompía con todo lo anterior: nada de torre, nada de bahías de expansión internas, nada de ranuras PCIe accesibles de forma sencilla. 

Era una apuesta arriesgada y resultó ser equivocada. La comunidad lo bautizó enseguida como "la papelera". Y no solo por la forma. El modelo tenía problemas de rendimiento térmico, no cumplía las expectativas que Apple había generado y dejó a muchos profesionales sin una opción de actualización durante años.

Lo inusual es que Apple acabó reconociéndolo. En 2017, en una reunión con periodistas que se recuerda hasta hoy por lo excepcional que fue, la compañía admitió que se había metido en un callejón sin salida con ese diseño y prometió un Mac Pro nuevo 

Para cubrir el hueco mientras llegaba, se lanzó el iMac Pro, que era un ordenador excelente y tuvo buena acogida, pero siempre fue un puente, no la solución definitiva que los profesionales pedían. De hecho, solo tuvo tristemente una generación. 

Y entonces llegamos al 2019: un diseño que recuperaba el espíritu del Mac Pro clásico y que llegaba con opciones de configuración extremas: hasta 1,5 TB de RAM, múltiples ranuras PCIe y un precio que podía superar los 50.000 euros en las configuraciones más altas. Era el Mac más potente de la línea. Pero también, aunque entonces nadie pudiera saberlo, sería el último modelo que tendría una razón de ser.

Y llegó Apple Silicon para acabar con todo

La presentación de Apple Silicon en noviembre de 2020 lo trastocó todo, y el Mac Pro fue probablemente el producto que más lo notó. De repente, los MacBook Pro y el Mac mini ofrecían un rendimiento que antes era territorio exclusivo de las workstations de gama alta. Un MacBook Pro con M1 Max superaba al Mac Pro Intel en muchas tareas habituales de edición de vídeo o renderizado, y costaba una fracción de su precio

Pero más allá del rendimiento, había dos problemas estructurales que no tenían fácil solución con la nueva arquitectura. El primero es que Apple Silicon integra la memoria directamente en el chip, lo que elimina por completo la posibilidad de ampliarla después de la compra. Eso acabó con uno de los argumentos históricos del Mac Pro: la capacidad de comprar ahora y escalar más adelante. 

El segundo problema es que Apple no da soporte a tarjetas gráficas PCIe externas en sus chips propios para renderizado, así que aunque el Mac Pro seguía teniendo ranuras de expansión físicamente, lo que podías hacer con ellas era mucho más limitado que antes.

El Mac Pro con Apple Silicon llegó en 2023 con el chip M2 Ultra y era una máquina potente, sin duda, pero ya costaba explicar para quién tenía sentido comprarlo frente a otras opciones de la misma línea. Apple nunca llegó a actualizarlo con el M3 Ultra, una señal de hacia dónde iban los planes internos de la compañía.

El interior del Mac Pro está prácticamente vacío El Mac Studio hizo el resto

Mientras el Mac Pro se quedaba parado, el Mac Studio fue ganando terreno de desde su llegada en 2022. Era compacto, llegó desde el primer día con el chip M1 Ultra en su versión más potente, rendía al nivel del Mac Pro en prácticamente cualquier tarea y costaba una fracción de su precio. 

A partir de ese momento, la convivencia de ambos productos en el catálogo fue haciéndose cada vez más difícil de sostener, porque era complicado recomendar el Mac Pro a alguien que podía comprar un Mac Studio con el mismo chip y gastarse el resto del dinero en lo que quisiera.

Mac Pro

Mac Studio

Procesador y precio

M2 Ultra: 8.398 euros

M3 Ultra: 4.849 euros

M4 Max: 2.329 euros

El cierre de una etapa

Durante casi dos décadas, el Mac Pro fue el techo de la línea Mac, el ordenador al que aspiraban los profesionales que necesitaban lo máximo y podían permitírselo. 

El Mac Pro ya no está en la web de Apple

Nació en un momento en que Apple necesitaba recuperar la confianza de sus usuarios más exigentes, y lo consiguió. Pasó por una época oscura de la que tardó años en salir. Y cuando por fin parecía haber encontrado de nuevo su sitio con el rediseño de 2019, llegó Apple Silicon y cambió las reglas del juego de una forma que el formato torre dejaba de tener sentido.

Con Apple Silicon, el papel que durante años ocupó el Mac Pro ha pasado de forma natural al Mac Studio, que ofrece un rendimiento superior a casi mitad de precio. Y tanto los clientes como Apple sabían que esto ya no tenía sentido. Y la decisión ha sido no forzar un producto que ya no encajaba en él. Mac Pro: descansa en paz.

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La noticia Apple acaba de mandar al cementerio al Mac Pro. ¿La razón? Lo ha matado otro Mac que cabe en la mochila fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .

Apple ha logrado que la mayoría de iPhone de EEUU vengan de India. Ahora quiere "americanizarlos" y les costará 400 millones

Actualidad en Applesfera - Vie, 27/03/2026 - 10:01

Apple no va a fabricar el iPhone en Estados Unidos de la noche a la mañana, ni probablemente en los próximos años. Pero eso no significa que no esté "americanizando" cada vez más su cadena de suministro. Lo último que acaba de anunciar la compañía deja claro hacia dónde quiere mover el valor industrial de sus productos: más chips, sensores, vidrio y componentes críticos hechos en suelo estadounidense.

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Apple made in USA. Apple lleva meses intensificando su apuesta industrial por Estados Unidos. El gran gesto fue su compromiso del pasado año de invertir 500.000 millones de dólares en cuatro años dentro de su programa American Manufacturing Program (AMP), con el objetivo de ampliar producción, proveedores y capacidad local. 

Dentro de ese marco, la compañía ha anunciado grandes inversiones como 500 millones en imanes de MP Materials, el ensamblaje de Mac mini en Houston o el suministro de cámaras para iPhone por parte de Samsung con su planta en Austin.

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El asunto va a más. Ahora Apple acaba de dar otro paso en sus inversiones estadounidenses al anunciar la incorporación de Bosch, Cirrus Logic, TDK y Qnity Electronics a su programa de fabricación estadounidense. Todo ello con una inversión prevista de 400 millones de dólares hasta 2030.

Aunque lo importante no es solo quién entra, sino qué van a fabricar. Se habla de sensores, circuitos integrados, semiconductores y componentes de precisión que acabarán dentro de los dispositivos de la compañía. No es el ensamblaje final del iPhone, pero sí una parte cada vez más importante de lo que este lleva dentro.

Por qué es importante. Apple no está moviendo piezas secundarias, sino que está reforzando en Estados Unidos componentes sensibles y de alto valor industrial, lo cual le da un mayor control sobre su cadena de suministro. De fondo, también cambia lo que significa "fabricar un iPhone", ya que no todo depende del país donde se monta al final. También importa dónde se producen las piezas que hacen funcionar los dispositivos. De hecho, solo en un iPhone hay más de 40 países implicados.

Tim Cook, CEO de Apple, en una visita de Donald Trump a fábricas de la compañía en Estados Unidos en 2019 (Imagen: Trump White House Archived en Flickr)

¿Suficiente para Trump? El presidente estadounidense pidió por activa y por pasiva a Apple fabricar los iPhone en Estados Unidos. Sin embargo, la compañía lo ve inviable en el corto plazo y no solo por la inversión económica, sino también por la falta de recursos humanos para ello.

Con estas nuevas inversiones, parece que Apple está jugando una partida intermedia, ya que no va a trasladar todo el ensamblaje a Estados Unidos, pero sí está acercando a casa los componentes estratégicos. De ese modo puede decir que está fortaleciendo la industria estadounidense sin comprometer la viabilidad de la fabricación.

Pero India sigue siendo clave. Pese a estas nuevas inversiones, India sigue siendo el país fetiche de Apple para los iPhone de Estados Unidos. Es ahí donde la compañía lleva años abriendo y ampliando plantas de ensamblaje, sobre todo a raíz de la amenaza arancelaria a China del pasado año. Fruto de ello, la mayoría de iPhone que se venden en Estados Unidos proceden ya de India (aunque China sigue siendo clave, sobre todo para el resto del mundo).

Imagen de portada | Montaje con fotografía de Amanz en Unsplash

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La noticia Apple ha logrado que la mayoría de iPhone de EEUU vengan de India. Ahora quiere "americanizarlos" y les costará 400 millones fue publicada originalmente en Applesfera por Álvaro García M. .

La nueva Siri será más inteligente. Y si no, iOS 27 permitirá conectarla a Claude, Gemini o ChatGPT

Actualidad en Applesfera - Vie, 27/03/2026 - 09:01

La nueva Siri que Apple lleva prometiendo dos años verá por fin la luz en iOS 27 a partir del 8 de junio, día en el que se presentará en la WWDC26. A cuentagotas vamos sabiendo de más novedades gracias a las filtraciones, de forma que podemos intuir que (si de verdad Apple cumple de una vez por todas) el asistente será más útil que nunca. Pero si no, habrá alternativas.

En su último reporte en Bloomberg, Mark Gurman deja entrever la posibilidad de utilizar a Siri como un lanzador de IAs. Es decir, que igual que actualmente podemos conectarla a ChatGPT, en el futuro podría usarse con Claude o Gemini. Aunque quizás con este último tenga menos sentido si partimos de la base de que Siri ya será Gemini en cierto modo.

Siri pone la cara, pero otros ponen el cerebro

Lo relevante de esta nueva filtración no es que Siri vaya a ser más lista. Que sí, lo será gracias al acuerdo de Apple para impulsarla con los modelos de Google. Lo llamativo en este caso es que Apple planea un cambio de enfoque en el asistente para hacer que el iPhone sea una especie de puerta de entrada a distintos modelos de IA. Y eso pasa por abrir Siri a los que sobre el papel son sus rivales.

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A día de hoy, Apple ya permite derivar ciertas consultas de Siri a ChatGPT dentro de Apple Intelligence, pero siempre de forma muy acotada y bajo el paraguas de una integración concreta. Lo nuevo sería que esa lógica dejase de ser una excepción para convertirse en parte estructural del sistema.

La idea es que Siri actúe como interfaz principal mientras el cerebro detrás de las respuestas es otro. Ese "otro" podría ser cualquiera de los grandes chatbots que conocemos, como Claude, Gemini o el ya integrado ChatGPT.

Estas integraciones serán opcionales y no evitarían poder usar la nueva Siri anunciada en 2024

A efectos prácticos, esto podría traducirse en algo muy útil para el usuario. Por ejemplo, podrá pedirle a Siri que realice tarea y decidir, de forma automática o manual, qué IA quiere que lo resuelva. Y es que ya hemos ido viendo en estos meses como hay tareas en las que cada chatbot se desenvuelve mejor. ChatGPT en redacción, Gemini en explicar ideas complejas y Claude en programación.

Un cambio de enfoque de Apple {"videoId":"x9qbkto","autoplay":true,"title":"Qué iPhone comprar 2026", "tag":"webedia-prod", "duration":"552"}

La lectura más interesante es que Apple parece asumir algo que hasta ahora había evitado reconocer abiertamente: que la batalla de la IA no se va a ganar solo con un único asistente propio. Si Siri mejora mucho, Apple ganará control y cohesión dentro de su ecosistema, pero si continua sin alcanzar el nivel esperado, la compañía tendrá un plan B elegante para seguir brindándole lo mejor al usuario.

También hay una lectura estratégica importante para Apple. Aunque llegue tarde en IA generativa frente a OpenAI, Google o Anthropic, sigue teniendo una ventaja competitiva: la puerta de acceso a la IA. Es decir, el iPhone. Apple no necesitará tener el mejor modelo si consigue que Siri sea la mejor forma de acceder a todos ellos desde el iPhone, con integración profunda en apps, permisos, contexto personal y automatizaciones.

Eso además abriría una nueva batalla dentro del ecosistema. Igual que durante años fue clave decidir qué navegador o buscador usar, ahora el nuevo terreno de juego será la IA. Si Siri acaba convirtiéndose en un robot que reparte tareas entre varios modelos, Apple no solo estará redefiniendo su asistente, sino también creando una nueva plataforma dentro de iOS en la que Claude, Gemini o ChatGPT querrán estar en la mejor posición posible.

Por eso, la WWDC26 que se celebra en junio apunta a ser una de las más relevantes para vaticinar cuál será el futuro de la compañía en el medio-largo plazo. Si cumple con lo prometido hace ya dos años, veremos por fin a una Siri mucho más capaz. Y para los menos convencidos, tendremos integraciones con terceros como las que adelanta ahora Gurman.

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Apple Music se pone guapo con iOS 26.4, pero seguimos siendo usuarios de segunda. La función de IA de momento no la olemos

Actualidad en Applesfera - Jue, 26/03/2026 - 19:00

iOS 26.4 ha llegado y Apple Music se lleva uno de los retoques más llamativos de la actualización. Nuevo diseño, conciertos integrados, mejoras que llevaban tiempo pidiendo los usuarios... Todo muy bien. El problema es que la función más interesante de todas, la que usa inteligencia artificial para construirte playlists al instante, sigue al otro lado de una frontera que, esta vez, no tiene nada que ver con la Unión Europea.

El rediseño que sí tienes

Empecemos por lo bueno, que es mucho. El cambio más visual de esta versión es que la portada de los álbumes y playlists ya no se queda confinada en la parte superior de la pantalla. Sus colores se derraman por toda la interfaz y tiñen el fondo, los botones y cada rincón de lo que ves. Si el disco tiene un azul dominante, todo el entorno se viste de azul. Si es oscuro y contrastado, la pantalla acompaña. El efecto recupera algo que Apple Music ya hizo en iOS 8, pero esta vez potenciado por Liquid Glass y con un resultado mucho más refinado.

Las mejoras que llevan tiempo siendo necesarias

Junto al rediseño llegan tres cambios que, por pequeños que parezcan, van a notar mucho quienes usan Apple Music a fondo.

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El primero es la selección múltiple para playlists. Hasta ahora, añadir una canción a varias listas distintas obligaba a repetir la operación repetidas veces. Con iOS 26.4, al pulsar "añadir a una playlist" aparece un botón de selección múltiple que permite marcar varias listas de una sola vez. Tardaron, pero llegó.

El segundo es el widget de música ambiental para la pantalla de inicio. La función llegó el año pasado al Centro de Control y ya era útil allí, pero tenerla en tamaño pequeño o mediano en la pantalla principal elimina un paso más para los que la usamos con frecuencia para trabajar, estudiar o dormir.

El tercero son los conciertos integrados directamente en los perfiles de artista. Cuando hay eventos disponibles, aparece una sección de "Próximos Conciertos" en la página del artista con recinto, horario y enlace para comprar entradas. En la pestaña de inicio también encontrarás una sección llamada "Conciertos para ti" con los artistas que más escuchas y sus shows más cercanos a tu ciudad. Una integración limpia que tiene mucho sentido dentro de la app.

Playlist Playground: la función que nos toca esperar

Y llegamos a lo que más ilusión hacía. Playlist Playground es una función impulsada por Apple Intelligence que te permite crear listas de reproducción simplemente describiéndolas. Escribes "música para tomar café por la mañana" o "canciones de los 90 para un viaje por carretera" y la IA te devuelve una playlist de 25 canciones lista para escuchar, con título incluido.

La app también sugiere prompts si no sabes por dónde empezar, y puedes seguir refinando el resultado con más indicaciones o ajustar las canciones a mano. Suena bien, ¿verdad? El problema es que de momento solo funciona con cuentas de Estados Unidos.

 Y no hablamos de una restricción que se salte cambiando la región del sistema, el idioma de Siri o iniciando sesión con una cuenta americana de la App Store. Apple tiene el acceso bloqueado a nivel de servidor. No hay truco.

Lo interesante es que esta vez no podemos echarle la culpa a la normativa europea. No hay ninguna regulación que impida a Apple desplegar esta función aquí. La hipótesis más razonable es que Apple quiere observar cómo funciona primero en su mercado principal antes de abrirlo más amplio, y que lo que aprendan de este despliegue acabe informando algo mayor, posiblemente en iOS 27. Una estrategia comprensible desde dentro de Cupertino, aunque desde aquí se sienta exactamente igual: como que llegamos tarde a la fiesta, otra vez.

Apple Music sabe muy bien hacia dónde va

Visto en conjunto, iOS 26.4 deja claro que Apple Music tiene una dirección muy definida. Los conciertos, las sesiones exclusivas, las emisoras de radio, y ahora playlists generadas por IA... La app lleva años dejando de ser un simple reproductor para convertirse en algo que intenta conocerte. Cada actualización suma una capa más.

El rediseño de portadas, los conciertos integrados y la selección múltiple son razones más que suficientes para actualizar. Pero cuesta no mirar de reojo esa función de IA que, de momento, no es para nosotros.

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Steve Jobs tiró a la basura una década de trabajo para lanzar un Mac OS X más lento. 25 años después, es evidente que salvó a Apple

Actualidad en Applesfera - Jue, 26/03/2026 - 18:00

A mediados de los noventa, el Mac era el ordenador favorito de diseñadores, fotógrafos y editores. El problema estaba debajo de la superficie: el sistema operativo que lo hacía funcionar era, en esencia, el mismo de los ochenta. Sin memoria protegida. Casi sin multitarea. Si una aplicación se colgaba, arrastraba al sistema entero con ella. Y Apple llevaba años prometiendo que la solución estaba a punto de llegar.

El 24 de marzo de 2001, esa solución por fin existió. Mac OS X 10.0 era lento, tenía errores y no podía reproducir un DVD. Aun así, fue el arranque de 19 años, 7 meses y 19 días que salvaron al Mac. Y, de paso, a toda Apple.

Diez años prometiendo el futuro que nunca llegaba

La historia de Mac OS X no empieza en 2001. Empieza mucho antes, en una serie de proyectos que prometían modernizar el Mac y que terminaron todos en el mismo sitio: cancelados.

En los 90, Apple puso todas sus fichas en Copland, el sistema que iba a ser definitivo: memoria protegida, multitarea real, arquitectura moderna.  El desarrollo se alargó, se volvió inabarcable y, tras varias betas internas y para desarrolladores, en 1996 Apple lo canceló sin haber lanzado ni una sola versión final al gran público.


MacOS Copland

Su sucesor sobre el papel, Gershwin, nunca pasó de la fase de concepto y fue cancelado junto a Copland. Mientras tanto, Mac OS 8, en 1997, y Mac OS 9, en 1999, fueron sobre todo actualizaciones del sistema clásico, no la revolución que el Mac necesitaba.

La compra que trajo a Steve de vuelta

Con el sistema operativo en un callejón sin salida, Apple tomó una decisión que en su momento sonó a rendición: no iba a construir un nuevo sistema operativo. Iba a comprar uno.

En diciembre de 1996, Apple adquirió NeXT por 429 millones de dólares. Con la compra venía NeXTSTEP, un sistema construido sobre bases sólidas, con raíces UNIX y orientación a objetos. Moderno de verdad. Pero lo que ningún comunicado de prensa subrayó demasiado es que, de regalo, venía también el hombre que había fundado NeXT. Steve Jobs volvía a Apple.

Una sola estrategia. Por fin

En enero de 2000, un año antes del lanzamiento, Jobs subió al escenario del Macworld Expo:

Vamos a tener una única estrategia de sistema operativo en Apple. No vamos a tener dos, ni tres, ni cuatro como otros. Una. Y eso es muy importante para nosotros.

Era una declaración que sonaba obvia. No lo era. Durante años Apple había mantenido proyectos paralelos, versiones para distintos públicos, soluciones a corto y largo plazo corriendo al mismo tiempo. Jobs eliminó todo eso. El objetivo era uno solo: hacer el próximo gran sistema operativo para ordenadores personales. Todo lo demás, a la basura.

Cheetah: necesario, pero insuficiente

Cuando Mac OS X 10.0, apodado Cheetah, llegó a las tiendas el 24 de marzo de 2001 por 129 dólares, la recepción fue la de alguien que ve llegar a los bomberos cuando el fuego lleva horas ardiendo: alivio, sobre todo, y alguna duda sobre si habrá llegado tarde.

Mac OS X 10.0 Cheetah

La interfaz Aqua era espectacular para la época: iconos fotorrealistas, botones de colores, el Dock heredado de NeXT. Pero debajo de esa fachada, Cheetah era lento. Más lento que Mac OS 9 en tareas cotidianas. No reproducía DVD. No grababa CD. La compatibilidad con el software existente era parcial, por decirlo con generosidad.

Reconstrucción lenta, versión a versión

Mac OS X tardó tiempo en superar al sistema que había venido a sustituir. Fue en la versión 10.1, Puma, cuando por fin pudo reproducir DVD y grabar CD. Además, iTunes llegó preinstalado por primera vez, dejando al Mac listo para la revolución musical que estaba a punto de llegar.

Jaguar, en 2002, fue por fin más rápido que Mac OS 9. Panther trajo Xcode y unificó las herramientas de desarrollo. Tiger añadió Spotlight, que seguimos usando hoy.

Leopard, en 2007, fue la actualización más ambiciosa hasta entonces: Spaces, Exposé, un Dock rediseñado. Snow Leopard, en 2009, frenó el ritmo para consolidar lo que se había construido, algo que muchos desearían que Apple repitiera hoy.

Mac OS Leopard

Y así, versión a versión, con nombres de felinos primero y de lugares de California después, Mavericks, Yosemite, El Capitan, Sierra, Mojave, Catalina, Mac OS X fue convirtiéndose en lo que ningún proyecto cancelado de los noventa había llegado a ser.

Mac OS Mavericks El día que la versión 10 dejó de existir

El 12 de noviembre de 2020, macOS Big Sur cerró el capítulo. Después de 19 años siendo "versión 10 punto algo", el sistema pasó a llamarse macOS 11. Era el momento adecuado. Apple Silicon arrancaba una nueva era, y el sistema que había sobrevivido a PowerPC y a Intel estaba listo para sobrevivir también a eso.

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Diecinueve años, siete meses y diecinueve días. Más tiempo en activo que los 17 años del Mac OS clásico al que vino a sustituir. Jobs tiró a la basura años de trabajo, apostó todo a una carta y ganó. La única lástima es que no vivió para verlo cumplir 25.

El Mac después de Mac OS X

En 2025, Apple dio otro paso: unificó el nombre de sus sistemas operativos. macOS 26, iOS 26, iPadOS 26. Una sola numeración para todo el ecosistema. Era una decisión lógica sobre el papel, pero que a muchos usuarios del Mac les supo agridulce. macOS perdía algo de su identidad propia, la que había construido versión a versión durante casi un cuarto de siglo. Aunque al menos seguimos conservando los nombres. Este año con macOS Tahoe.

Y sin embargo, el Mac nunca había estado mejor. El MacBook Neo ha conseguido algo que parecía imposible: bajar la barrera de entrada al Mac de verdad, acercando el ecosistema a usuarios que hasta ahora miraban desde fuera. Más gente comprando un Mac que nunca. Más gente descubriendo por primera vez lo que lleva 25 años construyéndose.

Eso es exactamente lo que Jobs quería cuando dijo que el objetivo era "hacer el próximo gran sistema operativo para ordenadores personales". No para unos pocos. Para todos.

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Los recordatorios urgentes son de lo mejor que ha llegado al iPhone recientemente. Y mejoran aún más con iOS 26.4

Actualidad en Applesfera - Jue, 26/03/2026 - 18:00

La app Recordatorios de Apple ha recibido una pequeña actualización con iOS 26.4 que es de esas tan pequeñas que puede pasar desapercibida, pero que para quienes usamos la aplicación de forma intensiva es una gran utilidad. Y todo parte de la configuración de recordatorios con alarma que llegó con iOS 26.2.

Los recordatorios urgentes están mucho mejor organizados

La posibilidad de configurar recordatorios con alarmas es de lo más interesante para ese tipo de tareas que se deben ejecutar al momento. Quizás no tiene tanto sentido para recordatorios como comprar leche, el cual te puede saltar estando en casa sin posibilidad de ir al supermercado en ese momento. Pero sí es útil, por ejemplo, para tomar una medicación, lo cual debe hacerse a una hora concreta.

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Estos recordatorios suenan como una alarma normal del iPhone y, si no se marcan como completados, permanecen en la pantalla de bloqueo en tamaño grande para recordarnos que debemos hacerlo. Personalmente, creo que es la única gran pega que le pondría a una app que llevo años usando para casi todo.

Pues bien, lo que cambia con iOS 26.4 es que ahora podemos tener una sección propia de los recordatorios marcados como urgentes (que son los que tienen alarmas). Aparecerán junto a otras categorías de recordatorios que tengamos creadas y aglutinará todos aquellos configurados con alarmas, independientemente de en qué categoría las tengamos.

Puede parecer algo menor, y como decía en la introducción, efectivamente lo es. Sin embargo, es la guinda que le faltaba a esta función. Y es que gracias a ello resulta mucho más cómodo localizar de un vistazo todos esos avisos importantes que no pueden quedarse perdidos entre el resto de tareas.

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No es una novedad revolucionaria, pero sí una de esas mejoras que terminan haciendo más útil una app que muchos usamos a diario. Apple no ha reinventado Recordatorios con iOS 26.4, pero sí ha terminado de dar sentido a una función que apuntaba maneras desde su estreno.

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Millones de usuarios de Windows pasaban horas viendo cuadraditos moverse en la pantalla. Los Mac nunca lo pidieron y la diferencia estaba en sus entrañas

Actualidad en Applesfera - Jue, 26/03/2026 - 17:00

Aún recuerdo la rutina cuando era un chaval, aprendida con cuidado a través de los hábitos de mi padre. De vez en cuando, cada cierto tiempo, había que desfragmentar el disco del PC de la familia. Era algo que Windows no pedía explícitamente, pero que optimizaba su rendimiento. Recuerdo muy bien esas tardes en las que íbamos viendo cómo los cuadraditos del desfragmentador se iban moviendo en la interfaz. Era hipnotizante.

Pero cuando di el salto al Mac, esa costumbre se perdió. Si tan bueno era este proceso, ¿por qué ningún Mac lo tuvo? De repente me topé con un sistema operativo que no contaba con un desfragmentador de disco propio, y yo empecé a temer que eso podía perjudicar al rendimiento del sistema con el paso de los meses. Pero no, era y es una de las bondades de macOS: no se necesitaba desfragmentar su disco. Y ahora mucho menos con macOS Tahoe.

Qué es desfragmentar y para qué sirve

En términos informáticos, desfragmentar un disco era lo equivalente a ordenar una habitación que estaba hecha un desastre. A medida que usamos un sistema operativo, este va escribiendo datos allá donde hay espacio libre en el disco duro mecánico. Si por ejemplo queremos escribir 2 MB de datos, el sistema buscaba un "hueco" de 2 MB en el disco.

Herramienta de desfragmentar en Windows

Eso significa que cualquier hueco menor de 2 MB se ignoraba, dejando pequeñas zonas de espacio libre. O bien se utilizaban esas zonas, escribiendo ese archivo de 2 MB por partes. Consecuencia: leer ese archivo implicaba revisar todos esos "huecos" provocando más esfuerzo de lectura en el disco y más lentitud en el ordenador.

Desfragmentar el disco implicaba deshacerse de todos los "huecos" con espacio libre y unir en un solo bloque de datos todos aquellos archivos que estuvieran guardados en varios. Era un proceso de varias horas, dependiendo de la cantidad de datos que había en el ordenador. Si se hacía regularmente, el rendimiento general del ordenador se optimizaba y el disco duro tenía que trabajar menos, ganando longevidad.

Por qué nunca hemos necesitado desfragmentar el disco de un Mac

En el pasado había aplicaciones de terceros para desfragmentar los discos de un Mac. Hacerlo ahora es absurdo.

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La razón por la que en macOS nunca hemos tenido que desfragmentar sus discos duros reside en el formato de esos discos. Mientras Windows usaba FAT32 o NTFS, Apple usaba un formato llamado HFS+ (Mac OS Extended) que no dividía ningún bloque de datos en varias partes para llenar esos "huecos" pequeños con espacio libre.

Por lo tanto, los discos de los Mac no se fragmentaban tanto como los de Windows y disfrutaban de una mayor optimización a lo largo de los años. Esa fragmentación sólo se acentuaba si el disco duro estaba muy lleno. Y aún así, Apple no ofrecía ninguna aplicación oficial para hacer esa desfragmentación.

Y si HFS+ ya reducía la fragmentación al mínimo, con APFS (Apple File System), el formato que Apple introdujo en 2017 con macOS High Sierra y que usan todos los Mac actuales, la cuestión quedó definitivamente cerrada. APFS fue diseñado desde cero pensando en los chips SSD y gestiona el espacio de forma tan eficiente que la fragmentación, sencillamente, no es un problema.

Ahora bien, para aquellos aficionados quisquillosos había algunas herramientas de terceros con la que hacer un desfragmentado del disco de los Mac. Eran herramientas como iDefrag, Drive Genius o TechTool Pro, de las que a día de hoy sobreviven las dos últimas.

En el pasado había aplicaciones de terceros para desfragmentar los discos de un Mac. Hacerlo ahora es absurdo. No te plantees desfragmentar tus Mac: ya no hace falta

Si tras leer todo esto ya te estabas planteando desfragmentar el disco de tu Mac para ganar rendimiento, detente. Desfragmentar el disco de un Mac hoy en día no tiene ningún sentido. El motivo es que ahora todos los Mac utilizan discos SSD, que no fragmentan su información a la hora de escribir datos. Desfragmentar un disco se hacía con discos duros mecánicos, pero no con los chips actuales que hay ahora.

Si quieres cuidar el disco de tu Mac ahora mismo, lo único por lo que debes preocuparte es que no esté demasiado lleno. Si de vez en cuando vas eliminando archivos que no necesitas, liberando espacio, mantienes bien sincronizados los datos de iCloud Drive y desinstalas las aplicaciones que dejes de usar, tendrás un Mac que funcionará como el primer día durante años. 

Para ayudarte con todo esto, hay aplicaciones que hacen el trabajo más fácil. Las más populares son CleanMyMac, que analiza y limpia el sistema con un solo clic, y DaisyDisk, que muestra visualmente qué archivos están ocupando más espacio en tu disco. Si prefieres algo gratuito, OnyX es una opción ya veterana que permite realizar tareas de mantenimiento avanzadas sin coste alguno.

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Usa etiquetas NFC para automatizar el mantenimiento de tu acuario

Actualidad en Androidsis - Jue, 26/03/2026 - 15:51

Si tienes un acuario en casa y ya usas algo de domótica, las etiquetas NFC pueden convertirse en tu mejor aliado para automatizar tareas de mantenimiento y evitar despistes. Lo que empezó como un simple “gadget” para abrir puertas o encender luces, se ha convertido en una herramienta brutal para simplificar rutinas, registrar revisiones y cuidar mejor de tus peces sin tener que estar pendiente de todo a mano.

En el ecosistema de sistemas como Home Assistant, Tasker o Atajos de iOS, las etiquetas NFC encajan como anillo al dedo: las acercas con el móvil y disparan acciones concretas, desde activar una bomba, registrar que has cambiado el filtro, abrir el puerto del garaje donde guardas los suministros, hasta cargar la ficha técnica de tu equipo de filtración. Vamos a ver, con todo detalle, cómo usar etiquetas NFC para automatizar el mantenimiento de tu acuario aprovechando ideas reales de domótica doméstica y de mantenimiento técnico profesional.

¿Qué es una etiqueta NFC y por qué encaja tan bien con tu acuario?

Las etiquetas NFC (Near Field Communication) son pequeños chips pasivos que se leen acercando un dispositivo compatible, normalmente tu smartphone. No necesitan batería: reciben alimentación del campo electromagnético del móvil cuando lo pones muy cerca, unos pocos centímetros.

Cuando tu teléfono detecta una etiqueta NFC, puede ejecutar una acción que tú hayas definido previamente: abrir una aplicación, lanzar una automatización en Home Assistant, activar un atajo en iOS, registrar un dato en la nube o incluso reproducir una lista de música. En el contexto de un acuario, eso se traduce en tareas tan útiles como registrar una prueba de agua, abrir una ficha técnica del filtro o lanzar una escena de mantenimiento.

Con sistemas de domótica como Home Assistant, puedes registrar tantas etiquetas NFC como quieras y asociarlas a automatizaciones concretas. Cada etiqueta actúa como “disparador”: la escaneas y se ejecuta la lógica que tengas configurada (encender dispositivos, iniciar un temporizador, guardar un evento en un registro de mantenimiento, etc.).

El proceso básico siempre es similar: un móvil con NFC activado, etiquetas compatibles y una app que gestione la automatización. Una vez configuradas, puedes pegar esas etiquetas alrededor del acuario, en la zona de filtración, en el mueble, en la sala de equipos o incluso en cajas de almacenamiento con repuestos y productos químicos.

Ideas básicas tomadas de la domótica del hogar

En la domótica doméstica general, las etiquetas NFC se han usado sobre todo para automatizar acciones cotidianas de forma rápida y discreta. Aunque muchas de estas ideas no están pensadas específicamente para acuarios, sirven como inspiración directa para tu sistema de mantenimiento.

Una de las aplicaciones clásicas es colocar una etiqueta NFC en el marco de la puerta del garaje o en la entrada de casa para abrir o cerrar una puerta automatizada con Home Assistant. El usuario simplemente acerca el móvil a la etiqueta escondida en el marco, confirma en pantalla y la puerta se abre o se cierra. En algunos casos incluso se integró con IFTTT y accesos directos HTTP en iOS para evitar la confirmación manual y hacer la experiencia todavía más fluida.

También es muy habitual pegar etiquetas debajo de mesas de centro o en paredes discretas para cambiar escenas de iluminación, activar un “modo cine” o modificar el ambiente de la sala de estar. Al escanear la etiqueta, se encienden o apagan luces, se ajusta la intensidad o se cambia la temperatura de color para ver una película.

Otra idea que se repite es usar etiquetas cerca de sistemas HVAC y otros equipos domésticos para lanzar temporizadores de cuenta atrás, por ejemplo, para recordar el cambio de filtros de aire. En otros casos, se colocan etiquetas detrás de placas de interruptores de luz que, al ser escaneadas, cargan documentación o configuraciones relacionadas con esa instalación concreta, algo muy parecido a lo que luego veremos aplicado al mantenimiento técnico profesional.

En la cocina, mucha gente sitúa etiquetas en la nevera o en la encimera para abrir recetas, ajustar la temperatura de hornos inteligentes o recibir avisos de caducidad al escanearlas. Y en el baño, se usan para activar la recirculación de agua caliente, el extractor de humedad o incluso radiadores toalleros con retrasos temporizados, todo a partir de una única lectura NFC.

En el dormitorio y la zona de trabajo remoto, las etiquetas NFC suelen servir para ajustar iluminación y temperatura para dormir o arrancar un entorno de teletrabajo. Un toque con el móvil puede apagar todas las luces, bajar persianas, silenciar notificaciones o, al revés, encender el monitor, abrir apps de productividad y conectar a redes seguras.

Aplicaciones profesionales de NFC que puedes copiar para tu acuario

En el ámbito profesional del mantenimiento técnico y la gestión de edificios, la tecnología NFC también se ha convertido en una herramienta clave para digitalizar procesos, reducir errores y ahorrar tiempo. Muchas de estas aplicaciones son perfectamente adaptables al mundo de los acuarios, especialmente si tienes instalaciones complejas, varios tanques o sistemas centralizados.

Empresas de mantenimiento colocan etiquetas NFC en cuadros eléctricos, máquinas de climatización, baterías de condensadores y zonas de control. Cuando el técnico acerca el móvil, accede de inmediato a planos, esquemas eléctricos, fichas técnicas o manuales de uso, sin tener que buscar papeles ni entrar en intranets lentas.

Además, el escaneo de la etiqueta sirve para registrar automáticamente una visita de mantenimiento: se guarda fecha, hora y la identidad del operario, lo que aporta trazabilidad total del historial de intervenciones. Después, el propio técnico marca en su dispositivo las tareas realizadas, actualizando en tiempo real el estado de la instalación y dejando constancia de revisiones preventivas o incidencias.

Otro uso muy interesante es aprovechar NFC para mantener actualizado el inventario de activos de un edificio. Cada máquina o equipo lleva su etiqueta, y al escanearla puedes ver qué es, sus características, su historial de revisiones y cualquier dato relevante, algo que en un acuario grande se podría replicar asignando una etiqueta a cada filtro, bomba o sistema de iluminación.

Los beneficios que se han observado en edificios y servicios municipales se pueden trasladar sin problema a un cuarto de acuarios: mayor trazabilidad de tareas, menos tiempo perdido buscando documentación, más seguridad y una digitalización real sin inversiones gigantes. Todo eso simplemente pegando un pequeño chip en el lugar adecuado.

Cómo trasladar todas estas ideas al mantenimiento de tu acuario

Si mezclamos la experiencia de la domótica doméstica y el mantenimiento profesional, el resultado es un sistema de control del acuario mucho más organizado y fácil de usar. Las etiquetas NFC pueden ayudarte a no olvidar cambios de agua, controlar recambios, registrar mediciones y documentar todo sin apenas esfuerzo.

Imagina que colocas una etiqueta NFC en la puerta del mueble del acuario. Cada vez que vas a hacer tareas de mantenimiento, escanear la etiqueta podría registrar el inicio de la sesión: se guarda la fecha, se abre una lista de tareas (cambio parcial de agua, sifonado, limpieza de cristales, etc.) y se inicia un temporizador para saber cuánto tiempo llevas.

Otra etiqueta podría ir pegada junto al filtro. Al acercar el móvil, se abre automáticamente la ficha del equipo con el manual, la fecha del último mantenimiento y la frecuencia recomendada de limpieza. Incluso puedes tener un botón en la misma pantalla para marcar que has sustituido el material filtrante, quedando registrado en un historial, como haría un técnico de mantenimiento en un cuadro eléctrico.

Siguiendo el ejemplo del HVAC y los temporizadores de recambio, puedes usar etiquetas NFC para activar recordatorios de cambio de agua, sustitución de esponjas o calibración de sondas. Escaneas una etiqueta “Cambio de agua” cada vez que lo haces y tu sistema crea automáticamente el próximo aviso para dentro de X días, además de anotar la operación en un registro.

En acuarios con múltiples dispositivos, la lógica de inventario con NFC cobra mucho sentido: asigna una etiqueta a cada bomba, iluminación, calentador o reactor. Al leerla, tendrás al instante datos como modelo, potencia, fecha de compra, número de serie, proveedor y últimas revisiones, lo que facilita muchísimo la gestión de garantías y repuestos.

Ejemplos prácticos de automatizaciones con NFC y Home Assistant

Home Assistant ofrece un soporte muy sólido para etiquetas NFC y permite usarlas como disparadores de automatizaciones complejas. A partir de experiencias ya usadas con garajes, baños y coches, se pueden definir muchas escenas específicas para el acuario.

Un ejemplo inspirado en la apertura de puertas de garaje sería usar una etiqueta para activar una “escena de mantenimiento” alrededor del acuario. Al escanearla, puedes apagar automáticamente bombas de circulación, detener el skimmer, pausar la alimentación automática, encender luces de trabajo adicionales y ajustar el sistema de alarma para que no detecte como “anomalías” las variaciones de nivel o consumo mientras manipulas el tanque.

Otra automatización similar a la del baño con recirculación de agua caliente sería configurar una etiqueta NFC que active una secuencia temporizada de tareas. Por ejemplo, al escanear: se detiene la filtración, se enciende una bomba auxiliar de vaciado durante X minutos, luego se apaga, se “espera” un tiempo y finalmente se reanuda toda la filtración y la iluminación normal, sin que tengas que ir tocando cada dispositivo una y otra vez.

A partir del uso de NFC en el coche para enviar mensajes o abrir el portón del garaje, puedes crear etiquetas que envíen automáticamente un aviso cuando se produce una intervención importante. Por ejemplo, cada vez que cambias el agua, el escaneo de la etiqueta podría guardar el dato en tu sistema y, si quieres, enviar un resumen a un registro online o a un canal privado donde guardas toda la información de tu acuario.

También puedes usar el enfoque de “modos de presencia” que se aplica en la entrada de casa: una etiqueta en la sala donde está el acuario podría activar un “modo observación nocturna” o un “modo ausente prolongado”. Escaneas y se ajustan luces, temperatura, alimentación automática y notificaciones de Home Assistant para adaptarse al tipo de ausencia que vas a tener.

Cómo configurar una etiqueta NFC para tu acuario en pocos pasos

Antes de liarte con automatizaciones muy avanzadas, conviene tener clara la configuración básica de las etiquetas NFC. Aunque luego la uses para cosas sofisticadas, el proceso inicial es realmente sencillo.

Lo primero es conseguir etiquetas NFC compatibles con tu móvil. En el mercado hay muchas marcas económicas, como las Timeskey NFC o las Thonsen, que vienen en packs por un precio muy razonable. Asegúrate de que tu smartphone soporta NFC y de que las etiquetas son del tipo adecuado (normalmente NTAG21x cumplen de sobra para este tipo de usos).

Después, necesitas una aplicación para gestionar la interacción con la etiqueta. En Android, puedes apoyarte tanto en la app oficial de Home Assistant como en herramientas como Tasker para lanzar acciones más complejas. En iOS, la aplicación Atajos (Shortcuts) permite vincular una etiqueta NFC a un atajo concreto que luego puede hablar con Home Assistant o con otras apps de registro y productividad.

Una vez elegida la app, toca definir qué quieres que pase: crea la acción que quieres asociar a la etiqueta. Esto puede ser encender o apagar un dispositivo, iniciar una automatización en Home Assistant, abrir una URL con la ficha técnica de tu filtro o escribir un valor en un registro de mantenimiento en la nube.

El siguiente paso es “grabar” esa acción en la etiqueta. Normalmente, bastará con acercar el móvil a la etiqueta cuando la app te lo pida para que quede configurada. Desde ese momento, cada vez que repitas el gesto, se ejecutará automáticamente lo que hayas definido.

Por último, siempre merece la pena hacer una prueba: escanea la etiqueta varias veces y verifica que realiza exactamente lo que esperas. Una vez te asegures de que funciona, pégala en el mueble, en una tapa de registro, en el cuarto técnico o en la caja de productos de mantenimiento según el uso que le vayas a dar.

Ventajas reales de usar NFC en el mantenimiento de un acuario

Más allá de lo “friki” o curioso que pueda parecer al principio, las etiquetas NFC aportan beneficios muy claros a la hora de cuidar un acuario, especialmente cuando el sistema empieza a crecer en complejidad o tienes varios tanques que mimar.

Una de las principales ventajas es que no necesitas conocimientos avanzados para empezar. La configuración básica es muy asequible, y en muchos casos basta con seguir los asistentes de Home Assistant o las plantillas de Atajos para dejarlo todo funcionando en pocos minutos.

El coste también juega a tu favor, ya que puedes comprar un buen puñado de etiquetas sin gastar demasiado. Esto permite dedicar una a cada tarea o equipo sin que duela el bolsillo: una para el filtro, otra para la iluminación, otra para los cambios de agua, otra para registrar pruebas de parámetros, etc.

En cuanto a versatilidad, pocas soluciones compiten con NFC: funciona en casi cualquier contexto, desde acciones muy simples hasta automatizaciones muy elaboradas. Para un entorno doméstico, ya se ha demostrado que vale para abrir puertas, ajustar escenas o enviar mensajes; en mantenimiento profesional, sirve para gestionar inventarios, registrar visitas y acceder a documentación técnica. En tu acuario, se sitúa justo en medio de ambos mundos.

A nivel de organización, contar con un sistema de etiquetas NFC bien pensado te ayuda a mejorar la trazabilidad de lo que haces en el tanque. Sabes cuándo fue el último cambio de agua, cuándo limpiaste el filtro, qué día calibraste la sonda de pH o cuándo sustituiste una lámpara, y todo con el mínimo esfuerzo: solo acercar el móvil al punto correspondiente.

Por último, si integras estas etiquetas en un ecosistema domótico completo, ganarás en seguridad y eficiencia, ya que reducirás despistes, controlarás mejor los consumos y podrás detectar anomalías con más facilidad. Lo que ya ha demostrado su valor en edificios y servicios técnicos se convierte, a escala doméstica, en un potente sistema de apoyo para mantener tu acuario sano, estable y bien documentado.

Traer la tecnología NFC al mundo del acuarismo te permite pasar de rutinas dispersas y anotaciones improvisadas a un entorno de mantenimiento más inteligente, cómodo y fiable; con unas pocas etiquetas bien colocadas y automatizaciones pensadas con calma, tu acuario se beneficia de las mismas ideas que hoy optimizan hogares enteros y grandes instalaciones técnicas.

Cómo sincronizar los LED RGB de tu PC con notificaciones y eventos

Actualidad en Androidsis - Jue, 26/03/2026 - 15:37

Si tienes el PC lleno de iluminación, ventiladores y periféricos con luces de colores y quieres que todo se lleve bien con tu móvil, necesitas algo más que instalar el software del fabricante y cruzar los dedos. En los últimos años han ido apareciendo soluciones para unificar y sincronizar las LED RGB del ordenador, y ahora incluso Windows 11 se ha sumado a la fiesta con su propia función de iluminación integrada.

El objetivo ya no es solo que todo se vea bonito mientras juegas, sino que la iluminación de tu equipo también pueda reaccionar a eventos del sistema, juegos, aplicaciones y, cada vez más, a notificaciones procedentes del entorno móvil y servicios conectados. Vamos a ver cómo sacarle partido a todo este ecosistema RGB, qué herramientas existen, sus limitaciones y cómo integrarlas para acercarte al máximo a ese efecto de centro de notificaciones visual que tienes en mente.

Controlar y sincronizar la iluminación RGB desde Windows 11

Con la actualización 23H2 de Windows 11, Microsoft añadió un apartado específico para gestionar la iluminación de forma nativa. Esta función, conocida inicialmente como Dynamic Lighting y rebautizada en español como Iluminación dinámica, está integrada dentro de la aplicación de Configuración y viene con un buen puñado de ajustes básicos para controlar teclados, ratones, mandos, cajas y otros dispositivos RGB compatibles.

La principal ventaja de este sistema es obvia: ya no es imprescindible instalar diez programas distintos para que cada marca gestione sus luces. Aunque las suites oficiales (iCUE, Aura Sync, Mystic Light, etc.) siguen ofreciendo más opciones avanzadas, la mayoría de usuarios tienen más que suficiente con lo que aporta esta sección de Windows, sobre todo si quieren centralizar todo en un solo panel.

Dónde está la Iluminación dinámica en Windows 11

Para acceder a esta función, debes abrir la app de Configuración de Windows 11 y entrar en el apartado Personalización. Dentro encontrarás la sección denominada Iluminación dinámica, desde la que podrás ver todos los dispositivos RGB que el sistema es capaz de detectar y controlar de forma directa.

En la parte superior de esta ventana se muestran todos los periféricos y componentes compatibles, de manera que puedes hacer clic sobre cada uno de ellos para gestionarlos de manera individual o aplicar una configuración global que afecte a todos a la vez. Esta visión centralizada es ideal si quieres que todo el setup tenga el mismo patrón de colores o efecto.

Opciones generales de Iluminación dinámica

Dentro del panel de Iluminación dinámica encontrarás una serie de controles que afectan a todos los dispositivos compatibles conectados al PC. Estos ajustes hacen posible una sincronización muy rápida de todo el sistema RGB sin necesidad de programas externos:

  • Usar la iluminación dinámica en mis dispositivos. Es el interruptor maestro. Activándolo o desactivándolo enciendes o apagas todas las luces RGB gestionadas por Windows 11, ideal si quieres silencio visual sin tener que tocar un software por cada marca.
  • Las aplicaciones compatibles en primer plano siempre controlan la iluminación. Con esta opción das prioridad a juegos o aplicaciones que sean capaces de manejar las luces directamente. Así, si un juego admite efectos RGB sincronizados, podrá sobrescribir temporalmente la configuración de Windows para mostrar, por ejemplo, colores que reaccionan a la acción en pantalla.
  • Control de luz de fondo. Permite definir qué aplicaciones pueden quedarse al mando de la iluminación en determinados escenarios, como un juego concreto o una herramienta específica. Es útil para que ciertas apps tomen el relevo del sistema cuando tú quieras, dejando la configuración de Windows como base.
  • Brillo. Un ajuste sencillo para regular la intensidad de las luces de todos los dispositivos controlados. Si juegas de noche o no quieres montar un pequeño estadio en tu habitación, este deslizador te salvará la vista.

Además de estos parámetros básicos, hay una zona muy interesante llamada Efectos. Aquí puedes elegir distintos patrones de iluminación: colores fijos, efectos de respiración, ciclos de color y otros estilos predeterminados. Según el efecto seleccionado se activan diferentes controles, como la dirección del movimiento, la velocidad, la combinación de colores o el comportamiento de transición.

Otro punto clave es la opción de vincular la iluminación con el color de énfasis del tema de Windows 11. Si cambias la tonalidad principal del sistema, todos los dispositivos sincronizados podrán adaptarse automáticamente, logrando una integración visual mucho más coherente con el escritorio y las ventanas.

Configurar cada periférico RGB por separado

En la parte superior del apartado de Iluminación dinámica, Windows lista uno por uno los periféricos y dispositivos con iluminación compatibles. Aunque la configuración general es muy cómoda, hay situaciones en las que interesa personalizar al detalle cada dispositivo para que no todos tengan el mismo aspecto.

Al seleccionar un dispositivo concreto, se abren los mismos parámetros de efectos, brillo y comportamiento que en el panel global, pero aplicados únicamente a ese periférico. Esto viene muy bien si quieres, por ejemplo, que el teclado vaya sincronizado con el tema del sistema, mientras que los ventiladores de la caja se mantengan en un color fijo o con un efecto diferente.

Esta combinación entre control general e individual te permite montar un entorno muy flexible: desde una sincronización total, tipo “todo a un color”, hasta configuraciones más creativas con zonas diferenciadas según el dispositivo o la función.

Qué pasa si tu dispositivo RGB no aparece en Windows 11

No todos los productos del mercado son aún compatibles con Iluminación dinámica. Si conectas un periférico o componente y no se muestra en el listado de la sección de Personalización, es que el dispositivo no está soportado por la API de iluminación de Microsoft o el fabricante no ha habilitado todavía esa compatibilidad.

En ese caso no te queda otra que recurrir a la aplicación oficial del fabricante o a herramientas de terceros para gestionar su iluminación. Windows 11 no puede hacer magia si el hardware no ofrece soporte. Según la documentación de Microsoft, ahora mismo se contemplan los siguientes tipos de dispositivos como objetivo de esta función:

  • Teclados con iluminación RGB por zonas o tecla a tecla.
  • Ratones y alfombrillas con LEDs integrados.
  • Mandos de juego con iluminación configurable.
  • Periféricos diversos como bases de carga, micrófonos o hubs con LEDs.
  • Dispositivos de notificación diseñados para mostrar alertas visuales.
  • Cajas y chasis con tiras o ventiladores RGB integrados.
  • Iluminación de portátil (teclado, bordes y otros elementos RGB).
  • Muebles con luces RGB (sí, también hay escritorios y soportes con LEDs).
  • Auriculares y otros dispositivos de audio con iluminación.

Entre los fabricantes que están colaborando con Microsoft en esta implementación se encuentran Acer, ASUS (gama ROG), HP (OMEN, Victus e HyperX), Logitech (LIGHTSYNC), Razer, SteelSeries o Twinkly, entre otros. Microsoft aclara que algunas de estas marcas todavía están en proceso de integrar plenamente la función, y que existen otras compañías adicionales que no detalla, por lo que es previsible que el listado de dispositivos compatibles aumente con el tiempo.

Problemas típicos al sincronizar RGB con el software del fabricante

Uno de los mayores quebraderos de cabeza para los usuarios que combinan hardware de distintas marcas (por ejemplo, Corsair y ASUS) es que cada fabricante usa su propio ecosistema y su propio software. iCUE, Aura Sync, Mystic Light, G HUB, GG, Razer Synapse… la lista es larga, y ninguno está pensado para que convivan todos en armonía sin conflicto.

Durante años, esto ha significado que si querías que toda la iluminación del PC fuera a una, tenías que limitarte a usar productos de una sola marca o vivir con efectos desincronizados y duplicidad de programas. Aunque recientemente algunas marcas han empezado a colaborar y a ofrecer cierta integración, todavía están lejos de ofrecer un sistema realmente unificado y estable para cualquier combinación de componentes.

Un ejemplo muy claro de esta situación es cuando instalas, por ejemplo, un ventilador ARGB con controlador propio en una placa Gigabyte. Puede que tengas que usar el mando remoto o un pequeño hub para sincronizarlo manualmente cada vez que enciendes el PC, y luego intentar que el software de la placa (como Gigabyte Control Center) lo reconozca y lo coordine con el resto del sistema. En muchos casos, esa sincronización automática al arrancar es complicada o imposible sin apoyo de herramientas externas.

Esta fragmentación del ecosistema ha llevado a muchos usuarios a buscar soluciones de terceros que hagan de “traductor” RGB entre marcas, centralicen el control y permitan usar un único software para manejar los LEDs del PC y sus periféricos.

JackNet RGB Sync: el primer gran intento de unificar marcas

Durante bastante tiempo, uno de los programas más conocidos para sincronizar la iluminación RGB de diferentes marcas fue JackNet RGB Sync. Este software nació precisamente para suplir la falta de entendimiento entre los grandes fabricantes y permitir que, por ejemplo, un teclado Corsair, un ratón Razer y una placa ASUS pudieran compartir un mismo patrón de iluminación.

JackNet RGB Sync ofrecía una interfaz sencilla, sin demasiadas florituras, pero muy efectiva. Al iniciarlo, lo primero era conveniente entrar en el menú de Settings y cambiar el idioma a español dentro del apartado Language, lo que facilitaba bastante la configuración. Después se trabajaba principalmente en el panel llamado Grupos de LED, donde podías crear un “Grupo de LED Nuevo” para agrupar todos los dispositivos que quisieras sincronizar.

En cada grupo, el primer paso consistía en asignar un LED principal o de referencia. Normalmente se escogía uno perteneciente a marcas como Corsair, Razer o ASUS, ya que suelen ser las más presentes en setups gaming muy iluminados. No se excluían opciones como Gigabyte o MSI, pero el truco estaba en decidir a qué marca querías ceder el control principal.

En el lateral de la interfaz aparecían todos los componentes y periféricos RGB detectados por el programa, con sus distintos segmentos de LED o sensores. Desde ahí podías mover los elementos que querías sincronizar a la parte derecha, dentro del grupo de LED creado. JackNet incluso era capaz de identificar cada tecla del teclado como un LED independiente, aunque por suerte permitía seleccionar tramos completos usando la combinación de teclas típica con Mayús para no ir uno por uno.

Aunque la herramienta solía reconocer prácticamente todo, no era infalible; por ejemplo, en algunos casos ciertos dispositivos específicos quedaban fuera (como determinadas bases de carga o alfombrillas con iluminación compleja). Además, al no tratarse de un software oficial de las marcas, las actualizaciones no llegaban con la misma frecuencia, de modo que el hardware RGB más nuevo podía no detectarse inicialmente o ser interpretado como otro dispositivo.

Tras configurar los grupos de LED, el último paso era abrir el software oficial de la marca que habías designado como “maestra” (por ejemplo, Corsair iCUE o ASUS Aura Sync). Ese programa sería el que marcaría la pauta de colores y efectos, que JackNet se encargaba de replicar en el resto de dispositivos de otras marcas. No existiendo un estándar de efectos RGB entre fabricantes, había patrones que no se podían reproducir en todas las marcas, y en ocasiones surgían conflictos entre “maestro” y “esclavo” en el bus de control, lo que hacía desaparecer opciones o provocaba que unos periféricos se apagasen al elegir determinados efectos.

Aun así, JackNet RGB Sync fue un avance muy importante para todos los que querían un ecosistema unificado sin casarse con una sola marca. El problema es que dejó de actualizarse hace años, su web oficial desapareció y la última versión estable (1.7.7, de abril de 2020) se quedó sin soporte oficial y sin compatibilidad garantizada para Windows 11, aunque seguía funcionando razonablemente bien en muchos equipos.

SignalRGB: el heredero de JackNet

Tras abandonar JackNet RGB Sync, su desarrollador centró sus esfuerzos en un nuevo proyecto llamado SignalRGB. Esta aplicación persigue la misma idea de fondo: controlar y sincronizar la iluminación RGB de multitud de dispositivos y componentes de diferentes marcas desde un único programa.

SignalRGB ofrece compatibilidad con una larga lista de productos: teclados, ratones, placas base, alfombrillas, tarjetas gráficas, tiras LED, disipadores, sistemas AIO, memorias RAM, controladores RGB y dispositivos de audio como cascos o micrófonos. En su página oficial se detalla qué hardware está soportado, aunque al igual que ocurría con JackNet, las actualizaciones no parecen especialmente frecuentes últimamente, lo que hace pensar que su desarrollo también podría ir perdiendo fuelle.

Aun con esas dudas, sigue siendo una opción muy interesante a día de hoy, sobre todo porque es gratuita, no incluye compras internas y puede reconocer muchos periféricos incluso si no aparecen listados de forma explícita, gracias a que algunos modelos comparten controladores con otros similares. Si buscas una forma de unificar tu ecosistema RGB y no quieres depender solo de la iluminación dinámica de Windows 11, merece la pena darle una oportunidad y probar hasta qué punto se integra con tu hardware.

Iluminación dinámica de Windows 11 frente a herramientas externas

Con la llegada de Iluminación dinámica, Windows 11 se ha puesto las pilas para ser algo más que un espectador en el mundo RGB. Esta función permite configurar y coordinar la iluminación de muchos dispositivos sin recurrir a programas de terceros, reduciendo el número de aplicaciones residentes en memoria y los posibles conflictos entre ellas.

Fabricantes como Corsair, ASUS, MSI o Logitech han ido ofreciendo soporte para esta función, de manera que una parte importante del hardware moderno puede ser gestionado desde el panel de configuración del sistema. Esto simplifica bastante la vida a quien no quiere complicarse y busca, sobre todo, tener el PC ordenado y sin duplicidad de software.

Aun así, la iluminación dinámica integrada no lo cubre todo. Si tienes hardware antiguo, productos minoritarios o necesitas efectos avanzados muy específicos, quizá se te quede corta frente a lo que ofrece el software oficial de cada marca o soluciones independientes como SignalRGB. Además, Windows 11 no está presente en todos los equipos (Windows 10 no incluye esta función), por lo que en muchos casos sigue siendo imprescindible recurrir a alternativas externas.

OpenRGB: alternativa de código abierto multiplataforma

Para quienes continúan en Windows 10 o prefieren una solución abierta y multiplataforma, existe OpenRGB, una aplicación gratuita que se ha hecho muy popular. Este proyecto de código abierto permite gestionar la iluminación de la mayoría de fabricantes importantes, incluyendo Corsair, ASRock, ASUS, Gigabyte, MSI, Razer y muchos otros.

OpenRGB tiene una interfaz bastante directa y, aunque puede parecer algo más técnica, ofrece una ventaja enorme: no necesitas tener instalados los programas oficiales de cada marca para controlar sus LEDs. Puedes crear diferentes perfiles, agrupar dispositivos y establecer esquemas de color o efectos que se apliquen de forma conjunta en todo el equipo, independientemente del fabricante.

La aplicación está disponible para Windows, Linux y macOS, lo que la convierte en una solución muy flexible. Eso sí, conviene recordar que sigue siendo un proyecto en desarrollo y que no está exenta de fallos. El problema más habitual es que no detecte todos los dispositivos a la primera; en esos casos, suele ser necesario forzar un nuevo escaneo desde el botón correspondiente o ajustar ciertos parámetros avanzados.

Artemis RGB: enfoque en periféricos y efectos dinámicos

Otra opción interesante para gestionar la iluminación, especialmente centrada en periféricos, es Artemis RGB. Esta herramienta, también de código abierto, está disponible para Windows 10 y Windows 11 y está orientada principalmente a micrófonos, auriculares y teclados RGB, dejando de lado los componentes internos del PC como placas base, RAM o ventiladores.

Artemis RGB destaca por su compatibilidad con plugins de terceros que añaden funcionalidades adicionales, como la posibilidad de adaptar las luces al color predominante que se muestra en pantalla o reaccionar a determinadas acciones en juegos y aplicaciones. Este comportamiento recuerda bastante a las suites oficiales de las grandes marcas, pero con un enfoque más comunitario y ampliable.

Su principal limitación es que no sirve para sincronizar todos los elementos del PC; si tu idea es coordinar placa base, ventiladores de la caja, GPU y demás, tendrás que apoyarte en otras soluciones (Windows 11, SignalRGB, OpenRGB o el software de los fabricantes). Sin embargo, para quienes quieren jugar especialmente con teclados, cascos y micrófonos, es una alternativa muy a tener en cuenta.

La descarga se realiza desde su página web oficial, donde se detallan los pasos de instalación y los complementos disponibles. Una vez configurado, puedes integrarlo dentro de tu ecosistema de iluminación combinándolo con otras herramientas para lograr efectos dinámicos muy llamativos.

Sincronizar la iluminación RGB con notificaciones y eventos

Todo este panorama de herramientas, APIs y software de terceros es la base necesaria para poder sincronizar la iluminación RGB de tu ordenador con notificaciones y otros eventos externos. Aunque la integración directa con el “centro de notificaciones” de un móvil no es todavía un estándar plug and play, muchas de estas aplicaciones permiten reaccionar a cambios de estado, colores en pantalla, audio o integraciones mediante plugins y APIs.

La idea práctica suele pasar por usar un software que actúe como puente entre los eventos que recibes (por ejemplo, a través de la app Tu Teléfono/Phone Link en Windows, aplicaciones de mensajería o servicios online) y una herramienta de gestión RGB como SignalRGB, OpenRGB o Artemis RGB. A partir de ahí se pueden crear perfiles o scripts que cambien el color del teclado, de una tira LED concreta o de un dispositivo de notificación cada vez que recibes cierto tipo de alerta.

La clave está en que tu hardware sea compatible con alguna de estas soluciones y en que el software ofrezca una interfaz de automatización o plugins capaces de “escuchar” eventos. No es un sistema tan directo como pulsar un botón y listo, pero con un poco de configuración previa puedes acercarte mucho a ese escenario en el que el PC se ilumina de un modo u otro según lo que pasa en tu móvil o en tus aplicaciones favoritas.

En conjunto, entre la Iluminación dinámica de Windows 11, las soluciones históricas como JackNet RGB Sync, el relevo de SignalRGB y alternativas potentes como OpenRGB y Artemis RGB, dispones de un arsenal de herramientas más que suficiente para centralizar el control de tus LEDs, minimizar conflictos entre marcas y crear un ecosistema visual coherente y reactivo.

Si eliges bien qué software usar como base y qué dispositivos van a seguir su estela, podrás tener tu equipo no solo bonito, sino también realmente útil como sistema de avisos e integración con tus notificaciones y tu forma de jugar y trabajar. Comparte esta información para que más usuarios conozcan del tema.

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